Hiss Golden Messenger, «Terms of Surrender»

Otra amalgama deliciosa de virtuosas sensibilidades reunidas una vez más por el genio de un M.C. Taylor que lleva años editando joyas cada vez más apreciables entre la urgencia del estruendo comercial. Por nuestra parte, tras el descubrimiento de sus dos referencias de 2017 (‘Heart Like a Levee’ y ‘Hallelujah Anyhow’) nos fuimos dejando seducir por el grueso de su prolífica carrera al frente de Hiss Golden Messenger que ya completa once referencias de estudio (a una por año de existencia) y que en los últimos años ha ido ganando relevancia.

Además de las habituales colaboraciones en la formación, como las de los hermanos Cook (Brad en la producción además de Phil), destacan las aportaciones de gente como Aaron Dessner (The National) o Jenny Lewis entre otros, para conformar un folk límpido y sutil, con medido y variado componente eléctrico y con la sensibilidad vocal a flor de piel. Con dominio de la temática personal (familia, entorno, salud), también hay espacio para la social como la fantástica I Need a Teacher, que abre el disco con contundencia rítmica y reivindicación educativa. Luminosa y triste, la bella Bright Direction (You’re a Dark Star Now) da paso a la más enérgica y ligera My Wing. Ejemplos de contención y sugerencia son el ritmo denso de Old Enough To Wonder Why (East Side-West Side) y la crudeza bluesera de Whip. Los teclados y el moderado volumen de Cat’s Eye Blue introducen una pausa antes de dedicar a su hija la animosa Happy Birthday Baby y a una amiga Katy (You Don’t Have To Be Good Yet). Aires blues y conflictos interiores componen Down at the Uptown y un piano triste enfrenta la adversidad en el intenso cierre que da nombre al disco.

Un placer escuchar estas nuevas canciones que una vez más abstraen por la magistral interpretación, sensible y elegante, de una banda repleta de talentos entregados a la causa de un Taylor que no relaja el nivel en esta última entrega que puede situarse a la altura de sus magníficos precedentes.

Big Red Machine, «Big Red Machine»

PEOPLE es una comunidad principalmente de músicos, surgida durante el festival de Michelberger (Berlín) en 2016, en la que una multitud de ellos colaboran y comparten sus creaciones libremente. Entre sus miembros hay gente del nivel de Sufjan Stevens, Thomas Bartlett, Will Oldham o miembros de The National o Arcade Fire y entre sus primeros y más ambiciosos frutos está este proyecto bautizado como Big Red Machine y capitaneado por Justin Vernon y Aaron Dessner, lo cual en principio suponía una garantía y en conclusión ha supuesto toda una satisfacción.

Y es que a los rasgos inevitables de la obra más popular de estos dos músicos, cuyos proyectos principales (Bon Iver y The National) lideran la actual escena independiente norteamericana, hay que añadir una elevada cuota de instinto innovador que han sabido resolver con éxito y consistencia. Virados a la electrónica pero con elementos de lo más variado que van del folk a la música negra e incluso étnica, no renuncian a los instrumentos clásicos (guitarras, pianos…) y los consiguen integrar perfectamente en el conjunto. También merece una atención especial el protagonismo vocal de Vernon cuya voz, en ocasiones tratada y en otras desnuda, contribuye enormemente a realzar sobre todo los pasajes más emocionantes.

Desde el principio predomina la rítmica electrónica, aunque cálida y sutil como es el caso de Deep Green o la enorme Gratitude, con una textura más orgánica y una atmósfera casi tribal. I Won´t Run From It y Melt insisten en esa atmósfera, más folk la primera y desgarrada y catártica la segunda. La energía rítmica y las voces de Lyla la aproxima a los cánones del R&B y el Hip Hop, al igual que Air Stryp o Forest Green, más negra y cálida esta última, sin duda bella. Al piano suenan las también bellísimas y magníficamente cantadas Hymnostic y People Lullaby. Me dejaba OMDB, sostenida por la voz manipulada de Vernon y unas percusiones metálicas y profundas.

Un gran trabajo alejado de las órbitas habituales de sus componentes principales que propone con acierto nuevas estructuras y variadas combinaciones y sabe mantener el equilibrio entre la melodía y la experimentación. Una alegría esta asociación de la que han sabido extraer un sonido siempre particular y por momentos muy grande.

Luluc, «Sculptor»

Sin duda que el hallazgo discográfico que más me impactó del 2014 fue el segundo disco de este dúo australiano compuesto por Zoë Randell y Steve Hassett que te conquistaba a base de tímidos y acogedores abrazos musicales, desde la frágil voz de la Randell y los discretos arreglos de Hassett junto a Aaron Dessner de The National.

Recién aterrizados en Sub Pop seis años después de su también excelente debut con «Dear Hamlyn», autoproducido en 2008, se daban a conocer más ampliamente con el ya mencionado «Passerby» (cómo evitar un recuerdo para la maravillosa Without a Face) y comenzaban a recabar numerosos halagos que no les han urgido a la hora de grabar este tercer álbum ni a variar las coordenadas con respecto a los anteriores, si bien introducen ligerísimos elementos sintéticos que no llegan a alterar la percepción básicamente acústica de sus canciones.

La maravillosa voz de Zöe ya acapara la atención desde el inicio y pule la densa intensidad que va adquiriendo Spring, al igual que en Heist, que se arma paulatinamente sobre el órgano, los vientos y las preciosas voces. La emoción de Kids se sostiene sencillamente sobre la guitarra y el órgano y en Controversy musican con éxito un fragmento literario de la novela «My Brother Jack» del también australiano George Johnston.

Tanto Cambridge (algo larga), como Me and Jasper (con J Mascis a la guitarra) y Genius (con una percusión más jazzera a cargo de Jim White) suponen el tramo más flojo del disco que nuevamente remonta en el trío final. Son preciosos los arreglos de guitarra y piano de Moon Girl o los ligeros añadidos agudos a la desnudez de Needn’t Be antes continuar en la misma línea de profundidad instrumental con que cierra Sculptor.

De nuevo acompañados en varias interpretaciones por Aaron Dessner, además de otros músicos ya mencionados y alguno más, vuelven a surgir las inevitables comparaciones con la música de Low y la voz de Mimi Parker, pero Luluc se definen mejor en los rasgos de un indie-folk, de amable pero fuerte personalidad, que se nutre de esa y otras influencias en su íntimo recorrido musical que, bajo una apariencia uniforme, cobija un montón de bellos y emocionantes detalles.