Archive for octubre, 2018

El momento de Goo Goo Dolls y el peso de las bandas sonoras


19 Oct

Suele ocurrir que hay bandas y artistas que aparecen en un momento dado y que, luego, no las sigues, aunque ese disco que tienes de ellos te siga encantando mucho tiempo después. Es lo que nos pasa con los norteamericanos Goo Goo Dolls, la formación encabezada por Johnny Rzeznik y Robby Takac que, además, tampoco parece ser que tuviesen la suerte necesaria para asentarse en el lugar que otros ocuparon. Con más de tres décadas de carrera, seguramente la mayoría recordarán a Goo Goo Dolls por la canción “Iris” que metieron en la película City of Angels (1998), esa remake al estilo Hollywood de El cielo sobre Berlín (1987) de Wim Wenders. Aquella canción era tremenda y también fue una especie de arma de doble filo para los Goo Goo Dolls. Pero vayamos por partes porque, para cuando salió “Iris”, Goo Goo Dolls ya llevaban una carrera consolidada de cinco discos. Como tantos otros grupos, toda la fiebre por lo alternativo les había situado en el mapa con su Rock poderoso que oscilaba por momentos hacia sonidos más deudores del Punk. Con su cuarto disco, Superstar Car Wash (1993) llegarían a una major, Warner, y con A Boy Named Goo (1995), lograrían mayor visibilidad y meter su tema “Long Way Down” en la película Twister (1996). Pero sería con su sexto disco, el que nos ocupa, Dizzy Up the Girl (1998), les permitió vender millones de discos gracias seguramente a “Iris”.

Rzeznik y Takac, junto al batería Mike Malinin que estaría en la banda durante casi veinte años,  facturaron un disco de Rock americano en el que se basaban en composiciones que iban hacia sonidos más Pop pero sin dejar de lado el punto más Punk a cargo de las canciones escritas por Takac, que también las cantaban. En cuanto al conjunto del disco, no se resiente en ningún momento y cuenta con temas destacados. Comenzaban por una poderosa “Dizzy” que tenía los ooess típicos. “Slide” era un plato fuerte, una canción tremenda con unas guitarras que se combinaban con las acústicas mientras que Rzeznik cantaba fantásticamente y con el toque de los teclados al final le daban a la canción un punto melancólico. “Broadway” tampoco dejaba atrás la nostalgia aunque es una canción más rockera e incluso podría decirse que se acercaba al Power Pop. “January Friend” es uno de los temas de Takac y en ella le mete la aceleración ya desde la forma de cantar más Punk. Por su parte, “Black Ballon” es una canción más del Rock Pop en la que incorporan cuerdas y tiene una mayor presencia la acústica, aunque funciona muy bien. En cuanto a “Bullet Proof”, es un tema más rockero con un sonido más épico y poderoso. La primera parte finaliza con otra canción de Takac, “Amigone”, un Punk más melódico que el anterior.

“All Eyes on Me” puede parecer un tema más intrascendente al comienzo, de nuevo parece ser un medio tiempo, pero crecerá hasta superar esa primera sensación. En “Full Forever” retoma el protagonismo Takac, aunque en este caso con un sonido un tanto diferente, incluso en la forma de comenzar tiene un punto Placebo (sí, ya sé que puede sorprender) para luego acelerar. “Acoustic #3” es lo que promete el título, un breve tema acústico que dará paso a la joya del disco, “Iris”, una balada épica con una sección de cuerdas impresionantes y un tono épico relevante que le convierten en una de las grandes canciones de final del siglo XX. He leído comentarios señalando que es una canción facilona pero no los comparto, me parece un tema soberbio. El cierre del disco es para “Extra Pale” con la que Takac destaca, seguida de un medio tiempo creciente de Pop-Rock como es “Hate This Place” y un Bonus Track como “Name”, una canción más acústica que no deja de ser un bonito tema.

Igual “Iris” convirtió a Goo Goo Dolls en la típica banda de “One Hit Wonder” pero creo que no. Es cierto que vendieron millones de discos en Estados Unidos de Dizzy Up the Girl pero la banda sonora de City of Angels todavía vendería algunos millones más. Ya, sé que se puede argumentar que si no fuese por la película no hubiesen alcanzado tampoco un éxito mayor, nunca sabremos. La carrera de Goo Goo Dolls siguió, su siguiente disco tuvo una buena recepción, Gutterflower (2002), pero los tiempos estaban cambiando muy rápidamente y su repercusión fue descendiendo, aunque se han mantenido en Warner todo este tiempo. No cabe duda que tendrán su tirón en el mercado norteamericano y que, en no pocas ocasiones, me pregunto los motivos por los que dejé de lado a esta banda. Veinte años de Dizzy Up the Girl, un buen disco de una buena banda que seguramente mereció un reconocimiento mayor.

Paul Weller, “True Meanings”


16 Oct

No cabe duda que Paul Weller es uno de los iconos de la música popular de las últimas cuatro décadas, bien con The Jam, bien con The Style Council, bien en solitario. Weller siempre ha hecho lo que ha considerado oportuno y su discografía está plagada de grandes aciertos así como de algunos trabajos menos logrados. Cada una de sus novedades siempre son acogidas con expectación aunque no es menos cierto que últimamente va con el piloto automático, aunque yo he disfrutado con discos como A Kind Revolution (2017) o, más lejos, Wake up the Nation (2010). True Meanings se encuadra en los trabajos que me dejan indiferente y que ha sido recibido con división de opiniones. Es un Weller más crepuscular y acústico, con un trabajo muy producido en esos toques orquestales y de cuerdas, pero que se hace muy largo, especialmente en el último tramo del disco. Por momentos quiere recordar al fantástico 22 Dreams (2008), una delicia en la que combinaba diferentes visiones, pero no llega. Hay algunos temas que sí, que parece que Weller va a dar con la tecla pero no.

“The Soul Seachers” es un comienzo esperanzador, un tema bonito que va de lo acústico hacia sonidos más sofisticados y ambientales, levantando el vuelo con el Hammond del final. “Glide” parece presentarse como un tema de madurez, un tono campestre que no acaba de funcionar y menos con esas cuerdas en clave de vals. “Mayfly” es más interesante, su voz es más ronca contrastando con una canción delicada y con unos vientos sutiles. Y “Gravity” es un tema que también funciona gracias al tono melancólico y a unas cuerdas bien insertadas. Pero en “Old Castles” adopta un tono incluso jazzístico siendo un tema de los más flojos del disco. Se recupera con “What Would He Say?”, una canción acústica en el comienzo que da paso las cuerdas reforzando la melancolía. “Aspects” es seguramente el mejor tema del disco, muy melancólico igualmente y muy logrado.

En “Bowie” rinde homenaje a David Bowie, un tema muy ambiental aunque luego acaba finalizando de forma muy insustancial. En “Wishing Well” se lanza a un minimalismo mayor, con un tono campestre y más Folk, cambiando su forma de cantar. Pero con “Come Along” comienza la peor parte del disco, canciones que no aportan mucho como la que nos ocupa. “Books” sigue en esa misma senda, comparte voz con Lucy Rose y Noel Gallagher aporta su toque con el armonio pero es un tema que no te llena. “Movin On” es una canción más lograda, el tema crece con las cuerdas, pero con “May Love Travel With You” a uno se le hace ya muy largo el disco. Y “White Horses” comienza con esa misma sensación pero a mitad de camino sube su fuerza pero sin destacar.

Como decíamos, ha habido diferentes visiones del disco de Weller, desde las más elogiosas, incluso llegando a compararlo con Nick Drake, hasta críticas muy duras cuestionando su estado de forma. Creo que es un disco al que le sobran algunas canciones y en el que Weller abusa un poco de la fórmula elegida, aunque también hay algún acierto. Sin embargo, no quedará entre sus grandes obras.

Las tres vidas de Suede


10 Oct

Estamos en unas semanas muy Suede y es que nos ha dado por la veterana formación británica, la primera que consiguió el éxito dentro del Brit Pop y que ha vivido diferentes estadios. Lo confieso, no fui muy de Suede en su primera etapa, la más exitosa, aquella en la Brett Anderson y Bernard Butler emulaban a unos Morrissey y Johnny Marr pero en versión Glam. Curiosamente, fue cuando salió Butler cuando me enganché a Suede y reconozco que sus últimos discos, en su tercera vida, me han gustado mucho. Suede han sido unos supervivientes y Anderson lo cuenta muy bien en sus memorias hasta que Suede comienzan a triunfar, las ya reseñadas Mañanas negras como el carbón (Contra, 2018), y no cabe duda que han logrado superar unos cuantos desafíos. Y es que Suede han vivido tres vidas, como decimos en el título de este artículo: la primera, desde sus comienzos en 1989 hasta la traumática marcha del talentoso Butler en 1994; la segunda cuando Butler es reemplazado por Richard Oakes y el sonido cambia, finalizando en 2003 cuando la formación se toma un largo descanso; y la tercera desde su retorno en 2010 hasta la actualidad, encadenando tres discos que se van superando. Cada una de las tres etapas tiene sus características pero lo que no dejan de tener son grandes canciones épicas y con un punto de dramatismo pero también brillantes y escapistas momentos de Pop. Puede que al final sean Suede los que se lleven el gato al agua en el legado del Brit Pop, por más que Oasis, Blur y Pulp sean muy grandes, pero es que Suede han sabido envejecer y evolucionar como nadie.

Año 1993, el Grunge domina las listas y lo alternativo se impone en la crítica pero falta poco para que todo salte por los aires y tome el relevo un Brit Pop que se está germinando en las islas. Ese año, una banda llamada Suede sale a la palestra con su debut, Suede, que se lleva los elogios de la crítica. Es un cuarteto formado por un cantante andrógino como es Brett Anderson, el guitarrista Bernard Butler, el bajista Mat Osman y el batería Simon Gilbert que, salvo Butler, siguen en Suede todos ellos hasta hoy. Anderson lo cuenta en sus memorias, les costó mucho llegar y no eran buenos, incluso también está la parte de su relación con Justine Frischmann, que saldría de la banda antes de su debut y formaría Elastica, a la par que dejaría a Anderson por Damon Albarn, pero esa es otra historia. Suede conquistan el número 1 en Reino Unido y llaman mucho la atención con esa imagen y ese sonido Glam que les emparenta con esa etapa de un David Bowie que, por otra parte, en esos años estaba muy de capa caída. Ya lo he dicho antes, aunque “So Young” o “Animal Nitrate” me llamaran la atención no les presté la atención que merecían. Pero Suede anticipaban lo que iba a venir con el resto del Brit Pop. Sin embargo, lejos de acomodarse, en 1994, cuando ya se había producido el paso del testigo desde el Grunge, Suede subieron la apuesta con Dog Man Star, un disco que incidía en las mismas líneas que su debut y en el que el dúo Anderson – Butler facturaban de nuevo grandísimos temas como “We Are the Pigs”, “The Wild Ones” o la maravillosa “New Generation”. Sonidos épicos y guitarreros con la forma afectada de cantar de un Anderson soberbio. Pero la competencia era mayor, habían debutado Oasis, Blur crecían, Pulp estaban ahí. Pero su segundo trabajo fue también un éxito de crítica y público aunque en el mismo 1994, Butler dejaba la formación por sus diferencias con Anderson.

La baja de Butler podría haber sido definitiva pero reclutaron inmediatamente a Richard Oakes, un joven guitarrista desconocido que no contaba ni con veinte años cuando se incorporó a Suede, comenzando así la segunda vida de Suede. Además, en 1995 sumaron a Neil Codling como teclista y guitarrista, apoyando también en labores de composición aunque el peso lo llevarían Anderson y Oakes. La comparación podía ser odiosa pero Coming Up (1996) se convirtió en un gran disco y logró de nuevo aunar a crítica y público con un trabajo lleno de hits aunque es cierto que el peso del Glam iba disminuyendo para ir adquiriendo una paleta de sonidos más amplia. Coming Up es uno de mis discos favoritos de Suede y me encantan canciones como “Trash”, “Beautiful Ones”, el costumbrismo de “Saturday Night” o “Filmstar” y “Lazy”. Es un gran disco y la prueba estaba superada pero el Brit Pop estaba de retirada y habría que ver la respuesta de Suede.

Pero primero sacaron un disco de caras B, Sci-Fi Lullabies (1997), muy reconocido por la crítica. Sin embargo, para Head Music (1999) se adaptaron en parte a los sonidos más dance que estaban auge en aquellos años. No es mal disco Head Music pero no llega a la altura de los anteriores, a la par que bandas como Suede lo tenían más complicado para triunfar, en cierto sentido se les había pasado su época. Hay grandes temas también, no podían faltar, como la épica “Everything Will Flow” o la eléctrica “Can’t Get Enough” y una de mis favoritas de Suede desde entonces, la maravillosa “She’s in Fashion” que todavía recuerdo cuando la escuché por primera vez con esas cuerdas de inicio y la voz de falsete de Anderson en el estribillo. También cabe reseñar que en su cuarto disco el peso compositivo ya estaba en manos prácticamente de Anderson.

La segunda vida de Suede se cerraría con un disco menor y cuando ya no estaban de moda. A New Morning (2002) tampoco es un mal disco pero fue maltratado por la crítica. Sí que es cierto que se nota una banda más cansada, Codling había dejado la formación y había sido sustituido por Alex Lee, aunque aparece como cocompositor de algunos temas. En A New Morning parecen querer retornar al comienzo pero no les sale del todo, aunque insisto en que no es un mal disco ni mucho menos. Por ejemplo, “Positivity” y “Obsessions” son dos temas que pueden mirar de tú a tú a cualquier hit de Suede. Pero, en 2003, Suede anuncian que se separan y publican un grandísimo recopilatorio como es Singles. No eran buenos tiempos para el legado del Brit Pop con unos Oasis sacando discos cada vez más intrascendentes, con Blur también disueltos tras el menor Think Tank (2003) y con Pulp también estaban ya separados.

Los siguientes años dieron más noticias alrededor de Anderson que primero sorprendió con la vuelta con Butler bajo el título de The Tears y el disco Here Comes the Tears (2005). Publicado de forma independiente, el disco no trascendió ni siquiera entre los fans de Suede que pensaban que podría recuperarse la magia de hacía más de una década. Pero eso no ocurrió y cada uno volvió por su lado, con Butler más centrado en las labores de producción. Anderson publicaría varios discos bajo su nombre en los siguientes años pero ni tuvieron repercusión comercial ni tampoco la crítica se deshizo en elogios, en algunos casos al contrario. Era 2010 y había que volver a Suede con sus compañeros de siempre más Codling que volvía a la formación. No era mal momento para regresar, con esas giras de reunión tan lucrativas pero la sorpresa vendría con unos Suede que alcanzarían nuevas cimas creativas en esta década, aunque Anderson haría un último intento en solitario en 2011. Tampoco había mucho que perder en un contexto tan cambiante en el mundo de la música y en 2013 llegó Bloodsports para el que recuperaron al productor de sus tres primeros discos, Ed Buller. La crítica lo acogió con muy buenas valoraciones y el disco es notable, aunque no haya singles reconocibles. Pero Suede se irían superando y en 2016 publicaron el fantástico Night Thoughts, de nuevo con Buller en la producción, un disco en el que profundizan en la épica y la grandilocuencia y con un Anderson imperial. Suede volvían por todo lo alto, con grandes trabajos, sin presión y sin necesidad de demostrar nada a nadie. De su última entrega hablaremos en breve aunque The Blue Hour no está convenciendo y mucho, posiblemente el mejor disco de su tercera etapa.

Al final, son Suede los representantes del Brit Pop que un cuarto de siglo después están en mejor forma. Suede no defraudan nunca y siempre hay muy buenas canciones en sus discos. Una carrera coherente y de calidad, una formación fascinante. Y no dejan de hacer canciones tan grandes como “Life is Golden”.