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The Gaslight Anthem, “The ’59 Sound”


23 Abr

Hay bandas y artistas que te llegan en un momento dado y te planteas que dónde estabas cuando sacaron los discos anteriores. A mí me ha pasado con mucha gente pero, uno de los casos más fuertes, fue con la formación de New Jersey The Gaslight Anthem. Nuestro descubrimiento llegó con su cuarto disco ya, Handwritten (2012), un trabajo que contenía ese Rock en el que se notaba el toque de Springsteen pero también con un punto Punk Rock más diluido en las melodías. Me gustaron mucho y me hice de una tacada, sin pensar, con los otros tres discos: Sink or Swin (2007), The ’59 Sound (2008) y American Slang (2010) y recuerdo decirle a Javi Castro que el disco “malo” era el cuarto, y es que los tres discos anteriores eran más cañeros, directos y con furia, aunque irían modulando su sonido. Canciones para ser coreadas, himnos de estadio en definitiva, pero algo más. Los escuché muchísimo esos años y parecían destinados a mucho más pero en 2014, coincidiendo con una ruptura sentimental de su cantante y frontman Brian Fallon, publicaron un flojísimo Get Hurt. Aquello fue un bajón y, pocos meses después se separaban a la par que Fallon iniciaba su carrera en solitario que cuenta ya con dos discos, Sleepwalkers este mismo 2018, y que tampoco me acaba de convencer y lo he intentado. Ahora, en 2018, han anunciado su retorno, Fallon se junta de nuevo Alex Rosamilia, Alex Levine y Benny Horovitz, y esperemos que recuperen su fuerza de los primeros discos. Recordamos el décimo aniversario del segundo, The ’59 Sound, posiblemente su mejor trabajo en el que combinan el Rock y el Punk con toques más Folk y melódicos para un disco que se disfruta desde el primer tema y que transmite mucha frescura y energía.

Y ya desde el comienzo con una grandísima “Great Expectations”, un tema acelerado de Punk Rock muy enérgico aunque también tiene su punto melódico. Suben la apuesta con “The ’59 Sound”, más rockera que Punk y con un estribillo coreable. En “Old White Lincoln” cambian un poco de ritmo, tiene un punto incluso a Power Pop,  pero con “High Lonesome” recuperan la fuerza de los primeros dos temas destacando el sonido de las guitarras. El tono melódico queda más claro en “Film Noir”, otra de las grandes canciones del disco. Y en “Miles Davis & The Cool” se abonan a la épica, alargadísima la sombra de Springsteen, con un sonido poderoso de guitarras.

Pero mi canción favorita es “The Patient Ferris Wheel”, un tema en el que mezclan la celeridad y la urgencia de las guitarras con sonidos más melódicos y con una forma de cantar de Fallon sobresaliente. En “Casanova Baby” comienzan con una batería con un sonido que sale de sus patrones para explotar el tema a medida que avanza. El tramo final no deja descanso, primero con la más compleja “Even Cowgirls Get the Blues”, una canción en la que muestran su evolución hacia los contornos del Rock americano. “Meet Me By the River’s Edge” sigue con esa fuerza que acompaña al disco, esas guitarras de nuevo, mientras que “Her’s Looking at You, Kid” es un medio tiempo más intimista, Fallon modulando incluso su forma de cantar. Y el cierre es para otro tema sobresaliente, “The Backseat”, una forma de terminar el disco contundente con Fallon de nuevo dándolo todo.

Esperemos que The Gaslight Anthem recuperen el tono de sus primeros discos y, en el caso de retornar con material nuevo, lo hagan con canciones como las de este The ’59 Sound, un disco que cumple diez años este 2008 y que sigue sonando de maravilla.

 

 

El valor de Graham Parker & The Rumour


11 Abr

Nuestra formación musical no puede abarcar todo lo que existe, imposible, y reconozco que hasta hace unos pocos años desconocía quiénes eran Graham Parker and the Rumour. Para mucha gente será un “descuido” imperdonable pero, como veremos, es uno de esos artistas y formaciones que no han tenido la suerte que se merecen. La primera vez que tuve conocimiento de Graham Parker, al menos que yo recuerde, fue en la película de Judd Apatow This Is 40 (2012), aquí traducida con el impagable título (¿por qué?) Si fuera fácil. Con el sello de las comedias de Apatow, en ese costumbrismo norteamericano que le funciona a pesar de algún punto irreverente y que era un spin-off de uno de los mayores éxitos de la factoría Apatow, Knocked Up (Lío embarazoso, 2007). Resumiendo, en This Is 40, que como podéis imaginar va sobre la crisis de los 40 del matrimonio formado por Leslie Mann y Paul Rudd, el personaje de Rudd se dedica a la industria discográfica y su última apuesta es poner en valor a Graham Parker, publicándole un nuevo disco, apareciendo Parker y The Rumour y con una escena que también destaca la situación de la formación, la de la presentación del disco en un teatro con muy poco público. Bueno, tras este resumen, me quedé con Graham Parker and the Rumour e investigué pero poco, la verdad. El empujón definitivo me lo dio Joserra Rodrigo en su Pasión no es palabra cualquiera, título inspirado en un tema de ellos, con artículo dedicado a ellos, y ya no pude evitarlo, me lancé a por Graham Parker and the Rumour y, desde entonces, estoy completamente absorbido.

Así que me hice con un recopilatorio de turno, busqué el que más ofrecía y me encontré con un The Very Best of Graham Parker + The Rumour (2014) que concentraba la época gloriosa de la formación, la que tuvo lugar de 1976 a 1979. Un doble disco con treinta y cinco temas, casi nada. Y ahí sigo. Graham Parker and The Rumour quedaron atrás en reconocimiento en unos años en los que se asistía al ascenso del Punk y la New Wave. Coetáneos de The Clash, Elvis Costello, The Jam, etc., en Graham Parker and The Rumour encontramos muchos sonidos que aparecen también en esas formaciones, la fuerza de las guitarras y la forma enérgica forma de cantar y de moverse de Parker, hay melodías, hay influencias del Soul en no pocos vientos y, por supuesto, hay mucho Rock & Roll.

Con una formación compuesta por el propio Parker como frontman y compositor, Brinsley Schwarz y Martin Belmont a las guitarras, Bob Andrews a los teclados, Andrew Bodnar al bajo y Steve Goulding a la batería, no tuvieron el éxito que merecían pero su influencia fue grande. Tras curtirse en otras bandas y proyectos, debutaron en 1976 con Howlin’ Wind con la producción de Nick Lowe y ese mismo año llegaría su segundo disco, Heat Treatment de nuevo con Lowe en la producción pero en esta ocasión junto a Robert John “Mutt” Lange. El disco tuvo más recorrido y en 1977 llegaría su tercer disco, Stick to Me, ahora con Lowe de nuevo en solitario en la producción. Ese mismo año, The Rumour sacarían su primer disco sin Parker, Max. Pero la fiesta no paraba y tras disco en directo, The Parkerilla (1978), cuarta entrega con Squezing Out Sparks, con la producción de todo un Jack Nitzsche, disco que contenía “Passion Is No Ordinary Word” y “Discovering Japan”, y que se convertirá en el disco que más alto llegue en los chats pero siempre en números discretos. Ese mismo año, The Rumour sacan nuevo trabajo también, pero el final de su unión con Parker estaba a punto de llegar en un 1980 que todavía verá un nuevo disco, The Up Escalator, así como el último como The Rumour.

En las décadas siguientes, Parker seguiría en solitario publicando discos, los cuales tampoco serían grandes éxitos, y habría que esperar hasta 2011 para una reunión con The Rumour, habiendo publicado desde entonces dos discos: The Chords Good (2012) y Mystery Glue (2015), que también pasaron desapercibidos. Pero yo estoy escuchando sin parar, como decía, desde hace unos meses este doble con temas como “(Hey Lord) Don’t Ask Me Questions”, la versión de “Hold Back the Night”, la brutal “Stick to Me”, la maravilla de “You Got to Be Kidding”, la muy Soul “Heat Treatment”, la impactante “Discovering Japan”, por supuesto “Passion Is Not Ordinary Word”, la versión de “I Want You Back”, “Protection”, “I’m Gonna Tear Your Playhouse Down”…en fin, no parar. Graham Parker and The Rumour, una gente que no tuvieron la suerte que merecían, otro día hablamos de Willy DeVille y sus Mink DeVille, aunque esta es una historia más trágica.

 

“New Jersey” o la cima de Bon Jovi


02 Abr

Cierto, hablar de Bon Jovi igual no es lo más “cool” o lo más “políticamente correcto” por decirlo en términos de estereotipos y prejuicios en relación a los gustos musicales. Pero Bon Jovi fue una banda que tuvo su momento y que todavía sigue en activo. A finales de los años ochenta, y especialmente con su tercer y cuarto disco, Slippery When Wet (1986) y New Jersey (1988), llevaron su Heavy Rock, que luego derivaría hacia un Pop Rock que ya tenía ahí sus bases, accesible al gran público y conquistaron a muchos seguidores a través de sus himnos de estadio y sus baladas imbatibles. Fue con Slippery When Wet cuando dieron un salto cuantitativo y cualitativo, con temas como “You Give Love a Bad Name”, “Never Say Goodbye” o el “Livin’ On a Prayer”, seguramente su canción más representativa. Estamos en esos años en los que estas bandas acabaron casi con la capa de ozono con la cantidad de laca que se ponían en aquellos peinados imposibles y los de Bon Jovi no eran una excepción. Con un cantante carismático, Jon Bon Jovi, un guitarrista virtuoso como Richie Sambora, la base rítmica formada por Alec John Such y Tico Torres, y los teclados, también marca de la casa, de David Bryan, su sonido encajaba en esa segunda mitad de la década de los ochenta pero no ha envejecido mal. Jon Bon Jovi y Sambora se encargaban de la composición de los temas, aunque también sabían buscarse reputados acompañantes puntuales que le daban el toque a la canción como Desmond Child o Diane Warren. A España llegaban los vídeos de Bon Jovi pero no alcanzaban la cima de las ventas, habría que esperar unos años más, cuando su tercer trabajo ya los había encumbrado en Estados Unidos, siendo etiquetados en la categoría de Heavy aunque algunos les llamasen “Heavy de peluquería”. Para su cuarto disco tenían la tarea de superar el exitoso Slippery When Wet y le dieron el título de su Estado, New Jersey, del que ahora se cumplen treinta años. La producción volvía a estar en manos de un eficaz Bruce Fairbairn, especialista en el estilo con trabajos para Aerosmith, AC/DC, Poison, Kiss o Van Halen, entre otros. Y les salió un disco muy logrado, un trabajo que consiguió consolidar a Bon Jovi en la senda del éxito con el esquema de esos temas coreables de estadio que decíamos, los na na na na y demás imprescindibles, y esas baladas que siguen sonando en las radios nostálgicas. Y también con mucha testosterona, no faltaba en aquello época.

Para el comienzo, un “Lay Your Hands on Me” brutal, con el coro Góspel, estribillo pegadizo, riffs de Sambora a todo trapo y contundencia de casi seis minutos. Una buena carta de presentación a la que seguía otro bombazo, el “Bad Medicine” que se convertiría en otro de sus clásicos, que tampoco dejaba descanso al sucederse casi sin descanso y que atesoraba clichés del género. Y, como no hay dos sin tres, asegurando con la más predecible “Born to Be My Baby”, coros y más coros de estadio para otro de sus imprescindibles en sus conciertos. La pausa la pone el medio tiempo de “Living in Sin”, un tema que va creciendo en intensidad y en la que destaca la interpretación de Jon Bon Jovi.

“Blood on Blood” es una canción que todavía suena potente, esos teclados de Bryan le dan un contrapunto fantástico, con una batería muy de la época y que se va por encima de los seis minutos. “Homebound Train” no deja de tener la marca de ese periodo y vuelve a jugar con una contundencia más desatadas y los estribillos funcionan con fuerza y Bryan y Sambora dialogan con los teclados y las guitarras. Y lo mismo le pasa a “Wild Is the Wind”, que igual es de los que peor ha envejecido de todo el disco, aunque Jon Bon Jovi canta con fuerza. “Ride Cowboy Ride” es un breve interludio que va a dar paso a un final de disco que tampoco va a dejar descanso.

Primero con “Stick to Your Guns” que cuenta con un tono acústico en su comienzo y que se desplazará hacia la épica, una deriva que no es muy habitual en la banda. Y llega el turno para el baladón incontestable, “I’ll Be There For You”, una canción también de las clásicas de la formación y que no cae en el empalagosismo de algunas que sacarían en los años posteriores. Un tema intenso que fue parte de nuestra banda sonora de finales de los ochenta. “99 In the Sade” no es de los temas más conocidos del disco y, por eso, al repasarlo igual me ha gustado más aunque ese sonido de la batería…Y el cierre es para un “Love for Sale” minimalista, con un toque Blues y que cuenta con la voz de Jon Bon Jovi, la armónica y la guitarra, una canción que cierra de forma diferente uno de los clásicos del final de década.

Bon Jovi terminaban la década de los ochenta en lo más alto pero pronto llegaría el Grunge para revolverlo todo. Sin embargo, los de New Jersey capearían bien el temporal que venía desde Seattle con un convincente Keep the Faith (1992) y con su recopilatorio de 1994, el Cross Road que incluía “Always”. Luego llegaría la baja de Alec Jon Such en 1994 y sus discos fueron perdiendo calidad aunque todavía habría algunas cosas interesantes. También Richie Sambora dejaría la formación en 2013, aunque ya había tenido sus momentos fuera de la banda. Pero Bon Jovi siguen ahí aunque hace muchísimo tiempo que no compramos ningún disco suyo, ni tampoco tenemos interés, pero aquellos trabajos y canciones de hace ya unas décadas siguen estando ahí, clichés y tópicos incluidos.

 

 

Los Restos Del Concierto

Porque no todos oímos lo mismo