Archive for Junio, 2017

Dan Auerbach, ‘Waiting On A Song’


22 Jun

Arropado por un amplio y selecto ramillete de músicos de Nashville, ciudad en la que reside y a la que rinde homenaje el rockero de Akron en este álbum, Auerbach se apea del pedestal de The Black Keys y recupera su actividad en solitario en un tono muy diferente al que la inauguró hace diez años con el fantástico ‘Keep It Heed’. Lejos de la introspección y crudeza de aquel disco, en esta ocasión se divierte creando unas canciones de claras influencias soul, country o R&B en las que resuenan maestros como The Jacksons o Roy Orbison que, en manos de tan ilustres músicos de la actual escena de Nashville, suenan fantásticamente.

Grabado en su nuevo estudio Easy Eye, el disco contiene unos magníficos arreglos y sus canciones, aparentemente alejadas de toda pretensión, suponen también por ello un entretenimiento de primera calidad. Casi todo el disco ha sido coescrito por Auerbach junto a Pat McLaughlin y David Ferguson, y a ellos hay que añadir intervenciones de primer orden como las de John Prine, Mark Knopfler, Duane Eddy, el teclista Bobby Wood o el bajista Dave Roe entre otros que han participado en lo que debe de haber sido la fiesta de su grabación.

De inicio recupera el libreto del soul en Waiting On A Song, con magnífica línea de bajo y ligeros reminiscencias country, después lo hace con el R&B y le inyecta algo de vitalidad en Malibu Man. El ritmo y la fiesta crecen en Livin’ In Sin y Shine On Me, variadas celebraciones de guitarras, a las que sigue una pequeña pausa con King Of A One Horse Town, de bonitas cuerdas y que puede recordar a los últimos Black Keys, y la preciosa e íntima Never In My Wildest Dreams. Más percusiva y bailable Cherrybomb reactiva el ritmo mientras Stand By My Girl aporta luz a partir de una preciosa sección de vientos. Y para terminar, la bella orquestación a Undertow y unos preciosos arreglos de guitarra y cuerdas a la positiva Show Me.

Ya sabíamos que Auerbach es un alumno aventajado en esto del rock y el pop y vuelve a demostrar que absorve como pocos las enseñanzas de los más veteranos y extrae sus canciones directamente de las épocas más gloriosas de cada género. Con este delicioso homenaje rinde tributo a esos maestros en forma de meritorias piezas de manual y, sin inventar nada, cumple a la perfección con la principal aspiración de divertir.

‘La fábrica de canciones. Cómo se hacen los hits’ de John Seabrook


21 Jun

Hemos devorado La fábrica de canciones. Cómo se hacen los hits (Reservoir Books) de John Seabrook, un libro que repasa la forma en la que se generan los grande éxitos del mundo del Pop en las últimas dos décadas. Un proceso interesante que vincula este libro con los soberbios y ya comentados Cómo dejamos de pagar por la música (Contra) de Stephen Witt y, en menor medida, Música de mierda (Blackie Books) de Carl Wilson, aunque no alcanza la profundidad de ambos. Seabrook se adentra en el terreno pantanoso de la composición de esos hits que se nos cuelan en la cabeza y que, especialmente en la última década y media se han convertido en los dominantes en las listas del Pop y de la música popular. Seabrook parte de la experiencia personal, ya que también se postula como ‘erudito’, al adentrarse en el mundo musical de su hijos pre y adolescentes. La motivación por entender qué hay detrás de esas canciones le llevará a investigar cómo las mismas llegan al público colectivo y aunque en algunos momentos, pero de forma muy sutil, sí que se observa una mirada por encima, en realidad realiza una labor empática. En este sentido, el libro sería un hermano menor del de Wilson, como lo sería del Witt en relación al proceso de la evolución de la industria musical, libro al que por cierto cita al final de su trabajo. Y es que sin ese contexto que se traza no sería tampoco posible comprender cómo unos equipos de productores y compositores han colonizado la música popular a través de una serie de ciclos.

Seabrook traza una historia a través de los grandes equipos de compositores/productores de la historia, desde el Tin Pan Alley hasta la Motown, pasando por Phil Spector. Su punto de partida en este proceso moderno será el protagonismo de los productores y compositores suecos, siguiendo la tradición de ABBA, con el malogrado Denniz Pop y Max Martin a la cabeza de Cheiron, de donde saldrán hits de Ace of Base, Backstreet Boys, Britney Spears, entre otros muchos. Martin será el que alcance el mayor reconocimiento, mientras que el Pop europeo y el R&B se van fusionando y compositores y productores buscan un nuevo hit a través de artistas que, en no pocas ocasiones, son prefabricados o modelados. En este punto, también entran en juego los concursos de covers que se convierten en la nueva cantera de intérpretes del Pop como Kelly Clarkson:

La lista de personajes que pasan por el libro es inmensa, de artistas que se ven superados por las expectativas de la industria a productores y disqueros como el veteranísimo Clive Davies, el controvertido Dr. Luke, los productores noruegos Stargate, o la maravillosa historia de la compositora Ester Dean y sus intentos por sobresalir en un mundo tan complejo. También vas aprendiendo a conocer cómo se articulan esas canciones, a través del ‘hook’ (el gancho) y la melodía, y entiendes esa cantidad de gente que aparecen como compositores de muchos temas. Encuentras, además, que incluso bandas como Bon Jovi han recurrido a gente como Max Martin en temas como, era fácil de adivinar, ‘It’s my Life’ (donde aparece como productor), o Coldplay a Stargate, aunque eso era más previsible:

Kate Perry, Taylor Swift y Rihanna, o la triste historia de Ke$ha con Dr. Luke, también tienen su recorrido en un libro donde aborda, aunque de forma casi como forzada, el fenómeno surcoreano del K-Pop como paradigma de la fabricación de artistas y hits, que llega hasta el punto de ir transformando los inicios de algunas carreras como las de Swift, centrada en el Country, y la de Perry, vinculada a Rock cristiano, hasta convertirlas en irreconocibles. Y es los principales perjudicados de todo el proceso son los cantantes y artistas, y el ejemplo de Ke$ha es un hecho. Hay también una crítica a un mundo predominante masculino como el de los productores, al hecho de que la presencia de la mujer se reduzca al ámbito de las melodistas, o a cómo la industria se ha hundido y cómo los servicios de streaming lo que hacen es perjudicar a unos interpretes que se van quedando con menos trozo de la tarta a la vez que la presión por alcanzar el siguiente número 1 no ceja, algo en lo que sin duda Max Martin es el campeón con 22 números 1 del Billboard donde están, entre otros, ‘…Baby One More Time’ (Britney Spears), ‘I Kissed a Girl’ (Kate Perry), ‘Shake It Off’ (Taylor Swift) o ‘Can’t Stop The Feeling!’ (Justin Timberlake), donde aparece tanto como productor como compositor, así como también en el ‘Send My Love (To Your New Lover)’ del 25 (2015) de Adele.

Y sí, no lo vamos a negar, esta gente tienen la habilidad y la capacidad de crear temas muy adictivos, ejemplos hay muchos como el ‘Tik Tok’ de Ke$ha, algunos fantásticos. Pero Seabrook transmite esa sensación de producción industrial, menciona incluso discos que se gestan a través de campamentos de compositores y productores con las funciones muy delimitadas. Curiosamente, buena parte de estos compositores y productores provenían del Rock duro, como el propio Martin. Y sí, es evidente que eso ha pasado en la historia de la música siempre, como decíamos al principio, pero hay como un halo que en este proceso se ha perdido. No vamos a dejar de bailar con temas como ‘Can’t Stop the Feeling!’, pero el mundo que describe Seabrook es ‘raro’.

 

‘Home Again’ o el debut de Michael Kiwanuka


19 Jun

Esta semana nos toca regresar a Vitoria a uno de nuestros festivales favoritos, el Azkena. Allí estaremos el viernes 24 de junio para ver a Chris Isaak, The Cult, Loquillo, Union Carbide Productions, entre otros. Pero nos llevamos una gran alegría al ver que en el cartel de ese mismo día se colaba Michael Kiwanuka, uno de nuestros artistas preferidos del 2016. De hecho, el tema ‘Love & Hate’ del disco homónimo fue elegido por nosotros como nuestra canción del año pasado. Kiwanuka publicó un segundo trabajo producido por Danger Mouse que alcanzó un importante reconocimiento por parte de la crítica. Unos meses antes de su publicación, fue Javier Castro el que descubrió a Michael Kiwanuka y su primer disco, este Home Again publicado en 2012 y que recordamos ante su concierto en Azkena. Londinense de origen ugandés, Kiwanuka destaca por una profunda y potente voz y por unas canciones que mezclan el Soul y el Folk, especialmente en su primer disco. Antes, en 2011, cuando había publicado un par de EPs, había sido telonero de toda una Adele, lo que le valió una importante visibilidad y fichar por una major como Polydor.

Su debut, Home Again, le colocó en el número 4 en el Reino Unido, posicionándose como un cantautor en primera línea. Nos encontramos ante un trabajo intimista, con clase, pero que en ocasiones peca de monótono. Comparado con Bill Withers, Marvin Gaye, Otis Redding e incluso Van Morrison, entre otros, encaja más con el primero por el carácter de su música, al menos en este primer disco. El comienzo de ‘Tell Me a Tale’ es soberbio, producción acertada, flauta y vientos, esa clase de Soul con un suave toque jazzístico en el que domina su voz. Con ‘I’m Getty Ready’ se mantiene en el nivel del inicio, una canción más acústica y con un estribillo que encaja muy bien. Y ‘I’ll Get Along’ también se situaría en ese ‘Smooth Soul’, otro tema de gran delicadeza y unos arreglos de nuevo acertados. En ‘Rest’ entra en una dinámica más melancólica, es una canción triste que tiene el contrapunto de la guitarra eléctrica. Y la primera parte del disco se cierra con las más Folk ‘Home Again’, más acústica aunque luego la complejiza.

Con una primera parte sobresaliente, la segunda se resiente, algunas canciones son más monótonas y otras están menos conseguidas. Es el caso, en mi opinión, de una ‘Bones’ que tiene una batería con escobillas y un tono diferente, quiere darle un punto más festivo pero le sale un tanto antiguo. Pero en ‘Always Waiting’ ofrece uno de sus mejores temas, una canción con un cierto toque épico, destacando la guitarra acústica del comienzo y un tono más crudo. En ‘I Won’t Lie’ parece querer construir como un himno pero tampoco acaba de funcionar mientras que ‘Any Day Will Do Fine’ combina acertadamente los vientos y las cuerdas. El cierre es para la agradable ‘Worry Walks Beside Me’, una canción donde de nuevo aparece claramente ese Soul suavizado.

Kiwanuka hizo un notable debut, pero como decía Javier Castro en la crítica de Love & Hate, era un artista todavía por definir. Podía haber derivado en una versión masculina de Adele pero no, ha seguido su camino y la producción de Danger Mouse, para algunos negativa, creemos que ha sido acertada en este caso. El primer disco de Michael Kiwanuka es ideal para un día de lluvia (sí, sé que estamos en una ola de calor), y muestra a un artista más maduro que la edad que tenía. Home Again es un disco como muy de otra época, pero no cae en los vicios del revivalismo sino que muestra también una gran personalidad. Nosotros tenemos muchas ganas de verlo en directo y lo vamos a disfrutar.

 

Los Restos Del Concierto

Porque no todos oímos lo mismo