Chris Isaak, ‘First comes the night’

cover600x60027Había ganas de escuchar nuevas canciones de este grande del rockabilly y la música americana y es que nada menos que seis años han pasado desde que editara aquel magnífico Mr Lucky, aunque intercalado presentara otro fantástico disco de versiones de los años dorados del sello Sun Records. Y lo ha hecho sin hacer ruido, sin grandes anuncios ni videos en internet, tímidamente, como sin querer despertar demasiado interés, pero lo cierto es que para todos aquellos a los que ha ido conquistando en cualquier momento de su ya extensa carrera (treinta años desde su primer disco) este sorprendente regreso ha supuesto una enorme alegría.

Y el californiano ha vuelto como si no pasaran los años para hacer lo que mejor sabe hacer: exquisitas grabaciones de música añeja que, como buen y aventajado alumno del rey Presley y del maestro Orbison, perfectamente podrían confundirse con la música de los dorados sesenta, canciones nuevas con sabor a otro tiempo.

El disco lo abre una de las mejores canciones, la melódica First Comes the Night, anticipando la limpieza en el sonido que imperará a lo largo de todo el disco. Le siguen el logrado country ligero y contundente de Please don’t Call y el medio tiempo animado por la sección de viento que es Perfect Lover. Acelera el compás el bailable rockabilly de Down in Flames antes de que las guitarras de Reverie, con la slide a la cabeza, ralentizen magistralmente el ritmo. Baby What You Want Me To Do o The Way Things Really Are son claros ejemplos de clasicismo americano y Kiss Me Like a Stranger una muestra de la extraordinaria habilidad vocal de Isaak. Los graves animan la más ligera Dry Your Eyes, los teclados la festiva Don’t Break My Heart y el piano rockero Running Down The Road e Insects.

Se agradecen los cinco temas extra de la versión deluxe, aunque no son necesarios para demostrar que el autor norteamericano conserva intacto el pulso de la buena música. Excelente noticia por tanto el regreso de este veterano ilustre con el que engorda una extensa lista de grandes canciones que, a menudo eclipsadas por sus hits cinematográficos, no han tenido el reconocimiento que hubieran merecido.

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