«London Calling» o cuando The Clash se lanzaron más allá del Punk

Cuando elegimos los aniversarios a reseñar en Los Restos del Concierto nos solemos basar en gran medida en si esos discos nos han marcado o en su influencia y trascendencia. Sin duda alguna, London Calling (1979) es uno de esos discos considerados como clásicos por todo el mundo, un disco que es una barbaridad de principio a fin, un disco doble que es una muestra del salto que dieron The Clash en un momento en el que el traje del Punk se les había quedado pequeño. The Clash y los Sex Pistols fueron los grandes iconos del Punk, ese golpe en el estómago a todo lo establecido, comenzando por la industria musical. Canciones urgentes y aceleradas, ruido y furia. Vale, luego sabríamos que lo de los Sex Pistols tuvo mucho de provocación y de cálculo por parte de Malcolm McLaren que tuvo la habilidad de coger el «No Future» y el «Do It Yourself» y dar una patada adelante. Siempre se ha presentado la dicotomía entre los Sex Pistols y The Clash como uno de esos «enfrentamientos» del Rock y demás que tanto nos gustan. Para mí, The Clash estaban varios puntos por encima de los Pistols. Vale que los segundos duraron muy poco, tres años (luego ha habido reuniones) y han acaparado la mitología e iconografía del Punk, pero The Clash fueron más allá, mucho más allá. No es menos cierto que The Clash también tenían sus contradicciones, el origen social de Joe Strummer, y un manager controvertido igualmente como Bernard Rhodes. También se les ha acusado de haberse decantado hacia la industria musical, pero no creo que eso sea una crítica muy consistente, al fin y al cabo vivían de ello. Buena parte de nuestra generación conocería a The Clash más por «Should I Stay or Should I Go», que ya pertenecía al Combact Rock (1982), y la aproximación a The Clash vendría también de jugosas recopilaciones. Pero la portada del London Calling era icónica. La fotografía de Pennie Smith con un Paul Simonon aporreando su bajo contra el suelo del escenario del Palladium de Nueva York es una de las más importantes de la historia de la música popular. Es paradójico que una portada tan «Punk» encierra un disco en el que The Clash van a mezclar una amalgama de estilos y sonidos, dejando el Punk en un segundo plano, como veremos posteriormente. En esa dirección va también la elección del diseño de los títulos, cercanos a los de los discos del Rock & Roll de Elvis Presley de los cincuenta, como ha señalado Ray Lowry, que se encargo del estilo de las letras. Ese contraste, la furia y la imagen visual de la acción de Simonon (que señalaba que había tenido problemas de sonido y se frustró) y las letras del título del disco, menos las del nombre de la banda (más discretas), explican bien el disco.

The Clash llegaban a su tercer disco tras haber sido lanzados con The Clash (1977), un disco en el que la portada la copan Joe Strummer, Mick Jones y Paul Simonon. La batería corrió a cargo de Terry Chimes aunque ya se incorporaba Topper Headon. Una de las críticas que se ha hecho a The Clash ha sido que estaban desde sus comienzos en una major como CBS (Columbia), que tampoco se sostiene. En este primer disco, como en el siguiente de 1978 Give ‘Em Enough Rope, el sonido es más Punk. Con el primero irrumpieron y con el segundo escalaron casi hasta lo más alto en las listas británicas. Canciones como «White Riot», «Janie Jones», «London’s Burning», «English Civil War» o «Tommy Gun» pegaban fuerte pero quedaba el salto a London Calling. The Clash tiraron de un amplio ramillete de influencias, no sólo el Punk sino que la presencia del Reggae y el Ska era transversal (la vinculación de estos estilos con el Reggae era muy evidente), así como el Rock & Roll más clásico, junto a toques Pop e incluso de la música disco. En este sentido, imagino el shock que supuso para los seguidores más ortodoxos del Punk, pero con London Calling superaron ese marco. Como ya hemos señalado, tuvieron que pelearse con CBS para sacar un disco doble a precio sencillo, y es que The Clash nunca dejaron de lado el compromiso. Vamos con este London Calling, un clásico.

Ya el comienzo es una canción sin contestación, «London Calling» es un clásico instantáneo que se basa en un riff fantástico y en un estribillo no menos contundente, con una letra vinculada a los momentos que se vivían en aquellos años con toda la cuestión nuclear. Con ese comienzo, el disco ya iba lanzado y «Brand New Cadillac», una versión de Vince Taylor que era una canción de 1959, un Rock & Roll clásico con una línea de bajo de Simonon contundente y con la guitarra de Jones llegando a Chuck Berry. De esta forma, demostraban que el disco iba más allá y lo demostrarían con «Jimmy Jazz», donde ya entra la sección de vientos, una canción con influencias Reggae pero también con un Swing un tanto «arrastrado». En cuanto a «Hateful», aquí el Punk gana peso pero también tiene un punto Folk que le da más versatilidad al disco. Y el Reggae vuelve con fuerza con la también imbatible «Rudie Can’t Fall», en la que la sección de viento está fantástica. La primera cara del primer disco era una barbaridad.

Pero la segunda no le iba a ir a la zaga. Ya con «Spanish Bombs», la relación de Strummer con España, nuestra Guerra Civil y la poesía de Lorca le llevó a componer este clásico con una cadencia que crece en esa furia del estribillo, con un Jones haciendo un gran trabajo con la guitarra. En «The Right Profile» se acercan al Soul, la sección de vientos de nuevo es protagonista, contrastando con la forma de cantar más Punk de Strummer. Y «Lost in the Supermarket» es toda una sorpresa, una canción sencilla que se acerca al sonido de las discotecas de la época. Compuesta por Jones, aquí se demuestra que The Clash no tenían complejos. «Clampdown» es más enérgica con un comienzo más oscuro pero que luego se va hacia el Punk pero con toques Pop, otra canción también muy destacada. Y el cierre es para otro tema clásico, «The Guns of Brixton», que fue compuesta por Simonon y con una letra también reivindicativa bajo una música Reggae pero también con un punto oscuro.

En la tercera parte no bajan el nivel, primero con la versión de «Wrong ‘Em Boyo» de The Rulers, una canción Ska en la que destacan el órgano y la sección de viento. «Death or Glory» es ecléctica, el Rock y el Pop se dan la mano con la sección rítmica de Simonon y Headon destacados. En «Koka Kola» firman la canción más corta del disco, un tema muy acelerado que va del Punk al Ska. Y en «The Card Cheat» sorprenden con un comienzo a través de un piano sentido, una canción más sentida en el que contrasta la instrumentación con la forma de cantar de Strummer.

La cuarta cara vuelve a ser un barbaridad. «Lover’s Rock» es una de esas «canciones escondidas» que comentamos en no pocas ocasiones, es más Pop y en la parte final de la misma tiran de sonidos más bailables. Luego llega «Four Horsemen», un Punk melódico con un estribillo coreable. El final es primero para «I’m Not Down», otra de esas «canciones escondidas», en la que van reflejando todas las influencias del disco y en la que destaca la guitarra de Jones. Luego llega «Revolution Rock», otro clásico que es una versión de Danny Ray and the Revolutionaries, un Reggae con la sección de vientos a toda pastilla. Y acaban por todo lo alto con «Train in Vain», una composición de Jones que tiene un comienzo Soul pero que se va hacia el Funk y con la sección rítmica de nuevo soberbia.

London Calling les colocó en lo más alto y les situó en el mapa del mercado norteamericano. The Clash había conseguido crear un clásico, como hemos comentado, y se sentían imbatibles. Había que subir la apuesta y el siguiente paso fue un triple disco a precio sencillo (imagina la cara de los de CBS) como fue Sandinista! (1980). Aunque no logró el éxito de su antecesor, aumentó la mística de The Clash que lograrían un éxito mayor en Estados Unidos con Combat Rock (1982) con hits como «Should I Stay or Should I Go» y «Rock the Casbah». Pero las heridas en el interior de la banda ya eran profunda, especialmente entre Strummer y Jones, aunque sería Headon el primero en salir en el propio 1982 y un año después lo haría Jones. Lamentablemente, el final de The Clash es el fallido Cut the Crap (1985), cerrándose la historia de The Clash en 1986. Cada uno siguió su camino y no hubo cabida para una reunión, quién sabe lo que hubiese pasado de no haber fallecido Strummer en 2002. London Calling es una obra maestra, uno de esos discos que te atrapa.

 

 

Joe Strummer, «001»

No vamos a descubrir a estas alturas de la película la trascendencia de una figura como Joe Strummer, icono de la música británica, líder de The Clash y cuya relevancia se ha mantenido en las últimas décadas, a pesar de sus contradicciones o precisamente también por ellas. Aunque su carrera siempre estará vinculada a The Clash, Strummer desarrolló numerosos proyectos, especialmente después de la turbulenta disolución de la mítica banda. Fallecido en 2002, cuando estaba inmerso en su proyecto con The Mescaleros, nos llega esta recopilación, bajo el título de 001, en varios formatos de su carrera al margen de The Clash, ofreciendo a su vez una nutrida muestra de temas que no habían visto la luz anteriormente. En este caso, nos hemos centrado en la versión doble que nos presenta por un lado un recopilatorio al uso con su trabajo más destacado en The 101ers, la banda en la que estaba antes de formar The Clash, como Joe Strummer and the Mescaleros, que abarca obviamente una buena parte del disco, así como su trabajo para numerosas bandas sonoras a través de diferentes proyectos. Un segundo disco nos muestra una colección de novedades y, como en el primer disco, es una muestra del eclecticismo en el que se movía Strummer, de sus diferentes influencias. Aunque no deja de ser una obra un tanto descompensada, especialmente en el segundo disco, es un trabajo muy atractivo que nos muestra una parte de la obra de un Joe Strummer que se fue demasiado pronto.

Como decíamos, el primero de los dos discos recoge, por decirlo así, su trabajo más formal o institucionalizado. Es un disco que entra solo, comenzando con dos temas de los 101ers, la formación en la que estuvo antes de The Clash. Si «Letsagetabitarockin'» es un Rock & Roll de corte más clásico, aunque con su personalidad, «Keys to Your Heart» mira hacia sonidos más de los sesenta e incluso se advierte un toque a The Kinks. Entre los temas más destacados de este primer disco cabe mencionar «Tennessee», un tema que compuso para la banda sonora de la película Walker (1987) en la que se acerca al Country-Folk con armónica y acústica incluidas. Hay sonidos que nos recuerdan a la década de los ochenta así como también hay una nutrida presencia de influencias latinas, especialmente en la percusión, como «Trash City» que grabó con Joe Strummer & The Latino Rockabilly War o «Afro-Cuban Be Bop» a cargo de The Astro-Physicians. El Reggae tampoco puede faltar con «Ride Your Donkey» y rendirá homenaje a una de sus obsesiones, la Guerra Civil española con su versión de «15th Brigade» a la que dotará de unas guitarras arabizantes y de un sección rítmica un tanto marcial. Tampoco debemos olvidar su contribución a Chef Aid: The Soundtrack Album (1998) de la irreverente serie norteamericana a la que aporta un tema muy del Rockabilly como es «It’s a Rockin’ World».

El núcleo principal del disco corresponde a su obra con The Mescaleros, de 1999 hasta su fallecimiento en 2002, que dio lugar a una producción de tres discos. Y aquí aparecen destacadas «Yalla Yalla» que es un tema escorado al Reggae pero con un punto muy ambiental; «Johnny Appleseed» que es una de las mejores canciones del disco con unas cuerdas muy destacadas; la épica «Minstrel Boy» que vuelve a contar con reminiscencias celtas, recordemos que Strummer estuvo en The Pogues un tiempo; «Coma Girl» que comienza siendo más Reggae pero deriva hacia un Rock convencional y la fantástica «Silver and Gold» que vuelve a ser más folklórica, combina esas influencias con una armónica muy dylaniana. También aparece la tremenda versión de «Redemption Song» de Bob Marley que grabó con Johnny Cash, muy intensa y emocionante con un Cash que le da una hondura tremenda, así como «Over the Border» con Jimmy Cliff, obviamente de claro sonido Reggae pero también con un punto más Pop.

El segundo disco cuenta con doce temas que, en general, no alcanzan el nivel de las anteriores. Se nota que algunos podrían tener un mayor desarrollo y de nuevo volvemos a observar las influencias en la obra de Strummer. Destacan las canciones que no se publicaron para la banda sonora de When Pigs Fly (1993), con la muy constumbrista «When Pigs Fly» que incorpora saxofón, de nuevo los sonidos celtas en «Pouring Rain» y manteniendo esa línea aunque más atenuada «Rose of Erin». También hay un tema con The Mescaleros, «London is Burning», un inédito de su último disco con ellos, Streetcore (2003), que tiene guitarras potentes, y con Mick Jones hace una larguísima, más de diez minutos, «U.S. North» que iba a ir para la banda sonora de Candy Mountain (1988) y que recuerda a algunos de los sonidos de The Clash.

Muy interesante esta recopilación de Joe Strummer, un artista que ha quedado en no pocas ocasiones ensombrecido por su trabajo con The Clash, pero que también ofrece otras visiones que son muy atractivas.

‘Ropa música chicos’ de Viv Albertine

Detrás de un título como el de Ropa música chicos (Anagrama, 2017) se esconde uno de los libros más impactantes que uno haya leído en los últimos tiempos. Viv Albertine desgrana su autobiografía de forma directa y cruda, sin caer en florituras y artificios, y sin concesiones, para llevarte a lo largo de quinientas páginas por una vida que tiene dos caras bien diferenciadas. Llegué a este fantástico y apasionante libro a través del Facebook del gran Juan Santaner, que lo recomendaba de forma entusiasta, y me atrapó desde sus primeras páginas. Viv Albertine estuvo en todo el meollo de la explosión Punk de la segunda mitad de los setenta en un Londres que se presenta apasionante pero también un tanto desgarrador. Dentro de la filosofía ‘do it yourself’, Albertine formará una banda de Punk femenino y reinvidicativo como serán The Slits, de efímero éxito, su primer disco Cut (1979) llegará a ser publicado por Island Records, aunque anteriormente ya había formado parte de otra banda llamada The Flowes of Romance con Sid Vicious, entre otros y otras integrantes. Pero Albertine nos muestra en su primera parte de su libro cómo va luchando por romper con ciertas cadenas de la sociedad vinculadas a los roles de género y a los condicionantes sociales en un momento aperturista. En este sentido, Albertine se muestra consciente de su posición en un proceso complejo y con no pocas resistencias. Albertine también contextualiza el momento que vive en ese Londres de la explosión Punk al desfilar personajes como Mick Jones (The Clash), al que le une una intermitente relación, o el ya mencionado Sid Vicious, uno de sus amigos más cercanos en el periodo, así como Malcolm McLaren, Johnny Thunders, etc. Albertine muestra un periodo en el que cualquier cosa parecía posible pero también cómo aquello duró muy poco tiempo. La desilusión y las contradicciones de todo el proceso se ven claramente en la trayectoria de las Slits, que para 1982 ya habían cerrado su primera etapa. Albertine también indagará en nuevas expresiones musicales a la vez que observa cómo aquel periodo va llegando a su fin y la situación en las Slits llega a un punto sin retorno, tras haber rozado el cielo con grandes presupuestos de grabación, telonear a The Clash (uno de los momentos más impagables del libro) o haber realizado giras incluso por Estados Unidos.

Si esa primera parte te conquista, se puede decir lo mismo y más de la segunda. En 1982, Albertine se encuentra de nuevo en la casilla de salida con todo su bagaje pero en un contexto totalmente diferente. Es interesante cómo la autora describe esa nueva situación y cómo va a tratar de encauzar su vida dentro de unos parámetros más ‘normales’, dicho todo esto con todas las comillas posibles. Albertine cierra la puerta a ese pasado y comienza un periplo vital en el que se dedicará al mundo audiovisual mientras trata de alcanzar la estabilidad en pareja y ser madre. Las dificultades para todo ello, una vez encontrada una pareja a la que nunca menciona por su nombre sino ‘Marido’, los abortos, tratamientos de fecundidad, etc., le llevarán finalmente a alcanzar la maternidad cuando todo parecía perdido. Pero, una vez que es madre, cae en un cáncer que supondrá un nuevo desafío y del que saldrá adelante. Llegan entonces unas páginas brillantes en las que Albertine transmite su transformación en los roles de género contra los que luchó y el proceso de negación de sí misma, atrapada en un matrimonio fracasado tras haber luchado contra la enfermedad y haber conseguido ser madre. Son páginas amargas y duras pero en las que subyace que Albertine sabrá reconstruirse se nuevo como así resulta, incluido una extraña relación con el actor y director Vicent Gallo. Comienza así el regreso al mundo de la música, el encuentro con las Slits y la grabación de nuevos temas con su nombre, mientras avanza afrontando nuevos retos y situaciones emocionales como el fallecimiento de su padre, ausente durante mucho tiempo de su vida, y ese seguir peleando en un mundo en el que ser mujer te pone en una posición secundaria. Viv Albertine ha escrito uno de los mejores libros que he leído en lo que va de año, una obra que siempre mira hacia adelante por muchas trabas que se pongan en el camino.