Drive-By Truckers, «Brighter Than Creation’s Dark»

Siempre había tenido ganas de escribir sobre Brighter Than Creation’s Dark, el que fue el séptimo disco de los incombustibles Drive-By Truckers (DBT), una de nuestras bandas favoritas,  y que publicaron en 2008. No lo compré ese mismo año, tuve que esperar al siguiente en alguna visita a alguna FNAC pero recuerdo que me impactaron dos cosas cuando salieron: el título y la portada, una nueva obra de Wes Freed que se ha encargado de la gran mayoría de los de Georgia y que es una de sus señas de identidad. Para mí, la de Brighter Than Creation’s Dark es una de las mejores. Realmente, no hacía mucho que yo me había enganchado a los Drive-By Truckers. No eran tan populares en nuestro país como otras formaciones del «Americana» que en aquella primera década del siglo XXI iban a alcanzar una mayor notoriedad, aunque en círculos reducidos. Vamos, que no eran Wilco, Ryan Adams, los propios Jayhawks o los posteriores Fleet Foxes o Band of Horses. Aunque el terreno estaba también marcado para que llegasen estas propuestas más cercanas al Southern Rock o a los sonidos más eléctrico, aunque la parte Country y de raíces siempre estaría de la mano de Mike Cooley, una de las dos cabezas principales de la banda junto a Patterson Hood. Mi primer disco de Drive-By Truckers había sido el anterior, A Blessing and a Curse (2006), que me observaba desde una hilera de la desaparecida tienda de Tipo en Logroño. Ese trabajo no está entre los más valorados de DBT aunque a mí me gusta mucho, fue el último en el que participó Jason Isbell, que estuvo en la formación de 2001 a 2007, aunque no grabaría una de las obras maestras de la banda, Southern Rock Opera (2001), aunque sí The Dirty South (2004). No conozco este disco, lo tengo en la lista desde hace años pero no saco tiempo para adquirirlo, sin embargo, Brighter Than Creation’s Dark fue señalado como una continuación del mismo, por su estructura (un disco también doble con diecinueve canciones) y por su coherencia y tono crepuscular, así como por su capacidad para crear una atmósfera que, irremediablemente, traslada al sur de Estados Unidos.

En 2008, cuando publicaron el disco que nos ocupa, DBT estaba formado por los ya mencionados Hood y Cooley, compositores principales, la bajista Shonna Tucker, John Neff a las guitarras y al pedal steel, Brad Morgan a la batería y habían incorporado para este disco a todo un clásico como Spooner Oldham (Neil Young e integrante de la mítica sección de músicos del Muscle Shoals de los sesenta y setenta), que ya había colaborado con los DBT en 2003. Isbell había dejado la banda en 2007, divorciándose ese mismo año también de Tucker con la que llevaba casado desde 2002 (Tucker abandonaría la formación en 2012). De esta forma, y como sexteto, DBT abordarían la creación de una de sus obras más ambiciosas y de sus mejores trabajos, un Brighter Than Creation’s Dark a la que no le sobre ninguna de las canciones y con una muy buena parte de las mismas alcanzando el nivel de sobresaliente. Con Hood y Cooley como compositores principales, nueve y siete temas respectivamente, Tucker también aportó otras tres canciones para un disco emocionante. Además, destacaría una vez más la presencia vocal de Tucker y el juego de voces que hacía con Hood, cantante principal de la banda.

El comienzo es para la fantástica «Two Daughters and a Beautiful Wife», una canción muy crepuscular donde se juega con las dos voces y hay una presencia destacada del pedal steel que se mantendrá en todo el disco. «3 Dimes Down» es muy guitarrera, del Rock sureño, y curiosamente es compuesta por Cooley. El tono y la calidad se mantienen por todo lo alto con «The Rightous Path», una canción potente pero un tanto amarga en la que Hood canta con mucha rabia. «I’m Sorry Huston» es el primer tema de Tucker, lo canta ella también, y es un medio tiempo muy del Country Rock con el pedal steel en primera línea. «Perfect Timing» es para Cooley, con su característica voz grave, estando más escorada a los sonidos más tradicionales.

Es muy difícil elegir una canción favorita del disco pero «Daddy Needs a Drink» estaría en la lista, es muy emocionante e íntima, cantan Hood y Tucker, y el pedal steel transmite toda la emoción junto a las dos voces, una canción que te pone la piel de gallina. En «Self Destructive Zones» retornan a postulados más del Country Folk con preeminencia de las acústicas y con «Bob» Cooley parece estar cantando la canción en el porche de su casa, una canción de nuevo más clásica. La electricidad vuelve con la destacada «Home Field Advantage», otra composición de Tucker en la que también se ocupa de la voz principal, mientras que la extensa «The Opening Act» también opta al título de mejor canción del disco, un medio tiempo donde se juega con las voces y las guitarras y que también es muy emocionante.

«Lisa’s Birthday», otro tema de Cooley, es más Country, de nuevo el pedal steel destaca sobre el conjunto y Tucker se incorpora a la voz en la mitad del tema. «That Man I Shot» es muy épica y crepuscular, muy rockera y oscura, otro de mis temas favoritos de todo el disco. La tercera composición de Tucker es la intimista y casi minimalista a nivel de instrumentación «The Purgatory Line», canción donde el peso recae en su voz. Con «The Home Front» se alcanza otra cima en el disco y, aunque es un tema de Hood, también le cede una presencia destacada al pedal steel. «Checkout Time in Vegas» es curiosamente una canción de Cooley que parece de Hood, una canción también crepuscular y emocionante donde vuelven a cantar juntos Hood y Tucker.

El tramo final del disco se abre con «You and Your Crystal Meth», una canción diferente, con un sonido más arriesgado, que funciona. «Goode’s Field Road» la podría haber firmado Tom Petty, uno de los referentes de DBT, un tema más pausado pero fantástico. «A Ghost to Most» es una canción de Cooley que canta él pero en la que se aleja de los parámetros del Country y se adentra en el Rock de guitarras, aunque no le falta ese toque. Y el cierre es para la nostálgica «The Monument Valley», Hood sabe cómo tocar la fibra, una canción que supone un broche maravilloso para una obra fascinante.

DBT demostraron de nuevo con Brighter Than Creation’s Dark que merecían mejor suerte de la que han tenido, aunque no llegarían a alcanzar ese nivel hasta casi una década después con su último trabajo, el ya comentado en este blog American Band (2016). Por el camino, Tucker dejó la banda como hemos señalado, y sus trabajos siguientes (The Big To-Do en 2010, Go-Go Boats de 2011 y English Oceans en 2014), aunque siempre con aportaciones, perdieron algo de fuelle, especialmente el último. Con American Band regresaron los DBT más potentes e inspirados, marcados por una gran honestidad, como la que mostraron en esta obra maestra que es Brighter Than Creation’s Dark, un disco al que siempre hay que regresar. Por cierto, que habrá que verlos en directo alguna vez.

 

The Sheepdogs, «Changing Colours»

Hace poco más de dos años nos hacíamos eco del quinto disco de los canadienses The Sheepdogs, Future Nostalgia (2015), un trabajo que sonaba al Rock más clásico con vínculos con el Southern Rock, el Blues, etc. Es decir, como salidos de los setenta aunque no es menos cierto que en aquel disco parecían avanzar hacia unos My Morning Jacket de sus comienzos. Llegó hace unas semanas su sexto disco, Changing Colours, un trabajo más canónico y que funciona mejor que Future Nostalgia, en el que los ecos de Crosby, Still, Nash & Young están presentes, y la sombra de Young es alargada también, junto todas esas formaciones de guitarras poderosas pero también con una fuerte presencia de los teclados, ese Hammond en algunos momentos queda fantástico, y la forma de cantar de Ewan Currie al que apoyan a lo largo de los temas el resto de la banda en unos coros que suenan muy bien. Además, incorporan instrumentos como la mandolina, el banjo o el pedal steel, lo que les hace todavía más deudores de esas formaciones de los setenta que van de los Allman Brothers a Lynyrd Skynyrd, sin olvidar también las reminiscencias más deudoras del Blues. El disco se escucha de un tirón y en ningún momento decae, al contrario.

El comienzo con «Nobody» ya entra muy bien, un tema clásico del Rock americano y con la voz de Currie en un primer plano, el Hammond funciona a la perfección y hay presencia del pedal steel. A continuación llega la todavía más contundente «I’ve Got a Hole Where My Heart Shoul Be», muy sureño con unas guitarras destacadas y unos coros que serán una de las señas de identidad de todo el disco. Enlaza directamente con «Saturday Night», siguiendo la misma línea, pero con «Let It Roll» entran en sonidos más sutiles, voces en falsete, siendo un tema delicioso. «The Big Nowhere» tiene una gran percusión al comienzo, muy setentero de nuevo, Hammond, guitarras y coros bien presentes. «I Ain’t Cool» es una de nuestras favoritas, ese inicio con vientos incorporados está muy bien, y los coros vuelven a brillar.

La segunda parte comienza con un retorno a la contundencia del comienzo a través de «You Got to Be a Man», Rock de raíces con un tono Blues. «Cool Down» es más suave, medio tiempo que tiene reminiscencias del Santana de los setenta, con una voz más alejada y que Currie va adaptando al tempo de la canción. «Kiss the Brass Ring» es instrumental y se vuelve más dura, guitarras casi llevadas al Heavy, un virtuosismo más claro al comienzo para regresar a la senda del conjunto del disco. En «Cherries Jubilee» adoptan un punto más cercano al Country al comienzo del tema, pedal steel incluido, mientras «I’m Just Waiting for My Time» adopta un tono más épico con un final de teclados muy interesante. El cierre, como en su anterior disco, vuelve a ser un medley de temas en los que mezclan sus diversas influencias, hay virtusiosmo guitarrero de nuevo, teclados y Hammond, mandolinas, Country, y esos coros que saben que les funcionan tan bien, especialmente en ese final que es «Run Baby, Run».

Muy buen trabajo The Sheepdogs, revisando los sonidos del Rock nortaemericano de los setenta pero sin caer ni el revivalismo ni en la nostalgia, ni mucho menos sonar impostados. The Sheepdogs estarán en el próximo Azkena, seguro que hacen un gran concierto.