Archive for marzo, 2015

Father John Misty, ‘I Love You Honeybear’


30 Mar

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Después de varios discos en solitario firmados con su nombre real y tras una experiencia de cuatro años como baterista de los Fleet Foxes, finalmente fue en 2012 cuando Josh Tillman obtuvo un mayor reconocimiento al presentar su primer trabajo como  Father John Misty. Desatado y colorista, en Fear Fun reinventaba su música, sin abandonar el folk, pero tiñéndolo de psicodelia y pop hasta conformar un innovador sonido cálido y mestizo. Visto el resultado era obvio que el talento de Tillman permanecía constreñido no solo por su sorprendente capacidad compositiva sino también por sus cualidades como vocalista e intérprete.

Ya en 2012 contó con la aportacion de Jonathan Wilson en la producción, así como en este I Love You, Honeybear que vuelven a producir juntos en la cuidada línea marcada en su trabajo anterior. El resultado es similar si bien en este segundo trabajo las canciones pueden resultar menos inmediatas, pero la impresión va aumentando tras sucesivas escuchas hasta alcanzar importantes cotas de emotividad.

La primera canción, que da nombre al disco, es una preciosa combinación de country y pop de cámara que habla de amor y de lucha. Las primeras letras surrealistas aparecen en Chateau Lobby#4, que de inicio suena más acústica hasta que se le añaden vientos mariachis y cuerdas. True Affection suena a experimento electrónico y contiene unos brillantes coros. Corren aires soul por The Night Josh Tillman Came To Our Apt. y When You´re Smiling and Astride Me, esta última más lenta y sencilla pero con marcado sonido negro. Regresa por los alrededores del country en Nothing Good Ever Happens At The Goddamn Thirsty Crow con añadidos de piano, clarinete y cuerdas antes de las destacadas guitarras finales. Las percusiones toman el mando en Strange Encounter junto a los inevitables juegos de voces y la conjunción intrumental del final antes de la pieza menos melódica del disco en la rockera The Ideal Husband. Le siguen las dos canciones con mayor contenido crítico; baja las revoluciones con el piano y una hermosa sección de cuerda en Bored In The USA y crece sobre el piano y las cuerdas la preciosa Holy Shit hasta su hermosa eclosión final. El cierre lo pone con calma y sencillez I Went To The Store One Day con la guitarra, el piano y la omnipresente sección de cuerda.

En la línea de nuevas sensibilidades como John Grant o Bon Iver pero con un más evidente apego a los sonidos tradicionales, Tillman entrega una obra emotiva y fresca que no necesita demasiado para seducir sin remedio; la belleza de unos arreglos clásicos, una voz cálida y nítida, unas letras variadas y originales, llenas de ironía y surrealismo aunque no ajenas a la realidad, o unas melodías que emocionan sin excesos. Excelente este I Love You, Honeybear que, junto a su anterior disco como Father John Misty, viene a  consolidar la nueva dirección en la carrera de un Joshua Tillman que empieza a cosechar un éxito más que merecido.

Canciones que te hablan, la vida o ‘Martha. Música para el recuerdo’ de Fernando Navarro


27 Mar

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Fernando Navarro es uno de los periodistas del ámbito musical más destacados de este país. En la actualidad, es ya responsable de la sección de Música de El País; lleva casi siete años con su referente blog La Ruta Norteamericana en ese mismo medio; es colaborador en Rolling Stone, Ruta 66 y la Cadena SER; y hace casi tres años publicó un fantástico libro como fue Acordes Rotos. Retazos eternos de la música norteamericana (66 rpm), en el que trazaba los semblantes de algunos y algunas artistas ‘malditos’, que se quedaron en el camino del éxito a pesar de su sobrado talento. Y todo eso, Fernando Navarro lo ha hecho con poco más de treinta y tres años. Dotado de una visión holística, en su forma de acercarse a sus artículos se observa el peso de su formación también como historiador, y de ver la música desde diferentes perspectivas, sin perder de vista sus componentes sociales, culturales, políticos, etc., Navarro publica su primera novela, Martha. Música para el recuerdo (66 rpm) y, como no podía ser de otra manera, la música es central, pero no es lo único, va de muchas más cosas, aunque siempre medidas y mediadas por canciones que te agarran a la vida.

Si alguien esperaba que Fernando Navarro iba a realizar una visión en un sentido enciclopédico de discos y canciones, se puede ir olvidando. Acierta el autor cuando condensa la importancia de la música en unos pocos grupos y artistas, los más relevantes en este libro no abarcan los dedos de las dos manos, desde Los Rodríguez y Burning a Tom Waits y Van Morrison, y no son tanto los artistas como las canciones, verdaderos caminos y curas para almas torturadas. Con un impactante inicio que te lleva a una tragedia se produce el auténtico desencadenante de una trama que nos traslada al periplo vital de Javi, un hombre de nuestro tiempo, atrapado en dilemas existenciales desde lo laboral a lo personal, en un mundo kafkiano y veloz, y que regresa a otros dilemas del pasado, a las decisiones tomadas y no tomadas que guían nuestro destino, y que siempre están ahí, porque estamos decidiendo continuamente. Marta es el nombre de su decisión más trascendental y determinante, esa espina clavada que representa más que una relación, representa un ideal. Navarro va a ir saltando del presente al pasado en toda la novela, un juego difícil que resuelve brillantemente y que en ningún momento muestra disonancias. Al contrario, refuerza las partes, de ese pasado mirado con una mezcla de ilusión y nostalgia a un presente marcado por las dudas y la crisis sistémica que comenzó en 2008, y que aparece en la novela con la fuerza que ha irrumpido en la sociedad. Si bien es cierto que en los inicios es una novela que se mueve ‘lenta’, en su evolución Martha. Música para el recuerdo va ganando mucho cuerpo, hasta alcanzar una voz propia que explota del todo especialmente en el último tercio. No son muchos más peros los que se le pueden poner, posiblemente algunas reiteraciones sobren en ciertos momentos, pero también pueden responder al contexto en que se enmarcan.

Martha es el título de una canción de Tom Waits, del disco Closing Time (1973), vinculada para siempre a la Marta de Hoyo de Manzanares, municipio de la sierra madrileña que se convierte en otro de los protagonistas de la novela. Hoyo de Manzanares representa todos los pueblos a los que muchos y muchas de nosotros íbamos en los veranos de  nuestra infancia, adolescencia y juventud, lugares que suponían la ruptura con la vida cotidiana de la ciudad, que contaban con sus ritmos, ritos y escenarios. Navarro es muy hábil al jugar con este elemento nostálgico que provoca una identificación automática. Somos las generaciones que veníamos del éxodo rural, aunque no es el caso del protagonista de la novela, y el mantener, o adquirir, una casa en el pueblo era lo habitual. El Hoyo de Manzanares que nos describe Navarro es el de la segunda mitad de la década de los 90 y los primeros años de siglo XXI, un pueblo por el que nuestro protagonista se siente en su entorno, y en el que aparecerá Marta. El valor de lo comunitario está también muy presente en esas páginas, también de lo sencillo, en el sentido positivo de la palabra, del valor del tiempo, de lo contemplativo, a diferencia de nuestras vidas posmodernas.

Otros valor central de Martha. Música para el recuerdo es el de la amistad. Navarro teje una red de lealtades y amistades, le otorga una importancia de primer orden, de nuevo frente a las transformaciones no ya de la sociedad sino de la evolución de la propia vida de cada uno. En los amigos del pueblo, en personas que van marcando a Javi en su trayectoria, hay algunos de los momentos más emotivos de todo el libro, sin este elemento la novela no sería la misma. La transformación de la amistad tiene un componente de pérdida de inocencia cuando las lealtades se quiebran y los lazos se resquebrajan o se transforman. Eso lo hemos vivido todos, es muy real. La escena del encuentro de la cuadrilla años después es paradigmática. Personajes arquetípicos en muchos casos, pero muy reales precisamente.

Y está el amor, como no podía ser de otra manera. Fernando Navarro crea un personaje que se mueve en una especie de bruma como es Marta. Marta es una persona especial, una persona que destaca por la diferencia con lo que le rodea, una persona que tiene un aura. Es normal que una persona como Javi, idealista e impregnado de un sentido ético y estético de la vida, caiga rendido ante Marta, pero que por eso mismo le marque en sus decisiones. Hay una mirada inocente en todo ello que tiene su sentido.

En definitiva, el debut como novelista de Fernando Navarro no ha decepcionado, al contrario, parece el inicio de más y eso es algo que le vamos a pedir. Al final, Martha. Música para el recuerdo nos habla de la música, pero nos habla de todo, nos habla de las inquietudes de las personas y de esa sensación de sentirse ‘diferente’ en un mundo cada vez más uniforme y homogenizado. Y la forma de sentirse “diferente” precisamente es la música, esa música que va a ir guiando a Javi en su periplo vital. El rock ‘n’ roll no aparece tanto como salvador sino como argumento para seguir en la lucha diaria. Navarro ha conseguido plasmar esa emoción, puedes sentir esas canciones en tus venas, puedes poner tus canciones en cualquier momento de tu vida y descubrirás que ellas también ayudaron a empujarte a seguir. A la gente que se identifique con esta novela, les va a ser imposible no hacer ese ejercicio. En toda la novela hay grandísimas canciones, algunas de las cuales están en mi lista, pero me quedo para cerrar esta reseña con ‘Astral Weeks’ de Van Morrison…sublime, ‘To be born again’:

 

Noel Gallagher´s High Flying Birds, ‘Chasing Yesterday’


23 Mar

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Tras la separación de Oasis en 2009 todo apuntaba a una mayor fiabilidad del hermano mayor de los Gallagher a la hora de emprender un nuevo rumbo profesional. Liam se sirvió de varios músicos de su extinta banda para formar los recientemente disueltos Beady Eye mientras que Noel decidía iniciar en 2011 una carrera en solitario junto a una variable banda de acompañamiento denominada High Flying Birds. Y los augurios parecieron no equivocarse cuando, en su primer disco homónimo, Noel Gallagher incluía algunos temas como hacía años no había escrito. Con las inevitables reminiscencias del sonido que les aupó a la cima del rock británico a principios de los noventa, y que básicamente fue construido por el propio Noel, su nuevo proyecto se iniciaba con buen pie en la misma dirección pero por un camino más estrecho y menos ruidoso.

En esa misma dirección continúa este Chasing Yesterday en el que predomina el pop-rock diáfano, no exento de la potencia y energía característica de las producciones de Noel Gallagher aunque con una mesura que no existía en los últimos trabajos de Oasis. Así ocurre con la primera canción Riverman abierta en acústico para ir ganando cuerpo conforme avanza. Unos coros al más puro estilo Blur dan pie a In The Heat Of The Moment que continúa guiada por un profundo groove. The Girl With x-Ray Eyes hace una bonita revisión del Bowie setentero antes de que el rock reaparezca en Lock All The Doors cargado de potencia constante al más puro estilo Oasis. Con la balada The Dying Of The Light regresa la calma antes del inicio jazzy de la casi ambiental The Right Stuff. Destaca la potencia de las bases rítmicas a lo largo de While The Song Remains The Same al contrario que The Mexican, caracterizado por un riff limpio a modo de blues. Vuelve el puro ritmo brit en la pegadiza You Know We Can´t Go Back y cierra el disco Ballad Of The Mighty en colaboración con Johnny Marr.

Incapaz de hacer canciones pequeñas aunque sabedor de que pasó el tiempo de los himnos y las canciones desmesurados, Gallagher parece haber encontrado un espacio en el que se siente cómodo componiendo con menos presión y los desvaríos justos. Quizás este disco no contenga hits tan evidentes como el anterior pero el conjunto tampoco desmerece y vuelve a poner de manifiesto el talento para las melodías del músico de Manchester cuya inspiración sigue siendo capaz de añadir grandes piezas a su repertorio.

 

Los Restos Del Concierto

Porque no todos oímos lo mismo