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La última entrega fallida de Eli ‘Paperboy’ Reed


27 Ago

eli-paperboy-reed-26-05-10Entregados como estamos en Los Restos del Concierto al Soul, no pudimos dejar de caer rendidos a la propuesta que hace unos años entregó un chico muy joven como era allá por 2008 – 2009 Eli ‘Paperboy’ Reed. Y sí, nos dejamos llevar por Roll With You (2008) y Come On and Get It! (2010), y por sus lustrosas actuaciones en Azkena 2009 y Actual 2010, pero su entrega de 2014 Nights Like This fue una gran decepción, pero vayamos por partes. Ya hemos hablado largo y tendido de la revitalización del Soul que protagonizó Amy Winehouse con el Back to Black (2006), aunque el Soul nunca había dejado de estar ahí. Lógicamente, el éxito de Winehouse supuso la apertura de un nicho de mercado que dirían los de Marketing, y eso se fue llenando poco a poco de voces femeninas que otorgaban a su música un matiz Soul (Corinne Baily Rae, Duffy, la propia Adele, etc.), veteranos y veteranas que surgían del anonimato cargados de talento (Sharon Jones, Charles Bradley, etc., gracias a Daptone Records), y otra serie de artistas que comenzaron a ganar presencia. Uno de ellos, y de los primeros, fue Eli ‘Paperboy’ Reed. Y es que Eli lo tenía todo: una imagen aniñada y una estética de los 50-60, una banda (The True Lovers), y canciones, canciones poderosas, además de un gran directo que convertían sus conciertos en una gran fiesta. Cuando llegamos a Eli ‘Paperboy’ Reed fue a finales de 2008 y comienzos de 2009, cuando se le presentaba incluso como una versión masculina de Amy Winehouse. Su disco era el sobresaliente Roll With You, un trabajo que había sido editado por una pequeña discográfica y que era el segundo de su carrera, el primero con canciones propias.

Roll With You incidía en los cánones del Soul y el R&B clásicos, con una fijación maravillosa por los vientos, y canciones estupendas como ‘Am I Wasting my Time’, baladas tremendas como ‘It’s Easier’ o ‘She Walks’, y lo que mejor sabe hacer Reed, pelotazos como ‘Take My Love With You’, ‘The Satisfier’, la brutal ‘I’m Gonna Getcha Back’, la no menos apabullante ‘(Doin’ The) Boom Boom’, etc. Sin llegar, ni muchísimo menos, a la repercusión de Amy Winehouse, Reed se hizo un hueco, acumuló críticas muy positivas, nominaciones a premios, y se convirtió en una de las sensaciones de la temporada. Junto a él, aparecieron en esos años gente como Black Joe Lewis, Mayer Hawthorne, Nick Waterhouse, etc.

El éxito le permitió fichar por una major, Capitol, y subir la apuesta con su siguiente disco, Come and Get It! (2010), un trabajo en el que Eli ‘Paperboy’ repetía el modelo pero lo llevaba más allá, con una mayor presencia de temas bailables y festivos, con esa sección de viento protagonista. La producción correría a cargo de un productor reconocido, Mike Elizondo, que había trabajado con gente como Dr. Dree, Eminen, Fiona Apple, Maroon 5, etc. Canciones como ‘Come and Get It’, ‘Young Girl’, ‘Help Me’, Name Calling’, etc., incidían esa línea, pero también había sitio para baladas como y medios tiempos como la soberbia ‘Just Like Me’ o ‘Pick a Number’, reafirmaron la propuesta de Reed, pero tampoco consiguió un gran éxito, a pesar de contar con el beneplácito de la crítica, y es que ya sabemos cómo funcionan las modas…Parecía que el tiempo del revitalismo del Soul iba quedando en un segundo plano.

Y aquí la historia de Eli ‘Paperboy’ Reed tiene como una especie de parón, y no es que se haya detenido. Reed se convirtió en una presencia muy activa en los escenarios españoles, tocando en numerosísimos festivales, ciudades, etc. Tenía su público e incluso en 2012 grabó un EP con los catalanes The Peppers Pots, en el que hacían versiones de temas Soul más desconocidos.

No había noticias de material nuevo hasta que en 2014 publicó Nights Like This, cambiando a su vez de discográfica, pasando a otra major como Warner. De nuevo con Elizondo a los mandos, el disco no acababa de conectar, sonaba más forzado, un sonido sin una dirección clara, como se podía observar en temas como ‘Nighy Like This’, ‘WooHoo’ o ‘Shock To The System’. Su trabajo, en general, cosechó críticas negativas, especialmente de los seguidores de sus discos anteriores, que se vieron descolados por esta nueva dirección, a la vez que se daban argumentos a los que señalaban la impostura de estas propuestas revitalistas del Soul, aunque no creemos que Reed entre en esa categoría.

A nosotros, Nights Like This nos pareció un disco flojo, pero eso no quiere decir que no sigamos pensando que Reed puede volver a entregar discos apetecibles. Ha creado una carrera y una reputación que se vieron ‘tocadas’ por ese trabajo, pero sigue manteniendo una calidad importante. Esperemos que esto sólo haya sido un pequeño paréntesis y que Eli ‘Paperboy’ Reed regrese con fuerza:

El oscuro atractivo de Black Rebel Motorcycle Club


12 Ago

Alrededor del aclamado debut de The Strokes en 2001, y alentado por la siempre cuestionable afición a etiquetar que reinaba entre la prensa musical desde la última década del siglo XX, fueron agrupados bajo la denominación de ‘New Rock Revolution’ una serie de jóvenes bandas de rock, principalmente norteamericanas, entre las que se encontraban Kings of Leon, Interpol o Yeah Yeah Yeahs. Mis favoritos de aquella suculenta camada eran Black Rebel Motorcycle Club, banda de San Francisco formada en 1998 por Robert Levon Been y Peter Hayes, a los que se uniría el batería Nick Jago al poco de trasladarse a Los Ángeles, ciudad en la que han desarrollado toda su carrera.

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Bautizados como la banda de moteros liderada por Marlon Brando en ‘Salvaje’, el sonido de su apabullante debut fue inmediatamente comparado con el de oscuras bandas británicas como The Jesus And Mary Chain o My Bloody Valentine además de contener reconocibles influencias del punk y del garaje, pero sobre todo sobresalían las atmósferas creadas por sus poderosas líneas de guitarra y de bajo. Su debut homónimo fue mayoritariamente incluído entre lo mejor de 2001  y contenía trallazos como Spread Your Love o Whatever Happen To My Rock ‘N’ Roll junto a temas menos revolucionados aunque igualmente potentes como Salvation o Rifles en un conjunto sin apenas desperdicio que ponía el listón muy alto, tan alto que no ha sido igualado en sus cinco trabajos posteriores.

Intentaron prolongar su estado de gracia repitiendo fórmula dos años más tarde con Take Them On, On Your Own, que alternaba reiteraciones con aciertos como Stop o Shade Of Blue, y en cuyo metraje dejaban espacio para la crítica al gobierno de Bush en canciones como US Government o Generation. Un sonido similar al de su primer trabajo pero con menor grado de inspiración; seguían sonando graves, atractivos y ruidosos pero puede que en el irregular resultado de este trabajo influyeran las discrepancias que culminarían con su salida de Virgin Records y el inicio de los problemas de drogadicción de Jago, que supondrían su baja en Howl antes de ser sustituido definitivamente en 2008.

En su siguiente trabajo en 2005 se asomaron a las raíces más puras del folk y el blues para renovarse e intentar que no se les escapara el tren del éxito al que tan rápidamente se habían subido y el resultado fue Howl, un disco menos sombrío y más accesible, con algunas canciones capaces de llegar a un mayor público desde el primer tema, la excelente Shuffle Your Feet, y que incluía otra de sus mejores canciones como es Ain’t No Easy Way. A pesar de que las críticas no fueron malas empezaban a pesarles las extraordinarias expectativas generadas por su debut y los resultados no terminaron de remontar en el que ha sido  su mayor y más que apreciable esfuerzo renovador hasta hoy.

En 2007 recuperaron a Jago a la batería para retomar el poderío de su sonido original y presentarlo en su cuarto disco Baby 81. A pesar de no contener ninguna novedad remarcable sí que incluía buenas e inmediatas canciones como Weapon Of Choice, Berlin o Not What You Wanted. Contaban con una base sólida de seguidores que no se resentía, pese a que en algunos pasajes empezaban a sonar repetitivos, pero que tampoco elevaba lo que parecía su techo de popularidad. Y a tenor de su siguiente movimiento parecían sentirse satisfechos, ya que en octubre de 2008 estrenaron su propio sello (Abstract Dragon) con un trabajo experimental y totalmente instrumental al que solo se podía acceder mediante descarga digital. Esta maniobra al margen de toda lógica comercial se llamó The Effects Of 333.

En junio de 2008 Nick Jago abandonaba definitivamente la banda y era sustituido por Lea Shapiro, quien grabaría junto a ellos Beat The Devil’s Tatoo, su disco lanzado en 2010. Como siempre habían hecho volvían a encargarse de una producción que alternaba sonidos rugosos a lo Queens Of The Stone Age con pasajes acústicos más cercanos al folk y entregaban un conjunto de canciones presentado por el pelotazo que daba nombre a un disco en el que se repetían algunos tics de su pasado pero que confirmaba lo bien que hacían lo que sabían hacer bien. Con canciones como Bad Blood, Aya o Long Way Down volvían a contentar principalmente a sus seguidores y la crítica les seguía tratando moderadamente bien e incluso lo comparaban con alguno de sus mejores momentos.

Algo que no ocurrió con su último disco grabado en el estudio que Dave Grohl tiene en Los Ángeles, Specter At The Feast de 2013, con el que la crítica se mostró menos benevolente. Su sencillo de lanzamiento fue una versión de Let The Day Begin de The Call, la banda liderada por el recientemente fallecido Michael Been (padre de Robert y manager de la banda), algo que sin duda les afectó, pero que a la vez daba una pista de las dificultades creativas por las que pasaban. Lineal, repetitivo, inocuo, irregular… fueron algunos de los calificativos que en general les dedicaron los medios especializados. Lo cierto es que las desgracias se les acumulaban ya que a su batería Lea Shapiro le fueron detectadas unas malformaciones de Chiari en el cerebro que requirieron de una delicada cirugía, lo que les obligó a cancelar parte de su última gira.

Su último lanzamiento ha sido un doble cd/dvd de un directo en París en el que hacen un repaso a su ya extensa carrera en espera de retomarla una vez superadas las turbulencias de los últimos años. Abandonadas hace tiempo las pesadas expectativas que generó su apabullante debut de 2001, sus seguidores estamos a la espera de nuevas canciones del trío californiano con las que recuperen su pulso habitual para volver a sumergirnos y disfrutar de su oscuro atractivo.

Ocean Colour Scene o la segunda línea del Britpop


07 Ago

descargaEl Britpop, de vuelta al Britpop, fenómeno musical y sociológico de la década de los 90, que tantas y tantas líneas generó y que fue impulsado por la poderosísima industria británica. Este sector, y sus medios de comunicación, siempre han sido capaces de ir sacando nuevas bandas y artistas que en numerosas ocasiones se convierten en el hype de turno o que se quedan en la nada más absoluta. En el caso del Britpop, como con cualquier etiqueta o movimiento que se precie, detrás de los grandes nombres había otros muchos. Es el caso de Ocean Colour Scene, una banda que sigue en activo y que se situaron a rebufo de Oasis, Blur, Suede y Pulp, ocupando esa segunda línea junto a gente como Elastica, Stereophonics, The Boo Radleys, etc. Y se vieron claramente perjudicados por el final del Britpop, ya que en la segunda mitad de la década de los 90, cuando podían haber logrado una mayor repercusión, los focos ya estaban en otros lugares, pero es que, especialmente, les fallaron las canciones.

Quedan lejos los orígenes de Ocean Colour Scene, concretamente a finales de los 80, cuando Simon Fowler, Steve Cradock, Oscar Harrison y Damon Minchella fundaron la banda, todavía buscando una identidad tras varios proyectos. Su debut discográfico fue un disco homónimo que pasó desapercibido, cuando todavía estaba muy presente el sonido Madchester y el Britpop asomaba en el horizonte. Pero, en 1995, llegó un punto de inflexión cuando Oasis se los llevaron de teloneros, y eso les puso en el mapa. Su segundo disco, Moseley Shoals (1996), ya fue grabado en una major, y contaba con una estética que no les separaba mucho de Oasis, y unas influencias que iban de los consabidos The Jam, The Kinks, y del propio Paul Weller, al que volveremos en este artículo, y de hecho el productor de este disco, Brendan Lynch, también ha trabajado con Weller. El disco alcanzó el 2 en Reino Unido gracias a canciones tan buenas como ‘The Riverboat Song’, un tema más crudo y rockero, superando de largo el millón de copias vendidas:

Aprovechando el viento a favor, el siguiente paso les llevó directamente al número 1 con el soberbio Marchin’ Already (1997), uno de mis discos favoritos de aquellos años. Si Oasis iban cuesta abajo con el deprimente Be Here Now de ese mismo año, Ocean Colour Scene parecían una alternativa muy sólida. Y es que Marchin’ Already lo tiene todo, denuevo con Lynch en la producción, es un disco coherente, compacto y con todas las canciones a una grandísima altura. Había temas que eran pura dinamita, como ‘Travellers Tune’ o ‘Hundred Mile High City’, esta última también presente en la banda sonora del debut de Guy Ritchie Lock and Stock (1998). Pero también había temas más sutiles, composiciones pop y medios tiempos como ‘Better Day’, la dulce ‘It’s a Beatiful Thing’, ‘Big Star, ‘Besides Yourself’, etc. También es un disco en el que la sombra de The Beatles se nota y en el que Ocean Colour Scene tocaron techo.

Con esta cima, cualquier paso iba a ser complicado, y su disco de 1999 One From the Modern no fue bien recibido por la crítica. Con más influencias de Weller, que iba a ser una constante en la historia de la banda, fallaban las canciones, exceptuando alguna como ‘So Low’ o la beatleliana, y menor, ‘Profit in Peace’. No tardarían en publicar un nuevo trabajo, en 2001 llegó Mechanical Wonder, que tenía una pedazo de canción como ‘Up on the Downside’, pero el conjunto del disco tampoco estaba a la altura.

Por aquellos años, buena parte de los integrantes de Ocean Colour Scene comenzaron a colaborar con Paul Weller, especialmente su guitarrista Steve Cradock que participaría en el disco de 2002 de Weller, Illumination, y que se incorporaría a su banda en directo, al igual que el bajista Damon Minchella que en 2003 abandonaría Ocean Colour Scene tras un enfrentamient con Harrison. Cradock ha sido desde entonces una presencia constante en la carrera de Weller, especialmente en discos como el celebradísimo 22 Dreams (2008).

Ocean Colour Scene ya habían salido de los focos y han seguido publicando discos regularmente, así como girando, pero su repercusión ha ido reduciéndose. Su último trabajo fue en 2013, Painting. Ocean Colour Scene serán recordados por sus discos de la segunda mitad de los noventa, sus canciones de esos años, y por la oportunidad que tuvieron de convertirse en una alternativa a Oasis y compañía dentro del Britpop, pero se quedaron ahí. En 2015, estuvieron en el Azkena vitoriano y las crónicas no les dejaron en buen lugar, con ausencia incluida de Cradock, que estaba de gira con Paul Weller, muy significativo. Ocean Colour Scene, una banda que pudo llegar más lejos pero a la que posiblemente les fallaron las canciones a partir de su cuarto disco.

Los Restos Del Concierto

Porque no todos oímos lo mismo