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“Live” o cómo Willy DeVille triunfó en España


06 Nov

Último tramo del año 1992 y recuerdo que era un otoño frío y oscuro, acababa de llegar a Bilbao a estudiar Sociología en la Universidad del País Vasco, en Leioa. Todo era nuevo y diferente. Aquel otoño, la versión de “Hey Joe” de Willy DeVille se convertiría en una de las canciones centrales de ese comienzo de una nueva etapa en mi vida. Además, aquel año también me había hecho con una recopilación de Jimi Hendrix por lo que la sorpresa que daba escuchar “Hey! Joe” en clave mariachi era mayúscula. Pero aquella versión de Willy DeVille era, y sigue siendo, una canción excepcional. Pero, ¿quién era Willy DeVille?, la verdad es que entonces no tenía ni idea. Allí estaba él, con esa clase sacada de caballero sureño y medio pirata con un buen disco, Backstreets of Desire, y ese single que pegó muchísimo en España. Luego descubrí que DeVille había sido el líder de Mink DeVille, formación de los setenta y primeros ochenta que hacía bandera del Rock & Roll más clásico y de otras influencias que iban desde el Soul hasta el sonido Cajún de New Orleans y un sentido cabaretesco que nunca faltaría en la carrera en solitario de DeVille. No tuvieron suerte los Mink DeVille a pesar de estar en una compañía como Atlantic pero no era el sonido de los ochenta, siendo más reconocidos en Europa que en Estados Unidos. Willy DeVille comenzó su carrera en solitario con Miracle (1987), producido por Mark Knopfler, para desplazarse luego a New Orleans ciudad con la que sería identificado en no pocas ocasiones, pero tampoco su carrera lograría despegar en los noventa y su estrella se iría apagando hasta fallecer por una terrible enfermedad en 2009 y tras haber pasado también por diversas adicciones. DeVille no sólo era un grandísimo compositor sino que también era un cantante sobresaliente, apasionado y con una voz inconfundible. Y con mucho estilo, desde esa imagen cuidada y elegante que hemos señalado, hasta evidentemente su música. Sin embargo, en esa primera mitad de los noventa del siglo XX, Willy DeVille consiguió triunfar en España con un directo del que se cumplen veinticinco años, Live (1993), y que le otorgó un hit como “Demasiado Corazón”, cabecera durante muchos años de un famoso programa sobre el mundo del corazón (perdón) en Televisión Española. Aquel Live sólo se publicó en Europa a través de FNAC y la portada de mi CD tiene impresa la leyenda “Larga duración” (¿era necesario?). Grabado en el Olympia de París, abarrotado, y en el The Bottom Line de New York, el disco es una barbaridad, un cancionero imbatible y acompañado por una banda en estado de gracia con inevitable sección vientos incluida (por cierto, en la que estaba el mítico Tom “Bones” Malone de The Blues Brothers), con un Willy DeVille enorme repasando los mejores temas de Mink DeVille, con toda su paleta de sonidos disponibles. Por cierto, que en el disco la banda se llama Mink DeVille Band, en recuerdo a su formación primigenia. Un disco eterno, como el propio Willy DeVille que recordamos en Los Restos del Concierto.

“Lilly’s Daddy’s Cadillac” da el inicio con una mezcla Soul y R&B fantástica que tiene su continuación con “This Must Be the Night”, toques springsteenianos en un medio tiempo ascendente en el que canta DeVille de forma excelente y con el saxofón de Mario Cruz tomando un protagonismo que no abandonará en buena parte del disco. “Savoir Faire” sigue en la línea del comienzo, no bajan el ritmo y aquí los sonidos se acercan al Rock & Roll más clásico en el que abundan con la versión de “Cadillac Walk” que habían realizado los Mink DeVille años atrás, una canción a la que DeVille le da su toque. Tras un comienzo apabullante, llega uno de los tres temas que tocarán de la carrera en solitario de Willy DeVille, “Bamboo Road” que pertenecía a su disco de 1992 ya señalado, y que es un medio tiempo de corte latino. Con “Mixed Up, Shook Up Girl” introduce un punto baladístico que aquí le queda impecable y emocionante, el contrapunto de la guitarra española le otorga una elegancia al tema donde sobresale de nuevo su voz. “Heart and Soul” es una canción con el tono latino de nuevo y en la que destaca el acordeón, un tema de los mejores de su carrera, demostrando que se movía muy bien en toda clase de registros. “Can’t Do Without It” es una canción también de su carrera en solitario y es también sobresaliente, escorada hacia el Soul y realizándola a dos voces con uno de sus coristas, The Valentine Brothers.

“Maybe Tomorrow” nos recuerda de nuevo al Springsteen de sus inicios, con Mario Cruz tomando el protagonismo en el saxofón una vez más, siendo una de mis canciones favoritas. “I Must Be Dreaming” tiene el punto Pop de los ochenta pero DeVille canta con una gran intensidad y en “Heaven Stood Still” te pone la carne de gallina, un tema muy desnudo y emocionante con ese violín de acompañamiento. El cierre del disco es una barbaridad, una sucesión de cuatro canciones que comienza con la interpretación canónica de “Demasiado Corazón”, un tema de Salsa en la que se salen con esa percusión y el solo de trompeta como momentos cumbre. Le sigue, en una mezcla de Rock & Roll y sonidos latinos, la impresionante “Spanish Stroll” y le toca el turno a la versión de “Stand By Me” de Ben E. King que Willy DeVille borda con su forma de cantar. Y no podía haber otro final que “Hey! Joe” en clave mariachi, un fin de fiesta inolvidable para un disco que también lo es.

Músico más valorado por los propios músicos, Willy DeVille mostró en este disco en directo su clase. Poco después, su discografía se iría espaciando en unos años en los que no pasaba un buen momento. Con el viento a favor todavía, Loup Garou (1995) mostraba su gusto por el mestizaje y Atlantic aprovechaba en 1996 para sacar un interesante recopilatorio bajo el título Love & Emotion: the Atlantic Years, en el que se repasaba la carrera de Mink DeVille en ese sello. Desde entonces, DeVille sólo publicó tres discos de estudio y algún directo. Las imágenes del último tramo de su vida nos muestran a un Willy DeVille con una estética diferente, de corte nativo americano, y con las huellas de la enfermedad reflejadas en una extrema delgadez. Lejos quedaba el dandy con pinta de pirata que se paseó por las televisiones españolas de 1993 a 1994 y cuyo hit “Demasiado Corazón” sigue siendo reconocible. No tuvo suerte el bueno de Willy DeVille y por eso también no hay que dejar de recordar sus enormes canciones.

El debut de Jane’s Addiction con “Nothing’s Shocking” o una banda visionaria


26 Oct

Finales de los ochenta del siglo XX, un escenario marcado por la irrupción de Guns N’ Roses que les quita parte del protagonismo a las bandas del Glam Metal o del “Hair Metal” o lo que sea. Pero, en ese contexto, en California había una escena diferente que se basaba en el mestizaje de sonidos que iban desde el Rock al Funk y que luego se beneficiarían de la llegada del Grunge y de la sacralización de lo alternativo. Allí estaban, obviamente, Red Hot Chili Peppers antes de ser un acontecimiento mainstream, o unos interesantes Fishbone, entre otros. Eran veteranos y, a ellos, se uniría un poco más adelante otro grupo, de los que nos ocupamos hoy en Los Restos del Concierto, Jane’s Addiction. Y es que Jane’s Addiction venían pisando fuerte desde su propio nombre y su debut discográfico sería en 1988 con el Nothing’s Shocking que nos ocupa y del que se cumplen tres décadas ni más ni menos. Liderados por un hiperactivo Perry Farrell, con esa forma de cantar tan peculiar, contaban también con un virtuoso guitarrista como Dave Navarro, mientras que la sección rítmica que grabaría este disco serían Eric Avery al bajo y Stephen Perkins a la batería, este último uno de los fundadores de la formación. Su debut, publicado por Warner, fue saludado muy de forma entusiasta por la crítica, su sonido era distinto porque eran eclécticos, pasaban sin problema de la Psicodelia al Funk pasando por el Rock y más, y también se dotaron de una importante visibilidad. Podían haber sido una de las bandas más importantes del comienzo de la siguiente década, y no bajaron la apuesta con su segundo trabajo, Ritual de lo Habitual (1990), pero…pero las tensiones internas de la banda por el consumo de drogas de Farrell y Perkins acabaron con la formación en 1991 cuando acababan de realizar la primera gira del Lollapalooza entre cuyos cofundadores estaba Farrell, siendo su despedida como formación. Pero, luego regresaremos a esta historia, primero toca hablar de su debut, un grandísimo disco y de gran influencia, Nothing’s Shocking.

“Up the Beach” da el comienzo, un tema muy ambiental y atmosférico con un toque psicodélico pero donde ya aparecen los riffs de guitarra de Navarro y que es prácticamente instrumental salvo por las letanías de Farrell. A continuación, “Ocean Size” es un trallazo muy potente con las guitarras de Navarro de nuevo en primer plano y con la batería de Perkins en destacando de nuevo. Y la calidad del disco sigue en lo más alto con “Had a Dad”, donde comienzan con un punto más Funk para luego abrazar sonidos más del Rock duro, y en la que se demuestra de nuevo el virtusiosmo de Navarro, sin duda alguna uno de los guitarristas de la época. En “Ted, Just Admit It…” se van a más de los siete minutos en una de sus canciones más inquietantes, la letra es tremenda, siendo una canción río que va fluyendo y que deja un regusto extraño.

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Menos mal que luego le toca el turno a una de mis canciones favoritas de Jane’s Addiction, “Standing in the Shower…Thinking”, un tema más festivo con toques Pop en donde la forma de cantar de Farrell es menos intensa. Pero en “Summertime Rolls” retornan al punto más psicodélico y ambiental, demostrando que su paleta de sonidos es muy amplia, siendo un tema que supera de nuevo los seis minutos. “Mountain Song” es una canción fantástica, contundente y dura, con épica y riffs marca de la casa de Dave Navarro, un sonido más clásico si se quiere. Y la fiesta sigue con el Funk, el bajo de Avery está perfecto, de “Idiots Rule” en la que participan Flea y Angelo Moore (Fishbone) a los vientos. Pero el giro de tuerca más inesperado del disco es la preciosa “Jane Says”, un tema acústico que fue uno de sus principales éxitos. Tras el ligero interludio de “Thank You Boys”, el disco se cierra con la también destacada “Pig’s in Zen”, una canción con toques funkys y con el bajo de Avery de nuevo en lugar preeminente, pero el protagonismo vuelve a ser para un Dave Navarro que demuestra su categoría a las seis cuerdas.

Treinta años después, Nothing’s Shocking sigue siendo una barbaridad de disco. Un trabajo que igual hoy no se recuerda tanto porque Jane’s Addiction se separaron justo en 1991…mala suerte, su puesto igual lo ocuparon unos Red Hot Chili Peppers que publicarían ese año otro clásico, Blood Sugar Sex Magik, el resto de la historia es conocido. Jane’s Addiction alcanzarían otra categoría pero irían siendo olvidados mientras que Farrell montaba Porno for Pyros junto a Perkins, que alcanzaría dos discos reconocidos por la crítica, a la par que se mantenía como cabeza visible de Lollapalooza. Navarro, por su parte, no pararía tampoco y a punto estuvo de sustituir a Izzy Stradlin en Guns N’ Roses, lo que hubiese sido tremendo pero puede que Navarro intuyese que con Slash al lado su posición quedaría en un segundo plano. Con Avery formó la efímera banda Deconstruction y su momento llegó en 1993 al sustituir a un consumido John Frusciante en Red Hot Chili Peppers. Era una gran opción pero coincidió con el menor One Hot Minute (1995). Demasiado presión tras el éxito de Blood Sugar Sex Magik y en 1998 dejó la banda. Antes, en 1997, Jane’s Addiction a una primera reunión que supuso una gira de reencuentro aunque sin Avery que fue sustituido por Flea, aunque regresaría posteriormente. Sin embargo, Jane’s Addiction publicarían dos discos muy menores, Strays (2003) y The Great Escape Artist (2011) que no hacen justicia a su legado, dos discos que pasaron desapercibidos aunque han seguido haciendo conciertos. No cabe duda que Jane’s Addiction remiten a esos tiempos en los que lo alternativo, aunque recordemos que estaban en Warner desde el comienzo, ocupó un espacio prominente. Pero Jane’s Addiction parecen haberse quedado en un segundo plano cuando fueron una de las bandas más visionarias de su generación.

El momento de Goo Goo Dolls y el peso de las bandas sonoras


19 Oct

Suele ocurrir que hay bandas y artistas que aparecen en un momento dado y que, luego, no las sigues, aunque ese disco que tienes de ellos te siga encantando mucho tiempo después. Es lo que nos pasa con los norteamericanos Goo Goo Dolls, la formación encabezada por Johnny Rzeznik y Robby Takac que, además, tampoco parece ser que tuviesen la suerte necesaria para asentarse en el lugar que otros ocuparon. Con más de tres décadas de carrera, seguramente la mayoría recordarán a Goo Goo Dolls por la canción “Iris” que metieron en la película City of Angels (1998), esa remake al estilo Hollywood de El cielo sobre Berlín (1987) de Wim Wenders. Aquella canción era tremenda y también fue una especie de arma de doble filo para los Goo Goo Dolls. Pero vayamos por partes porque, para cuando salió “Iris”, Goo Goo Dolls ya llevaban una carrera consolidada de cinco discos. Como tantos otros grupos, toda la fiebre por lo alternativo les había situado en el mapa con su Rock poderoso que oscilaba por momentos hacia sonidos más deudores del Punk. Con su cuarto disco, Superstar Car Wash (1993) llegarían a una major, Warner, y con A Boy Named Goo (1995), lograrían mayor visibilidad y meter su tema “Long Way Down” en la película Twister (1996). Pero sería con su sexto disco, el que nos ocupa, Dizzy Up the Girl (1998), les permitió vender millones de discos gracias seguramente a “Iris”.

Rzeznik y Takac, junto al batería Mike Malinin que estaría en la banda durante casi veinte años,  facturaron un disco de Rock americano en el que se basaban en composiciones que iban hacia sonidos más Pop pero sin dejar de lado el punto más Punk a cargo de las canciones escritas por Takac, que también las cantaban. En cuanto al conjunto del disco, no se resiente en ningún momento y cuenta con temas destacados. Comenzaban por una poderosa “Dizzy” que tenía los ooess típicos. “Slide” era un plato fuerte, una canción tremenda con unas guitarras que se combinaban con las acústicas mientras que Rzeznik cantaba fantásticamente y con el toque de los teclados al final le daban a la canción un punto melancólico. “Broadway” tampoco dejaba atrás la nostalgia aunque es una canción más rockera e incluso podría decirse que se acercaba al Power Pop. “January Friend” es uno de los temas de Takac y en ella le mete la aceleración ya desde la forma de cantar más Punk. Por su parte, “Black Ballon” es una canción más del Rock Pop en la que incorporan cuerdas y tiene una mayor presencia la acústica, aunque funciona muy bien. En cuanto a “Bullet Proof”, es un tema más rockero con un sonido más épico y poderoso. La primera parte finaliza con otra canción de Takac, “Amigone”, un Punk más melódico que el anterior.

“All Eyes on Me” puede parecer un tema más intrascendente al comienzo, de nuevo parece ser un medio tiempo, pero crecerá hasta superar esa primera sensación. En “Full Forever” retoma el protagonismo Takac, aunque en este caso con un sonido un tanto diferente, incluso en la forma de comenzar tiene un punto Placebo (sí, ya sé que puede sorprender) para luego acelerar. “Acoustic #3” es lo que promete el título, un breve tema acústico que dará paso a la joya del disco, “Iris”, una balada épica con una sección de cuerdas impresionantes y un tono épico relevante que le convierten en una de las grandes canciones de final del siglo XX. He leído comentarios señalando que es una canción facilona pero no los comparto, me parece un tema soberbio. El cierre del disco es para “Extra Pale” con la que Takac destaca, seguida de un medio tiempo creciente de Pop-Rock como es “Hate This Place” y un Bonus Track como “Name”, una canción más acústica que no deja de ser un bonito tema.

Igual “Iris” convirtió a Goo Goo Dolls en la típica banda de “One Hit Wonder” pero creo que no. Es cierto que vendieron millones de discos en Estados Unidos de Dizzy Up the Girl pero la banda sonora de City of Angels todavía vendería algunos millones más. Ya, sé que se puede argumentar que si no fuese por la película no hubiesen alcanzado tampoco un éxito mayor, nunca sabremos. La carrera de Goo Goo Dolls siguió, su siguiente disco tuvo una buena recepción, Gutterflower (2002), pero los tiempos estaban cambiando muy rápidamente y su repercusión fue descendiendo, aunque se han mantenido en Warner todo este tiempo. No cabe duda que tendrán su tirón en el mercado norteamericano y que, en no pocas ocasiones, me pregunto los motivos por los que dejé de lado a esta banda. Veinte años de Dizzy Up the Girl, un buen disco de una buena banda que seguramente mereció un reconocimiento mayor.