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Alice in Chains se ponen acústicos con “Jar of Flies”


11 Mar

Hace unos meses nos hacíamos eco de la nueva entrega de Alice in Chains, un notable Rainier Fog (2018) en el que los de Jerry Cantrell seguían con la segunda etapa de su carrera tras el fallecimiento de Layne Staley en 2002. Con William DuVall, Cantrell, Sean Kinney y Mike Inez llevan ya tres discos aunque su gran momento llegó como una de las cuatro formaciones clásicas del Grunge junto a Nirvana, Pearl Jam y Soundgarden, todas ellas salvo los segundos tocadas también por la tragedia. En el caso de Alice In Chains, su sonido siempre fue más duro y metalero incluso que el de sus coetáneos. De hecho, su debut de 1990, Facelift, había logrado vender dos millones de discos en Estados Unidos, pero sería Dirt (1992) el que los encumbraría ya dentro de la ola seattleliana. Sin embargo, en 1994 sorprenderían con un EP más acústico y melódico que vamos a recordar en su veinticinco aniversario, nos estamos refiriendo a Jar of Flies. En el mismo ya estaba en la banda el bajista Mike Inez que había sustituido un año antes a Mike Starr, y mostraron una línea de su sonido diferente que también se podría observar en el MTV Unplugged de 1996. Vale que todos recordamos el de Nirvana pero este de Alice in Chains es una auténtica joya que también recuperaremos en su momento, con interpretaciones muy sentidas de “Nutshell”, “Rooster” o “Down in a Hole”, aunque también mostraba el frágil estado de Staley. Pero volvamos a este amplio EP, siete canciones, que también forma parte de la banda sonora de nuestra juventud.

El comienzo del EP, el tercero de su carrera, era para una brutal “Rotten Aple” que se iba casi a los siete minutos, donde destacaba el bajo de Inez, en un tema más melódico y con una fuerza épica. “Nuthsell” es una barbaridad, para mí una de las cimas de su carrera, una canción tremendamente emocionante que va en ascenso y con una interpretación de Staley que luego superaría en el ya mencionado MTV Unplugged, todavía se me pone la piel de gallina cuando la escucho. En “I Stay Away” le meten una sección de cuerda para contrarrestar con la rabia que no se ve atemperada por el sonido más acústico, otra canción muy destacada que también tiene un punto más oscuro en su desarrollo. “No Excuses” fue la carta de presentación del EP, un tema también diferente con un sonido que casi podrían firmar los propios REM, esa batería del comienzo se escora hacia sonidos más Pop, y la canta Cantrell, siendo otro tema que tampoco ha perdido su vigencia tras un cuarto de siglo. “Whale & Wasp” es un instrumental a mayor gloria guitarrera de Cantrell, en el que también aparece la sección de cuerda como contrapunto. “Don’t Follow” es una preciosa canción muy acústica, con la guitarra y la armónica prácticamente como protagonistas instrumentales, en el que también canta Cantrell y que se acerca más a los sonidos de raíces con una parte final casi con coros gospelianos y con un punto Blues. El cierre es para “Swing on This”, una canción más ecléctica en la que aparecen sus señas de identidad, pero llevadas al terreno del disco, pero también otras variaciones que por un momento pueden pasar del Blues al Jazz, pero manteniendo su esencia.

La carrera de Alice in Chains daría poco más juego en la etapa de Staley, muy afectado por sus adicciones. En 1995 publicaron Alice in Chains, con el que alcanzarían el número 1 en Estados Unidos, pero ya no volverían a publicar música nueva con Staley que, como hemos señalado, fallecería en 2002. La segunda etapa de la formación ha resultado honesta pero más discreta, pero siempre serán una de las bandas más importantes de la primera década de los noventa y exponentes del Grunge. Y con Jar of Flies también demostraron su capacidad en el terreno acústico.

 

El trallazo de Green Day con “Dookie”


19 Feb

Dookie (1994) de Green Day cumple su veinticinco aniversario en este 2019, aunque aquí nos llegó ya entrado 1995. Fue uno de esos puntos de inflexión en las tendencias de la época, aunque como hemos señalado en no pocas ocasiones estaban lejos de ser mayoritarias. El Grunge, aunque volveremos a discos de Soundgarden y Alice In Chains de aquel año, del Vitalogy de Pearl Jam ya hablamos en su día, había dejado paso por un lado al BritPop y, por otro, a la elevación al mainstream de otros sonidos que llevaban unas décadas en un muy segundo plano, aunque con su impacto e influencia, como es el Punk. Y el Dookie de Green Day fue sin duda alguna el principal responsable. Obviamente, no es comparable al escenario de surgimiento de Sex Pilstols y The Clash, al contrario, ese “resurgimiento” del Punk tenía más matices, así como su desarrollo posterior. A Green Day se uniría poco después unos Offspring que a mí siempre me parecieron algunos peldaños por debajo, así como formaciones que lograron una mayor visibilidad como Rancid o los veteranos Bad Religion, ambos lejos del éxito de los anteriores. En cierto sentido, es un Punk Rock más domesticado que también se basaba en un entusiasmo juvenil, a pesar de que Green Day casi cumplían una década de carrera y era su tercer disco, el primero en una multinacional (Warner). Su trayectoria se había librado en el underground y en sus entrevistas de aquel año recordaban haber tocado en España en lugares como gaztetxes y demás. Sin embargo, en Warner vieron el potencial y la apuesta por lo tan de moda “alternativo” (etiqueta que tanto ha dado que hablar) permitía esa opción. Con un productor como Rob Cavallo, no cabe duda que el acierto fue absoluto con unas ventas por encima de los doce millones de discos y con hits como “Basket Case”, “Longview” y “When I Come Around”. Green Day, el trío formado por Billie Joe Armstrong, Mike Drint y Tré Cool, tenía la lección aprendida, canciones rápidas, de poco más de dos minutos y guitarras aceleradas, aunque también había espacio para sonidos más melódicos y una querencia por el Pop. Después del Grunge y su nihilismo y su “carga”, Green Day sonaban como una liberación y un disfrute que también aceptamos aunque su fecha de caducidad también estaba cerca y sus consecuencias, no queridas, contribuyesen a otras tendencias menos afortunadas. Pero Green Day fueron un soplo de aire fresco.

Dookie podrá ser acusado de ser muy monocorde, pero sus canciones siguen funcionando. Comenzaba con la vitamínica “Burnout”, Punk melódico que se clavaba y a la que seguía “Having a Blast”, un mismo esquema con la guitarra a todo trapo y la sección rítmica siguiendo el camino. En “Chump” no se salían del guión para conectar con “Longview”, que fue el primer single del disco, y donde ya había más matices como el papel del bajo, el in crescendo del tema y cómo llegaba al clímax. “Longview” era una gran carta de presentación del disco y en el mismo era seguida por la potentísima “Welcome to Paradise”, una de las que mejor conectaba con el Punk primigenio. “Pulling Teeth” era más melódica, casi un medio tiempo que conectaba con el Power Pop incluso y a la que seguía su gran éxito, el tema que les colocaría en el mapa, “Basket Case”, una canción que se te clavaba con su melodía y estribillo. “Basket Case” sonaba en las radios, en los bares y en todos los sitios.

La segunda parte daba comienzo con “She”, de nuevo más melodía y deslizamiento hacia el Pop al comienzo para ascender a lo largo del tema, con el bajo de Dirnt en modo protagonista. En “Sassafras Roots” siguen en esa dirección y llega seguramente mi canción favorita del disco, una “When I Come Around”, de nuevo más melódica y con un punto melancólico que no aparecía en el resto del disco, un tema menos festivo y con más matices. A partir de aquí, canciones de menos de dos minutos para ir cerrando con “Coming Clean”, más dura; la muy Punk “Emenius Sleepus”; y la aceleradísima “In the End” donde la batería de Tré Cool se sale. El final es para “F.O.D.”, con un Armstrong cantando sin apenas apoyo instrumental para acelerar a continuación. El tema se cerraba con la incorporación de “All By Myself” que cantaba Cool, un tema acústico a modo de coda.

Dookie fue un gran éxito de una banda como Green Day que permitía, junto al BritPop, seguir manteniendo la ilusión de lo “alternativo”. Fue muy liberador, como decíamos antes, porque sonaba muy fresco, aunque estaba lejos del valor sociológico que había tenido dos décadas antes el Punk. La carrera de Green Day, a la que volveremos, no fue fácil desde varios puntos de vista, y ellos mismos han pecado en ocasiones de una cierta megalomanía. No tardaron mucho en sacar Insomniac (1995), que ya logró vender sólo la quinta parte de discos. Desde entonces, habría que esperar a 2004 cuando sorprendieron con el crítico y maduro American Idiot, que les devolvió a ventas similares a Dookie y a un reconocimiento de la crítica. Pero esa es otra historia que abordaremos próximamente en Los Restos del Concierto, mientras tanto, recordamos el entusiasmo juvenil de Dookie, ese disco de 1994 con cuyas canciones botábamos en 1995 en los bares y que nos hizo girar la mirada hacia un Punk Rock domesticado y accesible.

 

“69 Love Songs”, el derroche de amor de The Magnetic Fields


17 Feb

Que veinte años no son nada cuando tratamos de obras de la dimensión de esta a la que el tiempo parece afectar de manera diferente al resto. Grabado y lanzado en EEUU en 1999 y editado en Europa al año siguiente, este mayúsculo recetario de píldoras para el amor y el desamor cumple veinte años con el vigor tan intacto como el poder excitante que contagió desde sus primeras escuchas.

Concebido inicialmente por el genio irrefrenable de Stephin Merritt como una colección de cien canciones con las que “presentarse al mundo”, mayoritariamente escritas en clubes y bares de su Nueva York natal, se verían reducidas a sesenta y nueve antes de ser publicadas en un triple volumen de veintitrés cortes cada uno. Para interpretarlo con su habitual amalgama de instrumentos exóticos (ukelele, harpa, xilófono, ocarina…) y también con las guitarras, sintetizadores y demás instrumentos más tradicionales, se acompañó como otras veces por Claudia Gonson, John Woo y Sam Davol además de contar con otras muchas colaboraciones tanto instrumentales como vocales. Al abrir el libreto que acompaña a los cedés uno descubre una página completa enumerando los instrumentos que tocó el propio Merritt y se multiplica la admiración hacia su talento.

Sería el sexto disco de la banda radicada en Boston, editado cuatro años después del fantástico “Get Lost”, y sin duda el más ambicioso y arriesgado. En él combinaban ejemplarmente la tradición pop con el aroma del folk y las aportaciones de una electrónica sencilla, creando melodías brillantes y sofisticadas que conservan un sabor clásico. Y todo esto presentado en una cantidad inédita que requería de una enorme exigencia creativa, algo al alcance de pocos.

Además de la característica voz de barítono de Merritt, el protagonismo vocal lo copmpartían LD Beghtol, Claudia Gonson, Dudley Klute y Shirley Simms, y el instrumental la mencionada retahíla de instrumentos, que aportaban originalidad y un matiz lúdico y experimental que enriquecía sin duda el resultado. Como nombrar todas las canciones sería demasiado extenso, citaré algunas de cada volumen no sin antes recalcar que en este disco se encuentra una de las mayores concentraciones de canciones valiosas que uno puede recordar.

Así el primero contiene maravillas folk como All My Little Words, piezas electrónicas que no pierden la sencillez ni el clasicismo como Parades Go By y otras de pop irónico y añejo como Let’s Pretend We´re Bunny Rabbits o I Think I Need a New Heart, junto con ejemplos más íntimos y desnudos como The Cactus Where Your Heart Should Be o The One You Really Love y otros de triste belleza como The Book Of Love o de romanticismo mayúsculo como Nothing Matters When We’re Dancing.

En el segundo encontramos maravillas cosmopolitas como Grand Canyon junto a bellezas clásicas al piano como Very Funny, minimalismo electrónico en If You Don’t Cry, ritmos africanos como los de World Love, el sabor de la tradición en Kiss Me Like You Mean It, de la lentitud pop en Papa Was a Rodeo o de la ligereza también tradicional y luminosa de The Sun Goes Down and The World Goes Dancing.

El volumen tercero se abre con el rock sencillo de Underwear y la belleza del tecno simple de It’s a Crime. Luego originales líneas de bajo y sintetizadores elevan The Death Of Ferdinand De Saussure así como la sencillez que aportan las guitarras profundas de la enorme Yeah! Oh, Yeah!, además de incluir piezas íntimas como Queen Of the Savages junto a otras más contundentes como Meaningless o ritmos poperos como How To Say Good Bye y tradicionales sencillos como el punto final de Zebra.

Una obra en la que cabe lo mejor del pop clásico y del moderno junto a la música tradicional norteamericana, todo ello interpretado con elegancia y cuidado en un viaje que por momentos alcanza la excelencia melódica.

En un esfuerzo que se supone ímprovo, y más para una persona como Merritt que a menudo rehúye la exposición de los medios o de los directos, la banda interpretó el álbum completo en siete conciertos (cinco en EEUU y dos en Londres) divididos en dos jornadas cada uno, en lo que tuvo que ser una experiencia única de originalidad instrumental.

Una hazaña compositiva y de interpretación por tanto la que supuso este disco, hazaña a la que Merritt se aproximaría en 2017 cuando grabó cincuenta canciones para celebrar su cincuenta cumpleaños en un recorrido vital que reunió en el también genial “50 Song Memoir”, con el que volvía a demostrar un talento ágil y una sensibilidad única que parecen inagotables. Un reto enorme del que salió más que airoso y que sigue suponiendo uno de los mayores y más brillantes ejercicios de creatividad que le han sucedido al pop independiente en las últimas décadas.