Archive for the ‘Libros y música’ Category

‘Ropa música chicos’ de Viv Albertine


31 Jul

Detrás de un título como el de Ropa música chicos (Anagrama, 2017) se esconde uno de los libros más impactantes que uno haya leído en los últimos tiempos. Viv Albertine desgrana su autobiografía de forma directa y cruda, sin caer en florituras y artificios, y sin concesiones, para llevarte a lo largo de quinientas páginas por una vida que tiene dos caras bien diferenciadas. Llegué a este fantástico y apasionante libro a través del Facebook del gran Juan Santaner, que lo recomendaba de forma entusiasta, y me atrapó desde sus primeras páginas. Viv Albertine estuvo en todo el meollo de la explosión Punk de la segunda mitad de los setenta en un Londres que se presenta apasionante pero también un tanto desgarrador. Dentro de la filosofía ‘do it yourself’, Albertine formará una banda de Punk femenino y reinvidicativo como serán The Slits, de efímero éxito, su primer disco Cut (1979) llegará a ser publicado por Island Records, aunque anteriormente ya había formado parte de otra banda llamada The Flowes of Romance con Sid Vicious, entre otros y otras integrantes. Pero Albertine nos muestra en su primera parte de su libro cómo va luchando por romper con ciertas cadenas de la sociedad vinculadas a los roles de género y a los condicionantes sociales en un momento aperturista. En este sentido, Albertine se muestra consciente de su posición en un proceso complejo y con no pocas resistencias. Albertine también contextualiza el momento que vive en ese Londres de la explosión Punk al desfilar personajes como Mick Jones (The Clash), al que le une una intermitente relación, o el ya mencionado Sid Vicious, uno de sus amigos más cercanos en el periodo, así como Malcolm McLaren, Johnny Thunders, etc. Albertine muestra un periodo en el que cualquier cosa parecía posible pero también cómo aquello duró muy poco tiempo. La desilusión y las contradicciones de todo el proceso se ven claramente en la trayectoria de las Slits, que para 1982 ya habían cerrado su primera etapa. Albertine también indagará en nuevas expresiones musicales a la vez que observa cómo aquel periodo va llegando a su fin y la situación en las Slits llega a un punto sin retorno, tras haber rozado el cielo con grandes presupuestos de grabación, telonear a The Clash (uno de los momentos más impagables del libro) o haber realizado giras incluso por Estados Unidos.

Si esa primera parte te conquista, se puede decir lo mismo y más de la segunda. En 1982, Albertine se encuentra de nuevo en la casilla de salida con todo su bagaje pero en un contexto totalmente diferente. Es interesante cómo la autora describe esa nueva situación y cómo va a tratar de encauzar su vida dentro de unos parámetros más ‘normales’, dicho todo esto con todas las comillas posibles. Albertine cierra la puerta a ese pasado y comienza un periplo vital en el que se dedicará al mundo audiovisual mientras trata de alcanzar la estabilidad en pareja y ser madre. Las dificultades para todo ello, una vez encontrada una pareja a la que nunca menciona por su nombre sino ‘Marido’, los abortos, tratamientos de fecundidad, etc., le llevarán finalmente a alcanzar la maternidad cuando todo parecía perdido. Pero, una vez que es madre, cae en un cáncer que supondrá un nuevo desafío y del que saldrá adelante. Llegan entonces unas páginas brillantes en las que Albertine transmite su transformación en los roles de género contra los que luchó y el proceso de negación de sí misma, atrapada en un matrimonio fracasado tras haber luchado contra la enfermedad y haber conseguido ser madre. Son páginas amargas y duras pero en las que subyace que Albertine sabrá reconstruirse se nuevo como así resulta, incluido una extraña relación con el actor y director Vicent Gallo. Comienza así el regreso al mundo de la música, el encuentro con las Slits y la grabación de nuevos temas con su nombre, mientras avanza afrontando nuevos retos y situaciones emocionales como el fallecimiento de su padre, ausente durante mucho tiempo de su vida, y ese seguir peleando en un mundo en el que ser mujer te pone en una posición secundaria. Viv Albertine ha escrito uno de los mejores libros que he leído en lo que va de año, una obra que siempre mira hacia adelante por muchas trabas que se pongan en el camino.

‘La fábrica de canciones. Cómo se hacen los hits’ de John Seabrook


21 Jun

Hemos devorado La fábrica de canciones. Cómo se hacen los hits (Reservoir Books) de John Seabrook, un libro que repasa la forma en la que se generan los grande éxitos del mundo del Pop en las últimas dos décadas. Un proceso interesante que vincula este libro con los soberbios y ya comentados Cómo dejamos de pagar por la música (Contra) de Stephen Witt y, en menor medida, Música de mierda (Blackie Books) de Carl Wilson, aunque no alcanza la profundidad de ambos. Seabrook se adentra en el terreno pantanoso de la composición de esos hits que se nos cuelan en la cabeza y que, especialmente en la última década y media se han convertido en los dominantes en las listas del Pop y de la música popular. Seabrook parte de la experiencia personal, ya que también se postula como ‘erudito’, al adentrarse en el mundo musical de su hijos pre y adolescentes. La motivación por entender qué hay detrás de esas canciones le llevará a investigar cómo las mismas llegan al público colectivo y aunque en algunos momentos, pero de forma muy sutil, sí que se observa una mirada por encima, en realidad realiza una labor empática. En este sentido, el libro sería un hermano menor del de Wilson, como lo sería del Witt en relación al proceso de la evolución de la industria musical, libro al que por cierto cita al final de su trabajo. Y es que sin ese contexto que se traza no sería tampoco posible comprender cómo unos equipos de productores y compositores han colonizado la música popular a través de una serie de ciclos.

Seabrook traza una historia a través de los grandes equipos de compositores/productores de la historia, desde el Tin Pan Alley hasta la Motown, pasando por Phil Spector. Su punto de partida en este proceso moderno será el protagonismo de los productores y compositores suecos, siguiendo la tradición de ABBA, con el malogrado Denniz Pop y Max Martin a la cabeza de Cheiron, de donde saldrán hits de Ace of Base, Backstreet Boys, Britney Spears, entre otros muchos. Martin será el que alcance el mayor reconocimiento, mientras que el Pop europeo y el R&B se van fusionando y compositores y productores buscan un nuevo hit a través de artistas que, en no pocas ocasiones, son prefabricados o modelados. En este punto, también entran en juego los concursos de covers que se convierten en la nueva cantera de intérpretes del Pop como Kelly Clarkson:

La lista de personajes que pasan por el libro es inmensa, de artistas que se ven superados por las expectativas de la industria a productores y disqueros como el veteranísimo Clive Davies, el controvertido Dr. Luke, los productores noruegos Stargate, o la maravillosa historia de la compositora Ester Dean y sus intentos por sobresalir en un mundo tan complejo. También vas aprendiendo a conocer cómo se articulan esas canciones, a través del ‘hook’ (el gancho) y la melodía, y entiendes esa cantidad de gente que aparecen como compositores de muchos temas. Encuentras, además, que incluso bandas como Bon Jovi han recurrido a gente como Max Martin en temas como, era fácil de adivinar, ‘It’s my Life’ (donde aparece como productor), o Coldplay a Stargate, aunque eso era más previsible:

Kate Perry, Taylor Swift y Rihanna, o la triste historia de Ke$ha con Dr. Luke, también tienen su recorrido en un libro donde aborda, aunque de forma casi como forzada, el fenómeno surcoreano del K-Pop como paradigma de la fabricación de artistas y hits, que llega hasta el punto de ir transformando los inicios de algunas carreras como las de Swift, centrada en el Country, y la de Perry, vinculada a Rock cristiano, hasta convertirlas en irreconocibles. Y es los principales perjudicados de todo el proceso son los cantantes y artistas, y el ejemplo de Ke$ha es un hecho. Hay también una crítica a un mundo predominante masculino como el de los productores, al hecho de que la presencia de la mujer se reduzca al ámbito de las melodistas, o a cómo la industria se ha hundido y cómo los servicios de streaming lo que hacen es perjudicar a unos interpretes que se van quedando con menos trozo de la tarta a la vez que la presión por alcanzar el siguiente número 1 no ceja, algo en lo que sin duda Max Martin es el campeón con 22 números 1 del Billboard donde están, entre otros, ‘…Baby One More Time’ (Britney Spears), ‘I Kissed a Girl’ (Kate Perry), ‘Shake It Off’ (Taylor Swift) o ‘Can’t Stop The Feeling!’ (Justin Timberlake), donde aparece tanto como productor como compositor, así como también en el ‘Send My Love (To Your New Lover)’ del 25 (2015) de Adele.

Y sí, no lo vamos a negar, esta gente tienen la habilidad y la capacidad de crear temas muy adictivos, ejemplos hay muchos como el ‘Tik Tok’ de Ke$ha, algunos fantásticos. Pero Seabrook transmite esa sensación de producción industrial, menciona incluso discos que se gestan a través de campamentos de compositores y productores con las funciones muy delimitadas. Curiosamente, buena parte de estos compositores y productores provenían del Rock duro, como el propio Martin. Y sí, es evidente que eso ha pasado en la historia de la música siempre, como decíamos al principio, pero hay como un halo que en este proceso se ha perdido. No vamos a dejar de bailar con temas como ‘Can’t Stop the Feeling!’, pero el mundo que describe Seabrook es ‘raro’.

 

‘Héroes del Blues, el Jazz y el Country’ de Robert Crumb


22 Mar

Algunas publicaciones son delicias o podríamos decir que son delicatessen, y es el caso de la que nos ocupa: Héroes del Blues, el Jazz y el Country (Nórdica, 2016) del gran Robert Crumb, el ilustrador e icono del cómic underground norteamericano. El amigo Sergio Pérez de Heredia me sorprendió con este fantástico regalo al que, por motivos de agenda, me ha costado llegar pero que he disfrutado con pasión. Esta obra nos presenta una serie de ilustraciones de Crumb, con su característico e inconfundible estilo, de pioneros del Blues, el Jazz y el Country en las primeras décadas del siglo XX en Estados Unidos. Los dibujos de Crumb tienen una fuerza inusitada, también fruto de su pasión por la música, y ven acompañados de unas breves reseñas, que en algunas ocasiones son meras descripciones de unas páginas, y que sin duda proceden de su origen como cuenta en la ‘Introducción’ el director de cine Terry Zwigoff, y es que estas ilustraciones estaban pensadas para funcionar como cromos. Realizadas a comienzos de la década de 1980, Crumb se basó en las fotografías de la época de estos pioneros aunque Zwigoff insiste en que lo que marcó a Crumb fue la música de esos viejos discos de 78 r.p.m. La obra nos presenta a numerosas figuras de esos momentos primigenios del Blues, el Jazz y el Country y, a pesar de la brevedad de los textos, quedan marcadas numerosas diferencias. Los orígenes del Blues y las variables que le determinan, el peso del Sur y la omnipresencia, obviamente, de la guitarra. El Jazz y su componente mucho más urbano y sofistificado, donde hay espacio para mitos como Louis Armstrong y ‘Duke’ Ellington. Y, para mí el más conseguido, capítulo dedicado al Country, donde la grandísima mayoría son conjuntos, blancos, muy familiares, y con una fuerte presencia rural que, en no pocas ocasiones, suponía un componente estigmatizador. Y es que, en este apartado, los autores se detienen un poco más en las explicaciones y contextualizaciones de numerosos conjuntos, incluso especificando los orígenes por estados y zonas, que todavía mantienen vínculos con la tradición de los primeros colonos (esos montes Apalaches), en el uso de algunos instrumentos, el banjo es central pero también el violín, y cómo muchas de estas formaciones quedan en un gran olvido, como los músicos de Blues. Sin embargo, no ocurre lo mismo con los del Jazz que harán carrera en orquestas propias o en las más destacadas de la década de los veinte como la Creole Jazz Band de King Oliver. Consecuencia de la época, no hay una gran presencia femenina, apenas en el Blues y el Jazz, creo que dos casos, pero más extendida en el Country aunque también es cierto que en un rol secundario formando parte de los conjuntos. Además, también queda evidente una segregación étnica. Y, de regalo, un CD que veintiún temas originales de la época elegidos por el propio Crumb. Una historia fascinante, no cabe duda y, cuando estás leyendo la parte del Blues y, especialmente la del Country, no puedes dejar de recordar la fantástica Oh Brother! (2000) de los Hermanos Coen y la música de T-Bone Burnett, que captura esa época.

Los Restos Del Concierto

Porque no todos oímos lo mismo