Xoel López, ‘Paramales’

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Es difícil ocultar un talento para la creación de melodías tan grande como el que posee Xoel López, por más que intente despistarlo con cambios de dirección en apariencia tan bruscos como el que dio en su anterior trabajo ‘Atlántico’ (2012).

No llegaron a diez años los que permaneció Xoel al frente de Deluxe alumbrando el indie patrio con luminosas piezas pop de inspiración anglosajona, suficientes para despertar la inquietud por nuevos proyectos. Así que se trasladó a Argentina para imbuirse de sonidos diferentes y componer en completa libertad las canciones que con el tiempo completarían su primer disco firmado con su nombre de pila, el ya mencionado ‘Atlántico’, cuya continuación llega ahora con este ‘Paramales’.

Trece son las canciones que presenta la segunda entrega de su periplo sudamericano, con un sonido limpio y natural, con escasas concesiones a la electrónica y logrados juegos de voces, que le acercan la figura del cantautor sin descuidar, aunque atenuada, su característica vitalidad. Algo más calmado que su anterior trabajo, Xoel ejerce de compositor y multiinstrumentista como es habitual, reservando las percusiones a prestigiosos bateristas como «El Indio» (Vetusta Morla) o «Loza» (Sex Museum, Los Coronas) entre otros además de colaboraciones extraordinarias como las de Nacho Mastretta o Jairo Zabala y la voz y coros de la argentina Lola García Garrido.

La cálida ‘Patagonia’ abre el disco con una suavidad a la que los coros van añadiendo intensidad. Le siguen las dos voces del brillante y calculado pop de ‘Yo solo quería que me llevaras a bailar’ y los aires tradicionales de la más insípida ‘Antídoto’ antes de la original mezcla de folk gallego y sintetizadores de ‘A serea e o mariñeiro’. ‘Caracoles’ suena hermosa y sencilla y ‘Un año más’ dice menos antes del animado ajuste de cuentas que es ‘Todo lo que merezcas’ y, en la misma línea rítmica, ‘Yo vi un hombre desaparecer’. Ni en la oscura ‘Sol de agua’ deja de asomar la luz de los estribillos, al igual que en la suave ‘Almas del norte’. Las animosas cuerdas componen ritmos étnicos africanos en ‘Ningún hombre, ningún lugar’ antes de la más grave ‘Laberinto’ y del lento y delicado cierre de ‘La casa hace ruido cuando no estás’.

Por más que se ponga trascendente siempre asoma el vitalismo y el color en los trabajos de este artista. Si bien este último disco suena algo más calmado y por momentos irregular, el resultado no defrauda a quienes a lo largo de los años le hemos seguido y seguimos reconociendo su exquisita habilidad para escribir canciones por más que varíe los envoltorios.

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