Carl Wilson, ‘Música de mierda’

20 Abr

9788416290482

Cuando la editorial Bloomsbury encargó al canadiense Carl Wilson analizar un disco para su colección ’33 1/3′, en la que por lo general se estudiaban discos importantes de figuras legendarias de la música pop y rock, contra todo pronóstico eligió ‘Let´s Talk About Love’ (1997), el disco de su compatriota Celine Dion que incluía entre otras la vapuleada canción de Titanic ‘My Heart Will Go On’, con el objetivo de generar debate sobre el gusto musical.

Publicado originalmente en 2007 y considerado en la actualidad uno de los volúmenes preferidos de la colección, llega a España convertido en libro de culto de la mano de Blackie Books con el impactante título de ‘Música de mierda’ para, aparte de introducir a los no iniciados en la vida y obra de la cantante de Quebec, crear un espacio desprejuiciado para la reflexión a través de estudios, encuestas y opiniones.

Entre otras interesantes cuestiones se pregunta si escogemos nuestra música únicamente por gusto o además lo hacemos por razones de estatus y como medio de diferenciación social. También reflexiona sobre la necesaria existencia del sentimentalismo en el pop y la extendida costumbre de rechazarlo, especialmente si su éxito es mayoritario. Todo ello lo hace sobradamente informado, con oportunos datos y testimonios así como abundantes referencias filosóficas y sociológicas y con especial atención a los estudios que el sociólogo francés Pierre Bourdieu hizo sobre las distinciones sociales del gusto.

Por momentos puede apabullar la concentración de datos, términos y nombres de los capítulos más teóricos, expuestos en general con un lenguaje exigente, pero el interés de los interrogantes abiertos lo agradecen. Aunque en menor medida, también deja entrever alguna conclusión, como que nuestras decisiones a menudo no son tan libres como creemos y tampoco las intenciones, conscientes o no, que estas conllevan. Lo que despierta con seguridad es ternura hacia la figura de Celine Dion, a menudo denostada tanto en su país como en el resto del mundo, y una necesaria inquietud hacia la presunta inocencia de nuestros gustos culturales en general.

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