The Magnetic Fields, ’50 Song Memoir’

17 Jun

Enorme demostración de talento y ambición artística la que han entregado Stephen Merritt y compañía con este ’50 Song Memoir’ que, desde ya y como mínimo, comparte la cima de su producción junto al ’69 Love Songs’ (1999). Una vez más orientados en torno a un concepto, como es en este caso los cincuenta años de vida de Merritt, nos regalan una gran (por calidad y por cantidad) serie de cincuenta canciones que reflejan año a año el medio siglo de existencia del músico neoyorquino.

Armado con más de cien instrumentos diferentes y acompañado por un buen número de músicos de sesión, además de por los restantes componentes habituales de la banda Claudia Gonson, Sam Davol, John Woo y Shirley Simms, Merritt despliega su genio artesano para sin mesura desatar su inagotable creatividad en estas piezas efectivamente llenas de vida. Distribuidas a disco por década, lo cierto es que escucharlos es una prueba exigente pero más que disfrutable que concentra un poco habitual número de melodías efectivas y originales instrumentaciones. En cada disco se pueden destacar unas cuantas joyas y curiosidades, primando los géneros clásicos (pop y folk) sobre la experimentación, que también la hay pero queda ensombrecida por los logros melódicos.

Se pueden nombrar muchas canciones destacadas; desde la preciosa canción del año ’69 Judi Garland hasta el cálido pop minimalista de ’71 I Think I´ll Make Another World o el folk animoso y ceremonial de ’74 No y la curiosa electrónica de aire oriental de ’75 My Mama Ain’t que cierra el primer disco. El segundo lo abren el tecno retro de ’76 Hustle 76 y una primera muestra de oscuridad con ’77 Life Ain’t All Bad, seguidas de ejemplos nada convencionales de folk y electrónica antes de la curiosa y resultona ’80 London by Jetpack y la acertada combinación de sonidos acústicos y tecnológicos en ’83 Foxx and I o en la más primaria y comunal ’85 Why I Am Not a Teenager. El tercero empieza con una delicatessen de sabor clásico como ’86 How I Failed Ethics y contiene logros pop como ’88 Ethan Frome además de varias piezas experimentales y otras más rítmicas y novedosas en las que introduce la guitarra como ’92 Weird Diseases o la distorsión electrónica de ’95 A Serious Mistake. En el disco cuatro se podría destacar la romántica y desengañada ’98 Lovers’ Lies así como la emoción cálida de ’99 Fathers in the Clouds o la preciosa poética de ’01 Have You Seen It in the Snow?, la bella e irónica ’02 Be True to Your Bar o la delicia de pop lúdico y casi perfecto de ’04 Cold-Blooded Man. En el último cedé también hay maravillas ricas e ingeniosas como ’10 20,000 Leagues Under The Sea, rítmicas y exóticas como ’12 You Can Never Go Back to New York o las dos que cierran la lista; ’14 I Wish I Had Pictures íntima y de emoción creciente o la coral y colorida ’15 Somebody’s Fetish. Por ejemplo.

A tan torrencial y variado ejercicio de creación, con tantas y tan buenas canciones, hay que añadir la arriesgada propuesta de representarlo al completo en cada una de las ciudades que acojan su directo, lo cual han resuelto programando dos conciertos en dos días consecutivos por cada cita y reclutando a tres multiinstrumentistas más que añadir a la formación habitual de cinco. Un espectáculo para el que no parece haberse escatimado medios, que seguro será digno de ver donde quiera que recale, y que será una más que merecida celebración de la vida, una desmedida fiesta de lo pequeño, tan fantástica como este disco con el que Merritt y los suyos han vuelto a superar un enorme reto musical.

 

‘Automatic for the People’ o REM tocan el cielo

15 Jun

En 1992 habíamos asistido a la eclosión del Grunge, a un cambio de rumbo en el Rock & Roll y en la música popular con Nirvana a la cabeza. Pero en 1992 había otras bandas que seguían estando muy arriba. U2 rompieron los esquemas con el Achtung Baby (1991), los Guns N’ Roses giraban y triunfaban sin parar con los Use Your Illusions (1991), y gente como Michael Jackson o Prince no bajaban tampoco el ritmo. Entre todos ellos se habían colado unos corredores de fondo en 1991 con un single adictivo como ‘Losing my Religion’ de su disco Out of Time. Ya sabéis que tenemos debilidad por REM, que es una nuestras bandas favoritas, pero en 1992 tenían ante sí un reto muy complicado como era estar a la altura de la canción y el disco que les había puesto en primerísima línea. Seguramente no habría una canción mejor que ‘Losing my Religion’ para hacer de puente entre lo que se quedaba atrás y los nuevos sonidos más existenciales y autorreflexivos. A fin de cuentas, REM venían del circuito independiente universitario de los 80, para cuando firmaron con Warner ya habían publicado cinco discos, pero la furia juvenil y guitarrera había ido dando paso a un sonido que tiraba más hacia la épica.

Por lo tanto, la empresa no era fácil. Las expectativas eran muy altas y Michael Stipe, Peter Buck, Mike Mills y Bill Berry se la iban a jugar pero lo harían dando un giro inesperado. Recordemos que no solo ‘Losing my Religion’ había sido un hit mayúsculo sino que también se había colado en la lista la denostada por ellos durante mucho tiempo ‘Shinny Happy People’, una delicia Pop. Para Automatic for the People se volvieron a poner en manos del productor Scott Litt, con el que firmarían seis discos, desde el Document (1987) todavía en I.R.S. hasta New Adventures in Hi-Fi (1996). Para su octavo disco de estudio, los de Georgia apostarían por un sonido con gran presencia de las cuerdas, con violines, chelos y violas por doquier, un toque muy barroco que contaría con los arreglos orquestales de John Paul Jones, el bajista de Led Zeppelin, y todo ello dando lugar a un dramatismo en alza. Y desde la portada y el primer single, lo que se anunciaba no tenía mucho que ver a priori con lo que se esperaba de REM.

Y es que ‘Drive’ era una canción dura, a mí no me gustó en su momento, me costó entrarle, pero era enorme. Épica y angustiosa, no encajaba como un primer single. Era un tema que sí que respondía a esos tiempos y marcaba las constantes del disco, unos grandes arreglos a las cuerdas, una guitarra acústica junto con el contrapunto bien ajustado de la eléctrica, y la voz de Stipe, que en este caso se hacía valer de un eco que le daba todavía mayor profundidad. Sí, a mí no me gustó en su momento como decía, pero con el tiempo se convirtió en uno de mis temas favoritos de la banda. ‘Try Not to Breathe’ es una maravilla, de nuevo los arreglos funcionan perfectamente, es un medio tiempo que crece y alcanza una gran fuerza al final, siendo un tema de los escondidos del disco. Mills hace unos coros a Stipe, y aunque el tema parece querer avanzar hacia una cierta luminosidad, de fondo se palpa la oscuridad. Pero con ‘The Sidewinder Sleeps Tonite’ ese tono más vital se hará presente en otra de las canciones grandísimas del disco, una melodía preciosa con la presencia del órgano y un estribillo muy conseguido, para una letra difícil de descifrar.

Con un disco de 10 en el comienzo, el cuarto corte era para ‘Everybody Hurts’. ¿Qué podemos decir de esta canción?, pues que fue un gran éxito, que fue de los temas más importantes de la década de los 90, que ha sido interpretada por muchos artistas y bandas, y que es reconocible por cualquiera. Compuesta en su mayor parte por Berry, es delicada y minimalista en su inicio con esa voz doliente de Stipe, va creciendo a medida que avanza, ojo al puente de la mitad, así como al piano, que le van a dar su tono épico característico que llegará a su clímax al final, destacando de nuevo las cuerdas. REM crearon una balada atemporal y un clásico instantáneo que todavía sigue emocionando.

Tocaba descansar con la instrumental y opresiva ‘New Orleans Instrumental No. 1’ para cerrar la primera cara del disco con ‘Sweetness Follows’, que también se caracterizaba por ese tono oscuro y sombrío, destacando de nuevo la voz de Stipe. ‘Monty Got a Raw Deal’ es otro temazo, con una gran producción y que avanza con fuerza, aunque sin dejar de lado el punto oscuro y épico y donde Buck tira de mandolina. En ‘Ignoreland’ se permiten un tema más rockero y guitarrero, con un Stipe desatado para una de las canciones que rompe con la dinámica del disco pero que para nada sobra o queda extraña. ‘Star Me Kitten’ puede pasar por ser el tema menos conseguido del conjunto, aunque no es para nada una mala canción, al contrario, introduce una pausa antes de la traca final. Y ésta va a comenzar con la imbatible ‘Man on the Moon’. Si hay un tipo de canción que definirá a REM será ‘Man on the Moon’, cuyo patrón repetirán en las tremendas ‘The Great Beyond’ e ‘Imitation of Life’ en los próximos años. ‘Man on the Moon’ tiene ese tono alegre pero triste, esa melancolía arropada por una melodía, ese toque eléctrico, ese estribillo impagable, ese inicio acústico con la voz de Stipe…En fin, ‘Man on the Moon’…

Pero todavía les quedaban dos temas más, dos canciones para cerrar Automatic for the People a la altura de las anteriores. ‘Nightswimming’ es otra delicia, un tema que también cuenta con una gran melodía, una canción lenta basada en la voz de Stipe, los arreglos de cuerda y un piano de fondo que se torna protagonista. Y, para cerrar, el tono pausado y con un punto acústico de ‘Find the River’, un tema que te lleva a una cierta paz y reposo tras un carrusel de emociones.

REM superaron la difícil prueba que tenían, crearon el mejor disco de su carrera que contenía dos de sus tres canciones más reconocibles, ‘Man on the Moon’ y ‘Everybody Hurts’, la tercera es, obviamente, ‘Losing my Religion’. Vendieron millones de discos lo que les valió un nuevo contrato con Warner que les convirtió en el grupo mejor pagado de su tiempo. Pero fue su cima y, como hemos contado en otras ocasiones, la banda inició un camino irregular. En 1994 publicaron Monster, un regreso a los sonidos más eléctricos que fue mal recibido aunque a mí me parece un buen disco. Problemas de salud dieron lugar a que Bill Berry abandonase la formación en 1997 y REM ya no alcanzarían los niveles de creatividad anteriores, pero siguieron dando algunas alegrías, aunque también decepciones. Pero unos tipos que fueron capaces de crear este Automatic for the People, un disco que reflejaba también esa época, y muchas cosas más, nos tienen ganados para siempre. Yo sigo escuchando sus discos, las obras maestras, los buenos, los regulares e incluso los malos, y siempre me conquistan.

 

Paul Weller y la clase

13 Jun

Me gustaba Paul Weller antes de saber quién era Paul Weller, algunas de sus canciones más conocidas, especialmente a través de The Jam y The Style Council, eran hits y aparecían en bandas sonoras de películas británicas, como veremos posteriormente. Y creo que la primera referencia que me llegó fue en la segunda mitad de la década de los ochenta, cuando entrábamos en este mundo de la música y Weller estaba con The Style Council. Sin embargo, como mucha gente de nuestra generación, fue el BritPop el que nos puso por delante a la figura de Weller cuando fue ‘designado’ como Padrino de este movimiento y señalado por Oasis como una de sus influencias clave, colaborando en su segundo disco, el colosal (What’s the Story?) Morning Glory (1995) y aportando su talento en ‘Champagne Supernova’.

Pero vayamos poco a poco porque la historia y la carrera de Weller es apasionante, con grandes momentos y otros menos conseguidos. Un artista que no se casa con nadie y que ha publicado su disco número trece, A Kind Revolution, que abordaremos en unos días. Weller, con su inconfundible clase y sus reminiscencias Mod, no en vano la prensa le bautizó como el ‘Modfather’, atesora una amplia carrera que comienza inevitablemente con unos clásicos The Jam. Con Rick Buckler y Rick Foxton, The Jam irrumpirían antes del estallido del Punk en un Reino Unido desestructurado con las reformas de Margarte Thatcher, contra la que cargarían con fuerza así como contra las fuerzas del sistema, otra de las constantes de Weller. The Jam serían una de las formaciones clave de la década de los setenta en el Reino Unido junto a The Clash y Sex Pistols, pero además incorporaban sonidos Mod (la huella de The Who es inevitable) y contaban con una estética que les hacía inconfundibles. Seis discos de 1977 a 1982 y una ristra de grandes canciones con clásicos como la crítica a las élites de ‘The Eton Rifles’, ‘In the City’, ‘That’s Entertainmet’ o la imbatible ‘Town Called Malice’. Weller, cabeza visible de la banda, seguía otros derroteros musicales, solo hay que ver el órgano del ‘Town Called Malice’, lo que desembocó en la ruptura de la formación. Weller mostraba las influencias del Soul y el Northern Soul, y el disco The Gift era una muestra de ello. Por cierto, que uno nunca se cansa de este soberbio tema que te pone a bailar en cualquier momento.

En una de las cimas más altas de su carrera, Weller decide afrontar un nuevo proyecto donde explorar esas influencias Soul. Será The Style Council, junto a Mick Talbot, donde también se verá absorbido por algunas de las corrientes más Pop de la década, aunque no llegaría a adoptar las poses de los ‘Nuevos Románticos’. The Style Council también llegaron alto con algunos de sus discos, y canciones como ‘Walls Come Trumbling Down!’ y ‘Shoutto the Pop!’ también alcanzan la categoría de clásicos. Allí encontramos algunos de los elementos característicos de la música de Weller, su querencia por la música Soul, la elegancia en los arreglos, esos estribillos y su fuerza y potencia. Pero The Style Council se fueron quedando desfasados, no encajando en los cambios del Pop de finales de los ochenta y sus dos últimos discos pasaron más inadvertidos, en un intento de encajar en esas transformaciones que decíamos y que no cuajaron. La carrera de Weller sólo tenía un camino que era el de intentarlo en solitario.

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Weller publicaría su debut en solitario en 1992, Paul Weller, iniciando una trayectoria que se ha caracterizado por un gran eclecticismo en sus influencias y en girar hacia lugares insospechados, como veremos posteriormente. En 1993 llegó el segundo trabajo, un exitoso Wild Wood, aunque ninguna de las canciones de este periodo alcanzan la fuerza de sus trabajos anteriores, incluso por momentos podemos decir que es un Weller más pausado. En pleno BritPop llega un tercer disco, Stanley Road (1995), donde encontramos su primera colaboración con una figura central en su carrera, el guitarrista de Ocean Colour Scene Steve Cradock, que será su mano derecha en el estudio y en directo durante más de una década. Canciones como ‘Wild Wood’, ‘Hang Up’, ‘Sunflower’ o ‘The Changingman’, entre otras, están entre lo más destacado de este periodo, a los que seguirán discos que irán consolidando su posición pero también por momentos poniendo el piloto automático. Otro de los factores que contribuyó a mantener la vigencia de las canciones de Weller fue la inclusión de temas de The Jam y de The Style Council en bandas sonoras de películas de marcado acento británico como Billy Elliot (2000), en series de televisión, etc.

A partir de la segunda mitad de la primera década del siglo XXI, Weller ya alcanza el estatus de clásico de la música popular, y nos regalará en 2004 una deliciosa colección de covers como es Studio 150 donde repasa sus influencias. Pero, en este momento también su carrera comenzará a estar marcada por una mayor irregularidad. As Is Now (2005) no acaba de funcionar de la misma forma, aunque no es un mal disco, pero demostrará que todavía tiene mucho que decir con el ambicioso 22 Dreams (2008). Este es el mejor trabajo de Weller en mi opinión en todo el periodo, un disco en el que se ven numerosas influencias, desde el Folk hasta la Psicodelia, el Pop elegante, y por supuesto, el Soul. Hay de todo en un disco donde destacan temas como ‘Cold Moments’, la sección de viento de ’22 Dreams’ que te lleva directamente al Northern Soul, ‘Have You Made Up Your Mind’ con ese estribillo juguetón, con su amigo Noel Gallagher firma la oscura y ruidista ‘Echoes Round the Sun’. Weller también aprovechó esos años para sacar directos y acústicos por doquier, era el momento. Y, atento a los tiempos, llegaría un disco más complejo y en el que se apuntaba a sonidos más modernos con el también sobresaliente Wake Up the Nation (2010), otro trabajo de carga política donde también participaba todo un Kevin Shields (My Bloody Valentine). No era un disco fácil, obviamente, pero parecía definir un Weller maduro que tuvo un patinazo importante con su aproximación al Krautrock y a los sonidos más electrónicos de Sonik Kicks (2012). Afortunadamente, con Saturns Pattern (2015) recuperamos un Weller más reconocible aunque no sobresaliente, sin dejar de buscar otros sonidos.

Como decíamos, en breve analizamos el nuevo disco de Paul Weller, uno de nuestros artistas favoritos, con la clase por bandera. Haciendo gala de lo británico y con una fuerte carga política, Weller nunca ha dejado indiferente y ha dado lugar a numerosas grandes canciones. Puede que sus derivaciones más electrónicas o algunos de los bandazos que ha tenido le hayan situado lejos de la primera fila de los grandes clásicos, pero Weller está ahí y parece tener cuerda para rato. Todavía recordamos su actuación en el BBK Live de 2010, donde en un breve concierto repasó temas de su disco de entonces, Wake Up the Nation, y algunos de sus hits. Y yo no puedo dejar de poner otra de mis canciones favoritas, este ‘Walls Come Trumbling Down!’ de The Style Council…¡A bailar!

Los Restos Del Concierto

Porque no todos oímos lo mismo