Gabinete Caligari, «Solo se vive una vez»

Hace un par de meses se publicó un recopilatorio de Gabinete Caligari con el título de una de sus canciones más famosas, Solo se vive una vez. Colección definitiva. No es la primera, hubo otras como la de 1993 cuando su estrella comenzaba a declinar; o la de 2004 titulada con poca gracia La culpa fue de Gabinete, portada insufrible incluida; y otras más. Mucha gente podrá decir que qué aporta esta nueva recopilación de una banda que cuenta con una de las historias más fascinantes de la música popular española. En los 80, Gabinete Caligari eran lo máximo, conformaban el epicentro del Pop español con Alaska, Loquillo, Radio Futura, etc. Supervivientes de «la Movida», crearon un estilo que bebía del casticismo y de otras fuentes que casi no volverían a estar en la lista de influencias, como por ejemplo el pasodoble. La iconografía y las referencias a los toros (esa etiqueta de «rock torero»), por ejemplo, simplificaron enormemente su impacto. Eso, y una década de los 90 en la que su calidad y trascendencia se fueron reduciendo a pasos agigantados. Aquí hemos hablado de Gabinete Caligari merced a los fantásticos libros de Edi Clavo, el batería de la banda que en Electricidad revisitada (2015) y Camino Soria (2018) aborda la trayectoria de la formación y su abrupta ruptura. Como esto ya se ha contado, conviene no detenerse mucho en los orígenes como Gabinete Caligari de Jaime Urrutia, Ferni Presas y Edi Clavo. Gabinete Caligari supieron hacerse un hueco a partir de las influencias de las que procedían, el PostPunk estaba ahí, y comenzaron a llamar la atención con el EP que publicaron con Parálisis Permanente en 1981, reeditado en 1983. El resto es la historia de un crecimiento imparable de Que Dios reparta suerte (1983) a su cima Camino Soria (1987), alargada con Privado (1989). Son años de Hits que comentaremos más adelante, canciones que son ya parte del universo simbólico de varias generaciones, con una presencia constante en radios y en los programas musicales de TVE. A partir de ahí, la cosa se complica, discos intrascendentes en los 90 y salida del circuito, pero eso lo contó muy bien Edi Clavo. La amarga ruptura de 1999, cuyas heridas nunca fueron curadas, dio lugar a una carrera en solitario de Jaime Urrutia que no ha tenido la profundidad de un Loquillo, de un Bunbury, de un Calamaro (su último disco es de 2010). He confesado más de una vez que no era muy fan de Gabinete Caligari, no eran una de mis bandas favoritas de aquellos años (Radio Futura, El Última de la Fila, los emergentes Héroes del Silencio…) y no supe entender todo un Camino Soria. Pero siempre es bueno aprovechar las oportunidades que nos da esta recopilación, a la que Diego A. Manrique valora como incompleta, señalando incluso el negativo papel de la industria y los medios en la deriva de la carrera de Gabinete Caligari en los 90, junto a las decisiones de ellos. Además, en ella el amigo Fernando Navarro realiza una ajustada presentación que recoge los elementos fundamentales de los madrileños. El disco, treinta canciones, se centra en la década de los 80, apenas un par o tres de referencias de los 90, una muestra de que aquella década pues como que no, por otra parte únicamente publicaron tres discos, cada uno con una compañía discográfica.

Es una recopilación al uso, cuenta con sus principales éxitos y con una representación de Camino Soria por encima del resto de su discografía, hasta siete canciones. El primer disco es un carrusel de canciones que pertenecen en su gran mayoría a la memoria colectiva. Allí, Camino Soria llega hasta las seis canciones, mientras que el EP Cuatro Rosas (1985) y Al calor del amor en un bar (1986) se quedan con tres y dos respectivamente. El resto son para Que Dios reparta suerte (1983), Privado (1989) y Cien mil vueltas (1991). El pasodoble de «El calor del amor en un bar», el homenaje a Ulises Montero en «Tócala, Uli», el medio tiempo de «Lo mejor de ti», la rupturista «Cuatro rosas» con clavicordio incluido, el toque latino en la percusión de «Amor de madre», la más rockera «Malditos refranes», la melodía de «La sangre de tu tristeza», el Swing de «Caray!», la  emotiva «Saravá», la más épica «La fuerza de la costumbre» y el clásico melancólico de «Camino Soria», su canción más universal y quizá una de las «menos suyas» dentro de ese sonido más castizo y que cuenta con unos arreglos clasicistas acertadísimos, destacan en un conjunto al que no hay que ponerle ningún pero y que completan «Suite nupcial», «Sangre española» y «Más dura será la caída».

El segundo disco es más irregular. Entran ya menos clásicos y algunas rarezas. Camino Soria sigue presente con «Pecados más dulces que un zapato de raso», otro tema Swing. Sigue con «La culpa fue del cha cha chá», el principio del fin, una canción que fue un éxito pero que queda minimizada por el resto (sin olvidar el impacto de la parodia de Martes y Trece). «Sólo se vive una vez» es una de las canciones más grandes de este segundo disco, reúne lo mejor de Gabinete Caligari y también es de Privado. «Canción del pollino» (1986) es ambiciosa y «Haciendo el bobo» (1985) apunta al Rock & Roll, línea que se sigue en «Underground» de 1998, una canción ya del final en la que regresan a sonidos más clásicos. En 1991 publican «Queridos camaradas», allí meten un acordeón para darle el tono ruso y es una canción que recuerdo con cariño de ese año (también tengo en la retina los reportajes que les hacían porque habían ido a grabar el disco a Londres). «Tango» (1985) es más ecléctica y «Gasolina con ricino» (1985) procede del single Haciendo el bobo, una canción más rockera con armónica incluida. «Que Dios reparta suerte» es una canción valiente para 1983 en la que tiran de tópicos, esas castañuelas, aunque la producción es irregular. «Golpes» es la única concesión al EP conjunto con Parálesis Permanente de 1981, aquí regrabada para el Grandes éxitos de 1993 y en la que se aprecian los mimbres de su sonido. «Me tengo que concentrar» procede del single Sangre española (1983) notándose de nuevo la producción e incorporan una enérgica versión instrumental del «Brand New Cadillac» de Vince Taylor grabada en directo en 1984. El cierre va descendiendo el nivel, «Como un animal» (1991) es un Rock fallido con Urrutia fraseando, «Un petardo en el culo» (1995) tiene una letra floja y el final es para «Like a Shot», una versión de Burning que salió en el disco Subid la música (1998) y que deja un buen sabor de boca.

Seguramente la Historia no haya sido todo lo justa con Gabinete Caligari. Edi Clavo en sus libros reconocía sus errores en la década de los 90, y la modernidad y la posmodernidad no les perdonaron ciertos tics. Es injusto porque, más allá de simplificaciones como el «rock castizo» o «rock torero», hay una enorme versatilidad en su música, para muestra un «Camino Soria» imperial. Puede que esta recopilación no sea suficientemente completa pero, como dice Fernando Navarro en el disco sobre las canciones «Son como esa parranda con los amigos en la verbena de nuestras vidas o como esos besos furtivos y etílicos en el verano de nuestras vidas. No se olvidan. Y escucharlas en pleno jolgorio humano con la celebración festiva por bandera nos causan las mismas sensaciones que la primera vez. Un profundo y extraño sentimiento de alegría y nostalgia». Y tanto.

 

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