Archive for the ‘Música y cine’ Category

El buen gusto o la música en The Sopranos


25 Sep

51n491X2ziLSoy fan de Breaking Bad, me pareció un lujo, una barbaridad, algo de otra dimensión. Y la primera temporada de True Detective, con la ventaja de sus ocho capítulos, es otra maravilla. No vi Mad Men, ni tampoco The Wire, no había tiempo, pero las veré. Sin embargo, para mí, como para otros muchos y muchas, The Sopranos es LA SERIE. Fueron 86 episodios repartidos en seis temporadas, de 1999 a 2007, una barbaridad, que me hizo mantener el abono al Canal + de entonces para disfrutar de una de las grandes obras de la televisión de todos los tiempos. A estas alturas, reivindicar The Sopranos no es necesario, ese drama sobre el mundo de una mafia Serie B, que partía de los tópicos y lugares comunes sobre el tema para, en varias vueltas de tuerca, ahondar en las relaciones familiares e interpersonales, además de ese epicentro que suponía la depresión de Tony Soprano, una interpretación sublime del recordado James Gandolfini, que se confundiría con el personaje. Creada por David Chase, pronto se convirtió en el buque insignia de la HBO, y los personajes y las historias se iban complejizando, siendo capaces de sentirnos hipnotizados por unos protagonistas que no daban lugar a la sutileza. Desde la demencial familia de Tony, instalada en una doble moral, con Carmela Soprano (Edie Falco) a la cabeza, sus dos hijos Meadow (Jamie – Lynn Singler) y Anthony Jr. (Robert Iler), que tenían lo suyo, pasando por ese papel demoledor de la madre de Tony, Livia (Nancy Marchand), que en las primeras temporadas fue capital hasta el fallecimiento de Marchand, sin olvidar otro de los personajes más tremendos como era el tío Corrado ‘Junior’ Soprano (Dominic Chinese), hasta el grupo de mafiosos que conformaban la gente de Tony. Y es que ellos eran también para darles de comer aparte, comenzando por el primo Christopher Moltisanti (Michael Imperioli), y siguiendo por Sal ‘Big Pussy’ Bonpensiero (Vicent Pastore), Silvio Dante (Steven Van Zandt) y Paul Gualtieri (Tony Sirico). Y para tratar de explicar todo ello en medio de la depresión, Tony acude a la doctora Jennifer Melfi (Lorraine Braco), una psicóloga con también muchas aristas. No voy a profundizar, sería inabarcable, todo el mundo recuerda el controvertido final con ese fundido en negro, con la canción de Journey sonando en el restaurante, ‘Don’ t Stop Believin”, pero quería retomar la Banda Sonora de esta mítica serie, donde la música contaba con un papel fundamental, y es que estando también ahí Steven Van Zandt no podía ser de otra manera.

Casi todos los capítulos de la serie se cerraban con un tema, una canción diferente, abarcando todo tipo de estilos, te quedabas a ver los títulos de crédito por ello. Hubo de todo, como en la serie, que también hacía un uso de la música muy acertado. La serie contó con la publicación de dos discos, un primero el que nos ocupa en 1999, y otro doble en 2001. Y en ellos había, sobre todo, mucho Rock And Roll clásico, temas imbatibles, que encajaban como un guante en lo que quería transmitir la serie. Pero el inicio se lo llevó una canción de un grupo desconocido, cuya mayor hito sería precisamente este, como era el ‘Woke Up This Morning’ de Alabama 3, la música de la cabecera, que sonó durante toda la serie, con ese icónico recorrido que hacía Tony al volante por New Jersey, un comienzo que sería ‘marca de la casa’ y que no podías dejar de ver, mostrando un New Jersey ‘cutre’. Una canción tremenda y adictiva, como la propia serie, para una cabecera que ya es historia:

En la banda sonora, le seguía un poderoso Blues a cargo de un veteranísimo R.L. Burnside, ‘It’s Bad You Know’, y le daba paso a una de las canciones más tristes de Sinatra, que encajaba con el estado depresivo de Tony, la clásica ‘It Was a Very Good Year’, nada más que añadir. Luego aparecía Bob Dylan con ‘Gotta Serve Somebody’, un tema de 1979. Y una de mis canciones favoritas es ‘Inside of Me’, del grupo de Van Zandt Little Steven & The Disciples of Soul, una canción festiva que nos muestra el talento del bueno de Steve, casi siempre en un segundo plano como escudero de Springsteen. Dos temas muy potentes, representativos del R&B de los sesenta, como son el ‘I Feel Free0’ de Cream y el ‘Mystic Eyes’ de Them, con Van Morrison dando muestras de su poderío, para dar paso a un Springsteen, que tampoco podía faltar, con ‘State Trooper’, un tema oscuro del Nebraska. Y los clásicos se suceden, con el ‘I’m a Man’ de Bo Diddley, el ‘Complicated Shadows’ de Elvis Costello & The Attractions y ‘The Beast in Me’ de Nick Lowe, un apropiadísimo tema que cerraba el capítulo piloto. Finalizaba el disco con la contundente ‘Viking’ de Los Lobos y con dos temas más disonantes en el disco, ‘Blood is Thicker Than Water’, de Wyclef Jean con G&B, una canción que era una breve muestra de la diversidad musical que acometería la serie, y una canción de los Eurythmics más crepusculares, ‘I’ve Tried Everything’, otra letra ilustrativa de la situación en que se encontraba Tony.

Suelo escuchar de vez en cuando este disco, una de las mejores bandas sonoras que yo haya visto. Como decíamos, muchos de estos temas son clásicos, pero tanto el conjunto como la evocación de la serie donde se enmarcaban, es lo que les da ese valor. No es una mera sucesión de canciones, no, es algo mucho más grande, como lo fue The Sopranos, a los que he prometido volver algún día, cuando tenga tiempo, sentarme a disfrutar de nuevo de esa tragedia griega, recordar sus historias, descubrir matices que se quedaron en el tintero, algún día.

De ‘Once’ a ‘Begin Again’


11 Sep

begin_again-cartel-5630En 2007, una pequeña, muy pequeña, película irlandesa llamada Once, logró colarse entre los fenómenos cinematográficos del año. Escrita y dirigida por John Carney, estaba protagonizada por Glen Hansard y Markéta Irglová, a la postre pareja artística y en la vida real. La película era una delicia y le rendimos un pequeño homenaje en nuestro artículo de hace unos meses dedicado a Glen Hansard. El mayor premio que logró este trabajo fue el Óscar en 2008 a la mejor canción original, que recayó en la maravillosa ‘Falling Slowly’, de los dos protagonistas de la película. La carrera de Hansard sufrió un importante salto cualitativo, aunque la relación en la vida real entre los dos protagonistas se rompió (como refleja el documental ‘The Swell Season’), e incluso Once se convirtió en un musical. Con un guión perfecto, unas interpretaciones naturales, una magia transmitida en prácticamente todos sus planos, algunas escenas sencillamente magistrales, y una banda sonora también imbatible, dejaba la carrera de Carney con una cima muy difícil, por no decir imposible, de alcanzar. Una película mágica, que enamoraba con su primer visionado. De hecho, Carney sólo filmaría otra obra pequeña, circunscrita al ámbito irlandés, titulada Zonad en 2009. Y es de imaginar que tras el éxito de Once no le faltarían ofertas. De esta forma, llegamos a Begin Again.

Tras ver Begin Again, y animado por el gran artículo sobre la película de Juanjo Ordás en Efe Eme, que suscribo prácticamente en su totalidad, tocaba comparar ambos trabajos. Y es que es imposible no hacerlo, tanto en cuanto todo nos remite a un Once mainstreamizado. Carney había tardado mucho tiempo en volver a dirigir y tampoco es sorprendente que cayese en la tentanción de hacerlo, legítimo por otra parte. Ya el propio cartel de Begin Again nos lleva a Once, así como su historia y desarrollo. Carney repite esquemas y hasta algunas escenas. Eso sí, los cambios son manifiestos. Allí no hay un grupo de desconocidos sino actores y figuras de primer nivel: la protagonista Keira Knightley, que cumple a la perfeccción con el papel de pizpireta pero humillada soñadora; el gran Mark Ruffalo, sobreactuado pero simpático productor-disquero devastado; el inefable Adam Levine (Maroon 5), en un grimoso papel; y entre los secundarios la eficaz Catherinee Keener y los músicos Mos Def y CeeLo Green. Obviamente, el Dublín de Once, nostálgico y poco agradecido, es sustituido por el New York de postal, por mucho que lo queramos vender de otra cosa. Es lo que tocaba.

¿Y qué nos encontramos?, pues una película que vuelve al esquema caída/redención, y que funciona. No pasará a la historia del cine, y no es Once, pero Carney sabe tocar unas teclas que emocionan, especialmente en la parte central de la película, y de forma muy hábil. ¿Y de la Banda Sonora qué?, pues no es tampoco Once pero hay canciones que funcionan. Knightley canta algunas canciones, y no lo hace mal. Levine también se marca unos temas, como no podía ser de otra manera. Pero si en Once era Hansard mayormente el encargado de los temas, aquí el peso cae en un ‘mercenario’ de esas tareas como Gregg Alexander, junto a otros compañeros en la misma línea. Alexander tuvo un ‘one-hit wonder’ allí a finales de los 90 con su grupo llamado New Radicals y ‘You Get What You Give’, y desde entonces compone canciones para una artistas y bandas de todo tipo y condición, que no vamos a reproducir. Alexander parece haberse estudiado bien ciertas fórmulas porque es capaz de poner al servicio de Begin Again unos temas pop que también funcionan, especialmente en la voz de Knightley.

Begin Again ha recibido críticas de todo tipo e incluso se le ha acusado a Carney de ‘venderse’, pero también ha habido valoraciones positivas. Con Begin Again sales del cine con una sonrisa y puede que tatareando algunas de las canciones (sí, incluso alguna que canta Levine…), pero es un Once sin ángel, un sucedáneo de Once, sin su magia y espíritu, pero es que el nivel estaba muy alto. (Atención Spoiler) Por lo menos, Carney prescinde del típico ‘happy end hollywoodense”, y eso que tenía varias opciones, pero se agradece.

Homenaje a Philip Seymour Hoffman a través de “Magnolia”


13 Mar

índiceHace unas semanas nos despertamos con la terrible noticia del fallecimiento del gran actor Philip Seymour Hoffman. A estas alturas, todo se ha escrito y dicho sobre el considerado “mejor actor de su generación”, que a través de decenas de películas llenaba la pantalla, incluso en películas mediocres. Secundario de lujo, triunfador protagonista con “Capote” (2005), inolvidable en “Boogie Nights” (1997), “El Gran Lebowski” (1998), “Happiness” (1998), “Casi famosos” (2000), “Antes de que el Diablo sepa que has muerto” (2007) (una de nuestras favoritas, sin duda), “La duda” (2008), “Los Idus de Marzo” (2011), “Moneyball” (2012) o “The Master” (2012). Pero aquí vamos a rendirle homenaje a través de una película que tiene una banda sonora impresionante, una de las mejores películas que se han rodado en las dos últimas décadas: “Magnolia” de Paul Thomas Anderson, que contó con Hoffman en prácticamente todas sus películas.

Anderson es uno de los directores más personales e independientes del mundo del cine, construyendo películas de larguísima duración, existencialistas y afixiantes por momentos, en las que la condición humana ocupa un lugar central, con todas sus grandezas y, especialmente, sus miserias. Su primer largo fue “Sidney” (1996), pero sería con el retrato de la escena porno de finales de los 70 y principios de los 80 que fue “Boogie Nights” (1997), cuando Anderson se convierte en una de las grandes esperanzas del cine norteamericano. En “Magnolia” (1999) ascendería un escalón, pero de eso hablamos luego. Con “Punch-Drunk Love” (2002) patinó, pero se recuperó, y de qué manera, con “There Will Be Blood” (2007, en España “Pozos de Ambición”), un película que te instalaba en el desasosiego, y que se hizo con dos Óscar, uno para Daniel Day-Lewis. Su último trabajo hasta la fecha fue “The Master” (2012), soberbio trabajo en el que destacaba el duelo interpretativo entre Joaquin Phoenix y Hoffman.

índicePero volvamos a “Magnolia”, la película que consagró a Anderson. Esta extensa película, dura más de tres horas, contaba con un reparto coral con los nombres de Hoffman, Julianne Moore, William H. Macy, John C. Reilly, y un sorprendente Tom Cruise, en el que está considerado como uno de sus mejores papeles, el “vendedor de autoconfianza para ligar” misógino y machista. La película es una barbaridad, un retrato de un mundo que se quedó corto, en el que los personajes se ven atrapados en una serie de historias entrecruzadas. Siguiendo la estela de la también clásica “Vidas Cruzadas” (1993) del maestro Robert Altman, donde adaptaba relatos del impagable Raymond Carver, Anderson nos ofreció una de las grandes películas del cine contemporáneo. Muchos y muchas recordaremos esa impactante imagen de la lluvia de ranas, entre decenas de escenas redondas e interpretaciones sobresalientes. Un guión complejo y muy difícil que sitúo a Anderson en una posición privilegiada.

Hoffman contaba con uno de esos papeles, el del enfermero del terminal Jason Robards, que tenía que sostener el escenario generado con su esposa, Julianne Moore. A Hoffman le tocó uno de esos papeles apocados, determinado por su físico, el del “buen chaval” que estaba allí, pero se comía una vez más la pantalla. La interpretación de Hoffman estaba también entre lo más destacado de “Magnolia”, algo muy difícil con todo lo que había alrededor.

Y “Magnolia” no hubiese sido lo mismo sin la Banda Sonora, formada casi en su totalidad por canciones de la cantante Aimee Mann, una intérprete que merecería más suerte. Mann aportó un total de nueve temas, aunque sólo dos fueron compuestos para la ocasión. Entre todos ellos había una versión de Harry Nilsson (“One”), y una serie de temas sobresalientes: “Save Me” fue nominada al Óscar, “Deathly”, “You Do” y, especialmente, “Wise Up”, una canción preciosa que en la película es cantada por los protagonistas, un momento que podía haber quedado muy mal pero que Anderson resuelve de forma impecable. Todos los temas de Mann son de una delicadeza extrema, como su voz, y encajan a la perfección con la película. La Banda Sonora se completa con dos clásicos de Supertramp, “Goodbye Stranger” y “Logical Song”, algo curioso.

Philip Seymour Hoffman nos ha dejado, pero siempre quedará su cine, y películas como “Magnolia”, una obra maestra del cine moderno, y con unas canciones de Aimee Mann que son una delicia, una artista que, como hemos señalado, habría merecido mejor suerte.

Los Restos Del Concierto

Porque no todos oímos lo mismo