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A (solo) diez años del debut de Dawes


21 Ago

Jóvenes aunque no absolutamente nuevos en el negocio, el debut del cuarteto californiano cumple diez productivos años en los que han tenido tiempo de editar hasta seis discos de estudio. Provenían de Simon Dawes, efímera banda formada en Malibu por dos futuras luminarias de la nueva música estadounidense como Taylor Goldsmith y su amigo del instituto Blake Mills, que solo editaría un disco antes de disolverse en 2007. Al bajista Wylie Gelber, ya componente de esa banda seminal, se unirían Griffin Goldsmith (hermano menor de Taylor) a la batería y el teclista Tay Strathairn (único instrumento que ha ido variando de titular en estos años) cuando, tras el abandono de Mills para dedicarse a producir y componer en solitario, pasaron a denominarse Dawes (segundo nombre de Taylor Goldsmith, al igual que Simon lo era de Blake Mills) a secas.

Dados sus orígenes de la costa californiana a nadie puede extrañar su deuda con el hervidero de talento musical que fue el barrio de Laurel Canyon en el Los Angeles de los sesenta y setenta (Jackson Browne, Joni Mitchell, The Mamas & the Papas, The Byrds…), así como con otros clásicos de la música norteamericana como Neil Young, Gram Parsons o The Band. También por la influencia de su productor Jonathan Wilson en cuyo estudio, localizado en dichas colinas de Hollywood, hicieron sus primeras sesiones y en el cual crearon la añeja atmósfera sonora de este «North Hills» con el que debutaban hace exactamente diez años.

Puede que no sea su mejor disco, ni el que les proporcionó el reconocimiento general que más bien recabarían con los dos o tres siguientes, pero se trata de un trabajo delicioso que sentó las bases de los que serían sus mejores años. Y puede que a veces peque de una excesiva calma que se ve agravada por la extensión de sus canciones, pero sin duda contiene varias composiciones excelentes que han quedado sólidamente grabadas en el imaginario de sus seguidores.

Grabado a modo de sesión conjunta y en analógico en los estudios antes citados, y asistidos por el virtuoso multiinstrumentista Pat Sansone (Wilco), las canciones son largas en parte por sus copiosas letras como también por algunos extensos y fantásticos pasajes instrumentales. Se abre con las reminiscencias soul de That Western Skyline, que introduce los teclados y coros que caracterizan algunas de las canciones, y continúa con la delicadeza algo más ligera de Love Is All I Am, regida por el bajo y con más melodía. En When You Call My Name conceden el protagonismo a las guitarras y suena más rítmica y Give Me Time es una bella e íntima muestra de sensibilidad vocal y folk ascendente.

En When My Time Comes elevan comedidamente la rabia vocal y emparejan la sección rítmica y las guitarras para certificar uno de los puntos álgidos del álbum. Le siguen la también soulera y muestra de clasicismo al piano que es God Rest My Soul y la virtuosa mesura y austeridad de la más desnuda Bedside Manner. My Girl To Me cuenta con la bonita conjunción de una original línea de bajo y una guitarra bluesera y la sencilla Take Me Out Of the City peca algo de laxitud a pesar de sus bonitos juegos de voces. También lenta, aunque algo más sonora, If You Let Me Be Your Anchor avanza el emocionante cierre de Peace In the Valley y su sugerente culminación instrumental.

Fundamental en su discografía, con este disco abrían una prometedora carrera que ha ido añadiendo en los siguientes años hasta cinco referencias en las que han ganado contundencia e inmediatez y que también contiene vaivenes y experimentos de desigual resultado. Capacitados de sobra para la excelencia, como bien han demostrado en la mayoría de sus trabajos, quizá en los dos últimos no hayan andado sobrados de inspiración (no tanto en «We’re All Gonna Die» de 2016 como en «Passwords» de 2018), pero sigue siendo una gozada recuperar discos como este y sus sucesores con los que se han ganado el reconocimiento de la escena del folk-rock norteamericano actual y que esperamos aún deparen grandes momentos.

«Supernatural» y el retorno de Santana muy bien acompañado


19 Ago

En el binomio 1999-2000, en la frontera del nuevo siglo, la música popular tuvo un invitado insospechado entre sus protagonistas más destacados. Era una época en la que todavía se vendían muchos CDs, las radios y los vídeos eran muy importantes para la visibilidad de un artista. Las ventas podían contarse por millones y nuestro protagonista casi llega a los veinte en todo el mundo, una barbaridad incluso para la época. En 1998, Carlos Santana contaba con 51 años, su banda Santana había sido incluida en el Rock and Roll Hall of Fame pero era una leyenda. Guitarrista inconmensurable y talentoso, creador del «Rock Chicano», Carlos Santana y su banda habían fusionado el Rock and Roll con los sonidos latinos y con presencia del Blues, el Jazz e incluso lo que sería después la etiquetada como World Music. Presentes en la primera edición de Woodstock en 1969, a partir de su segundo disco, Abraxas (1970), llegarían unos años 70 en los que estaban en primera línea con canciones como las versiones de «Black Magic Woman», la icónica «Oye como va», entre otras. Santana tenían un sonido muy reconocible y la guitarra de Carlos Santana era la protagonista aunque no absoluta porque también tenían una presencia destacadísima las percusiones. Sin embargo, Santana no tuvo unas décadas de los 80 y 90 del siglo XX especialmente relevantes. No pararon de publicar discos, mientras la formación también iba cambiando de integrantes y seguía girando. En 1992 ya no estaban en Columbia, su sello de toda su carrera hasta el momento, y ficharon con Milagro (1992) por Polydor. Desde entonces, no habría ningún disco con material nuevo de Santana hasta 1999 con el Supernatural que nos ocupa. Por allí apareció uno de los grandes ejecutivos de la industria discográfica, Clive Davis, que había sido el primero que confío en Santana cuando los fichó para Columbia, y surgió el proyecto de un disco colaborativo con algunos de las principales bandas y artistas del momento y que publicaría Arista. Santana serían acompañados por numerosas estrellas del momento lo que le daba una mayor visibilidad al disco, pero no creo que intuyesen el impacto del mismo con los números 1 de «Smooth» y «Maria Maria». Esas dos canciones, y en el ámbito hispanohablante «Corazón espinado», pusieron en el mapa un gran disco con una lista de colaboradores y colaboradas de diferentes estilos que, bajo el paraguas del inconfundible estilo de Santana, lograron un grandísimo éxito.

El disco comienza con un «(Da Ya) Yaleo» que es una gran canción representativa del eclecticismo de Santana, con la guitarra de Carlos Santana destacando junto a la percusión y a los vientos del final, quedando la parte vocal para Tony Lyndsay, vocalista durante muchos años de la banda. En «Love of My Life» son Dave Matthews y Carter Beafourd de la Dave Matthews Band, que entonces estaban en la cima de su popularidad, para dar lugar a un medio tiempo intenso. El mismo camino sigue con «Puts Your Lights On» con Everlast, aunque en este caso el sonido se endurece. En «Africa Bamba» apuesta por la fusión de estilos, canción cantada en español que fue compuesta junto al artista senegalés Touré Kunda. Y llega el turno de «Smooth», un hit incontestable con un Rob Thomas de Matchbox Twenty que entonces eran uno de los grupos más destacados. La canción dio con todas las teclas, ascendiendo en intensidad y con percusiones y vientos sobresaliendo. Pero mi debilidad del disco es «Do You Like the Way» en la que Lauryn Hill devuelve colaboración tras la presencia de Carlos Santana en The Miseducation of Lauryn Hill (1998). Hip Hop, Soul y Rock se unen en una grandísima canción en la que también está CeeLo Green, muy intenso en su interpretación. El otro hit del disco fue una «Maria Maria» que contó con la participación en la composición y producción de Wyclef Jean y con las voces de The Product G&B, también asociados a Jean. Es una canción que vuelve a mezclar elementos del Hip Hop y lo hace también de forma brillante, con protagonismo para esa guitarra española que marca el tempo de la canción.

En la segunda parte, el inicio es para «Migra» que también destaca por su eclecticismo. Además de la guitarra omnipresente de Carlos Santana y de las percusiones, aparece el acordeón y la canción contó en su composición con la participación de todo un Rachid Taha. Le sigue una convincente «Corazón Espinado» con los mexicanos Maná que también tuvo su éxito en nuestro país, también era la época en la que Maná habían logrado ser una de las bandas más importantes de la música en español. Eagle-Eye Cherry, hijo de Don Cherry y hermano de Neneh Cherry, era una de las estrellas emergentes del momento, tenía una carrera prometedora que se quedó a medio camino, pero tuvo su hueco en Supernatural con «Wishing It Was», una canción que también apuesta por sonidos más contemporáneos y que también funciona. El cierre del disco es para tres canciones como la instrumental «El Farol», basada en todos los elementos que conforman el sonido de Santana; la pausada «Primavera», que llega incluso a tener un punto de la Bossa Nova; y «The Calling», con el «duelo» de guitarras entre Carlos Santana y Eric Clapton que va aumentando en intensidad a medida que discurre la canción. El disco tiene una canción escondida, «Day of Celebration», en la que destaca la guitarra española del comienzo.

«Smooth», «Maria Maria» y «Corazón Espinado» pueblan esos meses de tránsito de 1999 a 2000 pero no debemos quedarnos sólo con estos singles. Supernatural es un gran disco que cuenta con muchas canciones destacadas y, veinte años después, sigue sonando fresco. Santana se puso de moda y, en 2002, los mismos protagonistas, Santana y Clive Davis, reclutaron otra nómina de colaboradores para la continuación de Supernatural, titulada Shaman, pero ni la lista era tan destacada ni las canciones tan potentes. Disco todavía más ecléctico si cabe, destacaba una Michelle Branch con «The Game of Love» que ascendería alto en el Billboard. Junto a ella, Seal, Macy Gray, P.O.D., Chad Kroeger de Nickelback, Dido, Ozomatli y, cerrando el disco, Plácido Domingo. Sus ventas fueron claramente inferiores, no llegó a los cuatro millones aunque sí que el disco fue número 1 en Estados Unidos. Santana volvieron a un segundo plano pero no dejó de lado la fórmula que le devolvió a la primera línea con All That I Am (2005) en el que, bajo la producción de nuevo de Davis, aparecieron Branch, Big Boi de Outkast, Mary J. Bigle, Steven Tyler de Aerosmiht, will.i.am de The Black Eyed Peas, Kirt Hammet (Metallica), Joss Stone o Los Lonely Boys, entre otros. A partir de ese momento, su ritmo discográfico es menor y en 2019 vuelven a ser noticia con la publicación de un sorprendente Africa Speaks, una mirada hacia el continente africano con la producción de Rick Rubin y la española Concha Buika a las voces, y componiendo buena parte del disco. Este trabajo ha logrado un amplio reconocimiento de la crítica y, las canciones que hemos escuchado, suenan muy bien, así que lo tenemos en nuestra lista. Pero fue Supernatural uno de los puntos de inflexión clave en la carrera de Santana, y veinte años lo hemos recordado.

«American Idiot» o el resurgir de Green Day


09 Ago

Green Day había sido uno de los grupos capitales postgrunge. Su Punk Rock accesible y comercial logró dar el pelotazo cuando el Grunge expiraba a mediados de los noventa. Fue con Dookie (1994), que también recordamos en su momento, cuando Billie Joe Amstrong, Mike Dirnt y Tré Cool dieron el pelotazo. Pero, como ya contamos, no eran unos recién llegados, era su tercer disco tras haber funcionado de forma underground hasta la fecha, aunque Dookie lo publicó Warner. Aprovechando la corriente, Green Day se dieron prisa en publicar sus dos siguientes discos, Insomniac (1995) y Nimrod (1997), con buenos resultados de ventas. Pero la relevancia de Green Day parecía ir disminuyendo, su siguiente trabajo fue Warning (2000) donde ya iban demostrando una mayor versatilidad. En ese momento se produjo un parón en su producción y salieron algunos recopilatorios, en medio de una crisis del grupo por el futuro de la formación. Por lo tanto, cuando Green Day anunciaron una «Ópera Punk» para 2004 poco menos que había que echarse a temblar…Pero Amstrong, Dirnt y Cool acertaron de pleno con un disco tremendo, de plena actualidad y que es una de las cimas de su carrera con Dookie. Que una década después de este último hubiesen dado en el clavo con un disco urgente y directo, ambicioso, y con canciones de Punk Rock pero también con un sonido más épico, es un punto a favor de Green Day. Además, no hay que dejar de destacar la crítica que American Idiot era a la administración de George W. Bush y la invasión de Irak en 2003, un posicionamiento ineludible para un grupo como Green Day. En American Idiot encontramos algunos hits fantásticos, canciones un tanto alargadas dentro del concepto, y uno sonido que recuerda a los The Clash más eclécticos. La producción fue para el habitual Rob Cavallo, que llevaba con ellos desde Dookie, y que también trabajó con Goo Goo Dolls, Avril Lavigne o My Chemical Romance. Además, también hay que destacar la estética del disco y de sus integrantes, ese negro y rojo dominante. Fue una sorpresa en un 2004 y Green Day alcanzaron el número 1 en Estados Unidos y colocaron más de dieciséis millones de discos vendidos en todo el mundo, una barbaridad en un periodo en el que la industria musical iba de capa caída. Con un personaje como Jesus of Suburbia como hilo conductor del disco, un anti héroe de clase media baja del que se narra su situación pero bajo el prisma del contexto que le ha tocado vivir, la administración Bush y la guerra de Irak como ejes centrales, American Idiot también recuerda al modelo tomado por The Who para Tommy (1969).

«American Idiot» da comienzo al disco de forma potente, recordando a Dookie y toda una declaración de intenciones, primer single del disco que ya llamó la atención. A continuación se lanzan con una de las dos canciones que abarcan diferentes tomas, en este caso una «Jesus of Suburbia» repartida en cuatro actos en los que van pasando de sonidos más melódicos a otros más Punk, funcionando de forma coherente. «Holiday» es otro de los hits del disco, una canción fantástica con un tono épico y contundente. Y la épica continúa con el medio tiempo más melódico que también fue uno de los grandes éxitos del disco, «Boulevard of Broken Dreams», otra letra con una gran carga de profundidad. En «Are We the Waiting» siguen ahondado en el tono épico aunque en este caso apuestan por coros y estribillos que van a lo «más fácil». «St. Jimmy» es una apuesta por el sonido más Punk, acelerando el tempo del disco. Y en «Give Me Novocaine» vuelven al sonido más melódico, un medio tiempo con un barniz más Pop, una canción también de temática premonitoria con lo que ha ocurrido en Estados Unidos unos lustros después.

En «She’s a Rebel» retornan al Punk Pop, otra canción que les funciona con esas guitarras características. «Extraordinary Girl» es una canción que rompe un poco con el tono del disco, que viene del Rock de los sesenta y con un punto muy beatleliano. Pero con «Letterbomb» vuelven al Punk Pop más melódico para dar entrada al final del disco que continúa con la soberbia «Wake Me Up When September Ends», una balada épica y muy emotiva, una grandísima canción que fue acompañada por un no menos impactante vídeo. «Homecoming» es la otra canción compuesta por cinco cortes, de nuevo con sonidos diferentes, Dirnt aborda las voces en la muy Punk «Nobody Likes You» y Cool lo hace en «Rock and Roll Girlfriend», llegando de nuevo la épica al final con «We`re Coming Home Again». Con «Whatsername» llega el cierre del disco, una canción con un cierto tono de dramatismo.

Green Day recuperaron buena parte de su prestigio con este American Idiot, con una triunfal gira. Pero, realmente, fue un espejismo, Green Day nunca volverían a llegar a este nivel y sus pasos posteriores serían irregulares, incluido algún episodio de Amstrong sobrepasado con un ataque de ira en el escenario en 2012 que le llevó a rehabilitación. Musicalmente, Green Day se «vinieron arriba» como suele decirse. Primero apostaron por el concepto de Ópera Rock con su siguiente trabajo, 21st Century Breakdown (2009), que aunque contó con una muy buena recepción del público no es menos cierto que estaba varios peldaños por debajo de American Idiot. Pero la cosa se complicó con su siguiente paso, un triple lanzamiento en el último tercio de 2012 compuesto por ¡Uno!, ¡Dos! y ¡Tré!, una apuesta arriesgada y excesiva que no funcionó. Su último trabajo de estudio, Revolution Radio, es de 2016 remontó el vuelo, fue número 1 de nuevo aunque para entonces el aura de Green Day ya estaba lejos de lo logrado con un disco como American Idiot.