Archive for febrero, 2018

Neil Young and the Promise of the Real, ‘The Visitor’


21 Feb

No para y no tiene intención de hacerlo. Hablamos de Neil Young y su nuevo disco, el número treinta y ocho de su carrera, en esta ocasión de nuevo con la banda de Lukas Nelson, Promise of the Real, con los que ya firmó el acertado The Monsanto Years (2015) y el disco en directo Earth (2016). Y viene de emocionarnos con la recuperación de uno de sus discos perdidos, del que también dimos cuenta en Los Restos del Concierto, como es Hitchhicker (2017), y no hace mucho tiempo que publicó el más irregular Peace Trail (2016). Claro que, como hemos comentado en no pocas ocasiones, tanta productividad también se realiza sin mucho control de calidad y en ocasiones se nota que la cosa no está muy pulida, cuando no cae en el desastre, de los últimos tiempos destacan en esa dirección tanto Storytone (2014) como los dos primeros volúmenes de sus memorias, para el tercero que no cuente con nosotros. Pero somos muy de Neil Young en Los Restos del Concierto y siempre nos gusta escuchar materiales nuevos, aunque luego nos deje un poco de aquellas maneras. Vale que seguramente su último disco más recomendable con material nuevo fuese el que publicó con Crazy Horse en 2012, Pyschedelic Pill, seguido del ya mencionado The Monsanto Years, pero esperábamos con ganas si Young iba a lanzarse a por Donald Trump, y parece que por momentos quiera emular el Living with War (2006) con el que criticó las políticas de George W. Bush, pero aquel trabajo tenía mucha más enjundia que este The Visitor que tiene algunos aciertos pero que te deja un poco indiferente por momentos, y que no llega al punto de su primera aventura con Promise of the Real.

Y eso que el comienzo no es malo, aunque tampoco para volverte loco, ‘Already Great’ va a por Trump tomando en consideración el lema de su campaña, ‘Make America Great Again’, con un tono épico, guitarras corrosivas y un estribillo con el ‘No wall, No hate, No fascist USA’. La apuesta sigue en esa dirección, con un sonido épico, con coros poderosos, con un Young que frasea, en ‘Fly by Night Deal’, que casi se acerca al Living with War. Pero el tono desciende en una intrascendente ‘Almost Always’, canción pausada basada en una melodía reconocible, armónica incluida. El tono reivindicativo y épico sube de nuevo con ‘Stand Tall’ pero no acaba de ganarte. Y en ‘Change of Heart’ es otro medio tiempo que tampoco te acaba de llenar.

La segunda parte comienza con la extensa ‘Carnival’, más de ocho minutos, donde se muestra más experimental, incluso suenan algunas reminiscencias diferentes, pero tampoco es un tema redondo, puede que incluso lo alargue demasiado, aunque también tiene algunos destellos, especialmente al comienzo. En ‘Diggin’ a Hole’ se encamina hacia el Blues en una canción que apenas supera los dos minutos y medio y con una letra que no está entre lo mejor de Young. ‘Children of Destiny’, tema bastante crítico y político de nuevo y que presentó a comienzos de julio, es más complejo, tira de toda la fanfarria posible con sección de viento, cuerdas y coros, ritmo incluso marcial en algunos momentos, consiguiendo uno de los mejores cortes del disco a pesar de un cierto barroquismo. En ‘When Bad Got Good’, tema con mensaje, parece retornar a esos tonos Blues anteriores pero tampoco convence, quedándose en los dos minutos. Menos mal que se guardaba para el final un tema como ‘Forever’, aquí sí que encontramos a un Young mucho más inspirado, con ese tono confesional sustentado en sonidos acústicos.

En fin, no le quitamos mérito a Neil Young y se agradece la capacidad que tiene de estar siempre dispuesto a dar guerra, aunque en este caso le haya quedado un disco irregular que, eso sí, va ganando algo de poso con las escuchas. Seguro que no tarda mucho en sorprendernos con otra novedad.

Ty Segall, ‘Freedom´s Goblin’


19 Feb

Nueva entrega de la agitada e incontenible trayectoria del joven Ty Segall, tan breve como prolífica (diez discos en solitario en apenas diez años), que supone uno de sus mejores trabajos, ecléctico y torrencial, a la altura de la joya que nos lo descubrió allá por 2014, aquel fantástico ‘Manipulator’. Apenas un año después de su también destacado disco homónimo, regresa con otro derroche de creatividad, un muestrario de selectos referentes del punk, la psicodelia, el metal o el garage sabiamente asumidos e interpretados con crudeza e inmediatez.

Grabado en el Electrical Audio Studio (Chicago) de Steve Albini y consolidando la excelente banda que le acompañó en su anterior trabajo (Ben Boye, Mikal Cronin, Emmett Kelly y Charles Mooothart), el californiano presenta lo que en el pasado hubiéramos considerado un álbum doble de diecinueve canciones en una nueva demostración de efervescencia creativa que sigue sin dar muestras de agotamiento.

De inicio Ty nos descubre una nueva cara en la fantástica apertura de Fanny Dog, potente ejercicio de soul, que se prolonga con suavidad en la eléctrica Rain. A continuación la genial Every 1’s a Winner recupera el ritmo guitarrero antes de endurecer el pop de partida para después ponernos a bailar con el funk setentero de Despoiler of Cadaver. Le sigue When Mommy Kills You que contiene color y elaboradas voces entre una comedida distorsión que también rompe la calidez de voces, guitarras y vientos de la preciosa My Lady’s on Fire. Despista el suave inicio de la excelente Alta, asaltado de inmediato y con dureza por la pericia guitarrera de Ty. A Meaning, cantada por su esposa Denée, le cuesta arrancar para luego sonar ruidosa y potente antes de, en otro volantazo, dar paso a Cry Cry Cry, acústica y con un punto folk.

La segunda mitad comienza con Shoot You Up que de inicio te engancha con la guitarra para luego sujetarte con un duro riff, pura suavidad rock con la marca Segall, después You Say All the Nice Things recupera la calidez de las cuerdas desenchufadas y The Last Waltz, como no podía ser de otra manera, tiene gusto clásico mientras se enreda con brillantez en el folk. El rock duro llega imparable con She y su efectivo riff antes de desfasar en el brillante final. Tras la fugaz Prison llegan la desatada Talkin 3, enredo guiado por el saxo, y el excelente resultado de la fantástica discordancia de The Main Pretender. Las preciosas cuerdas hacen de I’m Free más acogedora y 5 Ft. Tall contiene un efectivo contraste de sonidos llenos de emoción, entre unos acústicos y otros más contundentes que terminan por sonar genial. Mención aparte para la brutalidad del cierre, los doce excelsos minutos llenos de potente calma de And, Goodnight.

Inmensa en su conjunto, esta nueva demostración de Segall le sitúa definitivamente a la cabeza del rock contemporáneo. En una trayectoria variada cuya amplio recorrido empieza a homogeneizarla por lo alto, ya pueden contarse suficientes discos excelentes como para calificarlo de autor grande, y este ‘Freedom’s Goblin’, como el que más, contribuye a esa calificación ya que sin duda está entre lo mejor de su producción.

Nunca hay que dejar de escuchar ‘1972’ de Josh Rouse


14 Feb

Quedan unas pocas semanas para la publicación del nuevo disco de nuestro querido y admirado Josh Rouse, que llevará por título Love in the Modern Age, pero nos toca echar la vista atrás para recordar su mejor disco, el imbatible 1972 (2003) que cumple quince años. Josh Rouse, que con sus dos últimos discos ha demostrado haber recuperado su buena forma, y del que hemos escrito en numerosas ocasiones, la última de su concierto en Logroño a finales de 2015, logró con 1972, que hacía referencia a su año de nacimiento, una revisitación de los sonidos de los setenta, incluida una portada que remitía directamente a ese periodo y por no hablar del libreto del CD. Rouse venía de insertarse en esa corriente denominada ‘Americana’ pero iría puliendo su sonido con toques más Pop y Soul. De hecho, ya en el fantástico Under Cold Blue Stars (2002) había algunas de las claves que explotarían en su cuarto trabajo que, a su vez, contaría con una exquisita producción a cargo de Brad Jones. En el disco cabrían vientos, cuerdas, coros fantásticos y otros elementos, pero el disco contaba con grandísimas canciones, que nos siguen acompañando.

El comienzo era para la canción que daba título al disco, ‘1972’, un gran tema suave y delicado con una gran melodía y con unas cuerdas preciosas. El primer gran golpe venía con ‘Love Vibration’, maravillosa, con ese sonido, esa base rítmica, destacando el bajo, ese estribillo y esos coros, y ese saxofón al final…En fin, caí rendido a esta canción desde el primer momento que la escuché. Con ‘Sunshine (Come on Lady)’ la fiesta no para, con un punto Pop que va creciendo y con un Hammond al final que le da una gran personalidad. Por su parte, en ‘James’ adopta un tono más melancólico con la voz de Rouse en falsete en algunos momentos. Y para finalizar la primera parte, la divertida y animada ‘Slaveship’, donde vuelven a destacar los coros.

‘Comeback (Light Teraphy)’ es otro de los grandes temas del disco, un bajo que marca el ritmo y que nos remite a los setenta en el comienzo de la canción y que luego va derivando a otro terreno, sin olvidar la flauta, las cuerdas, etc. La melancolía y la tristeza regresa con ‘Under Your Charms’, con un Rouse que canta suavemente al comienzo. La calidad se mantiene por todo lo alto con ‘Flight Attendant’, que cuenta con un punto atmosférico al comienzo y al final crece en intensidad gracias fundamentalmente a los vientos. Con ‘Sparrows Over Birmingham’ se inserta en sonidos más Góspel, siendo una canción con un tono más espiritual. Y el cierre es para ‘Rise’, otro tema que te gana por la melancolía y la nostalgia y que cuenta con una gran melodía, acabando por todo lo alto.

Ya han pasado quince años de este 1972, y catorce se van a cumplir de nuestro primer concierto de Josh Rouse en el Azkena de Vitoria, cuando vino a presentar este disco. Nunca hemos dejado de escuchar este disco, un trabajo que nos sigue marcando por más que pasen los años. Un disco que sitúo a Rouse en otra posición, aunque él ha mantenido una carrera posterior de perfil más bajo. Esperamos su nuevo trabajo con ganas.

 

Los Restos Del Concierto

Porque no todos oímos lo mismo