El «Hasta luego» de Los Rodríguez que es un adiós

Nos habíamos quedado con más ganas de Los Rodríguez tras el recuerdo de Palabras más, palabras menos (1995) y nos vamos a ir un año después cuando sorprendieron con Hasta luego (1996), su recopilatorio de despedida. En un tiempo en el que no existían las Redes Sociales ni Internet era lo que es hoy, para nada, no tenías tantas posibilidades de enterarte de las noticias musicales. Eso también daba lugar a que las noticias fuesen mucho más inesperadas o sorprendentes. Lo comentábamos en la entrada del otro día, Los Rodríguez eran en los años centrales de la década de los noventa la banda de Rock en español más importante. Triunfaban a ambos lados del Atlántico, giraban con Sabina y canciones como «Sin documentos», «Mucho mejor», «Aquí no podemos hacerlo», etc., podían ser tarareadas prácticamente por cualquier persona. Por eso, cuando se dijo que Los Rodríguez lo dejaban fue una sorpresa, también porque daban una imagen de camaradería y de fraternidad propia del Rock & Roll. Esa noticia vino con la publicación del Hasta luego que también pilló por sorpresa debido a que el disco anterior tenía un año, más o menos. El motivo de la separación vendría motivado por los discos en solitario que estaban preparando tanto Andrés Calamaro como Ariel Rot, y que publicarían el año siguiente, así como otras polémicas que no trascendieron mucho aunque sí que se sabe que fue Calamaro el que lanzó el guante a Rot en una entrevista del grupo en Los 40 Principales diciendo que anunciase que estaba grabando disco en solitario. El ambiente, por lo tanto, no era el más propicio y el «Hasta luego» del título del disco no podía ser más explícito, aunque sería un adiós en toda regla. Ya no habría más Rodríguez, ya comentamos que en los años siguientes fallecerían Julián Infante y Daniel Zamora, bajista de la formación que no era miembro oficial. No sería hasta 2019 cuando se juntaron Calamaro, Rot y Germán Vilella, aunque ya había habido gira conjunta de Rot y Calamaro en 2006. El caso es que aquel disco de 1996, que iba a ser de rarezas, se convirtió en un recopilatorio con versiones en directo y nuevas revisitaciones de algunas canciones. Fue todo un éxito, vendió muchísimo y se convirtió en un testimonio de una banda que en poco más de un lustro se había convertido en leyenda.

El disco sigue, más o menos, un orden cronológico y es muy extenso, diecinueve canciones. Recordemos que Los Rodríguez tenían tres discos como eran el desapercibido debut Buena suerte (1991), el icónico Sin documentos (1993) y el gran Palabras más, palabras menos (1995). En 1992, publicaron el directo Disco pirata con una portada que, en fin, vamos a dejarlo. Comienzan con una tanda dedica a Buena suerte que era un buen disco en el que se estaban buscando, pero que también era un poco irregular e igual algo de la producción no funcionó del todo, un sonido en algún momento más ochentero que lo que harían luego. Pero los seguidores y seguidoras de Los Rodríguez ya se habían familiarizado con algunas de sus canciones en los directos. Hasta luego brinda cinco de ellas comenzando con la versión de 1996 de «Mi enfermedad», una canción muy de ese Rock de Los Rodríguez. Se cuela la versión del tango «Copa rota» de Disco pirata que hacen con gran intensidad. Luego irían sumando «A los ojos» en la versión en directo de este último disco, sonando muy enérgica, una de las mejores canciones de ese disco. «Engánchate conmigo» es una rumba fantástica que contó con la colaboración de Antonio Flores. «Buena suerte» es otro medio marca de la casa con una gran letra y «Canal 69» es puro Rolling Stones y se presentó aquí la grabación en directo con Fito Paez. Luego regresaremos al Buena suerte que aquí tuvo un reconocimiento.

La siguiente tanda es para Sin documentos que, curiosamente, aporta cuatro canciones. No podía faltar «Sin documentos», la canción que les catapultó en 1993-1994, ni tampoco la intensa «Me estás atrapando otra vez» que es recogida en directo con lo que todavía gana más intensidad y emoción. «Dulce condena» y «Salud (Dinero & Amor)» son las otras dos aportaciones, dos canciones que también eran éxitos. Para el recientemente reseñado Palabras más, palabras menos, hay más espacio en el disco así que tampoco nos detendremos mucho. De un directo en San Sebastián llega «Palabras más, palabras menos», muy acelerada, mientras que «Aquí no podemos hacerlo» aparece con una tono Dub más pausado y ambiental que la original, más Reggae. «Milonga del marinero y el capitán» da paso a una más cruda y acústica versión del «Extraño» de Julián Infante. Y no podía faltar la gran canción de Los Rodríguez con reminiscencias rumberas, «Para no olvidar».

El disco se cierra con cuatro canciones como son una nueva versión de «Mucho mejor» sin Coque Malla, no conocemos el motivo de su ausencia o de la elección de esta. Hay una versión de la ranchera de José Alfredo Rodríguez «En el último trago», popularizada también por Chavela Vargas, en clave muy Rodríguez. «Cuando t has ido» es una demo de 1992 que tiene un punto más Pop, una canción inédita de tono distinto. Y el cierre es para volver al Buena suerte con la demo de «La mirada del adiós», otra de las grandes canciones de su debut.

Como hemos señalado, aquel disco vendió seguramente más que los anteriores. Pocas bandas pueden acumular tanta leyenda en tan pocos años hasta el punto de que ninguna los ha superado en las dos décadas y media siguientes. Los Rodríguez son historia de la música popular en el mundo hispanohablante. Los que los vimos en directo, y en mi caso fue en Ochánduri (La Rioja), en primera fila, no podemos olvidar cómo sonaban. Rock & Roll, letras fantásticas, canciones eternas. Cierto que, luego, Calamaro se convirtió en un titán con dos discos históricos y que Ariel Rot siempre fue siguiendo su camino de forma segura y con calidad, pero lo que hicieron los Calamaro, Rot, Infante y Vilella, junto con Daniel Zamora en la mayor parte de la carrera de la banda, fue tremendo.

 

«Palabras más, palabras menos» de Los Rodríguez, no sabíamos que era el último

Primavera de 1995, estudio en Romo, mi piso en la calle, la ventana da…describir a dónde daba el piso…y las casetes de Kiko Veneno y Los Rodríguez. Calle Ezequiel Aguirre, se entra por una zona interior con jardines. Son casas de cuatro o cinco alturas, de los 40 o 50. Romo es un barrio obrero. La ventana a da a la calle más amplia Avenida Amaia. Romo es un barrio en gran medida caracterizado por la inmigración y por familias de clases trabajadoras, contrastando con Las Arenas, de la que le separaba las vías del tren, todo eso cambió rápidamente pocos años después. Es un lugar fantástico, tienes el tren cerca, tiene una zona de bares fantástica y tienes poco más de veinte años, estudias Sociología en la UPV…Esa primavera, las casetes del Está muy bien eso del cariño, ya comentado, y Palabras más, palabras menos de Los Rodríguez, serán una parte importantísima de mi banda sonora. Es una primavera agradable, una primavera un poco como las de antes, no hace calor, hay vientos suaves, allí se nota la cercanía del mar. Si Kiko Veneno lo tenía difícil para repetir la jugada de Échate un cantecito, ¿qué podríamos decir de los hispanoargentinos? Los Rodríguez eran unos supervivientes que en 1993-1994 marcaron uno de los cánones del Rock en español: Sin documentos (1993). Era como una última oportunidad también, como Kiko Veneno. Ariel Rot y Julián Infante hacía más de una década que habían pasado su época dorada de Tequila, y la carrera de Rot en los ochenta no había despegado. Andrés Calamaro había venido desde Argentina, donde atesoraba una carrera con Los Abuelos de la Nada. A ellos se unía Germán Vilella a la batería y, en sus comienzos, Guille Martín de Desperados que tocaría el bajo. Los Rodríguez no tuvieron suerte en sus comienzos. Aunque Buena suerte (1991) cuenta con las bases de su carrera, pasó muy desapercibido y le falla la producción. Disco pirata (1992) fue editado en su momento por RTVE y también quedó en un tercer o cuarto plano. Fichan por GASA (Warner) y Sin documentos (1993) sube poco a poco hasta ser un disco imprescindible de la primavera-verano de 1994. Ya está Daniel Zamora al bajo, no miembro oficial de la banda, y con el sonido stoniano con toques latinos van a irrumpir tanto en España como en Argentina. Y llega el temido siguiente disco que será este Palabras más, palabras menos, otra obra maestra del Rock en español, otro disco que es una grandísima continuación de su predecesor. Con Calamaro tomando el mayor peso compositivo, como anteriormente, Los Rodríguez conquistaron también 1995.

«Milonga del marinero y el capitán», de Rot, es una carta de presentación que trata de seguir la jugada de «Sin documentos», una canción rockera con toques latinos y que cuenta con una letra fantástica. «Palabras más, palabras menos» mete todas las guitarras con fuerza, con un tono incluso Punk. Y «Aquí no podemos hacerlo» se convertirá en una de sus canciones más celebradas con su tono Reggae. «Todavía una canción de amor» es una barbaridad, con letra de Joaquín Sabina, ese sonido de los teclados, ese ascenso del tempo, etc., lo tiene todo. Mi favorita es «Para no olvidar», una canción aflamencada, siempre presente este sonido en Los Rodríguez, que cuenta con la participación de Raimundo Amador, otra maravilla. «El tiempo dirá» es más rockera y dura y «En un hotel de mil estrellas» es un tema triste, más minimalista musicalmente.

La segunda parte comienza con otro hit de ese verano de 1995, Coque Malla pone las voces junto a Calamaro y Rot en la icónica «Mucho mejor» que también compuso Rot, una canción juguetona y adictiva que sería recordada como «Hace calor». La melancolía regresa con «La puerta de al lado», en la que participa en la composición Sergio Makaroff, en la que destaca el sonido del órgano y que es otra de esas joyas ocultas de este disco. «Una forma de vida» es el regreso a los sonidos stonianos, también sobresaliente, y «Extraño» es una canción triste que compuso y cantó Infante, con una letra a destacar. «10 años después» muestra la querencia de Los Rodríguez por el Rock & Roll y el cierre es para «Algunos hombres buenos», sonido épico y melancólico que también está entre lo mejor de todo el disco.

Los Rodríguez estaban en lo más alto e incluso los sonidos más rockeros parecía que tendrían alguna oportunidad en el mainstream nacional. Sin embargo, las semillas de la disolución ya estaban marcadas en la banda. A pesar de la exitosa gira con Sabina, 1996 trajo Hasta luego, un recopilatorio que era el final de la banda. Los egos hicieron que se finiquitase una de las mejores bandas de Rock en español. Calamaro se elevó a la categoría de mito en los siguientes años, Rot siguió trabajando con una carrera en solitario muy solvente, Vilella quedó en un segundo plano aunque en 2019 se reuniría con ellos para grabar el «Princesa» de Sabina, e Infante fallecería en 2000 mientras que Zamora se suicidaría en 2007. Calamaro y Rot volverían a juntarse y girar muchos años después, recordando en parte la carrera de Los Rodríguez. No sabemos qué habría pasado si Los Rodríguez hubiesen seguido con su carrera, incluso compaginando las de Rot y Calamaro en solitario, aunque no sé si habrían encajado. En fin, una de esas preguntas, pero siempre es necesario regresar a Los Rodríguez.

«El cantante» o el regreso de Calamaro de un exilio muy largo

Año 2000, Andrés Calamaro se lanzaba con un ¡quíntuple! disco a continuar la senda comenzada por Alta suciedad (1997) y Honestidad brutal (1999), este último lanzado a la categoría de mito de la música en español, y con razón. No me quiero imaginar la cara de Warner, DRO y Gasa cuando Calamaro se lanzó con su propuesta de El salmón…pero era Calamaro y si un disco doble como Honestidad brutal había creado, o confirmado, una legión de calamaristas, pues tira adelante. Yo recuerdo la emoción al ir a comprarlo, me costó 5.000 pesetas si no recuerdo mal, y luego las escuchas…las escuchas…pero eso lo dejaré para el año que viene cuando se cumplen veinte años de El salmón. El caso que Calamaro había pasado unos tormentosos años, de excesos y grabaciones y El salmón fue su punto culminante…y desapareció. Calamaro, personaje excesivo decidió darse un largo paréntesis para descansar. Yo sólo recuerdo del periodo 2001-2004 la presencia de Calamaro en la canción y el vídeo de «¿Dónde estás?» de Jaime Urrutia en 2002, en el que aparecían también Bunbury y Loquillo. Seguramente habría alguna aparición más, pero no la recuerdo. El caso es que a comienzos de 2004 se comenzaba a anunciar que Calamaro iba a regresar con un nuevo disco y que iba a ser muy diferente a la trilogía anterior. Y tanto que lo fue. Ya había un cambio en esa portada con ese dibujo de frente de Calamaro, con bigote, como reflejando una mayor madurez. Lejos quedaba el dylanismo de sus portadas de 1997 y 1999 o el minimalismo urgente y grueso de El salmón. Y, lo más importante, el disco no contenía apenas canciones propias sino que era una suerte de disco de versiones de grandes clásicos latinoamericanos que iban del Tango a la Salsa, pasando por el Folklore. Es decir, Calamaro se salía con un disco nada calamarista para sus parámetros pero que iba a marcar buena parte de su rumbo en los próximos años.

La otra novedad era la elección del productor que fue Javier Limón. En esos años, Limón se estaba haciendo un nombre en la producción, especialmente en el Flamenco, trabajando con Enrique Morente, Diego El Cigala, Niño Josele y Paco de Lucía, entre otros. Pero también consiguió destacar con la fusión que demostró en el disco Lágrimas negras de Bebo Valdés y Diego El Cigala, que en 2003 fue un éxito de crítica y público. Javier Limón se convertiría en el productor español de moda y en los años siguientes seguiría trabajando con Calamaro, Concha Buika, Estopa, etc., y una larga lista que no ha terminado. Otra de las piezas fundamentales del disco es la guitarra de Niño Josele, que adopta el perfil más del Flamenco en algunas partes del disco pero en otras se deja llevar de forma fantástica por las canciones. Limón hace una producción fantástica y muy acústica, generando un entorno diferente para un Calamaro que brilla como intérprete y que parece regresar pausado y relajado tras un largo viaje.

Comienza con «Malena», un Tango clásico de Lucio Demare y Homero Manzi en el que destaca la pasión de Calamaro y la guitarra de Niño Josele, que llevan la canción a otro estadio. No deja el Tango y llega al gran «Volver» de Gardel, con la misma base de la guitarra de Josele y la voz de Calamaro aunque aquí ya incorporan más instrumentación. En «La distancia» de Roberto Carlos adopta un tono todavía más nostálgico, destacando los coros y la incorporación de la trompeta de Jerry González que le da una nueva cadencia a la canción. Uno de los pocos temas propios es «Estadio Azteca», que fue el primer single del disco y que se ha convertido en una de sus canciones más celebradas, con un tono melancólico ineludible y una letra brillante, por cierto que el coautor fue Marcelo Scornik. El Tango retorna con «Sus ojos se cerraron», también de Gardel y Lepera, con una interpretación intensa que va creciendo por momentos y en la adopta un tono personal. «Algo contigo» de Chico Novarro es otro clásico que también les sale redondo, de nuevo interpretado con un gran sentimiento.

También de diez es «El arriero» de Atahualpa Yupanqui, un clásico el Folklore argentino con uno tono de la canción brutal. Con Gringui Herrera compone «La libertad», uno de los tres temas propios, con otra letra muy celebrada aunque a mí es una canción que me deja un tanto frío. No podía faltar «Alfonsina y el mar», clásico argentino de Ariel Ramírez y Félix Luna que popularizó Mercedes Sosa, con Niño Josele destacado, incluyendo un fragmento de «Zamba de mi esperanza» de Luis Profili (Morales). «Las oportunidades» es la única canción que compone en solitario Calamaro y nos enlaza con Honestidad brutal, tanto en su música como en la letra, es una canción que mira hacia atrás y parece plantear un recapitulación de lo vivido, sin olvidar el tono rumbero de la canción. «Voy a perder la cabeza por tu amor», la canción de Manuel Alejandro y Ana Magdalena, popularizada por José Luis Rodríguez «El Puma» y que también interpretó Julio Iglesias, comienza con la trompeta de Jerry González y luego la dupla Calamaro – Santiago vuelve a dotarle de una intensidad que no tiene la más cursi versión de Rodríguez. El cierre es para una «El cantante» de Rubén Blades que interpretó Héctor Lavore, un cierre maravilloso y autorreferencial, en el que Calamaro sigue ajustando cuentas, realizando una gran versión.

Calamaro regresó con fuerza con este El cantante que supuso un punto de inflexión. Eso sí, no dejó su fuerza rockera con su retorno al directo con La Bersuit en Argentina, que daría lugar al directo El regreso (2005) y al DVD Made in Argentina 2005 (2006), muy recomendable. En esos años, giraría de nuevo con Ariel Rot y ampliaría su presencia en el estudio, primero profundizando en las versiones de tangos con Tinta roja (2006), de nuevo con Javier Limón en la producción, y El palacio de las flores (2006), con la producción de Litto Nebbia, uno de los clásicos del Rock argentino. A partir de entonces, Calamaro ha ido publicando discos regularmente, con mayor o menor fortuna, ha girado y ha protagonizado no pocas polémicas, pero siempre nos queda uno de los principales nombres del Rock en español. Un clásico que volvió con El cantante.