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Canciones para salvarte la vida y el relato generacional de Carlos Pérez de Ziriza


21 Feb

En uno de los capítulos finales de No olvides las canciones que te salvaron la vida. Una crónica generacional (Efe Eme) del periodista Carlos Pérez de Ziriza, el autor aborda el tema “Ready pa morir” de Yung Beef, uno de los máximos exponentes del Trap nacional, y uno no puede dejar de identificarse con sus reflexiones sobre el crecimiento de este estilo y la extrañeza que nos provoca a la gente que ya hemos entrado en una edad. Y es que Pérez de Ziriza ha construido, como bien dice el subtítulo de su libro, “Una crónica generacional”. Obviamente, los dos autores de este Blog no podemos dejar de sentirnos identificados con la mayor parte de su libro ya que compartimos año de nacimiento y buena parte de las referencias que aparecen reflejadas. Nos podrán llamar nostálgicos, “viejunos” y cosas peores relacionadas con el revisionismo actual, incluidas acusaciones de anglofilia y todo lo vinculado con el “indie”, aunque Pérez de Ziriza acierta en su desmitificación y en cómo era una tendencia en los noventa que no era para nada mayoritaria, pero esa es otra historia.

No olvides las canciones que te salvaron la vida está muy centrado en nuestras generaciones, aquellas que vivimos los últimos coletazos del Rock ‘N’ Roll en lo más alto. También aquellas que tuvieron en la esperanza de un futuro mejor un horizonte muy definido, aunque luego el castillo se vino abajo. Ahí también acierta Pérez de Ziriza, en esa contextualización desde finales de los ochenta hasta la actualidad, aunque las experiencias vitales puedan ser diferentes, pero es cierto que ciertos valores calaron en nuestras generaciones, sin olvidar esa década de los noventa que será fruto también de análisis y revisionismos en la dirección que se encuentra ahora los ochenta, tiempo al tiempo, y cuya segunda mitad da muchísimo juego.

Pero, volviendo a la música, Pérez de Ziriza insiste en el valor de la música, en la importancia de esa Banda Sonora que nos vamos construyendo y que nos define. No quiero imaginarme la cantidad de canciones que habrá dejado de lado en este proceso de creación de una obra en treinta capítulos, a canción por año, desde 1989 hasta 2018. Y claro, esos treinta años dan para todo: de la adolescencia a la juventud y a la edad adulta, de los estudios al mercado de trabajo, los enamoramientos y los desengaños, el matrimonio y la llegada de los hijos, la situación laboral, las noches de fiesta que parecían eternas, la amistad…en fin, que todo cabe ahí. Yo me iba haciendo mi propia lista de canciones en esos años y me costaba, me costaba, aunque lógicamente todas ellas forman parte de las que te salvaron la vida.

En cuanto a la lista, ya es una cuestión personal y de los gustos de cada uno pero, como decíamos, responde a muchos de los grandes nombres que sonaban a lo largo de estas tres décadas. Comienza con el “Debaser” de Pixies y termina con “¿Quién eres tú?” de La Habitación Roja, y van cayendo R.E.M., Teenage Fanclub, Los Planetas, Chucho, Primal Scream, Franz Ferdinand, Nick Cave & The Bad Seeds, Wilco, Richard Hawley, Arcade Fire, The National, León Benavente, entre otros. Puede sorprender ver el “Saturday Night” de Whigfield, justificado por su omnipresencia en aquel 1994, o la brutal “Crazy in Love” de Beyoncé, una canción tremenda, pero no hay muchas concesiones más fuera de un cierto canon. Me quedo con los capítulos dedicados a esos grupos y artistas que mejor representan una suerte de madurez, creo que aquí también hay un gran acierto del autor, con formaciones como The National, Wilco, La Habitación Roja, Richard Hawley, Arcade Fire o los propios Teenage Fanclub, seguramente uno de los mejores de todo el libro (junto con el de mis queridos Franz Ferdinand). Y es que, es la nostalgia la que nos mira aunque con una gran dignidad.

Muchas canciones que nos salvaron la vida, muchas más que tienen que hacerlo, y uno no puede dejar de poner esa sonrisa que se te queda cuando escuchas aquella canción de los noventa o de la primera década del siglo XXI, más de los noventa, y piensas ¡qué lejos! pero mereció la pena. Y nada mejor que escuchar una y otra vez a los fantásticos Teenage Fanclub, que insisto representan seguramente mejor que nadie el espíritu del libro. Haced la prueba, buscad esas canciones.

 

“Monster” o la reivindicación de un buen disco de REM


11 Ene

Septiembre de 1994 y REM, una de las bandas más grandes del momento, publican su noveno disco de estudio, Monster, un trabajo que había levantado una gran expectación tras Out of Time (1991) y, especialmente, el clásico Automatic for the People (1992). Pero había más, en esos dos años el Grunge había arrasado, Nirvana había roto moldes y Kurt Cobain se había suicidado. Y todo el dos años. Las guitarras habían logrado un nuevo protagonismo pero eso ya lo habían hecho REM en los ochenta, en su primera etapa en I.R.S. Records y en aquellos cinco discos también impresionantes. Luego, derivaron en temas más melódicos, en medios tiempos brillantes y angustiosos, que les llevaron a una popularidad inusitada. Pero volvamos a Monster, y es que Stipe, Buck, Mills y Berry tenían el listón muy alto, altísimo. La banda siguió trabajando con el productor Scott Litt y decidieron meter más guitarras, ¿adaptación a los tiempos o una mirada atrás?, las dos cosas seguramente. Lo cierto es que Monster tuvo una buena acogida pero, con los años, no ha sido precisamente el disco más valorado de los de Athens, siendo incluso catalogado como una obra menor. Vale que no tenía todos los singles del Automatic for the People o que algunas canciones son más oscuras, pero escuchando Monster veinticinco años después, y lo llevo haciendo en estas dos décadas y media, creo que es un trabajo que no ha perdido vigencia y que es reivindicable. Por cierto, que Monster fue número 1 en Estados Unidos y en otros países, vendiendo millones de copias.

Ya era un disco que convencía desde la portada pero si comenzabas con una canción como “What’s the Frequency, Kenneth?” pues te tenían ganado. Es una de las grandes canciones de la banda, un tema donde las guitarras toman el protagonismo, con esa guitarra de Buck omnipresente en toda la canción, aunque también tiene un punto melódico. El segundo corte del disco es la oscura y adictiva “Crush with Eyeliner”, con un punto perturbador por la forma de cantar de Stipe y la producción, y con la participación a las guitarras de todo un Thurston Moore (Sonic Youth). En “King of Comedy” se adelantan a otros tiempos, con un sonido más electrónico, aunque luego se derivan hacia ritmos más melódicos. Y en “I Don’t Sleep, I Dream” parecen derivarse hacia los sonidos de su disco anterior, aunque matizado, con un Stipe cantando en falsete en parte del tema, y no será la primera vez en Monster.

“Star 69” es más guitarrera, tiene un punto Punk muy claro y funciona a la perfección, con Berry golpeando con fuerza a la batería. Cambian de tercio con “Strange Currencies”, un delicioso medio tiempo que podría haber entrado perfectamente en el Automatic for the People, una canción en la que por momentos Stipe frasea y en el que se acercan a su lado más épico. “Tongue” es una canción diferente, es de las más flojas del disco, con Stipe en modo falsete y con el órgano tomando el protagonismo del tema. Por su parte, “Bang and Blame” es una de las canciones más reconocibles del disco, un medio tiempo muy atractivo que crece en intensidad y en el que las guitarras van cogiendo fuerza a medida que avanza el tema.

El tramo final no carece de interés, al contrario, comenzando con la fascinante “I Took Your Name”, uno de mis favoritos de nuevo con las guitarras protagonizando la canción. “Let Me In” es la emotiva dedicatoria de Stipe a Kurt Cobain, escrita tras el suicidio del segundo y su letra viene a ser un Stipe hablando por teléfono con Cobain para evitar esa trágica decisión, por cierto que REM eran una de las bandas favoritas de Cobain. Una canción muy minimalista en la que Mills coge la guitarra aunque queda en el fondo destacando siempre la voz y la emotividad de Stipe. “Circus Envy” es muy cañera de nuevo, más oscura y distorsionada, y el cierre es para una menor “You”, un tema más experimental en el que Stipe recupera el falsete.

Como decíamos, REM fueron número 1 y Monster vendió millones de discos, pero las expectativas de su discográfica eran más elevadas. Además, la gira posterior tuvo incidentes graves para la banda, el más grave el aneurisma cerebral que sufrió el batería Bill Berry, recordemos que dejó la banda en 1997. Fue también un punto de inflexión cuesta abajo para los de Georgia porque no alcanzarían esas cifras de ventas nunca más e incluso su siguiente disco, que no toca en estos momentos, New Adventures in Hi-Fi (1996), fue saludado como una vuelta a los tiempos del Automatic for the People, pero esa es otra historia. Es el momento de seguir recordando un Monster que, si bien no es uno de los clásicos de REM, merece un mayor reconocimiento.

Rolling Blackouts C.F., “Hope Downs”


28 Sep

Una de las revelaciones del verano 2018 han sido los jóvenes australianos Rolling Blackouts Coastal Fever o Rolling Blackouts C.F., aquí vamos a utilizar el acrónimo RBCF, y su disco de debut Hope Downs tras un par de EPs, habiendo sido publicado por el mítico sello Sup Pop. Liderados por el trío Frank Keaney, Joe White y Tom Russo, que se reparten las tareas de composición y de cantantes principales, siendo los tres guitarristas a la vez, los australianos no inventan la rueda pero presentan un disco urgente de guitarras que remiten a los ochenta, al Power Pop, a los REM de esa década, a The Feelies, a sus paisanos the Go-Betweens y a unos Real Estate más acelerados. El disco te engancha desde los primeros compases y, aunque se le puede decir que por momentos es un tanto reiterativo, no es menos cierto que las canciones tienen una gran calidad.

Comienzan con un tema apabullante, “An Air Conditioned Man”, con un toque a unos Joy Division más positivos y en el que el cantante incluso frasea. Uno de sus mejores temas es “Talking Straight”, la huella de los REM de los ochenta está muy presente, una canción más melódica y que destaca sobre el resto con esa furia del estribillo. En cuanto a “Mainland”, sigue la misma línea, aunque no alcanza su nivel, con las guitarras como protagonistas. Notables son “Time in Common”, muy británica, y “Sister’s Jeans”, una canción muy Power Pop con las guitarras del comienzo en otras coordenadas.

La segunda parte se inicia con otro de los temas destacados, “Bellarine”, que tiene un comienzo muy post Punk para abrazar de nuevo el Power Pop. En “Cappuccino City” nos recuerdan a unos Real Estate más dinámicos y en “Exclusive Grace” el cantante frasea y destaca la sección rítmica junto a las omnipresentes guitarras. En final es para “How Long?”, una canción más melódica, más cercana a un medio tiempo, y para “The Hammer”, también una canción urgente y que tiene un punto melancólico.

Debut muy destacado de RBCF, un disco que entra ya en las primeras escuchas como decíamos y que no puedes dejar de escuchar, con su punto adictivo.