Archive for diciembre, 2017

Vetusta Morla, ‘Mismo sitio, distinto lugar’


18 Dic

Mucho se ha hablado del nuevo sonido de Vetusta Morla para este cuarto disco de estudio hasta crear una expectación que visto el resultado parece desmesurada o cuando menos desorientada, no tanto por el nivel de las canciones que vuelve a ser muy alto, sino por una anunciada innovación que no se lleva el protagonismo en este trabajo. Sí lo vuelven a ser la música y las letras y la sobrada fiabilidad de una banda que, de tan marcada personalidad, por más que varíen técnicas y métodos no deja de sonar a sí misma (más allá de los ecos que con tanta maestría han sabido asumir en su sonido).

Grabado en los Hansa Studios de Berlín y de nuevo responsables de la producción (junto a Carlos Campi Campón), han dejado las mezclas y la masterización en manos de ilustres productores internacionales como Dave Fridmann y Greg Calbi y han introducido un tratamiento electrónico que supone la mayor innovación sonora con respecto a sus anteriores trabajos. Las letras, a menudo calificadas de abstrusas en otras entregas, vuelven a contener imágenes brillantes y sugerentes a la vez que, sin renunciar a su latido lírico, se esfuerzan en concretarse y hacerse más reconocibles.

De inicio mantienen su línea en la atinada ‘Deséame suerte’, que junto a las guitarras introduce sintetizadores. El riff que abre ‘El discurso del rey’ es más sorprendente, más tecnológico e innovador hasta culminar en un ritmo apremiante y en ‘Palmeras en La Mancha’, agresiva y acelerada, sobresalen la rabia y la contundencia del bajo. Suaves notas de piano dan entrada a ‘Consejo de sabios’ que va creciendo en intensidad a medida que avanza antes de la suave tradición que representa ’23 de junio’, conjugada acertadamente con una velada tecnología. ‘Guerra civil’ es el resultado de una efectiva combinación de energías, de un nudo dulce con un desenlace cañero, antes de recuperar el ritmo y la intensidad guitarrera en ‘Te lo digo a ti’. La progresión controlada de ‘Punto sin retorno’ no abandona la belleza antes de que ‘La vieja escuela’ se presente con un muro de piano, guitarras y percusiones para dar paso al bonito y rompedor cierre con que ‘Mismo sitio, distinto lugar’ se abre al futuro.

Más de tres años después de “La deriva” y diez después de su impactante irrupción en el escenario nacional, el sexteto madrileño da un paso hacia su reinvención y esquiva el hastío con una obra en la que arriesgan lo necesario para mantener intactos el vigor y la calidad. Fieles a unos referentes de indudable ambición artística (¿quién no ha detectado el rastro de unos Pearl Jam, U2 ó Radiohead en algunas de sus canciones?) han sabido consolidarse en el éxito sin traicionar su apuesta por la independencia y la calidad y convertirse a su vez en referencia de nuevas y exitosas bandas nacionales (léase Izal o Viva Suecia) que a su estela han ido ensanchando ese espacio masivo-alternativo que ellos contribuyeron a construir como el que más y que siguen prestigiando con sus discos.

 

Bunbury, ‘Expectativas’


13 Dic

Vale, de acuerdo, lo sé, sé que Bunbury no cae bien a mucha gente y que tiene un tono entre arrogante y suficiente que puede resultar un fastidio. Pero eso no tiene que empañar lo que Bunbury es en realidad que no es otra cosa que uno de los principales referentes del panorama musical español. Su carrera en solitario llega a su noveno disco de estudio con este Expectativas que toma el relevo de su antecesor, el notable, urgente y muy pegado a la actualidad del momento Palosanto (2013). Bunbury hace mucho tiempo que tiene la libertad de hacer lo que le da la gana y ha ido construyendo un estilo propio que va modulando con matices. En Expectativas asistimos a algunas novedades como es la incorporación del saxofonista Santi del Campo, el saxofón se convierte en un elemento central del disco y le da un tono en ocasiones sombrío, conformando un trabajo áspero y con un punto experimental que vuelve a dejarnos un disco notable y con algunas canciones muy logradas. Y de nuevo destaca la formación que le acompaña, bautizada en esta ocasión como Los Santos Inocentes.

‘La ceremonia de la confusión’ comienza con ese sonido oscuro, con un saxofón que recuerda un poco al trabajo de PJ Harvey, con una letra interesante y un tono críptico, una buena carta de presentación a la que le sigue ‘La actitud correcta’, un buen tema que se inicia con un pulso Blues y que luego evoluciona hacia un sonido más épico con el saxofón de nuevo protagonista. ‘Cuna de Caín’ tiene un comienzo diferente y es un tema más ambicioso, lo cual igual lo resiente, pero funciona con las escuchas. Con ‘En bandeja de plata’ recupera el tono anterior, un sonido bien logrado y de nuevo una letra interesante. El tono más pausado llega a ‘Parecemos tontos’, aunque luego va ganando en intensidad para convertirse en uno de los más destacados del disco, saliéndose Bunbury con su interpretación. ‘Lugares comunes, frases hechas’ es un tema más accesible con un estribillo fantástico pero con un tono triste.

‘Al filo de un cuchillo’ es una de las canciones más oscuras del disco, es más dura con su intensidad típica y manteniéndose en la épica. Otro de los momentos destacados del disco es ‘Bartleby’, canción que tiene un comienzo más rockero con esas guitarras y esa intensidad de nuevo en el estribillo, demostrándose de nuevo que en ese sentido Bunbury se mueve como nadie. ‘Mi libertad’ es un medio tiempo más complejo en su instrumentación, un tanto ampuloso y en el que el saxofón le da un tono más sofisticado. La mejor canción del disco, en nuestra opinión, es para ‘La constante’, brillante con un Bunbury en plan cronner. Y el cierre es para ‘Supongo’, tema más ambiental, un cierre correcto en el que no falta la épica.

Nuevo trabajo de Bunbury que vuelve a situarse en una buena altura. Siempre tratando de reinventarse, de buscar nuevos horizontes, no es menos cierto que también tiene un patrón delimitado y reconocible. En Los Restos del Concierto siempre hemos apostado por su trabajo y no suele fallar, así que celebramos este Expectativas.

Lucinda Williams, ‘This Sweet Old World’


12 Dic

Lucinda Williams tampoco para y en 2017 se ha lanzado con el experimento de revisitar su disco de 1992 Sweet Old World, cuarto disco de una carrera que iba muy espaciada. Si su anterior trabajo, Lucinda Williams, era de 1988, el siguiente, el clásico Car Wheels on a Gravel Road no llegaría hasta 1998, situándola en la cúspide del Country Rock y de todo aquello que se denominó ‘Americana’ con su voz característica y sus melodías tristes. Desde entonces, no ha parado aunque no es menos cierto que igual en sus últimos discos, reseñados en Los Restos del Concierto, se observa en ocasiones un cierto ‘piloto automático’ en trabajos a los que les sobra algún tema aunque no por ello son discos exentos de calidad. Como no habíamos escuchado el disco de 1992 vamos a abordar este This Sweet Old World como una novedad y nos encontramos a una Lucinda Williams en plena forma, un trabajo más intimista donde su voz suena más rota y que ofrece además cuatro temas más, destacando en su conjunto unas melodías realmente conseguidas. Una de las cuestiones que también se observa es que ha cambiado el orden de los temas, pero es una cuestión que tampoco podemos valorar.

El inicio es fantástico con ‘Six Blocks Away’, un tema en el su voz suena más rota como decíamos y es un medio tiempo que va ascendiendo con una gran melodía. Sube la apuesta con ‘Prove My Love’, una canción típica del ‘Americana’ donde por momentos frasea y con unas guitarras eléctricas destacadas. Y ‘Something About What Happens When We Talk’, un medio tiempo también sobresaliente, donde su voz rota le otorga una gran personalidad al mismo. ‘Memphis Pearl’ mira directamente a la nostalgia, siendo más minimalista, y en esa línea sigue ‘Sidewalks of the City’ pero es una canción más redonda, muy intensa y en la que su voz te lleva hacia un final que gana en fuerza. ‘Sweet Old World’ no deja ese camino, siendo más desnuda, con el contrapunto de la guitarra. ‘Little Angel, Little Brother’ es más melódica y su voz de nuevo nos lleva por un camino doliente junto a unas guitarras de fondo como en un segundo plano. En ‘Pineola’ coge fuerza, se lanza con guitarras más contundentes y vuelve prácticamente a frasear, siendo uno de nuestros temas favoritos.

‘Lines Around Your Eyes’ está más en la línea del Country Rock, es más animada y rockera aunque con una base claramente Country. ‘Driven’ Down a Dead End Street’ es una de las novedades con respecto a 1992, un tema que retorna al intimismo y en el que Williams prácticamente recita. ‘Hot Blood’ es seguramente una de las mejores canciones del disco, Williams vuelve a demostrar su fortaleza con unas guitarras poderosas y una sección rítmica contundente en un canción que se expande. En ‘Wich Will’, tema de Nick Drake, retorna a su milimanismo con tono melancólico y triste. Incorpora su fantástica versión de la tradicional ‘Factory Blues’ que enlaza con otra versión, ‘What You Don’t Know’ de Jim Lauderdale y John Leventhal, en la que mantiene el tono Blues aunque en un perfil más bajo. En ‘Wild and Blue’, firmada por John Scott Sherrill y que popularizó John Anderson, regresa de nuevo a ese tono minimalista e intimista que caracteriza en líneas generales todo el disco, mientras que el cierre es para ‘Dark Side of Life’, tema más del Country Rock con ese pedal steel y con su voz destacando con una forma de cantar más áspera.

Lucinda Williams nos regala un trabajo fantástico y que deja un gran sabor de boca, dando ganas de buscar el original para ver las diferencias. Williams se ha forjado una carrera impresionante y, como decíamos, sus últimos discos pecan de largos por momentos, no es menos cierto que mantiene un tono muy inspirado que se constata también en este This Sweet Old World.

 

Los Restos Del Concierto

Porque no todos oímos lo mismo