Eels, ‘The Deconstruction’

Después de publicar cinco discos entre 2009 y 2014 se nos ha hecho largo (y también extraño) este silencio de cuatro años solo interrumpido por el directo grabado en el Royal Albert Hall de Londres (2015). Después de la serie antes mencionada, mayormente introspectiva y cuyo sonido pocas veces abandonaba el mismo tono tradicional e íntimo, resulta sorprendente (sin excesos) la recuperación de parte del sonido de sus orígenes veinte años atrás, de esos seminales ‘Beautiful Freak’ y ‘Electro-shock Blues‘ con los que se daban a conocer e iniciaban una larga y variada trayectoria, que en este ‘The Deconstruction’ parece hacer una alto evolutivo que evita la innovación pero resulta más que suficiente para contentar a la audiencia. Quince canciones que conforman un carrusel de emociones, un sube-baja sonoro entre sentimientos positivos de diferente intensidad, principalmente romántico y optimista, y que recupera técnicas y elementos (sampleados, programaciones) que parecía haber abandonado hace años para mezclarlos con pasajes más propios de sus discos más recientes y maduros. De hecho este ‘The Deconstruction’ parece dividir sus canciones entre estas dos facetas, una más tranquila y despojada y otra más impulsiva y poblada, en un resultado menos conjuntado y de digestión más inmediata cuyo desgaste será previsiblemente más rápido.

Abre el disco la canción homónima cuyos oscuros arreglos empiezan a volver la vista hacia sus inicios, que junto a la contundente sección rítmica de Bone Dry, los delicados samples de hondura clásica de Rusty Pipes, el optimismo convencido de Today Is the Day y los golpes de ritmo de la bailable You Are The Shining Light, conforman la cara más movida del conjunto. También optimista aunque a baja intensidad, Premonition abre la sección íntima del disco que también componen The Epiphany, solemne homenaje a su perro Bobby Jr recientemente desaparecido y las delicadas cuerdas de la romántica Sweet Scorched Earth y la positiva intimidad de Be Hurt, además del cierre al teclado también romántico de There I Said It, la pequeña nana para su hijo Archie Goodnight o la solemnidad del órgano en Our Cathedral.

Reconocibles en la voz y las letras a corazón abierto de su genial líder Mark Oliver Everett, puede que este no sea su mejor disco, el más inspirado ni homogéneo, pero es una alegría recuperar la música de esta banda que, tras lo que parece haber sido un largo período de reflexión, han retomado su cara más accesible y efectiva para intentar contagiarnos (por variados medios) sus esperanzadoras conclusiones, y eso siempre es de agradecer.

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