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Garbage apostaron por sonidos más electrónicos en “Version 2.0”


02 Jul

Garbage habían llegado en 1995 en pleno hundimiento del Grunge con un disco muy destacado, Garbage, que sin hacer mucho ruido contaba con grandes canciones como “Only Happy When It Rains”, “Queer” “Stupid Girl”, entre otras. La banda estaba encabezada por la escocesa Shirley Manson y en la misma formaban Steve Marker, Duke Erikson y Butch Vig a la batería entre otros cometidos, el hombre que había producido Nevermind de Nirvana y que había trabajado con otras luminarias de la época como Sonic Youth o The Smashing Pumpkies, entre otros. Por eso sorprendía el sonido de la banda, más electrónico y con más sintetizadores haciendo competencia a las guitarras por el protagonismo. Aquel debut convenció y se situaron ya en el grupo de lo “alternativo” cuando comenzaba a disgregarse en diferentes tendencias y, además, los sonidos electrónicos iban ganando terreno. Consolidados, su segundo trabajo lo que hizo fue profundizar en ese peso de la electrónica, sustentando a una Manson que destacaba con su voz. Version 2.0 salió en 1998 y dejó varios temas en el imaginario colectivo de esos finales de los noventa.

“Temptation Waits” es un tema en el que prima la electrónica, al ritmo machacón se añade un tono épico que también le da una ampulosidad a la canción que hoy chirria un tanto. “I Think I’m Paranoid” es uno de los grandes logros del disco, un tema elegante que comienza suave y va ascendiendo gracias a las guitarras, ganando en intensidad. “When I Grow Up” es un tema festivo que fue otro de sus singles estrella, es una canción mas facilona, que se escapa un tanto de las pretensiones del disco, pero que funcionó muy bien. En “Medication” aportan una canción más atmosférica con un tono épico también, un medio tiempo que se cae un poco por los arreglos orquestales. “Special” fue otro hit de la época, una gran canción de sonido más Pop, muy coreable. Y, para compensar, “Hammering in my Head” responde a su título, electrónica sin parar y destacando la forma de cantar y los giros de Manson.

La segunda parte comienza con mi canción favorita, “Push It”, una canción perturbadora y oscura, con ese “Don’t Worry, Baby”, esa forma de cantar de Manson y los diferentes quiebros que va dando el tema, y con una presencia también destacada de las guitarras. “The Trick Is to Keep Breathing” rebaja el tono, Manson comienza susurrando y tiene de nuevo un punto atmosférico, es una canción que ganaba con las escuchas y que hoy sigue sonando bien. En “Dumb” vuelven a meterse de lleno con los sonidos electrónicos, bases muy machaconas que eran también en parte marca de la época, pero también había espacio para las guitarras. “Sleep Together” seguía en esa línea, siendo igualmente un tema más oscuro, de nuevo esos ritmos que ya a esas alturas del disco lo dominaban. En cuanto a “Wicked Ways” es un tema diferente, tiene sonidos más rockeros con esas guitarras que ahora sí que ocupan una posición de primer plano, aunque al final regresan a una electrónica más sutil. El cierre es para “You Look So Fine”, un tema en el que de nuevo apuestan por sonidos más ambientales y atmosféricos, un medio tiempo en el que vuelven a contar con sonidos orquestales.

Version 2.0 fue un disco que escuchamos mucho en aquellos finales de los noventa. Garbage era una banda que estaba en lo más alto, sus canciones sonaban en muchas emisoras y, en cierta medida, se adelantaron a lo que vendría después de aunar las guitarras y los sintetizadores de nuevo. Pero en Version 2.0 se fueron más hacia el lado segundo y eso descompensó un tanto el disco. La carrera de Garbage iría decayendo, perdiendo su espacio en el panorama discográfico con los sucesivos discos publicados con cuentagotas, cuatro desde entonces, el último en 2016 titulado Strange Little Birds. Siguen en activo y hay que destacar su atractivo y su calidad, en sus dos primeros discos especialmente.

 

 

Ni Jet ni Kings of Leon salvaron al Rock and Roll


25 Jun

Nos vamos a 2003 en estas efemérides que vamos comentando en Los Restos del Concierto y es que, como contaba Lizzy Goodman en el ya reseñado Nos vemos en el baño, el Rock and Roll parecía volver a escena con fuerza. Recapitulemos, The Strokes se habían llevado a la crítica de calle con su debut Is This It (2001) y The White Stripes llamaban con fuerza y en 2003, tendrán su entrada, hacía su aparición Elephant, cuarto disco Jack y Meg White., sin olvidar a unos Interpol que iban de otro rollo. Pero…pero aquello era minoritario. Era como un espejismo en el que nos pensábamos que sería como cuando el Grunge, y para nada. Vale, el “Americana” se consolidó y los sonidos de guitarras más bailables (Franz Ferdinand, The Killers, etc.) también subieron bastante, pero aquello no llegó tampoco mucho más lejos. Además, el segundo disco de The Strokes, Room on Fire (2003), supuso una decepción. Pero, en esos años surgieron muchos más grupos de guitarras y hoy nos ocupamos de dos que también fueron llamados a salvar el Rock and Roll y que también se quedaron a medias. Nos estamos refiriendo a Jet y Kings of Leon, dos formaciones con trayectorias contrapuestas como veremos, con dos debuts en 2003 que tuvieron una importante pegada y que recordamos en Los Restos del Concierto.

Jet y Kings of Leon se beneficiaron de la irrupción de The Strokes. Ambas formaciones provenían de dos puntos tan lejanos como Australia y Tennessee (Estados Unidos) y las dos comparten un claro sonido revivalista de guitarras, sonidos más garajeros de los primeros y más vinculados al Southern Rock de los segundos. Aunque Jet conseguirían con su debut mayor éxito Estados Unidos que Kings of Leon, la fiebre por los segundos se desató en Reino Unido, no llegarían a tener una gran visibilidad en su país hasta Only by the Night (2008), su cuarto disco que fue número 4. Pero vayamos por el principio.

Kings of Leon eran poco más que unos críos del Sur profundo y procedentes de una familia religiosa, relato que fortalecieron para darse mayor legitimidad como representantes de las esencias del Rock and Roll, en la línea de The Rolling Stones a The Black Crowes. Los tres hermanos Followill (Caleb, 21 años; Nathan, 24 años y Jareb, 17), junto a su primo Matthew Followill (18 años), aparecían en las imágenes de la época como desaliñados, pelos revoltosos y largos, en la línea del relato que estaban construyendo, lejos de la posmodernidad de unos The Strokes o Interpol, entre otros, aunque acabarían cambiando de look con su tercer disco, Because of the Times (2007), lo que causó una gran sorpresa. Sin embargo, su debut Youth & Young Manhood ya estaba en una major RCA y contó con la producción de todo un terreno del género como Ethan Johns (Ryan Adams, Counting Crows, The Jayhawks, entre otros) y Angelo Petraglia, es decir, los medios estaban ahí. El disco sonaba como un cañón, era muy homogéneo, urgente y muy guitarrero, poco melódico y seguramente carecía de un gran Hit, lo que le lastró en Estados Unidos. Aunque eso no quita para destacar temas como ese inicio con “Red Morning Light”, “Molly’s Chambers”, “Wasted Time”, la gran “California Waiting”, etc. Caleb cantaba con furia, luego iría modulando su voz, y las guitarras eran potentes como hemos señalado. En Reino Unido pegaron muy fuerte, llegaron al 3 mientras que en Estados Unidos se quedaron en el puesto 113, y la mayor parte de la crítica, salvo Pitchfork que nunca les ha tenido mucho cariño, les señaló en la línea de las esencias. Sin embargo, no es menos cierto que su carrera alcanzó un salto con el cambio de ritmo que dieron en su tercer disco, el ya señalado Because ot the Times, y especialmente con Only by the Night , con más de seis millones de discos vendidos en todo el mundo. Las expectativas no fueron cumplidas y su carrera en los últimos discos les ha consolidado como una de las principales bandas del mainstream pero con una menor relevancia para la crítica especializada.

Si a Kings of Leon les faltaban hits potenciales, a los australianos Jet, no. Precisamente sería un tema, “Are You Gonna Be My Girl”, el que situaría en el mapa a la banda de los hermanos Nic y Chris Chester, junto a Cameron Muncey y Mark Wilson con su primer disco Get Born. Aquella canción era adictiva y con su sonido rockero pero más garajero fueron presentados también como la referencia del Rock and Roll más esencialista. El disco estaba en Elektra, un sello de Warner, y la producción era para un todoterreno como Dave Sardy que había trabajado con amplio y diverso tipo de bandas y artistas (Johnny Cash, System of a Down, Slayer, Marilyn Manson, etc.). Además, también participó en el disco a los teclados una leyenda como Billy Preston. Con todos estos mimbres, el Get Born era un disco que se defendía bien, con hits como el ya señalado, “Rollover DJ”, “Cold Hard Bitch”, “Look What You’ve Done” o “Get Me Outta Here”. Como con los Kings of Leon, las guitarras son protagonistas, y de nuevo se percibe esa urgencia que señalábamos antes. Como Kings of Leon, también hacían gala de una estética muy rockera. Pero el hundimiento de Jet llegó con su segundo disco Shine On (2006), que fue puntuado por los de Pitchfork con un sonoro 0, tremendo. El disco fue un fracaso y derrotó a los Jet, que eran categorizados por una parte de esa crítica que los había encumbrado como un producto o una impostura, nada nuevo bajo el sol. No sabemos qué habría sido de la carrera de Jet de haber sido mejor recibido su segundo trabajo, que pasó muy desapercibido y que no estaba a la altura de su debut. Tampoco salvaron el Rock and Roll, pero su portada, también en blanco y negro, parecía querer decir otra cosa.

Tras estos dos debuts, 2004 nos traería la consolidación del “Americana” mientras que de Reino Unido se trataba de alumbrar un segundo BritPop, que no era tal, pero en otra dirección con gente como Franz Ferdinand, Bloc Party, Kasabian, Editors, The Kooks, Kaiser Chiefs y, como no, Arctic Monkeys. Si Kings of Leon pudo hacer una carrera ascendente, Jet no, pero los dos se quedaron lejos de las expectativas generadas. Fueron dos debuts interesantes, dos discos que siguen sonando bien, y que tienen muchas guitarras, que no falten.

 

 

 

Y Van Morrison aceleró en la segunda mitad de la década de los 90


20 Jun

Nuestra relación o vinculación con algunos de nuestros artistas y bandas favoritas suelen tener una historia detrás, ese día que escuchas por primera vez una canción, la persona que te pasa un disco de alguien, el sentimiento de grupo por los artistas y grupos que marcan a una generación, etc. En mi caso, Van Morrison me pegó con una fuerza inusitada en la segunda mitad de la década de los noventa, cuando estábamos en plena resaca del Grunge, nos creíamos alternativos e íbamos a los bares a saltar con las canciones de Rage Against the Machine, entre otros. Pero, a mí el Soul ya me había atrapado desde que vi la película de los Blues Brothers en 1990. Van Morrison era una referencia lejana para mí, sólo lo conocía de la versión que Danza Invisible habían realizado del “Bright Side of the Road” en 1988 y que titularon “A este lado de la carretera”. Sinceramente, el Morrison que conocía y me atrapó también en la primera mitad de los noventa era Jim y The Doors, aunque también había visto en alguna revista la reseña de su retorno con Too Long in Exile (1993), así como recordaba un disco de homenaje que le hicieron. Pero, allí estaba yo en casa de mis padres un domingo de 1994 y Canal + tenía un programa de los 40 Principales en los que ponían vídeos. Y allí se coló una actuación de los Brit Awards de 1994 que finalizaba con un Van Morrison viniéndose arriba y que me impactó:

A partir de ese momento, Van Morrison entró de lleno en mi cabeza aunque ciertamente me costó pillarme un disco suyo un tiempo, sería con el Days Like This (1995), y a partir de ahí llegaría el fantástico, y ya señalado años atrás, A Night in San Francisco (1994), una barbaridad que daba lugar a entender la mayoría de los palos que tocaba Morrison y con una banda en un estado de gracia, acompañados por Georgie Fame, James Hunter, Brian Kennedy y la presencia como invitados de John Lee Hooker, Shana Morrison, Candy Dulfer, Jimmy Whitherspoon y Junnior Wells. De verdad, uno de los mejores directos que he escuchado en mi vida. Pues bien, desde 1995 hasta el año 2000, Van Morrison desarrolló una labor de grabación incesante con seis discos de estudio, un directo y otro de descartes, el colosal The Philosopher’s Stone, en el que nos detendremos también. Es decir, de 1995 a 2000, Van Morrison publicó ocho discos, ahí queda eso. De todos ellos, además de The Philosopher’s Stone, tres eran en solitario: el ya señalado Days Like ThisThe Healing Game (1997) y Back on Top (1999). Yo esperaba cada lanzamiento y me daba una rabia infinita no poder ir a sus conciertos en Vitoria o San Sebastián, en una época muy diferente pero con entradas también pronto agotadas. Estos son esos años tremendos de un Van Morrison que estará en Azkena el viernes 22 de junio, unos años que también acabaron por definir la iconografía de uno de los grandes genios de la música popular de todos los tiempos, vestido de negro, sombrero y gafas de sol, ya presentes poco antes.

Van Morrison había pasado unos ochenta al menos “raros”. De las reminiscencias cienciológicas, ahí queda Inarticulate Speech of the Heart, a la colaboración con The Chieftains, no paraba de publicar discos de estudio aunque sería a comienzos de los noventa cuando su foco se pondría en mayor medida en el Blues, el R&B, el Soul y el Jazz. Por eso, cuando llegó en 1995 Days Like This pegó con fuerza. Ya destacaba una portada elegante en la que aparecía una foto de Van Morrison con su novia de entonces y luego esposa hasta su divorcio en 2018, Michelle Roca, paseando una pareja de galgos. La sobriedad del blanco y negro de esa portada acompañará a ese disco donde colaborarían James Hunter, Pee Wee Ellis, Brian Kennedy y Shana Morrison. El disco te encandila desde el comienzo con la fantástica y animada “Perfect Pit”, la suave y elegante “Russian Roulette”, la versión emocionante de “You Don’t Know Me” junto a Shana, la fantástica “No Religion”, el estilo de “Days Like This”, la intensísima (ese Hammond) “Ancient Highway”, o la maravilla de cierre con la sutil “In the Afternoon”. Era un Morrison en plena forma, con melodías que iban de los recuerdos del Astral Weeks o el Moondance a esos sonidos del R&B plenos de vientos. Además, uno de los mejores aciertos de esos discos es cómo se empastaban las voces de Morrison y Kennedy, tan diferentes y complementarias. No fue el único disco de Van Morrison ese año 1995, unos meses antes, y firmado con Georgie Fame, había publicado How Long Has This Been Going On en el que, de forma mayoritaria, revisitaban canciones de Jazz y del Bebop. En 1996 no dejaría la senda del Jazz para hacer frente a las canciones del pianista y músico de Jazz Mose Allison, junto al autor de las mismas, Ben Sidran y de nuevo Georgie Fame. Además, son años en los que los directos de Morrison, sustentados en una poderorísima formación, le convierten en uno de los atractivos de no pocos festivales, especialmente de Jazz.

1997 nos trae su apuesta más potente, en mi opinión, de esos años, The Healing Game, y de nuevo una portada que lo dice todo con esa fotografía borrosa en blanco y negro de un Van Morrison de negro, sombrero y gafas de sol.Ellis, Fame y Kennedy permanecen a su lado en su nueva apuesta, mucho más homogénea que Days Like This. Es un trabajo en el que se escora más hacia el R&B y las reminiscencias Soul. Los vientos son determinantes y se basa en grandes temas como el épico y emocionante cierre de un “The Healing Game” que, todavía hoy y han pasado más de dos décadas, me sigue poniendo la carne de gallina, con esa forma de cantar y ese in crescendo. Pero hay más cosas, hay una balada marca de la casa que va a marcar, “Sometimes We Cry”, hay un comienzo melancólico y duro con “Rough God Goes Riding” (ese Brian Kennedy y los saxofones tremendos), y no hay que dejar de señalar canciones como la elegancia hecha canción en “Fire in the Belly” y esa sensación de jam session que se va más allá de los seis minutos en los que Van Morrison mezcla estilos. “This Weight” suena apesadumbrada y eso, paradójicamente, reconforta y alivia, canción para tiempos de heridas. “Waiting Game” va creciendo y creciendo con esa armónica en primera línea y el juego de las tres voces, en este caso a Morrison y Kennedy se une Katie Kissoon. El Astral Weeks reaparece en “Piper at the Gates of Down” así como los sonidos más celtas a cargo de la participación de Paddy Moloney de The Chieftains. “Burning Ground” es uno de los momentos más efervescentes de todo el disco, la batería suena poderosa, “It Once Was My Life” es una deliciosa “rareza” en el tono del disco con Morrison prácticamente fraseando, y los sonidos más clásicos se asoman en el baladón “If You Love Me”.

Para 1998, Van Morrison depara una gratísima sorpresa para sus seguidores y seguidoras, una recopilación de descartes y nuevas temas de algunos de sus clásicos, veinticinco canciones que van de 1969 a 1988 y que se acercan más a los sonidos de un Morrison más ambiental, con esos toques de Folk celta, jazzísticos, etc. Hay de todo, obviamente, y es una maravilla acercarse a lo que tenía Morrison guardado en el cajón. Pero va a ser el aperitivo para un tercer disco exclusivamente propio en esos años, Back on Top en 1999. Van Morrison presenta un trabajo más intimista y a la par más luminoso, dejando un poco de lado los vientos (aunque todavía muy presentes) y dando más protagonismo a Kennedy en la que sería su última participación en un disco de Morrison. El disco comienza con fuerza, “Goin’ Down Geneva”, pero entronca dos baladas imbatibles, “Philosopher’s Stone” y, especialmente, “In the Midnight” con esa guitarra del comienzo (una de mis favoritas), “Back on Top” es un R&B potente, la emoción regresa con “When the Leaves Come Falling Down”, Kennedy lo borda en “Reminds Me on You” y la ascendente “New Biography” (y, aunque no esté Fame, el Hammond de Geraint Watkins sobresale junto al saxofón de Ellis), o el cierre de “Golden Autumn Day” que te lleva directamente a la nostalgia, y de nuevo con un Hammond excelso.

Van Morrison todavía tendría tiempo en 2000 de rendir homenaje al Skiffle, junto a Lonnie Donegan y Chris Barber, en un disco en directo de título The Skiffle Sessions – Live in Belfast 1998, así como de firmar un dúo con Linda Gail Lewis, You Win Again, un trabajo con más presencia de otra de las pasiones de Morrison, el Country, donde habría algunos temas propios pero también versiones de Hank Williams, John Lee Hooker u Otis Blackwell. Reconozco que los tres discos propios señalados marcaron mis expectativas con Van Morrison, que fueron cayendo a lo largo de la primera década del siglo XXI. En 2002 llegaría Down the Road, que ya mostraba lo que sería habitual en los años siguientes, el piloto automático. Pero seguía confiando en que Van Morrison recuperase la inspiración, Magic Time (2005) fue una pequeña luz. Mientras tanto, en directo seguía siendo un titán pero ya no llevaba aquella banda tan perfecta de la segunda mitad de los noventa, también iban descendiendo mis ganas de verlo en directo. Entraba en una dinámica de recopilatorios y también seguía con su producción propia, Keep It Simple (2008) me dejo frío pero acercarse a su revisitación del Astral Weeks en 2010 fue una bonita forma de mirar al pasado. Y no sería hasta 2015 cuando me reconquistó con Keep Me Singing, una joya menor pero joya al fin y al cabo. Van Morrison desde entonces no ha parado y en un año ha sacado tres discos, dos de ellos más jazzísticos. Y ahora llegar el 22 de junio al Azkena, en un gran acierto de la organización y allí estaremos para saldar una deuda. Claro que me hubiese gustado ver a aquel Van Morrison de mediados de la segunda mitad de los noventa, pero eso no fue posible. Los set lists de los conciertos anteriores a Azkena nos muestran que está tocando clásicos, que “Gloria” cierra, etc., por lo que las expectativas son altas. Me da igual que ponga el reloj para contar el tiempo que toca y que se muestre huraño, es Van Morrison, es un genio de la música popular.

 

 

Los Restos Del Concierto

Porque no todos oímos lo mismo