León Benavente, «Vamos a volvernos locos»

Tras una fulgurante carrera que apenas cuenta con dos fantásticas referencias largas (su impactante debut homónimo de 2013, que confirmaron con un incendiario directo en el Actual 2014, y su refrendo con ‘2’ tres años después) llega el esperado tercer disco de la banda que componen Abraham Boba, Eduardo Baos, Luis Rodríguez y César Verdú y que supone su apuesta definitiva por el proyecto, lo que les ha llevado a renunciar a acompañar los directos de Nacho Vegas tras más de veinte años, y centrarse en una importante gira que acaban de inaugurar. Nuevas composiciones que incorporan esporádicas variaciones (brillantes las aportaciones vocales femeninas) para consolidar las firmes señas que les caracterizan desde su primer disco: contundencia, oscuridad y ritmo para arropar las fantásticas letras de Boba sobre temas preferentemente sociales y generacionales entre otros de carácter más humano y personal. Unas letras tan directas como sugerentes, tan críticas como abiertas, que vestidas con una electrónica revisionista y madura y engranadas en una interpretación sólida y clara, completan un disco a la altura de las expectativas levantadas.

Despista la tranquilidad de la primera parte de Cuatro monos, rota con la potencia de la segunda. No hay miedo, la más tecno y bailable del conjunto, precede a la ligera y rítmica Como la piedra que flota que, interpretada junto a María Arnal, también gana intensidad con la aparición de las guitarras en el estribillo, y a La canción del daño, lograda concesión a la épica pop. Otra muestra de tecno-pop, en colaboración vocal con Miren Iza (Tulsa), es la delicada y ligera Mano de santo que, junto a la cálida electrónica de Tu vida en directo, que desprende una tierna amargura, conforman la parte más melódica.

Las restantes cuatro canciones, caracterizadas por el fraseo/rapeo de Boba, son la ambiciosa Amo junto a Eva Amaral, que incluye brillantes riffs de teclados y guitarras, el trallazo de la potentísima Ayer salí, la rabia rockera expresada con ruido y urgencia de Disparando a los caballos y el incisivo ritmo vocal y percusivo de Volando alto.

Se apropian por tanto de una posición de privilegio entre las bandas del reciente pop-rock español con su apuesta por un sonido en deuda con décadas pasadas que han sabido adaptar con sobrada personalidad. La ligera novedad de la introducción de melodías más claras y matices más poperos hacen del disco el más variado de la banda hasta la fecha, que seguro enriquecerá los potentísimos directos a los que acostumbran y que sería estupendo poder disfrutar próximamente por estas tierras.

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