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Que no pare la rueda, de “Steel Wheels” a “Voodoo Lounge”


19 Mar

Por ahí siguen The Rolling Stones girando y preparando algún disco nuevo, no paran. Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts y Ronnie Wood parecen incombustibles, leyendas del Rock & Roll y máquina de hacer dinero. Lo bueno de The Rolling Stones es que no te engañan, van a lo que van, y eso implica también toda su producción discográfica de las últimas tres décadas prácticamente, en algunos momentos una excusa para salir en esas giras tremendas que hacen. En este artículo vamos a recordar dos discos de los considerados menores de los Stones, el Steel Wheels (1989) y el Voodoo Lounge (1994), de los que se cumplen treinta y veinticinco años respectivamente, que presentan algunas diferencias, el segundo de ellos por cierto reeditado hace unas semanas. El debate sobre cuál fue el último gran disco de los Stones se queda en el Some Girls (1978), un trabajo fantástico cuya reedición de 2011 ofrecía un suculento disco de temas que estaban a su altura, o el Tatto You (1981), un disco compuesto de descartes en el que aparecen “Start Me Up”, “Little T&A” y “Waiting on a Friend”, un disco que funciona muy bien. Desde entonces, desde entonces los Stones siguieron un camino descendente en los 80, primero con Undercover (1983) y, especialmente, Dirty Work (1986), considerado como uno de los discos más flojos de la banda. Las portadas de estos dos últimos discos no presagiaban tampoco nada bueno, la verdad, pero en la época de Dirty Work las relaciones entre Jagger y Richards, estaban bastante deterioradas por la carrera en solitario de Jagger que habría dejado en un segundo plano a los Stones. En esos discos, además, Watts fue reemplazado en algunos temas porque estaba pasando por un periodo de adicción a la heroína. De esta forma, la carrera de los Stones estaba en un momento creativo bajo.

Vale que los 80 habían sido una década rara para los sonidos más rockeros y que los Stones se iban adaptando, a veces de forma brillante, a las modas, pero a finales de la misma su consideración era la de unos dinosaurios del Rock & Roll. La aparición en la segunda mitad de la misma de unos Guns ‘N’ Roses que eran presentados como sus herederos mostraba un nuevo tiempo para el Rock & Roll que derivaría hacia el Grunge pocos años después. Los Stones publicarían en 1989 Steel Wheels, que sería el último disco en Columbia antes de firmar por Virgin. El disco alcanza una trayectoria mayor al ser el último en el que tocó Bill Wyman. El bajista original de la formación, discreto y en un segundo plano siempre, dejó la banda en 1993, abandonando la formación cansado de la extenuante dinámica de las giras y manifestando que quería dedicarse a otras cuestiones. Steel Wheels también tenía una portada horrible aunque no tan fea como la de los discos anteriores. En Steel Wheels parecen querer reflotar cierto sonido y fuerza pero se queda un tanto a medias. La producción es un tanto plana, corrió a cargo de Chris Kimsey, que ya había trabajado con ellos, y de los propios Jagger y Richards. En el disco también estaban colaboradores habituales como el teclista Chuck Leavell o hicieron su aparición dos de sus coristas más icónicos de las siguientes décadas en directo como Lisa Fisher y Bernard Fowler. Como siempre, los Stones se guardan alguna carta como “Mixed Emotions”, una canción potente, o el tono Funk del bajo de “Rock and a Hard Place”, también hay canciones marca de la casa como “Sad Sad Sad”, pero los mejores temas del disco los canta Richards, especialmente la emotiva y sentida “Slipping Away”, un medio tiempo sentidísimo que han tocado en directo en muchas ocasiones (y que cuenta con una interpretación genial en el semiacústico Stripped de 1995), y “Can’t Be Seen”, que a mí me resulta una de esas canciones que te conquista con ese estribillo y coros. Del resto del disco, poco más se puede destacar, los Stones trataban de no seguir con el piloto automático pero.

La publicación del disco dio lugar a la gira de turno e inauguró la dinámica disco-gira-disco en directo que han mantenido prácticamente desde entonces. En este caso fue Flashpoint (1991), otra portada para hacérselo mirar, que ya fue publicado por Virgin, la discográfica por la que habían fichado. Estos discos, en los que cuelan algunas de sus nuevas canciones, se centran fundamentalmente en grandes clásicos aunque los tipos, muy listos, saben jugar con los repertorios que incluyen, además de contar con alguna canción nueva como en este caso la antibelicista “Highwire”, recordemos en el 1991 veníamos de la Primera Guerra del Golfo. Mientras tanto, en el plano musical, los Guns ‘N’ Roses se habían convertido en unos dinosaurios a ojos del Grunge, mientras que los Stones abordaban su primer trabajo en estudio con Virgin. Para animar el asunto, en 1993 publicaron una recopilación que se quedaba corta, Jump Back, pero que a muchos nos sirvió para acercarnos a su obra, recordemos que entonces no era tan fácil llegar a los antiguos discos, luego ya nos hicimos con ellos, pero que abarcaba del Sticky Fingers (1971) al propio Steel Wheels, por cuestiones contractuales. La recopilación de los Stones más completa no llegaría hasta 2002 con el doble Forty Licks (por cierto que hay anunciado recopilatorio para dentro de unas semanas). Además, Jagger y Richards habían seguido con sus carreras en solitario, en 1992 Richards había publicado su segundo disco, Main Offender, tras el éxito de Talk Is Cheap (1988) que se reedita estas semanas. Por su parte, Jagger seguía a la búsqueda de un disco que le encumbrase en solitario y casi lo consigue con el tercero, Wandering Spirit, para el que contó con Rick Rubin a la producción. A diferencia de unos años antes, la carrera de los Stones no se vio amenazada por estos trabajos en solitario de sus cabezas visibles.

En este contexto, la aparición de Voodoo Lounge en 1994 contó con toda la artillería propia de los grandes lanzamientos. Hay cambios importantes en el nuevo vigésimo disco de los Stones, el primero la ya señalada salida de Wyman que dio lugar a que, casi dos décadas después, Wood se convirtiese en miembro oficial de la banda. Pero uno de los cambios más importantes fue la elección para compartir las labores de producción con Jagger y Richards del prestigioso Don Was. Was, uno de los integrantes de la banda Was (Not Was), ya había producido el regreso de Bonnie Raitt en 1989 con Nick of Time, el brutal Cosmic Thing de ese mismo año de The B-52’s, y enlazó en los años siguientes trabajos de Iggy Pop, Bob Dylan, Elton John, Ringo Starr, David Crosby, Willie Nelson, Jackson Browne, a la par que seguía con su carrera con Was (Not Was). Por lo tanto, Was era una buena elección para una vuelta por todo lo alto. En el disco también participaría de nuevo Leavell y se incorporaría Darryl Jones al bajo, el cual había trabajado con Miles Davis, Sting y girado con Madonna, Peter Gabriel y Eric Clapton entre otros, y ahí sigue con los Stones desde entonces. También colaboraron en el disco Fowler, Ivan Neville, Benmont Tench, Bobby Womack y Flaco Jiménez, entre otros. Voodoo Lounge tiene más empaque que Steel Wheels, aunque obviamente no alcanza la categoría de clásico.

Comienza con una destacadísima “Love Is Strong”, una canción que tiene varias capas, con un punto oscuro especialmente en la forma de cantar de Jagger, en el que se nota la producción de Was de forma muy positiva, y con una armónica a cargo de Jagger haciendo de contrapunto que funciona a la perfección, además de contar con unas guitarras omnipresentes. También sobresalía “You Got Me Rocking”, muy rockera y que también sigue los parámetros habituales y que ha tenido presencia en los directos de la banda. Recuerdo con mucho cariño la balada “Out of Tears”, que me parece una gran canción. Y siguen sonando muy bien “Sparks Will Fly”, “I Go Wild”, “Sweethearts Together” con el acordeón a cargo de Flaco Jiménez, entre otras. Y también hay espacio para las canciones cantadas por Richards, en esta caso la emotiva “The Worst”, que se adentra en sonidos más de raíces norteamericanas y Country, y “Thru and Thru”, en la que se va a los casi seis minutos pero que no alcanza la categoría de “Slipping Away”, no dejando de ser una buena canción. Seguramente a Voodoo Lounge le sobran algunas canciones, algunas parecen muy del “piloto automático”, como por ejemplo “Baby Break It Down”, pero no cabe duda de que es un buen disco.

Con Voodoo Lounge llegaría una nueva y mastodóntica gira de turno, aunque publicarían en 1995 el ya mencionado Stripped, un acústico que contaba con versión incluida del “Like a Rolling Stone” de Dylan. A partir de ahí, el controvertido Bridges to Babylon (1997) y el parón de temas nuevos hasta el A Bigger Band (2005), último trabajo con temas propios. No han parado de hacer giras, llenando, y de sacar discos en directo, recopilatorios, etc. Steel Wheels y Voodoo Lounge fueron dos estaciones más en el camino de los Stones, seguramente no las más importantes, pero para muchos fue una forma de adentrarnos en el universo Stone y siempre habrá canciones para recordar.

Alice in Chains se ponen acústicos con “Jar of Flies”


11 Mar

Hace unos meses nos hacíamos eco de la nueva entrega de Alice in Chains, un notable Rainier Fog (2018) en el que los de Jerry Cantrell seguían con la segunda etapa de su carrera tras el fallecimiento de Layne Staley en 2002. Con William DuVall, Cantrell, Sean Kinney y Mike Inez llevan ya tres discos aunque su gran momento llegó como una de las cuatro formaciones clásicas del Grunge junto a Nirvana, Pearl Jam y Soundgarden, todas ellas salvo los segundos tocadas también por la tragedia. En el caso de Alice In Chains, su sonido siempre fue más duro y metalero incluso que el de sus coetáneos. De hecho, su debut de 1990, Facelift, había logrado vender dos millones de discos en Estados Unidos, pero sería Dirt (1992) el que los encumbraría ya dentro de la ola seattleliana. Sin embargo, en 1994 sorprenderían con un EP más acústico y melódico que vamos a recordar en su veinticinco aniversario, nos estamos refiriendo a Jar of Flies. En el mismo ya estaba en la banda el bajista Mike Inez que había sustituido un año antes a Mike Starr, y mostraron una línea de su sonido diferente que también se podría observar en el MTV Unplugged de 1996. Vale que todos recordamos el de Nirvana pero este de Alice in Chains es una auténtica joya que también recuperaremos en su momento, con interpretaciones muy sentidas de “Nutshell”, “Rooster” o “Down in a Hole”, aunque también mostraba el frágil estado de Staley. Pero volvamos a este amplio EP, siete canciones, que también forma parte de la banda sonora de nuestra juventud.

El comienzo del EP, el tercero de su carrera, era para una brutal “Rotten Aple” que se iba casi a los siete minutos, donde destacaba el bajo de Inez, en un tema más melódico y con una fuerza épica. “Nuthsell” es una barbaridad, para mí una de las cimas de su carrera, una canción tremendamente emocionante que va en ascenso y con una interpretación de Staley que luego superaría en el ya mencionado MTV Unplugged, todavía se me pone la piel de gallina cuando la escucho. En “I Stay Away” le meten una sección de cuerda para contrarrestar con la rabia que no se ve atemperada por el sonido más acústico, otra canción muy destacada que también tiene un punto más oscuro en su desarrollo. “No Excuses” fue la carta de presentación del EP, un tema también diferente con un sonido que casi podrían firmar los propios REM, esa batería del comienzo se escora hacia sonidos más Pop, y la canta Cantrell, siendo otro tema que tampoco ha perdido su vigencia tras un cuarto de siglo. “Whale & Wasp” es un instrumental a mayor gloria guitarrera de Cantrell, en el que también aparece la sección de cuerda como contrapunto. “Don’t Follow” es una preciosa canción muy acústica, con la guitarra y la armónica prácticamente como protagonistas instrumentales, en el que también canta Cantrell y que se acerca más a los sonidos de raíces con una parte final casi con coros gospelianos y con un punto Blues. El cierre es para “Swing on This”, una canción más ecléctica en la que aparecen sus señas de identidad, pero llevadas al terreno del disco, pero también otras variaciones que por un momento pueden pasar del Blues al Jazz, pero manteniendo su esencia.

La carrera de Alice in Chains daría poco más juego en la etapa de Staley, muy afectado por sus adicciones. En 1995 publicaron Alice in Chains, con el que alcanzarían el número 1 en Estados Unidos, pero ya no volverían a publicar música nueva con Staley que, como hemos señalado, fallecería en 2002. La segunda etapa de la formación ha resultado honesta pero más discreta, pero siempre serán una de las bandas más importantes de la primera década de los noventa y exponentes del Grunge. Y con Jar of Flies también demostraron su capacidad en el terreno acústico.

 

El trallazo de Green Day con “Dookie”


19 Feb

Dookie (1994) de Green Day cumple su veinticinco aniversario en este 2019, aunque aquí nos llegó ya entrado 1995. Fue uno de esos puntos de inflexión en las tendencias de la época, aunque como hemos señalado en no pocas ocasiones estaban lejos de ser mayoritarias. El Grunge, aunque volveremos a discos de Soundgarden y Alice In Chains de aquel año, del Vitalogy de Pearl Jam ya hablamos en su día, había dejado paso por un lado al BritPop y, por otro, a la elevación al mainstream de otros sonidos que llevaban unas décadas en un muy segundo plano, aunque con su impacto e influencia, como es el Punk. Y el Dookie de Green Day fue sin duda alguna el principal responsable. Obviamente, no es comparable al escenario de surgimiento de Sex Pilstols y The Clash, al contrario, ese “resurgimiento” del Punk tenía más matices, así como su desarrollo posterior. A Green Day se uniría poco después unos Offspring que a mí siempre me parecieron algunos peldaños por debajo, así como formaciones que lograron una mayor visibilidad como Rancid o los veteranos Bad Religion, ambos lejos del éxito de los anteriores. En cierto sentido, es un Punk Rock más domesticado que también se basaba en un entusiasmo juvenil, a pesar de que Green Day casi cumplían una década de carrera y era su tercer disco, el primero en una multinacional (Warner). Su trayectoria se había librado en el underground y en sus entrevistas de aquel año recordaban haber tocado en España en lugares como gaztetxes y demás. Sin embargo, en Warner vieron el potencial y la apuesta por lo tan de moda “alternativo” (etiqueta que tanto ha dado que hablar) permitía esa opción. Con un productor como Rob Cavallo, no cabe duda que el acierto fue absoluto con unas ventas por encima de los doce millones de discos y con hits como “Basket Case”, “Longview” y “When I Come Around”. Green Day, el trío formado por Billie Joe Armstrong, Mike Drint y Tré Cool, tenía la lección aprendida, canciones rápidas, de poco más de dos minutos y guitarras aceleradas, aunque también había espacio para sonidos más melódicos y una querencia por el Pop. Después del Grunge y su nihilismo y su “carga”, Green Day sonaban como una liberación y un disfrute que también aceptamos aunque su fecha de caducidad también estaba cerca y sus consecuencias, no queridas, contribuyesen a otras tendencias menos afortunadas. Pero Green Day fueron un soplo de aire fresco.

Dookie podrá ser acusado de ser muy monocorde, pero sus canciones siguen funcionando. Comenzaba con la vitamínica “Burnout”, Punk melódico que se clavaba y a la que seguía “Having a Blast”, un mismo esquema con la guitarra a todo trapo y la sección rítmica siguiendo el camino. En “Chump” no se salían del guión para conectar con “Longview”, que fue el primer single del disco, y donde ya había más matices como el papel del bajo, el in crescendo del tema y cómo llegaba al clímax. “Longview” era una gran carta de presentación del disco y en el mismo era seguida por la potentísima “Welcome to Paradise”, una de las que mejor conectaba con el Punk primigenio. “Pulling Teeth” era más melódica, casi un medio tiempo que conectaba con el Power Pop incluso y a la que seguía su gran éxito, el tema que les colocaría en el mapa, “Basket Case”, una canción que se te clavaba con su melodía y estribillo. “Basket Case” sonaba en las radios, en los bares y en todos los sitios.

La segunda parte daba comienzo con “She”, de nuevo más melodía y deslizamiento hacia el Pop al comienzo para ascender a lo largo del tema, con el bajo de Dirnt en modo protagonista. En “Sassafras Roots” siguen en esa dirección y llega seguramente mi canción favorita del disco, una “When I Come Around”, de nuevo más melódica y con un punto melancólico que no aparecía en el resto del disco, un tema menos festivo y con más matices. A partir de aquí, canciones de menos de dos minutos para ir cerrando con “Coming Clean”, más dura; la muy Punk “Emenius Sleepus”; y la aceleradísima “In the End” donde la batería de Tré Cool se sale. El final es para “F.O.D.”, con un Armstrong cantando sin apenas apoyo instrumental para acelerar a continuación. El tema se cerraba con la incorporación de “All By Myself” que cantaba Cool, un tema acústico a modo de coda.

Dookie fue un gran éxito de una banda como Green Day que permitía, junto al BritPop, seguir manteniendo la ilusión de lo “alternativo”. Fue muy liberador, como decíamos antes, porque sonaba muy fresco, aunque estaba lejos del valor sociológico que había tenido dos décadas antes el Punk. La carrera de Green Day, a la que volveremos, no fue fácil desde varios puntos de vista, y ellos mismos han pecado en ocasiones de una cierta megalomanía. No tardaron mucho en sacar Insomniac (1995), que ya logró vender sólo la quinta parte de discos. Desde entonces, habría que esperar a 2004 cuando sorprendieron con el crítico y maduro American Idiot, que les devolvió a ventas similares a Dookie y a un reconocimiento de la crítica. Pero esa es otra historia que abordaremos próximamente en Los Restos del Concierto, mientras tanto, recordamos el entusiasmo juvenil de Dookie, ese disco de 1994 con cuyas canciones botábamos en 1995 en los bares y que nos hizo girar la mirada hacia un Punk Rock domesticado y accesible.