La mirada del fan

21 Nov

Los fans de Pearl Jam esperábamos impacientes el documental «Pearl Jam Twenty» que Cameron Crowe había realizado para celebrar el vigésimo aniversario de la banda. Sabedores que nuestra ciudad no albergaría la proyección del mismo en sus salas, casi me voy a Bilbao a verlo. Pero esperé a su sálida reciente en DVD. Y, como buen fan, lo disfruté. Recientemente Diego A. Manrique criticaba en su columna de los lunes de «El País» la reciente moda hagiográfica de documentales del rock, de la que su máximo exponente sería Martin Scorsese con sus trabajos sobre Bob Dylan y George Harrison, y en la que también incluía «Pearl Jam Twenty» (http://www.elpais.com/articulo/cultura/Miserias/rockumental/elpepicul/20111114elpepicul_3/Tes). Que el control creativo quede en manos de los «homenajeados» legitima esta crítica, con la que en gran parte estamos de acuerdo.

Volviendo a Pearl Jam, es evidente que el documental adolece de cualquier atisbo de crítica, es un deleite para los seguidores de la banda y, además, Cameron Crowe construye un sólido relato. Dueño de una carrera como director irregular, su vinculación a la música la contó en la simpática «Almost Famous». En su debe caben «Jerry Maguire» y «Vanilla Sky». Por el contrario, «Singles» fue un retrato del Seattle de principios de los 90, con el grunge en su apogéo. Una película testimonial, que no ha envejecido muy bien. Más desconocida, e infravolarada, es su comedia romántica titulada «Elizabethtown». Pero lo que tenemos que agradecer a Cameron Crowe es su exquisito gusto musical, con unas bandas sonoras impactantes, especialmente «Singles», donde aparecen Pearl Jam, Alice in Chains, Soundgarden, Mother Love Bone, etc., sin olvidar la presencia en otras de Tom Petty, The Jayhawks, Bruce Springsteen, etc.

Así que, y como nos muestra el documental, Cameron Crowe estaba allí. En el Seattle de finales de los 80 y comienzos de los 90, testigo privilegiado de la evolución musical de la ciudad. Y se hizo amigo de nuestros protagonistas. Acierta al crear un relato basado en Stone Gossard y Jeff Ament, que ya estaban juntos en Green River y Mother Love Bone, banda a la que dedica gran parte del comienzo de la película. No se entendería Pearl Jam sin Mother Love Bone. La trágica muerte de Andy Wood, su cantante, dio paso al fin del grupo y al posterior nacimiento de Pearl Jam. Esa primera parte, con la llegada de Eddie Vedder y su irrupción como líder escénico (impagables las imágenes de los primeros conciertos y cuando se transforma en un animal escénico, subiendo por vigas y torretas, ante la mirada de susto de sus compañeros). Igualmente, la sucesión de imágenes de archivo, inéditas y enviadas por fans es continua. En fin, que Cameron Crowe denota que es un fan total, y se observa en las propias entrevistas, con un «buen rollo» continuo.

Pearl Jam tocando «Crown of thorns» de Mother Love Bone

Sin embargo, el documental se centra en esos primeros años de la banda, apareciendo como testimoniales los últimos años (apenas se mencionan «Binaural», «Riot Act», «Pearl Jam» y «Backspacer»). También se eluden, o aparecen muy sutilmente y brevemente, los conflictos internos de la banda, como por ejemplo el cambio de baterías, hasta la llegada de Matt Cameron (que en el documental explica Mike McCready), o cuando grabaron «Mirrorball» con Neil Young, en un momento muy crítico de la banda, tras «Vitaloy». Sí que es muy interesante todo el proceso del conflicto con Ticketmaster en los 90, no perderse el momento en que Ament y Gossard están declarando y las reacciones de medios de comunicación de EEUU, uno de los momentos más delirantes del documental. Y tampoco evita la tragedia de Roskidel (Dinamarca) en 2000, donde en una avalancha en su concierto murieron nueve personas. No por no conocidas, las imágenes de Eddie Vedder en ese momento son impactantes. Uno de los momentos más determinantes en la carrera de Pearl Jam, en el que se plantearon dejarlo.

Cameron Crowe nos ofrece la mirada del fan, la mirada del seguidor sin fisuras, que disfruta del momento, que se cuela en sus casas (indescriptible Stone Gossard e imposible la casa de Eddie Vedder), y que nos regala unas imágenes impresionantes, y no me refiero a la publicitada del baile entre bastidores entre Kurt Cobain y Eddie Vedder. Sí, como dice Diego Manrique, salen muy guapos Pearl Jam en su documental, pero nos gusta que a veces la gente salga guapa en las fotos, también es bonito.

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