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“Kingdom of Rust”, el largo hasta luego de Doves


07 Ene

Se cumplen diez años del lanzamiento del último disco de estudio de Doves (veinte desde su debut con el EP “Cedar”) y prólogo del receso que el trío formado por los gemelos Andy y Jez Williams junto a Jimi Goodwin parecen haber por fin definido en las postrimerías de este 2018. Fue en 2010 cuando anunciaron este receso aprovechando la presentación de su recopilatorio-despedida, un silencio ininterrumpido hasta el pasado 3 de diciembre cuando anunciaron una próxima reunión con el fin de recaudar fondos contra el cáncer infantil el próximo 29 de marzo en el Royal Albert Hall de Londres. Poco después Noel Gallagher con sus High Flying Birds se subía al carro y los anunciaba como teloneros de sus fechas en Dublín y Manchester el próximo junio iniciando una serie de citas que esperamos se vayan confirmando próximamente.

De momento nada se sabe sobre un posible sucesor del “Kingdom of Rust” que nos ocupa, pero las noticias se van acumulando así como las imágenes de los actuales ensayos de la banda con vistas a sus conciertos de reunión. Entretanto, durante estos diez años dos han sido los acontecimientos principales para sus seguidores: por un lado el debut en solitario de Goodwin con “Odludek” y por otro el de los gemelos Williams con su disco homónimo como Black Rivers, en ambos casos sin alcanzar demasiada relevancia y que no han hecho sino aumentar las expectativas ante un posible y más provechos reencuentro de los miembros de la banda de Manchester. Porque fue un extraordinario sabor de boca el que dejaron cuando hace una década lanzaban este último trabajo que, al igual que los tres anteriores, rayaba a un altísimo nivel; es por eso que ha causado especial rabia a sus seguidores este prolongado período en blanco de una banda que seguía mostrándose en plena efervescencia y sin síntomas de agotamiento creativo.

Pero nos centramos en el magnífico “Kingdom of Rust” para el que se acompañaron en la producción por el habitual Dan Austin (productor entre otros de sus amigos Cherry Ghost) y puntualmente del prestigioso John Leckie (The Stone Roses, Radiohead) además de su inseparable Martin Rebelski a los teclados, considerado un cuarto miembro en la sombra. Y básicamente esta fue la formación que dio a luz estas once canciones presentadas el 30 de marzo de 2009 con un sencillo homónimo que inicialmente sorprendía por sus reminiscencias folk y en el que seguían mimando las guitarras además junto a la sección de cuerdas y los teclados en la pieza más acústica del disco. Previamente abría el listado con contundencia electrónica, además de color guitarrero, Jetstream, ambas con pasajes de la intensidad que con tanta inteligencia dominaban.

El álbum continuaba protagonizado por las guitarras en The Outsiders y Winter Hill, con mayor dureza la primera y más clásica y pausada la segunda, ambas con inevitable pero discreta presencia electrónica. A continuación, y con los arreglos de Tom Rowlands de The Chemical Brothers, 10:03 evidenciaba su lado electrónico con dureza antes de quebrar las emociones con The Greatest Denier, cálida de inicio hasta el agresivo estribillo. La relajada Birds Flew Backwards daba paso a una cuidada combinación de guitarras en Spellbound, de destacado final, y la alternativa más rítmica marcada por el bajo en compañía de las guitarras evocadoras de Compulsion. El cierre lo echaban las magistrales House of Mirrors, muestra de rock compacto e intenso, y el pop de alta escuela, ancho y fluido, de Lifelines.

Un discazo que agrandaba su impoluta carrera y les confirmaba como una de las mejores bandas y con mayor coherencia de la primera hornada mancuniana del XXI y por extensión de una escena británica aún marcada por los profundos rasgos del Brit-Pop. Si bien nunca fueron muy prolíficos ni llegaron a alcanzar la relevancia de otras bandas de su generación (especialmente fuera de las islas), nadie preveía entonces la pausa que meses después anunciarían y que se ha extendido por diez años de absoluto silencio. De cualquier manera nos quedamos con la posibilidad recientemente asomada de volver a disfrutarlos en directo y con la duda sobre sus intenciones de cara a una continuidad que sigue congelada en este Lifelines, maravilloso epílogo con el que despedían su último disco.