Wilco comienzan a cambiar de rumbo con «Summerteeth»

09 May

Cuando quedan menos de dos meses para que Wilco actúen en el Azkena (22 de junio), la banda de Jeff Tweedy sigue acumulando efemérides en su excelsa discografía y ahora le toca el turno al vigésimo aniversario del sobresaliente Summerteeth (1999). Vale, de acuerdo, la obra maestra de Wilco siempre será considerado el clásico Yankee Hotel Foxtrot (2001), todo un hito por lo que supuso en su cambio de sonido y por su calidad, pero no creo que me equivoque mucho en considerar a su tercer disco, Summerteeth, como la otra gran obra maestra de Wilco. Es un disco que supone un cambio de rumbo, un disco que va dejando en un segundo plano los sonidos más de raíces que eran predominantes en A.M. (1995) y en el sobresaliente Being There (1996), aunque aquí también había cambios, para dejar paso a sonidos más del Power Pop y del Pop (ecos de The Beatles y de referencias californianas), más psicodélicos y también comenzaban a apreciarse ciertos gustos por la experimentación. En aquellos momentos, Wilco eran un cuarteto con Tweedy a la cabeza y Jay Bennett como segunda cabeza visible, junto a John Stirratt (único integrante de Wilco junto a Tweedy desde 1994) y el batería Ken Coomer que también había estado en Uncle Tupelo. Por aquellos años, Wilco también estaban inmersos en los discos Mermaid Avenue junto a Billy Bragg, en los que pusieron música a las letras encontradas de Woody Guthrie, lo que les dio un importante reconocimiento de la crítica. Pero volvamos a Summerteeth, disco que sería compuesto mayoritariamente por Tweedy y Bennet, una relación que no acabaría precisamente bien, y que firmarían uno de los grandes discos de la banda de Chicago.

El comienzo es tan apabullante que no te deja respiro, iniciándose el disco con «Can’t Stand It», una canción que gira hacia el Power Pop y con una fuerte presencia de los teclados; siguiendo con la no menos destacada «She’s a Jar», un medio tiempo excelso, con Tweedy frasesando prácticamente al comienzo y con cuerdas y armónicas incluidas; y siguiendo con «A Shot in the Arm» que a mí me recuerda a The Beatles, de nuevo apoyándose en el piano y en las cuerdas. No dejan esa senda con «We’re Just Friends», muy orquestal, y se adentran en los efectos y algunos elementos más ruidistas, aunque no muy estridentes, en la también destacada «I’m Always in Love». Suben la apuesta, y ya estaba alta, con la brutal «Nothing’severgonnastandinginmyway (again), una de mis canciones favoritas de Wilco, en la que hacen una canción perfecta de Pop con un estribillo que se te clava. En «Pieholden Suite» rebajan el ritmo, regresan a la orquestación junto al piano como protagonista siendo una canción más compleja en la que realizan varias mezclas de estilos y acaban con unos vientos finales. «How to Fight Loneliness» es una canción preciosa, con un un gran tempo y que se ve elevada por la forma de cantar de Tweedy. Y «Via Chicago» es otra de nuestras favoritas, sutil y elegante, nostálgica y melancólica, de lo mejor que ha escrito Tweedy nunca.

«ELT» insiste en la senda del Power Pop pero con tintes más roqueros y en «My Darling» siguen jugando con los sonidos más Pop, con el piano como protagonista de nuevo y con una mayor presencia de los coros. «When You Wake Up Feeling Old» es otra de nuestras canciones favoritas del disco y de la trayectoria de Wilco, aquí se acercan más a sonidos californianos de finales de los sesenta y la sombra de Brian Wilson y sus Beach Boys está presente. «Summer Teeth» no deja el tono del disco pero es una canción que crece en complejidad y que va anticipando matices que se harán más presentes en unos pocos años en el sonido de Wilco. «In a Future Age» es una canción más intimista, con una instrumentación menor y que va in crescendo. El disco tenía tres canciones escondidas, bueno, «23 Seconds of Silence» es lo que dice el título. Por un lado, «Candyfloss» es de nuevo una canción Pop y cierran con una remezcla un tanto acelerada de «A Shot in the Arm».

Tras este disco, las tensiones en la banda se intensificaron y también hubo choque creativo entre Tweedy y Bennett, cuya deteriorada relación se reflejaba en el documental sobre la banda I’m Trying to Break Your Heart: A Film About Wilco (2002). La situación del Yankee Hotel Foxtrot, con Reprise negándose a publicarlo, tampoco contribuyó a que la situación de la banda fuese la más ideal, Coomer la dejaría en 2001 y Bennett sería expulsado en 2002, aunque los dos aparecen acreditados en el Yankee Hotel Foxtrot, Bennett incluso como integrante todavía de Wilco, aunque todas las canciones ya las firmaría Tweedy en solitario. Bennett fallecería en 2009 aunque su legado permanece en la primera etapa de Wilco. A partir de 2002, con el Yankee Hotel Foxtrot, la banda entraría en otra dimensión, e iría asentando su formación definitiva hasta la actualidad. Mientras tanto, Summerteeth es un disco tremendo, un clásico que no ha perdido ninguna vigencia, en el que Wilco fueron dejando de lado los sonidos más de raíces. Además, nunca sonaron Wilco tan luminosos. Y es que Wilco hay unos cuantos y nunca defraudan.

 

The Long Ryders, «Psychedelic Country Soul»

07 May

Son The Long Ryders uno de esos grupos que tuvo la mala suerte de no estar en el momento adecuado en el lugar preciso. Y es que The Long Ryders pueden situarse como uno de los pioneros del luego llamado «Americana» aunque su sonido tiene más matices, con presencia del Power Pop y muy vinculados al californiano Paisley Underground. De 1983 a 1987 fue su momento cumbre y dejaron el poso de una banda mítica que influiría en numerosas formaciones posteriores. Durante las siguientes décadas, salvo algunas reuniones puntuales, la banda no funcionaría y la carrera en solitario de su líder, Sid Griffin, tendría un mayor recorrido. Pero su regreso se ha producido tras muchísimo tiempo sin material nuevo con este Psychedelic Country Soul, un disco luminoso que a través de doce canciones nos lleva del Power Pop al Country Rock pasando por otros estadios. Nosotros no estábamos nada familiarizados con los angelinos pero nos han convencido de sobra con este disco donde priman las melodías, los juegos de voces y las guitarras.

Comienzan potentes con «Greenville», una canción que empieza con un sonido más de raíces pero que deriva hacia el Power Pop con un estribillo fantástico. En «Let It Fly» mantienen la apuesta, es un medio tiempo más clásico del sonido de raíces, recuerdan a unos Jayhawks inspirados y cuentan Debbi y Vicki Peterson de The Bangles a los coros, también siendo relevantes las cuerdas. En «Molly Somebody» retornan a sonidos más de Power Pop, también de forma destacada, y en «All Aboad» se deslizan hacia el Rock, con unas guitarras más punzantes que nos recuerdan a Tom Petty and the Heartbreakers. «Gonna Make It Real» es un medio tiempo de Country Rock donde destaca la melodía e «If You Want to See Me Cry» es una canción casi acústica con el apoyo de unas cuerdas de fondo.

La segunda parte se inicia con la más rockera, aquí el protagonismo es para las guitarras eléctricas, «What the Eagle Sees». «California State Line» es más acústica de nuevo, muy del «Americana» y con presencia destacada del pedal steel. En «The Sound» vuelven a imprimir más aceleración siendo una de las mejores canciones de la segunda mitad del disco, sonido más rockero con contrapuntos a cargo de nuevo del pedal steel. Llega el turno para la relectura del «Walls» de Tom Petty and the Heartbreakers, de su disco de 1996 que era la banda sonara de She’s the One, donde vuelven a participar a los coros las hermanas Peterson y que está muy ajustada. En el cierre aparece «Bells of August», un tema de nuevo del «Americana», un medio tiempo intimista, y termina el disco con «Psychedelic Country Soul», una canción que mezcla el Power Pop y el «Americana», de nuevo con un sonido que nos recuerda de nuevo a The Jayhawks.

Destacado disco de The Long Ryders, un regreso muy celebrado y que nos ha dejado una importante colección de canciones. Esperemos que no se queden en un hecho puntual.

«The Dirt» o los excesos de Mötley Crüe

03 May

Netflix ha estrenado el biopic de la banda angelina Mötley Crüe, clásicos del Rock and Roll y Heavy Metal ochentero y uno de los máximos exponentes del lema «sex, drugs and Rock and Roll» con una carrera de destrucción y autodestrucción que contaron en sus memorias, The Dirt. Confessions of the World’s Most Notorious Rock Band (2001) y aquí tituladas Los trapos sucios y publicada por Es Pop. Escrita por Nikki Sixx, Mick Mars, Vince Neil y Tommy Lee, junto a Neil Strauss. Es en ese libro en el que se basa el biopic de Netflix, una película que no pasará a la Historia del cine pero que se deja ver, aunque también con sus momentos, algo habitual con las películas basadas en grupos musicales y artistas del Rock y el Pop. Eso sí, si el objetivo era transmitir el descontrol de Mötley Crüe, está más que conseguido con unos excesos que seguramente se quedan cortos para lo que tuvo que ser aquello. Sin grandes nombres conocidos en el reparto, hay que reconocer que los cuatro protagonistas se caracterizan perfectamente como los integrantes de la formación. Uno de los aciertos narrativos también es la primera persona compartida entre los cuatro miembros de la banda, aunque el protagonismo caiga en Sixx y, en menor medida, en Tommy Lee, además de los comentarios de otros personajes secundarios.

La película se puede dividir en las tres partes de turno de esta clase de películas. La primera, la más interesante, ahonda en los inicios de la banda, con una breve referencia a los diferentes orígenes familiares de Sixx y Lee, ahí quedan más desdibujados Mars y Neil. Cómo se crea la banda, la elección del nombre, primeros conciertos y el ambiente de Los Ángeles en esos primeros años de los 80, quedan reflejados y ahí ya comienza el desfase de Sixx, Lee, Simon y Neil. La segunda parte corresponde al éxito, aupados por la MTV y el paso de los locales angelinos a los grandes estadios y a las ventas millonarias. Aquí ya el desfase se desmadra con momentos como la fiesta en la que a David Lee Roth (Van Halen) se le cae un espejo encima, o la ya mitificada escena de Ozzy Osbourne esnifando hormigas. Es en esos momentos cuando aparece también el accidente de coche de Vince Neil que le cuesta la vida a Razzle de los Hanoi Rocks y cuando los Crüe comienzan procesos de desintoxicación tras el «falso fallecimiento» de Sixx por sobredosis. Con Dr. Feelgood (1989) llegarán a lo más alto pero es una escena que comenzará a ir cuesta abajo con el Grunge, al que no se hace referencia. Sin embargo, las tensiones internas de la banda ya dejan ver la crisis que vendrá con la salida de Vince Neil en 1992, sustituido por  John Corabi.

La tercera parte, típica también en estos casos, es el de la redención. Es la más floja de la película, muy atropellada, situando como punto de inflexión el fallecimiento de la hija de Neil por enfermedad. La reunión de la formación original con Neil en 1996 cierra la película, dejando de lado el resto de los años de historia de Mötley Crüe, años en los que también hubo un periodo en el que no estuvo Tommy Lee.

En definitiva, una película muy para fans de la banda y de aquel Heavy Metal de los 80. Obviamente, con esa estructura de auge-caída-redención, se produce una reivindicación de la formación. Canciones y vídeos que igual ahora no tendrían cabida, pero no cabe duda que Mötley Crüe, junto a Van Halen y compañía, fueron bandas tremendas de los ochenta. En la segunda mitad llegaron Guns N’ Roses para, desde premisas no muy alejadas, poner todo aquello patas arriba y, luego, el Grunge los barrió. Por cierto, en la película, ¿alguien ha contado cuántos minutos no aparece Mars con una botella en la mano?