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Joe Strummer, «001»


13 Nov

No vamos a descubrir a estas alturas de la película la trascendencia de una figura como Joe Strummer, icono de la música británica, líder de The Clash y cuya relevancia se ha mantenido en las últimas décadas, a pesar de sus contradicciones o precisamente también por ellas. Aunque su carrera siempre estará vinculada a The Clash, Strummer desarrolló numerosos proyectos, especialmente después de la turbulenta disolución de la mítica banda. Fallecido en 2002, cuando estaba inmerso en su proyecto con The Mescaleros, nos llega esta recopilación, bajo el título de 001, en varios formatos de su carrera al margen de The Clash, ofreciendo a su vez una nutrida muestra de temas que no habían visto la luz anteriormente. En este caso, nos hemos centrado en la versión doble que nos presenta por un lado un recopilatorio al uso con su trabajo más destacado en The 101ers, la banda en la que estaba antes de formar The Clash, como Joe Strummer and the Mescaleros, que abarca obviamente una buena parte del disco, así como su trabajo para numerosas bandas sonoras a través de diferentes proyectos. Un segundo disco nos muestra una colección de novedades y, como en el primer disco, es una muestra del eclecticismo en el que se movía Strummer, de sus diferentes influencias. Aunque no deja de ser una obra un tanto descompensada, especialmente en el segundo disco, es un trabajo muy atractivo que nos muestra una parte de la obra de un Joe Strummer que se fue demasiado pronto.

Como decíamos, el primero de los dos discos recoge, por decirlo así, su trabajo más formal o institucionalizado. Es un disco que entra solo, comenzando con dos temas de los 101ers, la formación en la que estuvo antes de The Clash. Si «Letsagetabitarockin'» es un Rock & Roll de corte más clásico, aunque con su personalidad, «Keys to Your Heart» mira hacia sonidos más de los sesenta e incluso se advierte un toque a The Kinks. Entre los temas más destacados de este primer disco cabe mencionar «Tennessee», un tema que compuso para la banda sonora de la película Walker (1987) en la que se acerca al Country-Folk con armónica y acústica incluidas. Hay sonidos que nos recuerdan a la década de los ochenta así como también hay una nutrida presencia de influencias latinas, especialmente en la percusión, como «Trash City» que grabó con Joe Strummer & The Latino Rockabilly War o «Afro-Cuban Be Bop» a cargo de The Astro-Physicians. El Reggae tampoco puede faltar con «Ride Your Donkey» y rendirá homenaje a una de sus obsesiones, la Guerra Civil española con su versión de «15th Brigade» a la que dotará de unas guitarras arabizantes y de un sección rítmica un tanto marcial. Tampoco debemos olvidar su contribución a Chef Aid: The Soundtrack Album (1998) de la irreverente serie norteamericana a la que aporta un tema muy del Rockabilly como es «It’s a Rockin’ World».

El núcleo principal del disco corresponde a su obra con The Mescaleros, de 1999 hasta su fallecimiento en 2002, que dio lugar a una producción de tres discos. Y aquí aparecen destacadas «Yalla Yalla» que es un tema escorado al Reggae pero con un punto muy ambiental; «Johnny Appleseed» que es una de las mejores canciones del disco con unas cuerdas muy destacadas; la épica «Minstrel Boy» que vuelve a contar con reminiscencias celtas, recordemos que Strummer estuvo en The Pogues un tiempo; «Coma Girl» que comienza siendo más Reggae pero deriva hacia un Rock convencional y la fantástica «Silver and Gold» que vuelve a ser más folklórica, combina esas influencias con una armónica muy dylaniana. También aparece la tremenda versión de «Redemption Song» de Bob Marley que grabó con Johnny Cash, muy intensa y emocionante con un Cash que le da una hondura tremenda, así como «Over the Border» con Jimmy Cliff, obviamente de claro sonido Reggae pero también con un punto más Pop.

El segundo disco cuenta con doce temas que, en general, no alcanzan el nivel de las anteriores. Se nota que algunos podrían tener un mayor desarrollo y de nuevo volvemos a observar las influencias en la obra de Strummer. Destacan las canciones que no se publicaron para la banda sonora de When Pigs Fly (1993), con la muy constumbrista «When Pigs Fly» que incorpora saxofón, de nuevo los sonidos celtas en «Pouring Rain» y manteniendo esa línea aunque más atenuada «Rose of Erin». También hay un tema con The Mescaleros, «London is Burning», un inédito de su último disco con ellos, Streetcore (2003), que tiene guitarras potentes, y con Mick Jones hace una larguísima, más de diez minutos, «U.S. North» que iba a ir para la banda sonora de Candy Mountain (1988) y que recuerda a algunos de los sonidos de The Clash.

Muy interesante esta recopilación de Joe Strummer, un artista que ha quedado en no pocas ocasiones ensombrecido por su trabajo con The Clash, pero que también ofrece otras visiones que son muy atractivas.

‘Ropa música chicos’ de Viv Albertine


31 Jul

Detrás de un título como el de Ropa música chicos (Anagrama, 2017) se esconde uno de los libros más impactantes que uno haya leído en los últimos tiempos. Viv Albertine desgrana su autobiografía de forma directa y cruda, sin caer en florituras y artificios, y sin concesiones, para llevarte a lo largo de quinientas páginas por una vida que tiene dos caras bien diferenciadas. Llegué a este fantástico y apasionante libro a través del Facebook del gran Juan Santaner, que lo recomendaba de forma entusiasta, y me atrapó desde sus primeras páginas. Viv Albertine estuvo en todo el meollo de la explosión Punk de la segunda mitad de los setenta en un Londres que se presenta apasionante pero también un tanto desgarrador. Dentro de la filosofía ‘do it yourself’, Albertine formará una banda de Punk femenino y reinvidicativo como serán The Slits, de efímero éxito, su primer disco Cut (1979) llegará a ser publicado por Island Records, aunque anteriormente ya había formado parte de otra banda llamada The Flowes of Romance con Sid Vicious, entre otros y otras integrantes. Pero Albertine nos muestra en su primera parte de su libro cómo va luchando por romper con ciertas cadenas de la sociedad vinculadas a los roles de género y a los condicionantes sociales en un momento aperturista. En este sentido, Albertine se muestra consciente de su posición en un proceso complejo y con no pocas resistencias. Albertine también contextualiza el momento que vive en ese Londres de la explosión Punk al desfilar personajes como Mick Jones (The Clash), al que le une una intermitente relación, o el ya mencionado Sid Vicious, uno de sus amigos más cercanos en el periodo, así como Malcolm McLaren, Johnny Thunders, etc. Albertine muestra un periodo en el que cualquier cosa parecía posible pero también cómo aquello duró muy poco tiempo. La desilusión y las contradicciones de todo el proceso se ven claramente en la trayectoria de las Slits, que para 1982 ya habían cerrado su primera etapa. Albertine también indagará en nuevas expresiones musicales a la vez que observa cómo aquel periodo va llegando a su fin y la situación en las Slits llega a un punto sin retorno, tras haber rozado el cielo con grandes presupuestos de grabación, telonear a The Clash (uno de los momentos más impagables del libro) o haber realizado giras incluso por Estados Unidos.

Si esa primera parte te conquista, se puede decir lo mismo y más de la segunda. En 1982, Albertine se encuentra de nuevo en la casilla de salida con todo su bagaje pero en un contexto totalmente diferente. Es interesante cómo la autora describe esa nueva situación y cómo va a tratar de encauzar su vida dentro de unos parámetros más ‘normales’, dicho todo esto con todas las comillas posibles. Albertine cierra la puerta a ese pasado y comienza un periplo vital en el que se dedicará al mundo audiovisual mientras trata de alcanzar la estabilidad en pareja y ser madre. Las dificultades para todo ello, una vez encontrada una pareja a la que nunca menciona por su nombre sino ‘Marido’, los abortos, tratamientos de fecundidad, etc., le llevarán finalmente a alcanzar la maternidad cuando todo parecía perdido. Pero, una vez que es madre, cae en un cáncer que supondrá un nuevo desafío y del que saldrá adelante. Llegan entonces unas páginas brillantes en las que Albertine transmite su transformación en los roles de género contra los que luchó y el proceso de negación de sí misma, atrapada en un matrimonio fracasado tras haber luchado contra la enfermedad y haber conseguido ser madre. Son páginas amargas y duras pero en las que subyace que Albertine sabrá reconstruirse se nuevo como así resulta, incluido una extraña relación con el actor y director Vicent Gallo. Comienza así el regreso al mundo de la música, el encuentro con las Slits y la grabación de nuevos temas con su nombre, mientras avanza afrontando nuevos retos y situaciones emocionales como el fallecimiento de su padre, ausente durante mucho tiempo de su vida, y ese seguir peleando en un mundo en el que ser mujer te pone en una posición secundaria. Viv Albertine ha escrito uno de los mejores libros que he leído en lo que va de año, una obra que siempre mira hacia adelante por muchas trabas que se pongan en el camino.