Alice in Chains se ponen acústicos con «Jar of Flies»

Hace unos meses nos hacíamos eco de la nueva entrega de Alice in Chains, un notable Rainier Fog (2018) en el que los de Jerry Cantrell seguían con la segunda etapa de su carrera tras el fallecimiento de Layne Staley en 2002. Con William DuVall, Cantrell, Sean Kinney y Mike Inez llevan ya tres discos aunque su gran momento llegó como una de las cuatro formaciones clásicas del Grunge junto a Nirvana, Pearl Jam y Soundgarden, todas ellas salvo los segundos tocadas también por la tragedia. En el caso de Alice In Chains, su sonido siempre fue más duro y metalero incluso que el de sus coetáneos. De hecho, su debut de 1990, Facelift, había logrado vender dos millones de discos en Estados Unidos, pero sería Dirt (1992) el que los encumbraría ya dentro de la ola seattleliana. Sin embargo, en 1994 sorprenderían con un EP más acústico y melódico que vamos a recordar en su veinticinco aniversario, nos estamos refiriendo a Jar of Flies. En el mismo ya estaba en la banda el bajista Mike Inez que había sustituido un año antes a Mike Starr, y mostraron una línea de su sonido diferente que también se podría observar en el MTV Unplugged de 1996. Vale que todos recordamos el de Nirvana pero este de Alice in Chains es una auténtica joya que también recuperaremos en su momento, con interpretaciones muy sentidas de «Nutshell», «Rooster» o «Down in a Hole», aunque también mostraba el frágil estado de Staley. Pero volvamos a este amplio EP, siete canciones, que también forma parte de la banda sonora de nuestra juventud.

El comienzo del EP, el tercero de su carrera, era para una brutal «Rotten Aple» que se iba casi a los siete minutos, donde destacaba el bajo de Inez, en un tema más melódico y con una fuerza épica. «Nuthsell» es una barbaridad, para mí una de las cimas de su carrera, una canción tremendamente emocionante que va en ascenso y con una interpretación de Staley que luego superaría en el ya mencionado MTV Unplugged, todavía se me pone la piel de gallina cuando la escucho. En «I Stay Away» le meten una sección de cuerda para contrarrestar con la rabia que no se ve atemperada por el sonido más acústico, otra canción muy destacada que también tiene un punto más oscuro en su desarrollo. «No Excuses» fue la carta de presentación del EP, un tema también diferente con un sonido que casi podrían firmar los propios REM, esa batería del comienzo se escora hacia sonidos más Pop, y la canta Cantrell, siendo otro tema que tampoco ha perdido su vigencia tras un cuarto de siglo. «Whale & Wasp» es un instrumental a mayor gloria guitarrera de Cantrell, en el que también aparece la sección de cuerda como contrapunto. «Don’t Follow» es una preciosa canción muy acústica, con la guitarra y la armónica prácticamente como protagonistas instrumentales, en el que también canta Cantrell y que se acerca más a los sonidos de raíces con una parte final casi con coros gospelianos y con un punto Blues. El cierre es para «Swing on This», una canción más ecléctica en la que aparecen sus señas de identidad, pero llevadas al terreno del disco, pero también otras variaciones que por un momento pueden pasar del Blues al Jazz, pero manteniendo su esencia.

La carrera de Alice in Chains daría poco más juego en la etapa de Staley, muy afectado por sus adicciones. En 1995 publicaron Alice in Chains, con el que alcanzarían el número 1 en Estados Unidos, pero ya no volverían a publicar música nueva con Staley que, como hemos señalado, fallecería en 2002. La segunda etapa de la formación ha resultado honesta pero más discreta, pero siempre serán una de las bandas más importantes de la primera década de los noventa y exponentes del Grunge. Y con Jar of Flies también demostraron su capacidad en el terreno acústico.

 

Alice In Chains, «Rainier Fog»

Rainier Fog es el sexto disco de la mítica banda de Seattle Alice in Chains, una de las formaciones que definieron el Grunge a finales de los ochenta y en los primeros noventa del siglo XX. No hemos hablado nunca de Alice in Chains en Los Restos del Concierto, así que ya les tocaba. De las cuatro grandes bandas de Seattle (junto a Nirvana, Pearl Jam y Soundgarden), Alice in Chains eran los que tenían un sonido más Heavy Metal, igual tenían menos potencialidad comercial pero, a la vez, podían tener más seguidores y seguidoras en ese ámbito. Lamentablemente, y como Nirvana y Soundgarden, la tragedia marcaría la trayectoria de Alice in Chains con el fallecimiento por sobredosis de su cantante y frontman Layne Staley en 2002, así como la del bajista original (había dejado la formación en 1993), Mike Starr, que lo hizo en 2011. Staley era el líder carismático pero la fuerza creativa era el talentoso guitarrista Jerry Cantrell pero la defunción de Staley dio lugar al final de la primera etapa de la banda, consolidada con el batería original Sean Kinney y el bajista Mike Inez. Aunque su producción no había sido muy extensa en cuanto a discos, hasta 2002 habían publicado tres largos y varios EPs, dejaban clásicos como «Would?», «Man in the Box», «Bleed the Freak», «Angry Chair», «Rooster» o «Again». Además, a mí me gusta reivindicar su lado más acústico, aquella maravilla que fue del EP Jar of Flies (1994) con «No Excuses», «I Stay Away» y «Nutshell» o su tremendo MTV Unplugged de 1996 que les llevó al 3 del Billboard y en el que se veía a un Staley en muy malas condiciones físicas pero haciendo una interpretación brutal. Tras el shock del fallecimiento de Staley, Cantrell, Inez y Kinney regresaron a los escenarios en 2005 e incorporaron poco después a William DuVall, un cantante y guitarrista solvente y con personalidad propia, no intentando clonar a Staley, cuestión imposible. Cantrell asumiría junto a DuVall las tareas de cantante y desde entonces ya han publicado tres largos, siendo este solvente Rainier Fog la última entrega. Obviamente, no hay variación en el sonido de Alice in Chains, esas guitarras pesadas y ese tono un tanto épico y dramático, aunque también es verdad que el disco puede hacerse por momentos un tanto reiterativo.

Con Cantrell asumiendo prácticamente la totalidad de las tareas compositivas, el disco comienza con la potente «The One You Know», un tema donde combinan las voces Cantrell y DuVall y que cuenta con un sonido épico. En «Rainier Fog» parecen buscar un sonido más melódico pero destacan de nuevo los riffs poderosos. Por su parte, «Red Giant» gana con las escuchas, quieren apuntalar la épica del disco y suena como los Alice in Chains de hace más de dos décadas, con la batería de Kinney destacando. «Fly» es una de las canciones que más nos convencen, de nuevo sonido de principios de los noventa pero acercándose a la parte más melódica aunque no se acercan al lado acústico. En «Drone» vuelven a la potencia y la «pesadez» de las guitarras, y se van muy por encima de los seis minutos, aunque de fondo parece que Cantrell quiere darle un punto blusero.

En la segunda parte siguen con un sonido más monolítico aunque «Deaf Ears Blind Eyes» tiene un toque más oscuro y Cantrell sigue haciendo de las suyas a la guitarra. En «Maybe» retornan al punto más melódico aunque sin dejar la potencia y «So Far Under», tema compuesto exclusivamente por DuVall, entregan un tema muy potente pero que se hace ya muy reiterativo. «Never Fade» es otra de las grandes canciones del disco, va in crescendo y regresan al tono más melódico. El cierre es para el larguísimo «As I Am», supera los siete minutos, cargando el tema de dramatismo pero se hace muy pesado.

Está claro que este Rainier Fog convencerá a los fans del grupo y a los seguidores del Grunge y que no saldrá de esos contornos, pero hay que destacar el buen hacer de una banda como Alice in Chains, como también lo demuestran en directo, y con unas canciones nuevas que no alcanzan sus clásicos pero que tampoco desmerecen su trayectoria.

 

La última vez que vimos a Pearl Jam…¡y ha pasado mucho tiempo!

Estamos inmersos en el BBK Live, uno de los festivales que más nos gustan. Hay que reconocer que BBK Live es un mastodonte de festival, dicho con el mayor de los cariños y respetos. Es un festival de poderío, de músculo, que comenzó en un lejano ya 2006 con aquellos Guns N’ Roses desnaturalizados, Ben Harper & The Innocent Criminals y Placebo de teloneros. Nosotros hemos ido varias veces a un festival que se celebra en un Kobetamendi que domina nuestro querido Bilbao, que tanto a Javier Castro como a mí nos trae los recuerdos de haber estudiado en Leioa y vivido años en el Gran Bilbao. Esas vistas de Bilbao nocturnas desde el Kobetamendi…maravillosas. Pero no fuimos por primera vez hasta 2010 cuando venían Pearl Jam. En 2006 ya habíamos asistido al concierto de nuestras vidas, y es cierto, en Azkena, con unos Pearl Jam que reventaron Mendizabala y que nos dejaron sin palabras y sin aliento. Venían con su disco Pearl Jam (2006), el del aguacate y fueron casi tres horas sin parar. Luego tocaría el turno de una floja actuación en el Festimad de Leganés en 2007, cuando nos quedamos tirados en Móstoles, pero aquellos Pearl Jam que en septiembre de 2006 nos habían dejado sin palabras sonaron planos en Leganés. Luego llegaría Backspacer (2009), uno de sus trabajos más flojos, y eran cabeza de cartel del BBK Live, y allí nos fuimos de cabeza unos cuantos, todos repitiendo con respecto a Azkena 2006.

BBK Live nos impresionó aquel 9 de julio viernes, subir al monte en los autobuses mientras íbamos de nuevo a ver a Pearl Jam. Nuestras vidas habían cambiado tanto en unos pocos años que ya no nos reconocíamos. Yo ya era padre de un niño de poco más de un año al que le compré una camiseta de Pearl Jam. Llegamos a Bilbao tras salir de trabajar sin comer, fue un viaje en coche por la autopista con mi hermano, una de las personas en las que más confío y confiaré en aspectos musicales. En Bilbao nos esperaba Javier Castro y más gente. Subimos a Kobetamendi y llegamos cuando tocaba Gogol Bordello, que entonces estaba de moda con sus sonidos étnicos y rockeros. Tocaba Paul Weller, que acaba de publicar el recomendable Wake Up the Nation, y lo vimos en el segundo escenario al lado de las rocas. Y llegaba el primer plato fuerte, Alice In Chains, otros supervivientes del Grunge que, tras el fallecimiento de Layne Staley en 2002 habían vuelto con nuevo cantante, William DuVall. Lo gordo vino cuando salió Mike McCready a interpretar ‘Rooster’ para terminar un concierto que había incluido ‘Nutshell’, ‘Man in the Box’ y ‘Would’, con un pletórico Jerry Cantrell.

Ya estábamos listos para lo que nos vendría después, Pearl Jam…Tenía el recuerdo imbatible de Azkena pero también el borrón del Festimad. Daba igual, me volví a emocionar y a venir arriba con los primeros acordes de ‘Do the Evolution’, una forma de salir a escena imbatible. Pero es que la cosa no paró ahí, ‘Corduroy’, ‘Hail Hail’ y ‘Why Go’ electrizaban una noche bilbaína maravillosa. Rebajaron el ritmo pero la cosa alcanzaría otro momento cumbre con el ‘Even Flow’, hubo recuerdo para Joe Strummer, y cerraron la primera parte con la brutal ‘Porch’. No podíamos pedir más, pero salieron para el primer ‘Encore’ que cerraron con ‘Black’, llorando estábamos, y ‘Rearviewmirror’. Y volvieron de nuevo para interpretar el ‘Just Breathe’ de su último disco, un ‘Daughter’ que cantó un fan que subieron al escenario en el que sería uno de los momentos de la vida de la criatura; y cerraron con ‘Alive’. Se nos hizo a poco, pero bajamos del Kobetamendi por las escaleras y cuestas del barrio de Altamira. Volví a Logroño en una noche dura por la autopista, pero muy emocionado por ver de nuevo a Pearl Jam, mi banda favorita.

Volvimos al BBK Live en 2012 para ver a Radiohead y en 2014 con The Black Keys. Este año no ha podido ser pero esperamos regresar pronto. Esperemos que los amigos y amigas de Last Tour nos traigan de nuevo a Pearl Jam, y que si era al Azkena, mejor que mejor. Estamos ya expectantes esperando los carteles de Azkena y BBK Live de 2018, aunque no parece que Pearl Jam salgan de gira en esas fechas ni se espera disco nuevo a la vista. Da igual, nos queda el recuerdo y nos queda el BBK Live, un festival que no defrauda.