Marcus King, «El Dorado»

Hace unas semanas, el gran Alfonso Cardenal (Sofá Sonoro, Cadena SER), colgó en Twitter un vídeo de Marcus King, desconocido para nosotros artista de sonidos norteamericanos. Aquello sonaba bien, King presentaba un nuevo disco, el cuarto de su discografía, primero como solista ya que antes firmaba como The Marcus King Band, y una de las apuestas fuertes del El Dorado, así se titula el mismo, era la producción de Dan Auerbach (The Black Keys) y su publicación en su sello. Parecía ser la apuesta fuerte de Auerbach para esta temporada como la pasada fue la de Yola, con Walk Through Fire, valoradísima por Los Restos del Concierto con su «Lonely the Night» como mejor canción de 2019. Auerbach lleva una buena parte de su carrera ejerciendo como productor, compaginándolo con The Black Keys, que recordemos también regresaron el año pasado, sus trabajos en solitario y otras aventuras como The Arccs. Auerbach fue un productor sólido en el disco de Yola, no así tanto en otros trabajos como el de Ray LaMontagne. También ha trabajado con Lana Del Rey, Nikki Lane o The Pretenders, y se recuerda también la labor realizada con el veterano Dr. John. En el caso de King, Auerbach, que participa en la composición de todos los temas y ha tocado en el disco, apuesta por la línea que mantuvo con Yola, sobria y en un segundo plano para un disco que es una barbaridad. Porque King, poseedor de una gran voz, presenta una docena de canciones que abordan desde el Blues, el Sounthern Rock, el Country, el Soul, etc. Es decir, un repaso a los diferentes estilos de raíces norteamericanas. Disco contundente este El Dorado. 

«Young Man’s Dream» comienza de forma lenta y doliente, la voz de King en falsete, con un tono Folk incluso, peor se lanza en la segunda parte a través de un sonido eléctrico y poderoso. El nivel se mantiene en lo más alto con la grandiosa «The Well», un Blues Rock que no deja indiferente y que no te puede dejar quieto en la silla. Cambia el tono para la más Soul «Wildflowers & Wine», el órgano aparece como elemento central y la voz de King está gloriosa, junto a unos coros más sutiles. Otro medio tiempo deudor del Soul es «One Day She’s Here», otra cima del disco, intensa y doliente como al comienzo. En «Sweet Mariona» llegan las influencias Country, pedal steel incluida, con sonidos más épicos y panorámicos, muy propios de parte de esos sonidos. Y se cierra la primera parte con otra canción muy emotiva, «Beautiful Stranger», de nuevo con el Country como referencia pero también con toques espirituales y gospelianos, y con una interpretación de King brutal.

Si la primera parte era impresionante, la segunda no se queda atrás. «Break» la comienza retornando al Soul pero incorporando ribetes Pop y con una producción muy lograda, jugando Auerbach a emular a los grandes compositores del Pop de los sesenta y setenta. Pero no se olvidan de las guitarras y el Blues Rock regresa con otra impactante obra que es «Say You Will», un lujo. En «Turn It Up» se decanta por un Country Blues con unas guitarras más animadas y en «Too Much Whiskey» ya se queda en un Country más canónico. Pero el final es para guardar. Como en «Break», la apuesta es por ese tono Soul y Pop elegante y sutil, primero con «Love Song» y después con la orquestal «No Pain», una auténtica maravilla, un cierre majestuoso con la voz de King como protagonista destacada.

En fin, este El Dorado tendría que ser una de las obras destacadas de esta primera parte del año. Un disco que no tiene desperdicio ni se cae en ningún momento.

 

The Black Keys, «Let’s Rock»

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Ya el título parecía anunciar bien a las claras lo que el dúo de Akron iba a ofrecer en su regreso tras cinco años de separación. Asimilado el fiasco que para muchos supuso su incursión en sonidos más bailables con ‘Turn Blue’ y prescindidos los definitorios servicios de Danger Mouse después de cuatro colaboraciones, han resituado las coordenadas de este nuevo trabajo en el territorio que mejor conocen. En lo que parece una oportuna afirmación de sus virtudes tras su fallida última exploración sonora (lo que también puede ser interpretado como confortable insistencia sin pizca de riesgo), es posible encontrar entretenimiento de primera y puras efectividad rockera y demostración de maña creadora.

Sin la crudeza evidente de sus primeros discos ni la riqueza de la trilogía que culminarían con su obra cimera ‘El Camino’, no hacen sino ejercitar su destreza para transitar la tradición musical norteamericana a lomos de las guitarras, como muestran desde el potente y certero inicio eléctrico de Shine a Little Light o la efectiva querencia bluesera de la más acelerada Eagle Birds y el depurado sencillo de regreso Lo/Hi. El primer desvío popero lo protagoniza la densidad del órgano del bonito medio tiempo Walk Across the Water, así como el acercamiento al soul enérgico de Tell Me Lies. Every Little Thing es una muestra de pura formalidad rock antes de los dos cortes más folkies: el country-rock bailable de Get Yourself Together y la más acústica Sit Around and Miss You. Invita a los coros el rock afilado de la fantástica Go antes de que las más flojas Breaking Down, con mayor presencia del bajo, y el rock clásico de Under the Gun, den paso a la contagiosa despedida con ecos evidentes de su mejor pasado Fire Walk With Me.

Reproches posibles seguro que los hay a este garbeo por los límites de un rock americano pulido y normativo que por momentos coquetea con la previsibilidad, pero no cabe duda de que Dan Auerbach y Patrick Carney saben hacerlo como pocos y en general consiguen dar con un entretenimiento de altura. Tiempo habrá de evaluar en el futuro si su insistencia termina por colmar la confianza de los muchos seguidores con que aún cuentan, pero lo cierto es que el presente de su carrera requería de una maniobra, y la escogida basta para concederles un extra que prolongue el privilegio de su actual posición.

Yola, «Walk Trhough Fire»

Fogueada en la intemperie de Londres y Nashville, dos de los escenarios callejeros de mayor solera, la más reciente sensación del nuevo country-soul nació, sin embargo, y dio sus primeros pasos en Bristol como corista de gente como Massive Attack o vocalista de Phantom Limb. Y en Nashville le llegó la oportunidad con la que Yolanda Quartey «Yola» soñaba, de la mano de Easy Eye Sound, el sello creado por Dan Auerbach para editar tanto a veteranas glorias de la ciudad como a músicos emergentes. Admiradora de grandes de la canción americana, desde su idolatrada Aretha Franklyn a Dolly Parton o Mavis Staples, porta rasgos de todas ellas en la voz y en las canciones que compone, para las que ha contado con ilustres colaboraciones como el propio Auerbach o Dan Penn, y de músicos de prestigio como el teclista Bobby Wood o el percusionista Pat Mclaughlin entre otros.

Una privilegiada rampa de salida en definitiva para la carrera de esta talentosa música que, sin duda, ha sabido aprovechar para grabar una de esas joyas que sirven para revitalizar el género y situar a su protagonista a la cabeza de las propuestas más ilusionantes. Con las divas del soul y el country de los setentas y ochentas como referencias y unos arreglos fantásticos dirigidos por el propio Auerbach en sus estudios de Nashville, el disco se mueve constantemente entre las dos tradiciones.

La presentación raya a gran altura con la elegantísima Faraway Look, a la vez que potente en el estribillo, como el soul delicado de Shady Grove. Tiran algo más hacia el «campo» tanto la más suave Ride Out In the Country como la demostración vocal de It Ain’t Easier antes de que la fantástica Walk Through Fire prolongue la atmósfera country. Rock Me Gently es un logro de belleza y emoción a la que siguen las delicias no menores Love All Night (Work All Day) y Deep Blue Dream antes de la extensa e inexcusable joya que supone Lonely the Night, de apoteósico estribillo. Para el cierre guarda las mayores muestras de romanticismo animoso con la clásica y setentera Still Gone, el soul ochentas Keep Me Here y el cierre en las optimistas alturas de Love Is Light.

Más que afortunada la aparición de esta artista, rebosante de destreza y vitalidad en su debut en solitario, que contagia el empuje de una tradición que una vez más demuestra lo mucho que le queda por aportar en las manos de nuevos artistas; una delicia para todos los públicos con la única condición de tener el gusto y la sensibilidad dispuestos para reaccionar ante sus emocionantes acometidas.