The Replacements, ‘For Sale: Live at Maxwell’s 1986’

15 Ene

El final de 2017 nos trajo la publicación del doble disco en directo de The Replacements For Sale: Live at Maxwell’s 1986. The Replacements es una de nuestras bandas ‘malditas’ favoritas en Los Restos del Concierto y ya hablamos de ellos ya que eran uno de los grupos que protagonizaban el fantástico Nuestro grupo podría ser tu vida (Contra, 2013) de Michael Azerrad. Y es que los de Minneapolis estuvieron a punto de ser una de las grandes bandas de los ochenta pero eligieron otro camino, el de la autodestrucción y los excesos. Con Paul Westerberg a la cabeza (precisamente con sus canciones en la banda sonora de Singles fue cuando supimos de su existencia hace ya más de dos décadas), Bobby Stinson (expulsado de la banda en 1986 por sus adicciones y fallecido en 1995), Tommy Stinson (que se ha ganado la vida posteriormente girando con Guns N’ Roses y Soul Asylum, entre otros proyectos) y Chris Mars a la batería, publicaron siete discos en la década de los ochenta, desde el underground y el sello independiente Twin/Tone a fichar por una major como vinculada a Warner. Su gran obra fue el Let It Be (1984), el último trabajo para Twin/Tone y en el que ya mostraban su evolución de sonidos más acelerados y Punk a otros más melódicos, emparentados con el Power Pop. Y, cómo decíamos, tuvieron su oportunidad, giraron con REM, etc., pero…pero no pudo ser. Siempre es una gozada escuchar sus discos y canciones y por eso celebramos este directo grabado en una pequeña sala de Hoboken (New Jersey) en 1986 donde nos encontramos con una banda en plena efervescencia, sonido acelerado y urgente, Westerberg cantando como si le fuese la vida en ello, y unas fotografías en el libreto interior que nos muestran la esencia de esos momentos.

Venían de haber publicado su cuarto disco, Tim (1985), el primero con Sire, y el primero de los dos discos ya es una locura en sí mismo. Primando los sonidos más Punk Rock que los melódicos, aunque no faltan, el desparrame es total desde el comienzo con ‘Hayday’, ‘Color Me Impressed’ y ‘Dose of Thunder’, Hay un breve interludio con el ‘Fox on the Run’ de Sweet y entran en el Power Pop con ‘Hold My Life’. Luego llega uno de sus clásicos, ‘I Will Dare’ que da paso al Punk más ramoniano con ‘Favorite Thing’. Otro de sus grandes temas es la más melódica es ‘Unsatisfied’ así como el fantástico Power Pop de ‘Can’t Hardly Wait’, otro de sus clásicos. Y el final del primer disco es un no parar: ‘Takin a Ride’, ‘Bastards of Young’, ‘Kiss Me on the Bus’ y la versión llevada a su terreno del ‘Black Diamond’ de Kiss que habían registrado en Let it Be. Toda la esencia de The Replacements en definitiva, especialmente en el tramo final.

El segundo disco no desmerece, comenzando con el medio tiempo, en sus parámetros, ‘Johny’s Gonna Die’. Pero el retorno a los sonidos más acelerados y Punk, incluso con un toque de Hardcore en el segundo caso, se produce con ‘Otto’ y ‘I’m In Trouble’. Imposible no reconocer la melodía del ‘Left of the Dial’ y retorno a los sonidos Punk con ‘God Damn Job’. En ‘Answering Machine’ comienzan Westerberg y la guitarra eléctrica, con una voz ya muy tocada, para a continuación meter toda la tralla. ‘Waitress in the Sky’ es uno de los temas que se sale de la norma, un ritmo juguetón y con ese punto más clásico que no les quedaba mal, aunque no tardan en regresar a lo suyo con ‘Take Me Down to the Hospital’, y de ahí no se bajan con ‘Gary’s Got a Boner’. Ponen la pausa con una sentida ‘If Only You Were Lonely’. Y llega una poderorísima versión del ‘Baby Strange’ de T-REX, otra del ‘Hitchin’ a Ride’ de Vanity Fare, y culminan esta tanda con la del ‘Nowhere Man’ de The Beatles, en su estilo obviamente y con un Westerberg al que por momentos la voz no le llega. El cierre del segundo disco es para ‘G0’, con un punto melódico y más oscuro, y para ‘Fuck School’, otro de los temas de su comienzo y que es un puñetazo Punk de menos de dos minutos.

Siempre es buen momento para recuperar a The Replacements y pensar lo que esta banda pudo llegar a ser, no tuvieron suerte o no la quisieron tener, pero nos quedan sus canciones y alguna que otra gira de reunión de Westerberg y Tommy Stinson que no acabó siendo muy satisfactoria. Una pena.

Noel Gallagher’s High Flying Birds, ‘Who Built the Moon?’

14 Ene

Prosigue con su carrera en solitario    a la par de su hermano    el (más) talentoso de los Gallagher con un nuevo disco cuyas pretensiones innovadoras han dado resultado. En manos de David Holmes, quien ya revitalizara a Primal Scream en su último trabajo, este ‘Who Built the Moon?’ suena de maravilla sin romper del todo con sus anteriores trabajos en solitario ni dejar que la producción sobresalga por encima de unas canciones que en general destacan por sí solas.

Como en un ejercicio de nostalgia noventera, Noel vuelve a armarse de referencias poprockeras (Beatles, T-Rex, Britpop) para revestir de efectividad su indudable capacidad melódica en una colección de canciones que contiene varias piezas valiosas. Sutiles elementos electrónicos y potencia sonora presiden esta tercera referencia del mayor de los Gallagher tras la disolución de Oasis, que vuelve a rayar a gran nivel.

Se abre con una electrónica contundente de inicio (muy Chemical Bros) en Fort Knox en la que ya despliega toda su energía, que se prolonga en el estupendo ejercicio de glamrock sin tregua de Holy Mountain y en una acelerada Keep on Reaching interpretada con vientos y coros a modo de soul duro. La primera pausa llega con el ritmo electrónico de It’s a Beautiful World antes de un nuevo arreón rítmico en la sugerente She Taught Me How to Fly y en la ácida y densa Be Careful What You Wish For (¿Come Together revisitada con descaro?, en cualquier caso brillante). De lo más destacado del disco es la psicodelia ligera de Black & White Sunshine, que precede a una nueva y bonita muestra de potente soul en If Love Is the Law que junto a la pieza central de intenso contenido instrumental The Man Who Built the Moon, cierran el álbum en lo alto entre interludios, créditos y el bonus en acústico de Dead in the Water.

Conserva el oficio y la puntería el músico de Manchester para acertar de nuevo con unas melodías efectivas que se sirven, con inteligencia y sin tapujos, de clásicos de diferentes tallas para sus composiciones. Vuelve a contar con ilustres colaboraciones, como Paul Weller o Johnny Marr, para sonar excelente y completar (junto a su debut homónimo y ‘Chasing Yesterday‘) una trilogía en solitario de un mérito por el que, dada la deriva de los últimos trabajos de Oasis, no todo el mundo apostaba.

Bob Dylan, ‘Trouble no More’

10 Ene

Sigue el bueno de Bob Dylan sacando sus Bootleg Series y le llega el turno a la número trece, casi nada, que aborda una de las etapas más controvertidas de su carrera, aquella de finales de los setenta y principios de los ochenta en la que se convirtió al cristianismo y abrazó sonidos más Góspel en esa triada de discos como son Slow Train Coming (1979), Saved (1980) y Shot of Love (1981), todos ellos con unas portadas horribles por ciertos. Trabajos que no despertaron el entusiasmo de sus seguidores y que en este bootleg bajo el título de Trouble no More aparecen la gran mayoría de sus canciones grabadas en directo y que ha supuesto una reconciliación con ese periodo. Los temas fueron grabados de 1979 a 1981 y Dylan llevaba una banda de altura. El reconocido Tim Drummond estaba al bajo, el no menos mítico Spooner Oldham y Terry Young se ocuparon de los teclados en la mayoría de los temas (iba con los dos), Fred Tackett se hizo cargo de la guitarra eléctrica y la batería fue para otro grande como Jim Keltner. También aparecen en algún tema Carlos Santana y Al Kooper, pero una de las principales fortalezas de estos conciertos residía en el coro que llevaba, de tres a cinco coristas, con Mary Elizabeth Bridges, Gwen Ewans, Clydie King, Regina McCrary, Regina Peebles, Helena Springs, Mona Lisa Young y Carolyn Dennis, que fue su esposa y madre de una de sus hijas, hecho que permaneció en secreto hasta 2001. Otros músicos que aparecen en Trouble no More son Willie Smith, Steve Ripley y Arthur Rosato.

La edición en doble disco nos ofrece treinta temas en los que se observa cómo la maquina va muy engrasada. Toca enteros Slow Train Coming Saved mientras que de Shot of Love se deja por el camino cuatro de las diez que integran el disco. Además, de tres temas hay ración doble: ‘Slow Train’, ‘Gotta Serve Somebody’ y ‘Solid Rock’. Por otro lado, también está un tema que no entró en el tercero de los discos que abarca este periodo como es ‘Caribbean Wind’ y que aparecía en futuros trabajos de rarezas y Bootlegs. Y hay tres canciones inéditas de títulos tan explícitos como ‘Blessed Is The Name’, ‘Ain’t No Man Righteous, No Not One’ y especialmente ‘Ain’t Gonna Go to Hell for Anybody’, que viniendo de Dylan, y más del Dylan de ese momento, es toda una declaración de principios. Es un tratado con un claro toque Góspel, especialmente marcado por las ya señaladas coristas pero también por una presencia constante de los teclados. Además, se observa un Dylan que se viene arriba y que canta por momentos con la furia de un predicador. Tampoco hay mucho tiempo para el descanso y las canciones te van llevando con ese fuerte punto espiritual de esa época de Dylan. Y, además de temas más conocidos como los ‘Slow Train’, ‘Gotta Serve Somebody’, ‘Solid Rock’, descubres o redescubres otros como ‘I Believe In You’, la muy festiva ‘Saved’ que te lleva a mover los pies, ‘Precious Angel’, ‘Gonna Change My Way of Thinking’, ‘Every Grain of Sand’, etc.

Por nosotros, que siga sacando más materiales como el que nos ocupa que seguro que tiene bastantes cosas guardadas. Dylan es Dylan y no estábamos muy familiarizados con este periodo pero nos hemos rendido al mismo.

 

Los Restos Del Concierto

Porque no todos oímos lo mismo