J Mascis, “Elastic Days”

14 Ene

Durante unas semanas vamos a seguir con discos de 2018 que se nos quedaron en el tintero y uno de ellos es seguramente uno de los que más he escuchado en los dos últimos meses, Elastic Days de J Mascis, una obra soberbia y mayúscula. Que Dinosaur Jr. hubiesen merecido mejor suerte es un hecho, la banda de Mascis, Low Barlow y Murph con su sonido característico se anticiparon a lo que vendría a finales de los ochenta y primeros noventa del siglo pasado. Las tensiones internas hicieron el resto y ya en el tramo final de la primera década del siglo XXI regresaron publicando discos y girando. J Mascis por su parte debutó en solitario en 2011 y Elastic Days es su tercera entrega. Como no he escuchado los discos anteriores, no tengo posibilidad de comparar pero sus doce canciones son una gozada, con su personalísima voz, su estructura basada en la combinación de guitarras acústicas y eléctricas, temas que van creciendo en intensidad, canciones impregnadas de melancolía y con el contrapunto de esas guitarras eléctricas que rompen las canciones y las llevan a otro nivel aunque ya te tenían ganado con las acústicas.

El primer tramo del disco es un carrusel emocional que comienza con la soberbia “See You At the Movies”, ya con el título te gana, una melodía bien construida, melancólica y con la forma de cantar de Mascis destacando, con un colofón final eléctrico. “Web So Dense” es si cabe más nostálgica, con la misma estructura de comienzo acústico y cierre eléctrico, pero con un fondo de sección de cuerdas que le da un toque distintivo. Y qué puedo decir de “I Went Dust”, ufff, brutal, emocionante, con la presencia de voz femenina, y llevando a la máxima expresión la estructura que estamos señalando, la parte acústica es finísima y delicada pero la eléctrica se sale también. En la misma línea, pero con un toque más optimista en la música, cabe meter “Sky Is All We Had” (otro título de lujo), que te deja exhausto en este primer tercio del disco. Te da un leve (pero muy leve) respiro con la más Power Pop “Picking Out The Seeds”, con Mascis cantando en falsete, y te lleva a la melancolía de golpe con “Give It Off”, otra canción muy bien estructurada en esa combinación de acústicas y eléctrica.

El nivel del disco sigue por todo lo alto en la segunda parte, comenzando con “Drop Me”, más acústica y con la presencia de Mark Mulcahy como segunda voz. “Cut Stranger” rompe un poco el modelo de canción, es más acelerado y aunque comienza de forma acústica también incorpora la eléctrica al final. Y el final del disco todavía nos va a dejar algunas maravillas como “Elastic Days”, un emocionante tema en acústico, y “Sometimes”, otra canción marca de la casa que se acelera al final. “Wanted You Around” es más intimista y el cierre es para otra canción sobresaliente, “Everything She Said”, donde destacan las acústicas.

En fin, poco más se puede decir de este disco que nos tiene emocionados desde hace dos meses y que también se mereció la inclusión de “See You At The Movies” entre nuestras canciones del año 2018. Una gozada de disco Elastic Days, no se lo pierdan.

“Monster” o la reivindicación de un buen disco de REM

11 Ene

Septiembre de 1994 y REM, una de las bandas más grandes del momento, publican su noveno disco de estudio, Monster, un trabajo que había levantado una gran expectación tras Out of Time (1991) y, especialmente, el clásico Automatic for the People (1992). Pero había más, en esos dos años el Grunge había arrasado, Nirvana había roto moldes y Kurt Cobain se había suicidado. Y todo el dos años. Las guitarras habían logrado un nuevo protagonismo pero eso ya lo habían hecho REM en los ochenta, en su primera etapa en I.R.S. Records y en aquellos cinco discos también impresionantes. Luego, derivaron en temas más melódicos, en medios tiempos brillantes y angustiosos, que les llevaron a una popularidad inusitada. Pero volvamos a Monster, y es que Stipe, Buck, Mills y Berry tenían el listón muy alto, altísimo. La banda siguió trabajando con el productor Scott Litt y decidieron meter más guitarras, ¿adaptación a los tiempos o una mirada atrás?, las dos cosas seguramente. Lo cierto es que Monster tuvo una buena acogida pero, con los años, no ha sido precisamente el disco más valorado de los de Athens, siendo incluso catalogado como una obra menor. Vale que no tenía todos los singles del Automatic for the People o que algunas canciones son más oscuras, pero escuchando Monster veinticinco años después, y lo llevo haciendo en estas dos décadas y media, creo que es un trabajo que no ha perdido vigencia y que es reivindicable. Por cierto, que Monster fue número 1 en Estados Unidos y en otros países, vendiendo millones de copias.

Ya era un disco que convencía desde la portada pero si comenzabas con una canción como “What’s the Frequency, Kenneth?” pues te tenían ganado. Es una de las grandes canciones de la banda, un tema donde las guitarras toman el protagonismo, con esa guitarra de Buck omnipresente en toda la canción, aunque también tiene un punto melódico. El segundo corte del disco es la oscura y adictiva “Crush with Eyeliner”, con un punto perturbador por la forma de cantar de Stipe y la producción, y con la participación a las guitarras de todo un Thurston Moore (Sonic Youth). En “King of Comedy” se adelantan a otros tiempos, con un sonido más electrónico, aunque luego se derivan hacia ritmos más melódicos. Y en “I Don’t Sleep, I Dream” parecen derivarse hacia los sonidos de su disco anterior, aunque matizado, con un Stipe cantando en falsete en parte del tema, y no será la primera vez en Monster.

“Star 69” es más guitarrera, tiene un punto Punk muy claro y funciona a la perfección, con Berry golpeando con fuerza a la batería. Cambian de tercio con “Strange Currencies”, un delicioso medio tiempo que podría haber entrado perfectamente en el Automatic for the People, una canción en la que por momentos Stipe frasea y en el que se acercan a su lado más épico. “Tongue” es una canción diferente, es de las más flojas del disco, con Stipe en modo falsete y con el órgano tomando el protagonismo del tema. Por su parte, “Bang and Blame” es una de las canciones más reconocibles del disco, un medio tiempo muy atractivo que crece en intensidad y en el que las guitarras van cogiendo fuerza a medida que avanza el tema.

El tramo final no carece de interés, al contrario, comenzando con la fascinante “I Took Your Name”, uno de mis favoritos de nuevo con las guitarras protagonizando la canción. “Let Me In” es la emotiva dedicatoria de Stipe a Kurt Cobain, escrita tras el suicidio del segundo y su letra viene a ser un Stipe hablando por teléfono con Cobain para evitar esa trágica decisión, por cierto que REM eran una de las bandas favoritas de Cobain. Una canción muy minimalista en la que Mills coge la guitarra aunque queda en el fondo destacando siempre la voz y la emotividad de Stipe. “Circus Envy” es muy cañera de nuevo, más oscura y distorsionada, y el cierre es para una menor “You”, un tema más experimental en el que Stipe recupera el falsete.

Como decíamos, REM fueron número 1 y Monster vendió millones de discos, pero las expectativas de su discográfica eran más elevadas. Además, la gira posterior tuvo incidentes graves para la banda, el más grave el aneurisma cerebral que sufrió el batería Bill Berry, recordemos que dejó la banda en 1997. Fue también un punto de inflexión cuesta abajo para los de Georgia porque no alcanzarían esas cifras de ventas nunca más e incluso su siguiente disco, que no toca en estos momentos, New Adventures in Hi-Fi (1996), fue saludado como una vuelta a los tiempos del Automatic for the People, pero esa es otra historia. Es el momento de seguir recordando un Monster que, si bien no es uno de los clásicos de REM, merece un mayor reconocimiento.

“Freak Scene” de Richard King

08 Ene

La editorial Contra publicó el año pasado la traducción de Freak Scene. Los chalados e inconformistas que crearon la música independiente (1975-2005) de Richard King, consagrado al recorrido de los sellos independientes británicos que alumbraron una escena musical que ha marcado a diferentes generaciones. King también fue integrante de la misma, fundó un pequeño sello discográfico, y realiza un extenso y minucioso recorrido basado mayoritariamente en los testimonios de sus protagonistas. El libro es apasionante en varios sentidos, por una parte porque son sellos y artistas que alcanzaron una grandísima notoriedad y éxito y de los que salieron auténticos iconos de la música popular. Pero, por otra parte, no deja tampoco de mostrar las enormes contradicciones en las que incurrieron sus protagonistas, muchas de ellas derivadas de una elevada falta de profesionalidad por algunos de ellos, así como por cuestiones vinculadas a la autenticidad, la independencia y no “caer en las garras de las majors” y dejarse guiar por lo que mandaba el mercado e incluso el querer vender discos. Obviamente, todo ello en un contexto muy determinado, la escena musical británica de las tres décadas contempladas, así como su vinculación desde finales de la década de los ochenta con la escena alternativa norteamericana. Unas páginas que transmiten sonidos de guitarras pero también electrónicos, no hay que olvidar el crecimiento de esa escena desde la segunda mitad de los ochenta.

Freak Scene es un libro bien construido, sus capítulos son coherentes y tienen una evolución lineal, aunque no es menos cierto que por momentos puede ser apabullante por la cantidad de protagonistas que existen, tanto de sellos como de artistas. También en ocasiones es necesario pararse a analizar el proceso de producción y distribución de los discos, lo cual genera situaciones como las de uno de los grandes protagonistas del libro como es el mítico Rough Trade de Geoff Travis. Junto a ellos, la Factory de Tony Wilson, Mute de Daniel Miller, 4AD de Ivo Watts-Russell, Creation de Alan McGee o Domino de Laurence Bell, entre otros muchos. Sellos que, como decíamos, están vinculados a un contexto, en no pocas ocasiones muy local (Manchester, Sheffield, Glasgow y, por supuesto, Londres), y a las peripecias vitales y a las motivaciones, ambiciones, aspiraciones e inquietudes de sus protagonistas. Visionarios muchos de ellos pero también imbuidos en un mundo de excesos. Y sellos y A&R que serían sinónimo de calidad. En este proceso también tendría mucho que ver, especialmente en sus inicios, la filosofía del DIY (Do It Yoursefl / Hazlo tú mismo) heredado del Punk, así como una cierta concepción artística, aunque había de todo.

Un repaso sin concesiones a la historia de la música independiente (sí, ya sé que es una categoría muy vilipendiada) con destacada presencia de bandas como Joy Division, New Order, The Smiths, Cocteau Twins, Echo & The Bunnymen, Depeche Mode, Pixies, The KLF (uno de los mejores momentos sin duda alguna de todo el libro), el BritPop (que sale bastante mal parado, la verdad), Primal Scream, Pulp, The Strokes, The White Stripes, The Libertines, Franz Ferdinand y Arctic Monkeys, momento en el que termina el libro cuando la industria musical ha entrado en una crisis sistémica que se menciona. Y todo ello también con las majors tratando de aprovechar el tirón bien sea a través del fichaje de estos artistas y bandas o bien creando escenas que “inflaban” el mercado. Aunque está crítica también se hace extensiva a las propias indies en algunos momentos, a través de algunas decisiones que tomaron complicadas. Y también se presenta de manera crítica el papel de los medios de comunicación británicos, especialmente revistas como NME Melody Maker, aunque se pone en valor la figura de John Peel, el mítico DJ de la BBC.

Freak Scene se disfruta bastante y ayuda a entender las luces y sombras de esa escena “indie”, al fin y al cabo parte de nuestra socialización musical viene de ese ámbito. Aunque reconoce el valor de la misma, se agradece que King no entre en procesos de mitificación o en lecturas hagiográficas, al contrario.