De Elton John, genios, largas carreras y recopilatorios

2019 podría haber sido el año del reconocimiento de Elton John al estilo de lo ocurrido con Queen y Freddie Mercury con la película Bohemian Rapsody (2018). Elton John contó con su propio biopic estrenado en mayo, bajo el título de una de sus canciones referentes, Rocketman. Sin embargo, la película no llegó a la altura del éxito de la de Queen, y las críticas no fueron peores, incluso mejores. Puede que la figura de Elton John se diferencie de la Freddie Mercury y Queen en que su nivel de elevación a mito es más complicado. Primero, y afortunadamente, Elton John sigue vivo y Mercury es una de las «bajas» más ilustres del mundo de la música popular. Segundo, Elton ha seguido publicando discos durante estas décadas que no han contado con el seguimiento ni reconocimiento de sus primeras etapas. En cierto modo, Elton John ha mantenido una suerte de «piloto automático». Además, en el caso de Elton John puede que se sume la extravagancia de su figura más que la de Mercury. Detrás de toda esa purpurina, zapatos de tacón imposibles, gafas, sombreros…está uno de los artistas del Pop más relevantes de la Historia, por lo menos lo que hizo en los setenta. Como bien decía el admirado Álvaro Corazón Rural en su artículo para Jot Down sobre John, hubo un tiempo en los noventa en el que decir que te gustaba Elton John entre aquellas generaciones estaba mal visto. Podemos decir que Elton John no estaba de moda o se identificaba como «música para adultos» y que pesaban ciertos clichés, algunos injustos. El peso de ciertas baladas, la banda sonora de El Rey León (1994) o la hipervisibilidad (y el hartazgo) de «Candle in the Wind» a raíz del fallecimiento de Diana de Gales en 1997 no ayudaban a sumar seguidores y seguidoras entre los jóvenes lanzados al Rock ‘N’ Roll, el Grunge, el BritPop, etc. Ciertamente, sus discos no eran nada del otro jueves, pero no ha dejado de publicar discos y girar.

Nuestras generaciones teníamos un claro conocimiento de Elton John porque sus vídeos eran inevitables en la década de los ochenta. De hecho, yo mismo me compré la casete de Sleeping with the Past (1989) por «Sacrifice», paradigma de la balada doliente de la dupla Elton John – Bernie Taupin (aquí subida de edulcorante), así como el recopilatorio The Very Best of Elton John (1990), dos casetes perdidos ya en alguna mudanza. Como decía, allí nos llamaban la atención muchas canciones de los setenta, «Cocodrile Rock» era una de mis favoritas pero el falsete de «Bennie and the Jets», «Your Song», «Daniel»…eran emocionantes, melodías Pop fantásticas. Pero pesaban también canciones de los ochenta como «Nikita», «I’m Still Standing», etc. A medida que íbamos creciendo, Elton John nos parecía cada vez menos «cool» y no digas que esas canciones te gustaban porque te iban a mirar mal, cosas de la edad. Y eso que tenía la admiración de Axl Rose (Guns ‘N’ Roses) y cantó con él el «Bohemian Rapsody» en el homenaje a Mercury en Wembley en 1992. También en 1993 grabó un inevitable Duets con una extensa nómina de invitados e invitadas, cómo olvidar la versión discotequera de «Don’t Go Breaking My Heart» con RuPaul y con producción de Giorgio Moroder, impagable. Tampoco existían radios nostálgicas ni bares en las que pudiesen sonar esas canciones.

Recuperar a Elton John era una obligación y aproveché la reedición del recopilatorio Diamonds (2017) para volver sobre su carrera. Por cierto, alguien tendría que revisar tanto los títulos de estos discos como las portadas, yo no lo veo, la verdad. Pero Diamonds también es una muestra de lo que puede ser una carrera y su evolución, como veremos en las siguientes líneas. Cuenta con tres discos, respetando el orden cronológico en los dos primeros. Si el primero es exuberante, en el segundo comienzan a verse las costuras. El tercero es el «totum revolutum» de turno con colaboraciones y otros trabajos, aunque no es menos cierto que entre el final del segundo disco y el tercero mezcla canciones del tramo final de su carrera, pocas.

Elton John y Bernie Taupin, no podemos dejar de nombrar a su letrista fundamental, un hombre siempre en un segundo plano frente al excesivo John, realizaron una década de los setenta imprescindible. Es el primer CD del triple recopilatorio, una sucesión de canciones y hits. De 1969 a 1979, Elton John publicó trece discos, ni más ni menos, un ritmo vertiginoso. Aunque la calidad fuese decayendo, su Pop elegante por un lado y festivo y enérgico por otro, su reivindicación del Rock & Roll de los cincuenta, etc., hicieron de él una estrella. «Your Song», «Tiny Dancer» (su mejor canción), «Rocket Man», «Cocodrile Rock», «Daniel», «Saturday Night’s Alright (For Fighting)», «Goodbye Yellow Brick Road, «Candle in the Wind», «Bennie and the Jets», «Don’t Go Breaking My Heart» (ese dúo con Kiki Dee imitando los grandes duetos de Soul de los sesenta), «Sorry Seems to Be the Hardest Word»…Ufff, sin palabras.

El problema es cuando llega el segundo disco de la recopilación. Aquí ya Elton John se acomoda. En los ochenta siguió con su ritmo de trabajo, ocho discos (casi nada), pero ya había un cierto acomodamiento. También tiraba de las teclas que funcionaban. Aunque comienza con «Song for Guy» de 1978, demostraba su talento con la «I’m Still Standing», «I Guess That’s Why They Call It the Blues» pero ya «Nikita» es una balada facilona. Funciona mucho mejor la muy azucarada «Sacrifice», todo un hit también, y cuelan la versión con George Michael de «Don’t Let the Sun Go Down on Me», siendo la original de 1974. El resto, destacar el «I Want Love», una canción épica y melancólica de 2001, pero poco más, con discos cada vez más intrascendentes y espaciados. Eso sí, también aparece «Circle of Life», otro éxito de la banda sonora de El Rey León (1994), compuesta junto a Tim Rice.

El tercer disco, pues lo dicho, aquí caben muchas canciones, colaboraciones fundamentalmente, algunas mejores, otras olvidables. Hay versiones del «Lucy in the Sky with Diamonds» (1974), la del «Pinball Wizard» por su aparición en Tommy (1975), e invitados e invitadas como Stevie Wonder, Gladys Knight, Dionne Warwick, Kiki Dee, Luciano Pavarotti, LeAnn Rimes…Se echa a faltar alguna canción del disco que hizo con Leon Russell, The Union (2010), o aquella versión discotequera del «Don’t Go Breaking My Heart» con RuPaul de su disco Duets (1993) que ya hemos comentado, que fue producida por Giorgio Moroder.

Es posible que buena parte de los prejuicios sobre Elton John se los haya ganado a pulso. Su hedonismo y extravagancia, sus caprichos y lujos desbocados, etc., no ayudaban. Frente a ello, ciertamente no ha parado nunca y el ritmo de discos publicados en los 70 y 80 era impresionante. De esta forma, no debemos olvidar una larga lista de canciones memorables. Sí, Diamonds es un recopilatorio con una portada horrible y hortera, una muestra de cómo evoluciona una carrera, pero también decenas de canciones brillantes e imperecederas. Por cierto, Diego A. Manrique ha publicado un fantástico artículo ayer sobre la autobiografía de Elton John, que se publica estos días. La teníamos en nuestra lista y su valoración es muy esclarecedora.

 

 

A quince años de «How to Dismantle an Atomic Bomb»

Se iniciaba el siglo cuando la banda irlandesa por antonomasía decidía recular en la deriva experimental de la anterior década y guarecerse en un proyecto que comportara menos riesgos. Cambiábamos el prefijo de los calendarios cuando U2 abandonaba la posmodernidad de ‘POP’ (1997) para abrazar de nuevo su sonido más clásico en ‘All that You Can’t Leave Behind’ (2000), pero no sería hasta cuatro años después cuando el cuarteto dublinés publicaría el que fuera definido en aquel momento (afirmación que podría mantenerse vigente a día de hoy) como su más firme apuesta por el rock. Se cumplen quince años del lanzamiento de ‘How to Dismantle an Atomic Bomb’, el decimoprimero y posiblemente el último gran disco de U2.

También mareantes sus cifras de ventas (diez millones de copias aproximadamente), al igual que los números de su gira Vértigo Tour (más de cuatro millones y medio de entradas vendidas), ni mucho menos supondría a nivel creativo lo que los grandes hitos de su carrera ‘The Joshua Tree’ (1987) y ‘Achtung Baby’ (1991), tampoco contenía sorpresas ni emblemas que añadir a su insaciable cartera de himnos, pero sí un listado sin apenas desperdicio de canciones llenas de un vigor sorprendente después de veinticinco intensos años de carrera. Soltado parte del lastre existencial de algunos de sus discos pasados y liberados de la exigencia innovadora de otros más recientes, los irlandeses habían vuelto a disfrutar componiendo y grabando su anterior disco y en este lo hacían de nuevo.

La manija de la producción la llevó el habitual de la banda Steve Lillywhite, aunque contó con diferentes colaboraciones como las de los ilustres Brian Eno y Daniel Lanois, Jacknife Lee y Flood o Chris Thomas entre otros. Con más guitarras, también con apreciables teclados a cargo de The Edge, y con la habitual eficiencia de Adam Clayton y Larry Mullen Jr a cargo de la sección rítmica, las letras de Bono incidían en algunos de los temas sociales, existenciales y personales que siempre le han obsesionado.

Vertigo, el sencillo de lanzamiento presentado el 24 de septiembre de 2004 (dos meses antes de la publicación del disco), era una clara declaración de sus intenciones, cargada de potentes guitarras que retrotraían en parte a sus inicios, con un riff y unos coros dispuestos para el apoteosis. En la misma línea pero más emocionante, Miracle Drug la sigue como una de las joyas ocultas del disco e incluye un muy brillante solo de guitarra como colofón. A continuación, y en memoria de su recientemente fallecido padre, Bono interpreta con intensidad Sometimes You Can’t Make It on Your Own, segundo sencillo que cuenta con un final desgarrador. Le sigue Love and Peace or Else, ligera concesión a la electrónica con ecos de Depeche Mode que coloca al frente a la sección rítmica y funcionaba muy bien en los directos.

Como tercer sencillo eligieron City of Blinding Lights, con unas guitarras que se miraban en ‘The Unforgettable Fire’ y ‘The Joshua Tree’ y unos característicos teclados también a cargo de The Edge y Bono. Un riff digno de Pete Townsend encabezaba All Because of You, la pieza de rock más clásico del álbum, tan sencilla como efectiva y con el constante acompañamiento vocal de The Edge. Como en otros discos, también hacían una concesión al soul con A Man and a Woman, un medio tiempo semiacústico protagonizado por el bajo de Adam Clayton antes de recargar la electricidad y potenciar los sintetizadores para Crumbs from Your Table, brillante pieza de rock intenso digna del ‘Achtung Baby’. One Step Closer, una balada de profundidad temática pero resultado un poco insulso, da paso al cuarto y último sencillo, la preciosa Original of the Species (abierta a múltiples interpretaciones aunque originalmente compuesta para la hija adolescente de The Edge), que contiene bellos arreglos orquestales y el mejor estribillo del disco. Yahweh retoma la temática religiosa para cerrar en la doble voz de Bono y The Edge.

Los irlandeses demostraban con estas canciones la efectividad de una fórmula que seguía funcionando después de una larga y azarosa trayectoria, y las defenderían con su habitual desmesura en los directos de una gira de casi dos años que pudimos disfrutar en el estadio Anoeta de San Sebastián en agosto del 2005 (con unos principiantes Kaiser Chiefs y Franz Ferdinand abriendo el espectáculo, ahí es nada).

En 2009 llegaría el probable peor disco de su carrera (‘No Line on the horizon’) antes del proyecto de sus dos últimas referencias (‘Songs of Innocence’ en 2014 y ‘Songs of Experience’ en 2017, bienintencionado el primero y más consistente el segundo) que les mantiene girando sin parar, como han hecho a lo largo de los casi cuarenta años de una carrera que empieza a acumular aniversarios que recuerdan la bonanza de tiempos pasados (no solo a ellos). Pero con ‘How to Dismantle an Atomic Bomb’, posiblemente su último trabajo desde la posición referencial que ocuparon durante tanto tiempo, acertaron de pleno con su cara más enérgica y entregaron un listado con merecimientos sobrados para integrarse en el legado principal de la banda.

Keane, el arte de estar en el momento y lugar adecuado con «Hopes and Fears»

Puede que sorprenda que abordemos aquí a una banda como Keane, convertidos en símbolo de ese Pop azucarado e inofensivo del que Coldplay serían sus máximos exponentes. Pero se cumplen quince años de su debut con Hopes and Fears y no voy a negar que me gustaron mucho cuando salieron, llamaron la atención en un momento en el que había un batiburrillo de estilos y tendencias del que no saldríamos. Si sirve de algo, o no, también en 2004 Maroon 5 alcanzaron su éxito con su primer disco, Songs About Jane que había sido publicado en 2002 pero que había pasado desapercibido. O debutaron The Killers con Hot Fuss que, aunque los ponía en la senda de bandas como Franz Ferdinand y compañía, pronto se saldrían de ella. Mientras que Maroon 5 y The Killers han conseguido ser unas bandas mainstream, Keane se quedaron en parte por el camino, y eso que presentaban credenciales muy atractivas con unas melodías Pop que ya las hubiesen querido los Coldplay más inspirados, los de su obra maestra A Rush of Blood to the Head (2002) y que en 2005 publicarían el flojo y aburrido X & Y. Keane les adelantarían con Hope and Fears, un disco en el que los protagonistas son la voz de tenor de Tom Chaplin, con capacidad para llevarla muy alto, y el piano de Tim Rice-Oxley, en una banda que llamaba la atención porque carecían de guitarras. Junto a ellos, el terceto lo conformaba Richard Hughes a la batería. Como titulábamos este artículo, estaban en el lugar y en el momento adecuado y su single de salida fue un pepinazo de la talla de «Somewhere Only We Knows». La crítica más especializada no les tuvo muy en consideración, los de Pitchfork les dieron un 2,8 sobre 10, un suspenso en toda regla. Pero, desde el Reino Unido, los medios musicales veían a Keane como unos nuevos Coldplay o Travis. También ocurre que en breve llegarían Franz Ferdinand y compañía y la cosa cambiaría. Pero vamos a centrarnos en este debut que tiene grandes canciones, yo hace mucho que no lo escuchaba y me tiene enganchado

La primera parte del disco es un no parar de canciones basadas en melodías Pop y en la combinación de la voz de Chaplin y el piano de Rice-Oxley. «Somewhere Only We Knows» es una carta de presentación infalible, que crece a medida que avanza y que ya quisieran haberla firmado Coldplay. «This Is the Last Time» no le va a la zaga, es otro hit y la melodía es tremenda, transmitiendo un mayor grado de melancolía. Y en «Bend and Break» se tiran hacia el dramatismo con un piano omnipresente, acelerando un poco el tempo. En «We Might As Well Be Strangers» apuestan por las cuerdas y, es más pausada y dramática todavía y van jugando con la intensidad. «Everybody’s Changing» es otra de las apuestas fuertes del disco, igual es más «fácil», el piano se te clava y la melodía es todavía más empalagosa pero vuelve a convencer. En «Your Eyes Open» se contienen y su tonalidad es más oscura, dentro de los márgenes de Keane, pero se convierte en una de esas canciones que no recordabas.

La segunda parte no puede mantener ese nivel, aunque «She Has No Time» es notable, es más minimalista, Chaplin canta en falsete y sube la intensidad. En «Can’t Stop Now» destaca un estribillo muy logrado y «Sunshine» ya comienza a convencer menos, tiene un tono apesadumbrado. El punto más bajo del disco es el intento de hacer algo más moderno, los toques electrónicos están presentes, con «Untitled I», que no deja poso. El final es para «Bedshaped», una vuelta al Pop más épico para acabar bien arriba, aunque no dejan de lado los efectos electrónicos del tema anterior, más sutiles.

Keane vendieron más de cinco millones de copias y lograron ser número 1 en Reino Unido. A pesar de la ya comentada visión de cierta crítica, Keane eran una de las bandas emergentes del momento. Pero no lograron mantener las expectativas, ya bajaron su impacto con Under the Iron Sun (2006), aunque mantuvo el número 1 en Reino Unido, así como singles como «It’s Any Wonder», que implicaba un cierto cambio en su sonido, o «Atlantic» lograron también éxitos, aunque este segundo ya caía. Con sus dos siguientes trabajos, el descenso prosigue y Keane pierden el crédito ganado con su debut. No es menos cierto que, este estilo de música iba perdiendo relevancia, incluso Coldplay habían dado un volantazo a su carrera, pero podrían haber aguantado mejor. Luego llegan problemas de salud de Chaplin que le obligan a entrar en rehabilitación. La banda para de 2014 a 2018 para regresar en 2019 con Cause and Effect, a la par que una gira de presentación. La verdad es que no tenía intención de hacer este disco pero, un día, me picó la curiosidad y ya no he dejado de escucharlo. Una historia que se repite en otros artistas y bandas, un debut fulgurante pero, luego, una trayectoria irregular. Eso sí, con la primera parte de este disco lograron escalar alto.