La habitación roja, ‘Memoria’

16 Abr

Poco antes del lanzamiento de ‘Memoria’ el pasado 16 de marzo escuché por casualidad en la radio Nuevos románticos y, he de reconocer, despertó en mí algunas dudas sobre lo que me iba a encontrar en el disco. Tras más de veinte años de carrera el sonido de La habitación roja ha pasado por diferentes fases; siempre reconocible en las melodías y la voz de Jorge Martí ha evolucionado del rock al romanticismo, de la crudeza a la elaboración, a la vez que en sus trabajadas letras se iba disipando el compromiso tras un mayor contenido confesional. Ya en sus dos últimos trabajos (‘La moneda en el aire’ y en mayor medida en ‘Sagrado corazón’) habían cedido espacio a la electrónica para compartir protagonismo con las irrenunciables guitarras, a las que en esta nueva entrega han añadido una mayor presencia de teclados y otros arreglos grabados en el Paco Loco Studio en El Puerto de Santa María. En definitiva un cambio de cara paulatino que conllevaba riesgos, en el que han sabido conservar la esencia, y que les ha proporcionado sus mayores cotas de popularidad en una evolución natural tras la que todo parece más reposado e introspectivo a costa de la rabia e inmediatez que coparon muchas de sus canciones del pasado.

Precisamente Nuevos románticos abre el listado con todos esos ingredientes para acercarse a un sonido disco continuador de su anterior trabajo. A continuación Líneas en el cielo recupera espacio para el romanticismo y la belleza de las cuerdas en una gran canción que da paso a otra ración de protagonismo tecnológico y bailable en Madrid. Con La última noche del año regresan a una cierta oscuridad post-punk que precede a los pasajes más tristes y desolados traslucidos en la densa Berlín y en la más rítmica Estrella herida de muerte. Suena fantástico el tecno emocionante de Algo de verdad, especialmente en su estribillo, antes del rock electrónico de Nada cambia. El piano marca el inicio de Desde aquí, intensa y con brillantes pasajes de sintetizador, y las guitarras y la batería se alzan en No fueron tiempos para enmarcar, eléctrica y contundente. El cierre lo ponen las guitarras más templadas de En días como hoy, con cierto sabor latino y más colorido que rompe ¿Quién eres tú?, despojada y confesional además de llena de emoción.

Si bien mis dudas iniciales podían tener su fundamento ya que este ‘Memoria’ no alcanza el nivelazo de los mejores trabajos de los valencianos, y pese a haber perdido algo de fuelle por el camino hasta aquí, es igualmente cierto que conserva la impronta de calidad con que han acostumbrado a rubricar sus discos y, sin innovaciones reseñables y con varias canciones a destacar (en una lista que probablemente hubiera salido reforzada con algún tema menos), prolongan su extensa carrera con una entrega a la altura de su trayectoria más reciente y a la medida de sus seguidores.

Christina Rosenvinge, ‘Un hombre rubio’

12 Abr

Octava referencia en solitario de Christina Rosenvinge, más de treinta años entre diferentes proyectos y colaboraciones de una carrera en la que prestigio y popularidad no siempre han ido de la mano. Y es que, si nos limitamos a su carrera en solitario, siempre ha mantenido un gran nivel hasta consagrarse como una figura indiscutible de la música alternativa de este país y una garantía de calidad, una cantautora que controla las riendas y sitúa por encima de todo la propuesta artística, sin reparar en modas ni corrientes.

En este ‘Un hombre rubio’ (título referido a su padre fallecido hace 26 años pero también a ella misma en la concepción neutra de la palabra “hombre”) predominan los protagonistas y el punto de vista masculino y vuelve a cobrar especial relevancia un discurso que destaca por el cuidado y la brillantez de las letras. Musicalmente la propia autora se ha encargado de la producción y su voz suena fantástica rodeada de una banda de nivel (Manuel Cabezali, David T Ginzo y Juan Diego Gosálvez).

Se inicia el disco en lo alto con el rock seco de La flor entre la vía para continuar con el bello y triste Romance de la plata en el que su voz se afina y cuyo final brilla entre sintetizadores y guitarras. El pretendiente es más intensa sobre todo en los pasajes de piano y se relaja en la parte final, le siguen las bonitas guitarras que abren Ana y los pájaros, que se aligera en el estribillo. Pesa la palabra (inspirada en unas palabras de ‘El Cordobés’ hijo) destaca por la belleza de la letra sobre un piano suave, suavidad que conserva de inicio Niña animal para romper con brillantez en el enérgico estribillo antes de que se impongan el ritmo y las guitarras de Berta multiplicada (dedicada a Berta Cáceres, líder social hondureña asesinada en 2016). Una base acelerada de piano sostiene el fraseo de Afónico antes de un estribillo melódico, para cerrar con colores tristes y llenos de añoranza y levedad en La piedra angular.

En total nueve canciones perfectamente engranadas sonoramente en las que la madrileña vuelve a reivindicarse como una artista de primer nivel; un trabajo de calidad que cuida todos los detalles, que transmite fuerza y sensibilidad a partes iguales y que debería convencer a mucha más gente de que seguirla merece la pena.

El valor de Graham Parker & The Rumour

11 Abr

Nuestra formación musical no puede abarcar todo lo que existe, imposible, y reconozco que hasta hace unos pocos años desconocía quiénes eran Graham Parker and the Rumour. Para mucha gente será un “descuido” imperdonable pero, como veremos, es uno de esos artistas y formaciones que no han tenido la suerte que se merecen. La primera vez que tuve conocimiento de Graham Parker, al menos que yo recuerde, fue en la película de Judd Apatow This Is 40 (2012), aquí traducida con el impagable título (¿por qué?) Si fuera fácil. Con el sello de las comedias de Apatow, en ese costumbrismo norteamericano que le funciona a pesar de algún punto irreverente y que era un spin-off de uno de los mayores éxitos de la factoría Apatow, Knocked Up (Lío embarazoso, 2007). Resumiendo, en This Is 40, que como podéis imaginar va sobre la crisis de los 40 del matrimonio formado por Leslie Mann y Paul Rudd, el personaje de Rudd se dedica a la industria discográfica y su última apuesta es poner en valor a Graham Parker, publicándole un nuevo disco, apareciendo Parker y The Rumour y con una escena que también destaca la situación de la formación, la de la presentación del disco en un teatro con muy poco público. Bueno, tras este resumen, me quedé con Graham Parker and the Rumour e investigué pero poco, la verdad. El empujón definitivo me lo dio Joserra Rodrigo en su Pasión no es palabra cualquiera, título inspirado en un tema de ellos, con artículo dedicado a ellos, y ya no pude evitarlo, me lancé a por Graham Parker and the Rumour y, desde entonces, estoy completamente absorbido.

Así que me hice con un recopilatorio de turno, busqué el que más ofrecía y me encontré con un The Very Best of Graham Parker + The Rumour (2014) que concentraba la época gloriosa de la formación, la que tuvo lugar de 1976 a 1979. Un doble disco con treinta y cinco temas, casi nada. Y ahí sigo. Graham Parker and The Rumour quedaron atrás en reconocimiento en unos años en los que se asistía al ascenso del Punk y la New Wave. Coetáneos de The Clash, Elvis Costello, The Jam, etc., en Graham Parker and The Rumour encontramos muchos sonidos que aparecen también en esas formaciones, la fuerza de las guitarras y la forma enérgica forma de cantar y de moverse de Parker, hay melodías, hay influencias del Soul en no pocos vientos y, por supuesto, hay mucho Rock & Roll.

Con una formación compuesta por el propio Parker como frontman y compositor, Brinsley Schwarz y Martin Belmont a las guitarras, Bob Andrews a los teclados, Andrew Bodnar al bajo y Steve Goulding a la batería, no tuvieron el éxito que merecían pero su influencia fue grande. Tras curtirse en otras bandas y proyectos, debutaron en 1976 con Howlin’ Wind con la producción de Nick Lowe y ese mismo año llegaría su segundo disco, Heat Treatment de nuevo con Lowe en la producción pero en esta ocasión junto a Robert John “Mutt” Lange. El disco tuvo más recorrido y en 1977 llegaría su tercer disco, Stick to Me, ahora con Lowe de nuevo en solitario en la producción. Ese mismo año, The Rumour sacarían su primer disco sin Parker, Max. Pero la fiesta no paraba y tras disco en directo, The Parkerilla (1978), cuarta entrega con Squezing Out Sparks, con la producción de todo un Jack Nitzsche, disco que contenía “Passion Is No Ordinary Word” y “Discovering Japan”, y que se convertirá en el disco que más alto llegue en los chats pero siempre en números discretos. Ese mismo año, The Rumour sacan nuevo trabajo también, pero el final de su unión con Parker estaba a punto de llegar en un 1980 que todavía verá un nuevo disco, The Up Escalator, así como el último como The Rumour.

En las décadas siguientes, Parker seguiría en solitario publicando discos, los cuales tampoco serían grandes éxitos, y habría que esperar hasta 2011 para una reunión con The Rumour, habiendo publicado desde entonces dos discos: The Chords Good (2012) y Mystery Glue (2015), que también pasaron desapercibidos. Pero yo estoy escuchando sin parar, como decía, desde hace unos meses este doble con temas como “(Hey Lord) Don’t Ask Me Questions”, la versión de “Hold Back the Night”, la brutal “Stick to Me”, la maravilla de “You Got to Be Kidding”, la muy Soul “Heat Treatment”, la impactante “Discovering Japan”, por supuesto “Passion Is Not Ordinary Word”, la versión de “I Want You Back”, “Protection”, “I’m Gonna Tear Your Playhouse Down”…en fin, no parar. Graham Parker and The Rumour, una gente que no tuvieron la suerte que merecían, otro día hablamos de Willy DeVille y sus Mink DeVille, aunque esta es una historia más trágica.

 

Los Restos Del Concierto

Porque no todos oímos lo mismo