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The National, «I Am Easy To Find»


04 Jun

Esta vez se han dado prisa y en apenas año y medio han regresado con nuevo material. En el vigésimo aniversario de su formación, el quinteto de Ohio entrega un nuevo y brillante listado que continúa la exploración de las posibilidades de un sonido por cuyo prolongado éxito a muchos nos hubiera costado apostar. Menos guitarras y más programaciones, más contención y menos desgarro, más sentimiento y menos épica; cero conformismo en definitiva y máxima efectividad de unas canciones lo bastante excitantes para satisfacer la curiosidad que despierta cada anuncio de material nuevo de The National. Eliminado lo superfluo y limitados a la estricta aportación de cada elemento, reducen y parecen simplificar una producción menos directa pero igualmente efectiva. Las letras de Berninger, profusas como siempre, resultan tan atormentadas como románticas y basculan entre la derrota y la esperanza en lo que vuelven a parecer textos a corazón abierto. Y qué decir de la aportación vocal de las colaboraciones femeninas en prácticamente cada corte; excelencia en la selección y en unas interpretaciones fantásticas que sin duda han enriquecido el resultado. Maravillosa Gail Ann Dorsey (habitual colaboradora de Bowie), así como de las más conocidas Sharon Van Etten y Lisa Hannigan, además de Mina Tindle (esposa de Bryce Dessner) y Kate Stables o Eve Owen (hija de Clive Owen).

Desde el inicio aparecen urgentes la electrónica y la percusión en You Had Your Soul with You. A continuación aparece el piano (importante ingrediente en el conjunto y en el resultado de las canciones más destacadas) para aportar calidez a Quiet Light y los teclados y cuerdas en la contenida Roman Holiday. Oblivions resulta más fluida y The Pull of You gana fuerza y emoción con especial protagonismo de las primeras guitarras. De lo mejor del disco es la belleza de Hey Rosey, intensidad y emoción sin filtrar, a la que sigue la instrumentación leve de precioso resultado en I Am Easy To Find. Al igual que en Underwater o en Dust Swirls In Strange Light, brilla la aparición del Brooklyn Youth Chorus en Her Father in the Pool. Menos melódica y de ritmo constante, Where Is Her Head no da lugar a la pausa antes de otro de los temazos del disco, la extensa y delicada Not In Kansas. Transcurre lenta y musitada So Far So Fast, antes de los dos temas más cercanos a la ortodoxia pop: Hairpin Turns contiene una preciosa línea de piano y Rylan más guitarras y percusiones que la hacen más intensa. La nostálgica Light Years despide con sutileza un goce musical que supera la hora.

Momentos de verdadera altura en este octavo trabajo de The National, magnífica continuación del aún reciente ‘Sleep Well Beast’, que han lanzado acompañado de un evocador cortometraje dirigido por Mike Mills y protagonizado por Alicia Vikander, y con el que sin estridencias vuelven a esquivar el agotamiento de una fórmula que sigue desbordando emoción y, cada vez más madura y depurada, belleza.

Canciones para salvarte la vida y el relato generacional de Carlos Pérez de Ziriza


21 Feb

En uno de los capítulos finales de No olvides las canciones que te salvaron la vida. Una crónica generacional (Efe Eme) del periodista Carlos Pérez de Ziriza, el autor aborda el tema «Ready pa morir» de Yung Beef, uno de los máximos exponentes del Trap nacional, y uno no puede dejar de identificarse con sus reflexiones sobre el crecimiento de este estilo y la extrañeza que nos provoca a la gente que ya hemos entrado en una edad. Y es que Pérez de Ziriza ha construido, como bien dice el subtítulo de su libro, «Una crónica generacional». Obviamente, los dos autores de este Blog no podemos dejar de sentirnos identificados con la mayor parte de su libro ya que compartimos año de nacimiento y buena parte de las referencias que aparecen reflejadas. Nos podrán llamar nostálgicos, «viejunos» y cosas peores relacionadas con el revisionismo actual, incluidas acusaciones de anglofilia y todo lo vinculado con el «indie», aunque Pérez de Ziriza acierta en su desmitificación y en cómo era una tendencia en los noventa que no era para nada mayoritaria, pero esa es otra historia.

No olvides las canciones que te salvaron la vida está muy centrado en nuestras generaciones, aquellas que vivimos los últimos coletazos del Rock ‘N’ Roll en lo más alto. También aquellas que tuvieron en la esperanza de un futuro mejor un horizonte muy definido, aunque luego el castillo se vino abajo. Ahí también acierta Pérez de Ziriza, en esa contextualización desde finales de los ochenta hasta la actualidad, aunque las experiencias vitales puedan ser diferentes, pero es cierto que ciertos valores calaron en nuestras generaciones, sin olvidar esa década de los noventa que será fruto también de análisis y revisionismos en la dirección que se encuentra ahora los ochenta, tiempo al tiempo, y cuya segunda mitad da muchísimo juego.

Pero, volviendo a la música, Pérez de Ziriza insiste en el valor de la música, en la importancia de esa Banda Sonora que nos vamos construyendo y que nos define. No quiero imaginarme la cantidad de canciones que habrá dejado de lado en este proceso de creación de una obra en treinta capítulos, a canción por año, desde 1989 hasta 2018. Y claro, esos treinta años dan para todo: de la adolescencia a la juventud y a la edad adulta, de los estudios al mercado de trabajo, los enamoramientos y los desengaños, el matrimonio y la llegada de los hijos, la situación laboral, las noches de fiesta que parecían eternas, la amistad…en fin, que todo cabe ahí. Yo me iba haciendo mi propia lista de canciones en esos años y me costaba, me costaba, aunque lógicamente todas ellas forman parte de las que te salvaron la vida.

En cuanto a la lista, ya es una cuestión personal y de los gustos de cada uno pero, como decíamos, responde a muchos de los grandes nombres que sonaban a lo largo de estas tres décadas. Comienza con el «Debaser» de Pixies y termina con «¿Quién eres tú?» de La Habitación Roja, y van cayendo R.E.M., Teenage Fanclub, Los Planetas, Chucho, Primal Scream, Franz Ferdinand, Nick Cave & The Bad Seeds, Wilco, Richard Hawley, Arcade Fire, The National, León Benavente, entre otros. Puede sorprender ver el «Saturday Night» de Whigfield, justificado por su omnipresencia en aquel 1994, o la brutal «Crazy in Love» de Beyoncé, una canción tremenda, pero no hay muchas concesiones más fuera de un cierto canon. Me quedo con los capítulos dedicados a esos grupos y artistas que mejor representan una suerte de madurez, creo que aquí también hay un gran acierto del autor, con formaciones como The National, Wilco, La Habitación Roja, Richard Hawley, Arcade Fire o los propios Teenage Fanclub, seguramente uno de los mejores de todo el libro (junto con el de mis queridos Franz Ferdinand). Y es que, es la nostalgia la que nos mira aunque con una gran dignidad.

Muchas canciones que nos salvaron la vida, muchas más que tienen que hacerlo, y uno no puede dejar de poner esa sonrisa que se te queda cuando escuchas aquella canción de los noventa o de la primera década del siglo XXI, más de los noventa, y piensas ¡qué lejos! pero mereció la pena. Y nada mejor que escuchar una y otra vez a los fantásticos Teenage Fanclub, que insisto representan seguramente mejor que nadie el espíritu del libro. Haced la prueba, buscad esas canciones.

 

Big Red Machine, «Big Red Machine»


17 Sep

PEOPLE es una comunidad principalmente de músicos, surgida durante el festival de Michelberger (Berlín) en 2016, en la que una multitud de ellos colaboran y comparten sus creaciones libremente. Entre sus miembros hay gente del nivel de Sufjan Stevens, Thomas Bartlett, Will Oldham o miembros de The National o Arcade Fire y entre sus primeros y más ambiciosos frutos está este proyecto bautizado como Big Red Machine y capitaneado por Justin Vernon y Aaron Dessner, lo cual en principio suponía una garantía y en conclusión ha supuesto toda una satisfacción.

Y es que a los rasgos inevitables de la obra más popular de estos dos músicos, cuyos proyectos principales (Bon Iver y The National) lideran la actual escena independiente norteamericana, hay que añadir una elevada cuota de instinto innovador que han sabido resolver con éxito y consistencia. Virados a la electrónica pero con elementos de lo más variado que van del folk a la música negra e incluso étnica, no renuncian a los instrumentos clásicos (guitarras, pianos…) y los consiguen integrar perfectamente en el conjunto. También merece una atención especial el protagonismo vocal de Vernon cuya voz, en ocasiones tratada y en otras desnuda, contribuye enormemente a realzar sobre todo los pasajes más emocionantes.

Desde el principio predomina la rítmica electrónica, aunque cálida y sutil como es el caso de Deep Green o la enorme Gratitude, con una textura más orgánica y una atmósfera casi tribal. I Won´t Run From It y Melt insisten en esa atmósfera, más folk la primera y desgarrada y catártica la segunda. La energía rítmica y las voces de Lyla la aproxima a los cánones del R&B y el Hip Hop, al igual que Air Stryp o Forest Green, más negra y cálida esta última, sin duda bella. Al piano suenan las también bellísimas y magníficamente cantadas Hymnostic y People Lullaby. Me dejaba OMDB, sostenida por la voz manipulada de Vernon y unas percusiones metálicas y profundas.

Un gran trabajo alejado de las órbitas habituales de sus componentes principales que propone con acierto nuevas estructuras y variadas combinaciones y sabe mantener el equilibrio entre la melodía y la experimentación. Una alegría esta asociación de la que han sabido extraer un sonido siempre particular y por momentos muy grande.