Archive for Mayo, 2013

Neil Young, “Prairie Wind”


27 May

Hay gente inabarcable, gente que tiene tantas cosas buenas que, en el camino, quedan ensombrecidas otras que no alcanzan cotas tan brillantes, aunque no dejan de ser maravillosas. Si te llamas Neil Young, es obvio que tienes tal cantidad de obras maestras que, comparándote contigo mismo, no vas a lograr siempre el nivel de “Harvest”, “On the Beach”, “Tonight´s the Night”, “Zuma”, “Rust Never Sleeps” o “Ragged Glory”, por poner unos pocos ejemplos de su carrera en solitario, realizando algunos de estos discos con Crazy Horse. Pero, la obra de Neil Young encierra tal cantidad de joyas que algunas quedan arrastradas por esa marea. Y, además, hablamos de discos que nos marcaron, y sin duda a mí me afectó mucho un trabajo considerado “menor” de Neil Young: su disco de 2005 “Prairie Wind”. Cuando se publicó, yo apenas estaba familiarizado con el trabajo de Neil Young. Conocía muchas de sus canciones, especialmente los clásicos gracias al incompleto, y primero y único, “Greatests Hits” que había editado en 2004. Pero “Prairie Wind” me atrapó desde esa maravillosa portada, una icónica imagen en tonos sepias, una sábana que se expande por el viento, cortando una planicie típica del imaginario colectivo norteamericano, muy vinculado al propio devenir del bueno de Neil.

El envoltorio del disco ya presagiaba melancolía y tristeza, pero las circunstancias que lo rodearon no hacían sino confirmarlo. Por un lado, parte del mismo se inspiraba en la enfermedad y muerte de padre de Neil Young. Por otra parte, el disco también está matizado por los problemas de salud que sufrió Neil Young en ese periodo de tiempo, un aneurisma en la primavera de 2005, cuando se grabó el disco. Es decir, dos motivos más que suficientes para ofrecer una obra reflexiva, con un fondo acústico y raíces folk y country. No en vano, se grabó en Nashville y rodeado de numerosos amigos y amigas habituales en sus discos.

Sí, ya la portada y la historia que rodeaba al disco me habían atrapado, pero sus canciones lo hicieron en mayor medida, obviamente. Comienza con un golpe tremendo, un tema impresionante como es “The Painter”, con una letra reveladora. Le sigue la más eléctrica “No Wonder” y vuelve la calma con la delicada y acústica “Falling Off the Face of the Earth”, sobre la que sobrevuela la voz de Neil. En “Far from Home” retorna un ambiente festivo, jalonado por la sección de viento y la harmónica del propio Neil Young. “It´s a Dream” es uno de mis momentos favoritos de todo el disco, con una canción que llama a la nostalgia y a la melancolía. “Prairie Wind” es de los temas más raros del disco, combinando la sección de viento y los toques folk, pero le queda muy bien. En “Here for You” Neil vuelve a los orígenes, una canción que podría haber entrado en sus clásicos.

“This Old Guitar” es una canción lenta y acústica que, como su título indica, es un sentido homenaje, e intercala algunas notas del “Harvest Moon”. En “He Was the King” la referencia es Elvis Presley, muy presente en esa infancia y adolescencia que recuerda Neil Young en el disco. Y termina con “When God Made Me”, con toques espirituales y un coro de fondo para resaltar una letra acorde con los tiempos que Neil estaba viviendo.

220px-Neil_young_heart_of_gold Pero, por si esto fuera poco, apenas un año después se publicó el documental de Jonathan Demme “Heart Of Gold”. El disco me tenía impactado pero, ver ese documental fue una experiencia que repito de vez en cuando. Neil Young reunía a un montón de amigos, la mayoría de los que habían grabado “Prairie Wind” para presentarlo en directo en el ya desaparecido Ryman Auditorium de Nashville, Tennessee, un lugar cargado de simbolismo e historia en la música country, y para el propio Neil Young. El documental es impresionante, no sólo tocan todo “Prairie Wind” sino que suenan clásicos como “Heart of Gold”, “Harvest Moon”, “Old Man” y “Comes a Time”, el mejor momento del documental con esas miradas de complicidad con Pegi Young, entre otros. Los testimonios y los extras son también muy recomendables, y ayudan a entender por lo que estaba pasando Neil Young en esos momentos de grabación del disco.

Hoy, todavía sigo emocionándome con “Prairie Wind”, es un disco que me acompaña desde 2005 y sí, no está entre los más destacados de Neil Young, pero para mí es un clásico. No ha envejecido nada, sigue estando vigente y os lo recomiendo a todos y todas. Y si podéis ver “Heart of Gold”, pues mejor que mejor porque es una delicia.

Lapido, “Formas de Matar el Tiempo”


02 May

José Ignacio Lapido, ex de 091, cuenta con una carrera muy alabada y reconocida por la crítica. Su anterior disco, “De Sombras y Sueños” (2010) ya alcanzó una elevada valoración, destacándose uno de sus puntos fuertes: el nivel de sus letras. Caracterizadas por una cierta negrura y un pesimismo acorde con los tiempos, Lapido se consolidaba así en la lista de grandes artistas que, lamentablemente, no parecen tener hueco en el sistema musical español. Pero, afortunadamente, estos grupos y cantantes situados en los márgenes del mismo parecen no querer rendirse, mientras mantienen y aumentan poco a poco la base de seguidores. Lapido no es un recién llegado, ni mucho menos, pero era la primera vez que me acercaba a su obra. Confieso que el pesimismo que destilaba “De Sombras y Sueños” me hizo no fijarme en él. Pero “Formas de Matar el Tiempo” me llegó de forma insospechada e inesperada (gracias amigo), y tenía ganas de acercarme a Lapido. Y aconsejo, amigo/a lector/a, que hagan lo mismo porque se encontrarán con una propuesta musical de gran nivel y con unas letras de una calidad superlativa. Rock de muchos quilates, con una gran presencia de guitarras pero también de órganos y pianos eléctricos, con numerosos medios tiempos para enmarcar, y esas letras, esas letras que se te clavan tras una y otra escucha, que van desde la cotidianidad más inmediata hasta la construcción de imágenes poderosas.

Más positivas que en su anterior entrega, Lapido va entregando cada tema hasta llegar a los diez que completan “Formas de Matar el Tiempo”, y el disco va creciendo. Comienza con “Un día de perros”, un medio tiempo que se acelera, con un toque de optimismo en versos como “Vamos a esperar a que las nubes se abran y que dejen pasar, esa intensa luz majestuosa y rara, como si un Dios nos mirara a la cara”. Con “Muy lejos de aquí”, otro medio tiempo, llega la mejor canción del disco, superlativa, con una melodía que acompaña a una letra sublime. No en vano, es el primer single de este disco:

“Cuando por fin” es más rápida y con otras estrofas para enmarcar como por ejemplo “Cuando por fin estén bien orientadas las antenas, cuando por fin se ajustan los tornillos en las tuercas, todo irá bien cuando por fin consiga poner…en hora mi reloj de arena”. Le sigue “Cosas por hacer”, más pausada, y posiblemente la mejor letra del disco, con un final con este mensaje de esperanza: “No es tan malo…aún quedan cosas por hacer”, destacando de fondo un genial órgano eléctrico. Cuando llegamos a “40 días en el desierto” las letras no dejan de sorprendernos. “No hay vuelta atrás” es la más “americana”, con un toque country muy claro, manteniendo el elevado nivel de las letras una vez más.

De no estar en el disco “Muy lejos de aquí”, “La ciudad que nunca existió” sería la mejor canción del disco. Rock portentoso, en una gran combinación de teclados y guitarras, con una letra muy cinematográfica, y muy metafórica. “Desvaríos” retoma la pausa pero es sólo por un instante, para dar paso a otra canción fogosa, “Está que arde”, con un verso ilustrativo del momento que vivimos: “Me temo que la cosa está que arde por aquí”. Y termina tranquilo el disco, con una canción de ¿desamor?, cuyos versos tienen una calidad de altura con ejemplos como “Puede que lo malo haya pasado y nos espere lo mejor, o puede que nos saquen del error”.

Lapido firma el disco español del año hasta la fecha, junto con “Delantera Mítica” de Quique González, que también destacaba por las letras. Habrá que esperar que Lapido aterrice por estos lares para verlo en directo. De momento, os recomendamos que escuchéis este disco y sus letras, unas letras que os van a ir atrapando en cada escucha, como decíamos al principio. Y, para muestra, “Está que arde”, que es como está la “cosa”:

Los Restos Del Concierto

Porque no todos oímos lo mismo