“¿Qué me estás cantando? Memoria de un siglo de canciones” de Fidel Moreno

11 Jul

Hay libros que te atrapan desde las primeras páginas y que luego no puedes dejar de leer, y un ejemplo de ello es ¿Qué me estás cantando? Memoria de un siglo de canciones (Debate) del escritor, periodista y músico Fidel Moreno, que recomiendo para cualquier persona, sea aficionada a la música o no. Moreno ha realizado un voluminoso ensayo sobre las canciones que escuchaban sus abuelos y sus padres, promete un nuevo volumen sobre sus canciones, y nos mete directamente en la nostalgia y en nuestros recuerdos, individuales y colectivos, con aquellas canciones que han sido transmitidas de generación en generación. En ese sentido, y las referencias a Manuel Vázquez Montalbán son continuas, es una memoria sentimental de nuestro país a través de las canciones que sonaban prácticamente la Guerra Civil hasta la transición a la democracia. Moreno construye una obra homogénea y con sentido, mezcla su historia y sus recuerdos, la de sus abuelos y abuelas y sus padres, para llevarnos a través de una banda sonora que te engancha y te cautiva. Pero, por encima de todo, es un tratado sociológico de un país y de una sociedad que vive la tragedia de la Guerra Civil, una larguísima dictadura y la transición a la democracia. Mientras tanto, las canciones que suenan en España nos muestran una imagen de la esa sociedad, las letras transmiten mensajes. Las personas de mi generación, más de cuarenta años, nos sentimos más identificados, y la segunda parte, la de las canciones de sus padres, pasan a una velocidad de vértigo. La primera parte, la de sus abuelos, es una delicia porque aparece la derrota de la Guerra Civil, el “Cara al sol”, y el sufrimiento de una durísima posguerra de hambre y miserias, destacando géneros como la Copla y la aparición de iconos de la música española como Lola Flores. También se agradece, en todos los casos, un especial tratamiento de la cuestión de género, atentos y atentas al rol que transmitían de la mujer muchísimas canciones y su presencia minoritaria en las décadas de los sesenta y setenta. Moreno apunta pinceladas biográficas de intérpretes, artistas y compositores, papel fundamental para estos últimos, pero tampoco cae en el morbo o en la anécdota.

Pero, como decíamos, por una cuestión generacional recordamos mejor esas canciones que vivimos porque eran las de nuestros padres, las de nuestra infancia y las que veíamos en aquellas películas de televisión los sábados por la tarde. Es apasionante el relato de una época, la del desarrollismo en la segunda mitad del franquismo, en el que se combina la censura, la protesta soterrada primero y que ser irá haciendo explícita, con una sociedad que se inserta en la sociedad de consumo, una sociedad que mayoritariamente ha sido adormecida y que cuenta con mensajes claros y contundentes, desde la crítica a la transgresión o, tremendas y acertadas lecturas, el papel de la mujer. Ahí están casi todos y todas, hay ausencias que Moreno señala (Julio Iglesias no aparece conscientemente), y no hay miramientos con gente como Raphael o el Dúo Dinámico así como a las cantantes aniñadas de los sesenta y primeros setenta, así como se nota más cercanía, aunque también desde la crítica justificada, con artistas como Joan Manuel Serrat o con Chicho Sánchez Ferrlosio, uno de los mejores capítulos de todo el libro.

También hay que destacar el valor que otorga a la rumba, por ahí pasan desde la seminal y ya señalada Lola Flores hasta Bambino, grandísimo capítulo y un gran descubrimiento “La pared”, pasando por Peret, incombustible, Los Chichos, Las Grecas, etc. Es interesante en estos capítulos el reconocer que a la Rumba le faltó un salto para ser una música de carácter global, como el Reggae, y sus limitaciones, por encima de ciertas cuasi sacralizaciones actuales. La Rumba prácticamente se acaba imponiendo en el libro como uno de los principales hilos argumentales, casi a continuación de la canción protesta, y abre nuevas vías de interpretación. Reconozco que son algunos de los capítulos que más he disfrutado.

En el tramo final el libro de desborda. Al reconocimiento a Triana, otro de los grandes olvidados de la música popular española, aborda en un capítulo titulado “Nueva sentimentalidad” donde analiza los cambios en la década de los setenta en los roles entre hombres y mujeres cuando todavía no estaba aprobada la Ley del Divorcio, no llegaría hasta 1981. Mari Trini y, especialmente, José Luis Perales, se alzan como auténticos ejemplos de este proceso, junto al añadido de unos Pimpinela que sí, que todos hemos cantado. La primera, otra gran olvidada, es reconocida por sus letras e interpretaciones. Y Perales, uno artista del que todos nos hemos burlado en aquellos ochenta y noventa, recoge el reconocimiento que merece como un gran compositor de canciones. Sí, Perales no era “cool”, pero vaya pedazo de canciones, ya lo decía el gran Juan Carlos Ortega.

Hay una gran frustración con las ansias de cambio y los deseos de revolución que pregonaban muchas canciones. La decepción está ahí, tengo ganas de ver cómo Moreno lo engancha en su siguiente trabajo. La imperfecta transición, denostada a partir de 2011 con su relato cuestionado cuando no negado, no respondió a las expectativas porque, como señala Moreno, la sociedad española iba en otra dirección. La defenestración de los cantautores, de los decisivos Paco Ibáñez, Raimon, Lluis Llach a Aute, y la llegada de la modernidad dará lugar al hundimiento de la canción protesta. La mayor desazón de ese proceso lo constituye “Libertad sin ira” de Jarcha, una canción que se quedó grabada como el icono sonoro de la reconciliación nacional y de la transición pero con una interpretación que comparto con Moreno en sus matices.

El acervo musical de mis abuelos y padres está muy alejado del de la familia de Fidel Moreno. No recuerdo a mis abuelos maternos, con los que tuve más relación, cantar canciones. De mis abuelos paternos, menos todavía. Mi abuela materna cantaba las típicas que aparecen en el libro, “Tengo una vaca lechera” o “Mi casita de papel”. Mi madre sí tenía un mayor bagaje musical aunque no le tocó la canción protesta y sí todo el Pop de los sesenta y setenta, aunque también sé que le gustaba Aute, Serrat (aunque ella siempre ha sido más de Víctor Manuel, ay…), incluidos los conformistas Dúo Dinámico y Raphael, sus dos iconos de aquella época. Nunca le gustó Julio Iglesias, y luego derivó en otras direcciones. Pero mi madre sí que cantaba canciones, en las que socializó en un Logroño de los sesenta, en aquellos guateques que hacían, como decía lejos de la protesta de otros lugares. A mí me hacía gracia su pasión por Raphael y el Dúo Dinámico, la verdad. Moreno casi cierra el libro con una cita que quiero reproducir y que suscribo: “Si algo demuestran las canciones es todo lo común que nos une y todas las idioteces que nos separan. Estamos perdidos, sí, pero tenemos música y eso compensa”. Y yo también salvaría de la quema de las chicas yeyés españolas a Jeanette y el “Porque te vas” compuesta por Perales.

Kacey Musgraves, “Golden Hour”

10 Jul

Kacey Musgraves es una de las voces femeninas emergentes del Country – Pop, si es que esto es una categoría que estaría por ver, de los últimos años. Procedente de Texas y con una larga carrera, debutó en una major con Same Trailer Different Park en 2013, en el que era su cuarto disco. Con Pageant Material (2015) consolidó su posición, ya había alcanzando posiciones altas en el Billboard con su disco anterior, y en 2018 ha publicado el que puede ser considerado su mejor disco a tenor de las críticas, un Golden Hour en que juega con los elementos del Country y les sigue barnizando con sutiles, en ocasiones no tanto, elementos del Pop. Este camino ha sido seguido en no pocas ocasiones, el caso más extremo es el de Taylor Swift pero no parece que Musgraves vaya a ir tan lejos. Musgraves atesora una preciosa voz que pone al servicio de canciones generalmente intimistas y recogidas, aunque también hay espacio para temas más dinámicos. Musgraves también cuenta con la presencia de instrumentos más típicos del Country, desde el banjo al pedal steel, generando una mezcla interesante en un disco que crece con las escuchas, aunque imagino que a los puristas del género no les hará mucha gracia. También es cierto que se aleja de lecturas más canónicas de otras voces femeninas, tipo Nikki Lane, Sarah Jarosz o Sara Watkins. Golden Hours ha mantenido el grado de aceptación del público alcanzando puestos punteros en las listas mientras que la crítica, como decíamos, lo ha catapultado a lo más alto.

El comienzo es para una delicada e intimista “Slow Burn”, una joya de canción que se inicia con su voz en primer plano y el acompañamiento de una guitarra acústica para incrementar la instrumentación a medida que avanza. El nivel se mantiene con “Lonely Weekend”, tiene un punto Pop muy claro en esa batería, escorándose claramente hacia esa dirección y siendo un gran tema. En “Butterflies”, Musgraves vuelve a hacer gala de su poderío vocal en una canción con la presencia de elementos del Country como el banjo y el pedal-steel. “Oh, What a World” tiene un inicio más electrónico, muestra que quiere ir más allá, pero igual también es cierto que no le queda tan conseguido . “Mother” es un breve interludio con un tono dramático, apoyando su voz en el piano mientras que “Love Is A Wild Thing” retorna a las influencias Pop, es una de las mejores canciones del disco también, con una interpretación de Musgraves muy interesante. “Space Cowboy” tiene un punto crepuscular y ambiental muy atractivo, Musgraves canta de maravilla y construye otro de los temas más interesantes de todo el largo.

La segunda parte cae en una mayor irregularidad, aunque el disco sigue alto, aunque no es menos cierto que, por ejemplo, en “Happy & Sad” entra en lugares más manidos con el uso de ciertas bases que generan cierta distorsión. “Velvet Elvis” es una canción que se sale del canon del disco, es un tema más festivo, claramente escorado hacia el Pop. “Wonder Woman” me parece un tema un tanto soso, también cayendo en ciertos clichés, aunque luego levanta el vuelo con la fantástica “High Horse”, en la senda de las propuestas en la primera parte. Los dos temas que cierran el disco elevan el nivel de esta segunda parte, con una amable “”Golden Hour” donde vuelve a hacer gala de su destacada voz, y con la más pausada e intimista “Rainbow”, un tema que se basa en su voz y el piano.

Nos ha convencido este Golden Hour de Kacey Musgraves, ahora le toca a ella decidir qué camino quiere seguir, aunque no está nada mal la senda de este disco.

 

 

Hip Hop y Rock se unen con “Walk This Way”

09 Jul

La unión del Rock con el emergente Hip Hop tendrá uno de sus primeros momentos con la versión de “Walk This Way” que grabaron Run-D.M.C. con Steven Tyler y Joe Perry en 1986, y bajo la producción de Rick Rubin y Russell Simmons, un hecho prácticamente insólito hasta la fecha. Pero, antes hay que contextualizarlo. El Hip Hop y el Rap llevaban un ascenso imparable en esa década de los ochenta a la par que llegaban a públicos más amplios. Run-D.M.C. provenía de Queens (New York) y habían debutado en 1984 aunque su consagración llegaría con su disco de 1986 Raising Hell donde estaba el tema “My Adidas”. Rubin, tipo listo, les había puesto durante la grabación del disco a los integrantes de Run-D.M.C., Joseph Simmons y Darryl McDaniels, el Toys in the Attic (1975), los cuales lo desconocían, y tomaron el “Walk This Way”, uno de los himnos de Aerosmith de los setenta. Mientras tanto, Aerosmith habían pasado su travesía del desierto desde finales de los setenta hasta mediados de los ochenta, y es que esas épocas muy duras, la mala vida, habían tenido como consecuencia la salida de Perry y Brad Whitford de Aerosmith y la grabación de discos flojos. En 1985 había regresado la formación clásica con el irrelevante Done With Mirrors, así que la llamada a Tyler y Perry para colaborar en la versión del “Walk This Way” fue determinante para poner de nuevo a Aerosmith en el mapa.

Hay que partir de la base de que “Walk This Way” es un tema tremendo, ese comienzo ya vale mucho, son unos Aerosmith en la cima de su sonido, una canción con unos riffs de guitarras potentísimos y un Tyler desgañitándose. La unión de Run-D.M.C. y Tyler y Perry mantuvo la estructura de la canción, con los dos integrantes de Aerosmith clonando sus partes más características, pero Run-D.M.C. incorporaron esos fraseados que encajaban perfectamente junto con los sampleados del tema. Fue un éxito y puso de manifiesto que esa unión entre Rock y Hip Hop era muy viable. Además, estamos en los primeros años de la MTV y el vídeo también tuvo mucha repercusión, aunque del vídeo también habría mucho que hablar aunque eran los ochenta. La carrera de Aerosmith remontó ya en 1987 con el disco Permanent Vacation y, especialmente, Pump (1989), pero no cabe duda que la versión del “Walk This Way” los redescubrió para una parte del público que, o bien los había olvidado o no los había conocido. Por su parte, la carrera de Run-D.M.C., que alcanzó su punto más alto con ese disco de 1986, fue para abajo a la vez que nuevos nombres surgían en el Hip Hop, aunque siempre han sido considerados unos clásicos del género. “Walk This Way” en versión Run-D.M.C. con Tyler y Perry, un momento muy divertido.

Los Restos Del Concierto

Porque no todos oímos lo mismo