The Kinks continúan de aniversarios, cincuenta años de «Arthur»

The Kinks siguen su ritmo de reediciones coincidiendo con el cincuenta aniversario de algunas de sus obras maestras. Si 2018 nos trajo la ya reseñada aquí de The Kinks Are the Village Green Preservation Society, con material extra de turno, llega el turno de una de sus grandes obras, Arthur (Or the Decline and Fall of the British Empire) (1969), aunque no alcanzó el éxito comercial. Y, además, en esta ocasión los materiales extra son más jugosos si cabe. Aquí ya hemos contado alguna vez que llegamos tarde a The Kinks pero nuestra conversión ha sido total, nos tienen desde hace unos años muy entregados. Aunque su influencia ha sido clave, había mucha competencia en aquel periodo de la segunda mitad de los años 60. Además, había que tenerlo muy claro para hacer discos como estos, trabajos soberbios que se acercaban a una suerte de cosmovisión de lo británico. Si con de Village Green tiraban de ese ambiente, con Arthur no iban a quedarse atrás aunque más irónicos si cabe. Normal que los Blur de los noventa se mirasen en ese espejo. No es un periodo fácil para la banda de los hermanos Davies, con el abandono de la formación por parte del bajista Peter Quaife, siendo sustituido por John Dalton, aunque participaría en algunas de las canciones extra grabadas antes que el disco. Nos encontramos ante un disco conceptual, en el que el protagonista es el Arthur del título, inspirado en el cuñado de los Ray y Dave Davies, el marido de su hermana Rose, que emigraron a Australia en 1964. Partiendo de un proyecto para Granada Television, que no salió adelante, Ray Davies construye un disco conceptual donde mira hacia ciertos tópicos británicos, la herencia de la tradición victoriana del XIX, y de la sociedad del momento de forma muy crítica. Ya el título nos dice mucho, obviamente. Los Davies, junto a Mick Avory a la batería, y el ya mencionado Dalton al bajo en la mayoría de las canciones, no lograron el éxito comercial tampoco con esta jugada tan arriesgada, pero volvieron a crear una obra maestra que, cincuenta años después, sigue sonando igual de bien y que no ha perdido su esencia en un contexto dominado por el Brexit y la vuelta a los nacionalismos más cerrados y estereotipados. Arthur es una llamada de atención y una muestra de cómo deberíamos tomarnos ciertas cuestiones. Vamos a repasar algunos de los hitos de este disco así como ese material extra, con canciones inéditas y con el disco perdido de Dale Davies, el que iba a ser su primer disco en solitario y que fue grabando en esos años, pero no salió adelante. Hay que contextualizar también la situación en la relación de los hermanos Davies, para nada fraternal, y que tanto ha influido en el devenir de la banda. Según algunos artículos,a  Dale le falló la confianza en sí mismo.

El primer disco cuenta con Arthur al completo. La mordacidad y la bestialidad que es «Victoria» sirven como arranque, un clásico con toques del Pop, esos vientos, y del Rock ‘N’ Roll. El tono marcial del comienzo de «Yes Sir, No Sir» da paso a la voz apagada de Ray en parte de la canción y a una instrumentación poderosa, de nuevo con vientos destacados. En cuanto a «Some Mother’s Son», el tono es más solemne, tiene de nuevo esa elegancia Pop y esa forma de cantar ascendente de Ray, una canción que casi funciona como un himno o un espiritual. «Drivin'» sigue en esa línea Pop pero se llega a sonidos del Music Hall, muy presentes en la obra de los Kinks de esos años. En «Brainwashed» no dejan el tono del disco pero tiran hacia influencias del Soul y del R&B, esos vientos y ese bajo también son parte del espíritu de esa época, aunque siempre prima el Rock. Uno de los clásicos del disco es «Australia», una delicia, ese piano maravilloso en primer plano que contrasta con el sonido envolvente más orquestal y Pop, y esa deriva en plan «jam» de la canción a medida que va avanzando que se va hasta los más de siete minutos, con un protagonismo esencial para los vientos. Otra de las cimas del disco es «Shangri-La», una de las más críticas sobre la estructura social británica, comenzando de forma suave y acústica y que va ascendiendo en intensidad, de nuevo con unos vientos poderosos. «Mr. Churchill Says» se basa en discursos de Churchill durante la Segunda Guerra Mundial, es un recuerdo a la Segunda Guerra Mundial y suenan incluso las sirenas de aviso de ataques aéreos, otra gran canción interpretada con fuerza y potencia por la banda. En cuanto a «She’s Bought A Hat Like Princess Marina» vuelve a la tradición del Music Hall, muy británica ella. «Young and Innocent Days» es más delicada e intimista, las melodías en las voces y una instrumentación más de acompañamiento mecen la canción en la primera parte, poniéndose más intensa en la segunda para cerrar de nuevo de forma acústica. El cierre del disco va llegando con la juguetona «Nothing to Say», de nuevo los ecos del Music Hall se presentan en ese comienzo para derivar hacia una canción con más recovecos, esos vientos son fantásticos, y con «Arthur», otra barbaridad que reúne el espíritu del disco. El primer disco presenta algunos temas extra como «Plastic Man», que ya fue single en 1969 y cuyo sonido está más cercano al costumbrismo del Village Green. También está la cara b de aquel single, «King Kong», mucho más dura y rockera con el protagonismo de las guitarras y muy del sonido de la época. Las otras dos novedades, hay tres versiones mono de canciones del disco, son «Mindless Child of Motherhood» que es una joya escondida con un sonido potente y cantada por Dave, y «This Man He Weeps Tonight», donde cantan los dos Davies.

El segundo disco es, en su mayor parte, el «perdido» de Dave Davies, aquí titulado The Great Lost Dave Davies Album, alguna de las canciones fueron publicadas posteriormente en otros discos. «This Man He Weeps Tonight» es precisamente la canción que da comienzo al disco, seguida de la ya reseñada «Mindless Child of Motherhood». El resto del disco raya a buena altura, con un Dave Davies que seguramente se viese ensombrecido por la larga sombra de su hermano. Hay canciones que destacan como «Do You Wish to Be a Man? ; en «Are You Ready?» hay un tono más acústico; «Creeping Jean» tiene mucha fuerza y garra, más rockera y una de las mejores canciones del disco; «Lincoln County» suena más al sonido clásico de The Kinks, al igual que «Mr. Shoemaker’s Daughter», otra de las canciones que ganan enteros, vientos incluidos. Las dos penúltimas canciones, «Mr. Reporter», fantástica, y «Groovy Movies», las firma Ray Davies, mientras que son los dos Davies los autores de «There Is No Life Without Love» un final a modo Music Hall. El disco se cierra con cuatro versiones mono de canciones del disco de Dale Davies.

Una maravilla y una gozada esta reedición del Arthur de The Kinks, una obra maestra y un clásico que llevó la misma trayectoria comercial que su antecesor, pero que es un disco fundamental de una banda clave en la Historia de la música popular. Veremos los siguientes pasos y si se concreta la vuelta de The Kinks con la reunión de los dos hermanos Davies.

 

The Kinks, «The Kinks Are the Village Green Preservation Society»

Estamos muy acostumbrados a la reedición de discos clásicos acompañados de suculentos extras, descartes, otras tomas, remasterizaciones, etc. Dependiendo de la vinculación con la banda o el artista, si eres seguidor o seguidora, puede que tengas esos discos y no te aporten nada nuevo. Pero también se da el caso de descubrimientos a través de estas reediciones. No hace muchos años que me sumergí en The Kinks, la banda de Ray Davies, Dave Davies, Mick Avory y el fallecido Peter Quaife, la formación original de los británicos. Abanderados de la «British Invasion» y con una trayectoria de décadas, marcada por la tormentosa relación entre los hermanos Davies, The Kinks son fascinantes porque conjugan numerosos estilos e influencias. La jugosa reedición de uno de sus clásicos, The Kinks Are the Village Green Preservation Society en su cincuenta aniversario ha permitido a unos cuantos descubrir este excelente disco de carácter conceptual y uno de los puntos de inflexión de su carrera. Ojo, era el sexto disco de la banda en cuatro años. Ya sé que era otra época, que se grababan discos a gran velocidad, pero habla a las claras de la pulsión de Ray Davies, compositor de la banda. Es un disco que nos presenta a una formación que mira hacia el pasado y hacia el costumbrismo más británico, con reminiscencias del Folk y del Music Hall, a tiempos y espacios perdidos. Y les sale de forma fantástica, te lleva a esas imágenes que sólo puedes conocer a través de las películas inglesas, la de las casas de hileras, la campiña inglesa con sus pubs de pueblo y todos los tópicos que queramos, luego Blur tratarían de hacer lo mismo pero esa es otra historia. El disco original contenía quince canciones que no superaban en su conjunto los cuarenta minutos, casi todas ellas por debajo de los tres minutos. En la reedición de doble CD se suman nueve temas más que habían salido en otros discos, caras b, etc., y en la versión Mono del disco las novedades llegan a la decena.

Los y las fans de The Kinks dirán que cómo no habíamos llegado antes a este disco, y con razón. El comienzo con la vital, optimista y costumbrista «The Village Green Preservation Society» da paso a una brutal «Do You Remenber Walter? donde hay reminiscencias beatlelianas. «Picture Book» es una gran obra de Pop y en «Johnny Thunder», otro clásico, vuelven a predominar las acústicas. «Last of the Stearn-Powered Trains» es más rockera y cuenta con influencias del Blues pero es «Big Sky» una de mis favoritas, tiene un punto Folk pero también más oscuro con ese fraseo de Ray Davies. El piano tipo «de variedades» de «Sitting by the Riverside» cierra la primera cara del disco.

La segunda la abre la muy costumbrista «Animal Farm» a la que siguen «Village Green», más barroca, y un temazo Pop como es «Starstruck», otro de mis favoritos del disco, con las cuerdas aportando un toque de distinción. «Phenomenal Cat» es una de las canciones que mejor mantiene el espíritu del disco, combinando el tono barroco con una cierta visión burlesca. «All My Friends Where There» es fantástica, el tono de celebración comunitaria asociada a uno de los tópicos británicos. En «Wicked Annabella» canta Dale Davies y cuenta con un tono psicodélico, más acorde a la época en la que fue grabado el disco. También es diferente «Monica», con reminiscencias caribeñas que le quedan muy bien, dando paso al cierre con la excelsa «People Takes Pictures of Each Other», una canción adictiva con ese piano que se acelera y en la que destaca la forma de cantar de Ray.

Los extras de este primer CD, que es en el que nos centramos, nos presentan la melancólica «Days», la más cercana a a los sonidos de sus inicios «She’s Got Everything», una maravilla, y «Mr. Songbird» que recuerda más al disco, especialmente por esa vuelta a los sonidos del Music Hall. En esa misma línea se sitúa «Wonderboy» que es muy festiva y «Polly» es una canción Pop más ambiciosa. En «Berkeley Mews» nos encontramos una canción en ascenso que también deriva hacia el Pop, mientras que el cierre es para tres temas como «Rosemary Rose», destacando en el mismo la forma de cantar de Ray, la campestre «Misty Water» aunque también con derivas Pop, y la muy teatral, sección de vientos incluida, «Till Deaths Us Do Part».

Sí, nos dejamos las canciones del segundo CD, pero habrá tiempo de volver a The Kinks que luego irían sumando Arthur (Or the Decline and Fall of the British Empire) (1969), otro de esos discos clásicos de aroma pero que muy británico, en el que John Dalton sustituiría al bajo a Peter Quaife que abandonaría la formación para poner en marcha otro proyecto. The Kinks Are the Village Green Preservation Society, un pedazo de disco que te atrapa.