Suede, ‘Night Thoughts’

Suede-Night-ThoughtsConfieso que me pongo en guardia cada vez que se anuncia el regreso/reunión de una banda importante después de años de silencio; en estas a menudo resuena el afán recaudatorio y la excusa para salir de gira y pasear los éxitos de sus momentos de gloria. Por ello mis reparos iniciales al regreso tras más de diez años de silencio de estos londinenses de azarosa trayectoria, reparos que se revelaron injustos después de escuchar ‘Bloodsports’ (2013), un regreso maduro y más que digno que contenía algunas excelentes canciones que parecían devolverles en perfecto estado de forma. Guiados por las profundas y estridentes guitarras de Richard Oakes y presididos por la imperial voz de Brett Anderson, volvían quienes preludiaron el britpop para demostrar décadas después que no habían olvidado una lección que conocían como el que mejor.

Y ahí continúan tres años más tarde sin abandonar su terreno, exprimiendo el sonido que les dio la fama y que aún parece dar de sí. Y es que los excelentes mimbres con los que cuentan, junto al oficio que les han proporcionado los años, siguen dando resultados como este ‘Night Thoughts’, editado a principios de año, en el que adoptan un tono más conceptual e introspectivo, casi de banda sonora (no en vano fue presentado junto a una película de una hora), que incluye canciones menos directas que el anterior pero que igualmente contiene ejemplos de energía y elegancia.

Como en la introducción de When You Were Young épica y dramática a partes iguales antes de que la electricidad recupere las riendas en la enérgica Outsiders. No Tomorrow es una nueva demostración vocal del bueno de Anderson, y Pale Snow  un sugerente interludio antes de la preciosa I Don’t Know How To Reach You, que contiene un estribillo brillante y emotivo con una guitarra algo más dura. What I’m Trying To Tell You comienza sin aportar nada y va mejorando al final y la romántica y desesperada Tightrope recupera el mejor nivel con sus preciosas orquestaciones. A Learning To Be, que también suena a interludio ambiental, le sigue el acelerón emocional de la hermosa Like Kids, y otra demostración vocal en la más desprovista de arreglos I Can’t Give Her What She Wants, con una discreta orquestación al igual que en el precioso cierre al piano, coros y orquesta de la dramática The Fur And The Feathers.

Sin variar apenas la estructura de sus canciones, manejándolas con pericia para no agotar la fórmula, los resultados han vuelto a llegar para mantener viva la llama del sonido de los noventa, algo que no todos los músicos de su generación pueden decir, y para recuperar un lugar de privilegio en el pop-rock británico actual, quitando razones a quienes querían enterrarlos antes de tiempo.

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