Archive for the ‘Libros y música’ Category

‘La fábrica de canciones. Cómo se hacen los hits’ de John Seabrook


21 Jun

Hemos devorado La fábrica de canciones. Cómo se hacen los hits (Reservoir Books) de John Seabrook, un libro que repasa la forma en la que se generan los grande éxitos del mundo del Pop en las últimas dos décadas. Un proceso interesante que vincula este libro con los soberbios y ya comentados Cómo dejamos de pagar por la música (Contra) de Stephen Witt y, en menor medida, Música de mierda (Blackie Books) de Carl Wilson, aunque no alcanza la profundidad de ambos. Seabrook se adentra en el terreno pantanoso de la composición de esos hits que se nos cuelan en la cabeza y que, especialmente en la última década y media se han convertido en los dominantes en las listas del Pop y de la música popular. Seabrook parte de la experiencia personal, ya que también se postula como ‘erudito’, al adentrarse en el mundo musical de su hijos pre y adolescentes. La motivación por entender qué hay detrás de esas canciones le llevará a investigar cómo las mismas llegan al público colectivo y aunque en algunos momentos, pero de forma muy sutil, sí que se observa una mirada por encima, en realidad realiza una labor empática. En este sentido, el libro sería un hermano menor del de Wilson, como lo sería del Witt en relación al proceso de la evolución de la industria musical, libro al que por cierto cita al final de su trabajo. Y es que sin ese contexto que se traza no sería tampoco posible comprender cómo unos equipos de productores y compositores han colonizado la música popular a través de una serie de ciclos.

Seabrook traza una historia a través de los grandes equipos de compositores/productores de la historia, desde el Tin Pan Alley hasta la Motown, pasando por Phil Spector. Su punto de partida en este proceso moderno será el protagonismo de los productores y compositores suecos, siguiendo la tradición de ABBA, con el malogrado Denniz Pop y Max Martin a la cabeza de Cheiron, de donde saldrán hits de Ace of Base, Backstreet Boys, Britney Spears, entre otros muchos. Martin será el que alcance el mayor reconocimiento, mientras que el Pop europeo y el R&B se van fusionando y compositores y productores buscan un nuevo hit a través de artistas que, en no pocas ocasiones, son prefabricados o modelados. En este punto, también entran en juego los concursos de covers que se convierten en la nueva cantera de intérpretes del Pop como Kelly Clarkson:

La lista de personajes que pasan por el libro es inmensa, de artistas que se ven superados por las expectativas de la industria a productores y disqueros como el veteranísimo Clive Davies, el controvertido Dr. Luke, los productores noruegos Stargate, o la maravillosa historia de la compositora Ester Dean y sus intentos por sobresalir en un mundo tan complejo. También vas aprendiendo a conocer cómo se articulan esas canciones, a través del ‘hook’ (el gancho) y la melodía, y entiendes esa cantidad de gente que aparecen como compositores de muchos temas. Encuentras, además, que incluso bandas como Bon Jovi han recurrido a gente como Max Martin en temas como, era fácil de adivinar, ‘It’s my Life’ (donde aparece como productor), o Coldplay a Stargate, aunque eso era más previsible:

Kate Perry, Taylor Swift y Rihanna, o la triste historia de Ke$ha con Dr. Luke, también tienen su recorrido en un libro donde aborda, aunque de forma casi como forzada, el fenómeno surcoreano del K-Pop como paradigma de la fabricación de artistas y hits, que llega hasta el punto de ir transformando los inicios de algunas carreras como las de Swift, centrada en el Country, y la de Perry, vinculada a Rock cristiano, hasta convertirlas en irreconocibles. Y es los principales perjudicados de todo el proceso son los cantantes y artistas, y el ejemplo de Ke$ha es un hecho. Hay también una crítica a un mundo predominante masculino como el de los productores, al hecho de que la presencia de la mujer se reduzca al ámbito de las melodistas, o a cómo la industria se ha hundido y cómo los servicios de streaming lo que hacen es perjudicar a unos interpretes que se van quedando con menos trozo de la tarta a la vez que la presión por alcanzar el siguiente número 1 no ceja, algo en lo que sin duda Max Martin es el campeón con 22 números 1 del Billboard donde están, entre otros, ‘…Baby One More Time’ (Britney Spears), ‘I Kissed a Girl’ (Kate Perry), ‘Shake It Off’ (Taylor Swift) o ‘Can’t Stop The Feeling!’ (Justin Timberlake), donde aparece tanto como productor como compositor, así como también en el ‘Send My Love (To Your New Lover)’ del 25 (2015) de Adele.

Y sí, no lo vamos a negar, esta gente tienen la habilidad y la capacidad de crear temas muy adictivos, ejemplos hay muchos como el ‘Tik Tok’ de Ke$ha, algunos fantásticos. Pero Seabrook transmite esa sensación de producción industrial, menciona incluso discos que se gestan a través de campamentos de compositores y productores con las funciones muy delimitadas. Curiosamente, buena parte de estos compositores y productores provenían del Rock duro, como el propio Martin. Y sí, es evidente que eso ha pasado en la historia de la música siempre, como decíamos al principio, pero hay como un halo que en este proceso se ha perdido. No vamos a dejar de bailar con temas como ‘Can’t Stop the Feeling!’, pero el mundo que describe Seabrook es ‘raro’.

 

‘Héroes del Blues, el Jazz y el Country’ de Robert Crumb


22 Mar

Algunas publicaciones son delicias o podríamos decir que son delicatessen, y es el caso de la que nos ocupa: Héroes del Blues, el Jazz y el Country (Nórdica, 2016) del gran Robert Crumb, el ilustrador e icono del cómic underground norteamericano. El amigo Sergio Pérez de Heredia me sorprendió con este fantástico regalo al que, por motivos de agenda, me ha costado llegar pero que he disfrutado con pasión. Esta obra nos presenta una serie de ilustraciones de Crumb, con su característico e inconfundible estilo, de pioneros del Blues, el Jazz y el Country en las primeras décadas del siglo XX en Estados Unidos. Los dibujos de Crumb tienen una fuerza inusitada, también fruto de su pasión por la música, y ven acompañados de unas breves reseñas, que en algunas ocasiones son meras descripciones de unas páginas, y que sin duda proceden de su origen como cuenta en la ‘Introducción’ el director de cine Terry Zwigoff, y es que estas ilustraciones estaban pensadas para funcionar como cromos. Realizadas a comienzos de la década de 1980, Crumb se basó en las fotografías de la época de estos pioneros aunque Zwigoff insiste en que lo que marcó a Crumb fue la música de esos viejos discos de 78 r.p.m. La obra nos presenta a numerosas figuras de esos momentos primigenios del Blues, el Jazz y el Country y, a pesar de la brevedad de los textos, quedan marcadas numerosas diferencias. Los orígenes del Blues y las variables que le determinan, el peso del Sur y la omnipresencia, obviamente, de la guitarra. El Jazz y su componente mucho más urbano y sofistificado, donde hay espacio para mitos como Louis Armstrong y ‘Duke’ Ellington. Y, para mí el más conseguido, capítulo dedicado al Country, donde la grandísima mayoría son conjuntos, blancos, muy familiares, y con una fuerte presencia rural que, en no pocas ocasiones, suponía un componente estigmatizador. Y es que, en este apartado, los autores se detienen un poco más en las explicaciones y contextualizaciones de numerosos conjuntos, incluso especificando los orígenes por estados y zonas, que todavía mantienen vínculos con la tradición de los primeros colonos (esos montes Apalaches), en el uso de algunos instrumentos, el banjo es central pero también el violín, y cómo muchas de estas formaciones quedan en un gran olvido, como los músicos de Blues. Sin embargo, no ocurre lo mismo con los del Jazz que harán carrera en orquestas propias o en las más destacadas de la década de los veinte como la Creole Jazz Band de King Oliver. Consecuencia de la época, no hay una gran presencia femenina, apenas en el Blues y el Jazz, creo que dos casos, pero más extendida en el Country aunque también es cierto que en un rol secundario formando parte de los conjuntos. Además, también queda evidente una segregación étnica. Y, de regalo, un CD que veintiún temas originales de la época elegidos por el propio Crumb. Una historia fascinante, no cabe duda y, cuando estás leyendo la parte del Blues y, especialmente la del Country, no puedes dejar de recordar la fantástica Oh Brother! (2000) de los Hermanos Coen y la música de T-Bone Burnett, que captura esa época.

‘Bob Dylan. La Biografía’ de Howard Sounes


13 Mar

Siempre es interesante acercarse a una figura tan importante y compleja como la de Bob Dylan, controvertida y con sus puntos oscuros y extraños. Genio sin parangón en la música, Premio Nobel de Literatura, la bibliografía en torno a Dylan es ingente, mientras esperamos los volúmenes pendientes tras la primera parte de Crónicas (2004), que en España acaba de reeditar hace unas semanas la editorial Malpaso, y que resultaron muy valoradas por la crítica. Nos detenemos en Bob Dylan. La biografía de Howard Sounes, editada por Reservoir Books y que fue publicada por primera vez en 2001. Llega una versión ampliada, aunque no cubre los últimos años de Dylan, se detiene más o menos en 2011, en la que Sounes presentó aspectos novedosos sobre la vida de Dylan como por ejemplo su segundo matrimonio. Sounes, periodista musical que ha desarrollado trabajos también sobre Lou Reed, Paul McCartney y Amy Winehouse, hace un trabajo minucioso a través de decenas de fuentes del entorno de Dylan y, aunque también muestra sus puntos críticos, no deja de tener en ciertos momentos un punto hagiográfico.

Y es que pocos artistas han sido tan analizados como Dylan desde sus letras, sus cambios de rumbo y el impacto que ha supuesto para varias generaciones. Sounes abarca su trayectoria desde sus orígenes familiares tratando de encontrar puntos claves tanto en el hombre como en la figura y el icono. Queda claro que Dylan es una persona muy celosa de su intimidad, hasta extremos insospechados, tomando numerosas medidas de seguridad. Seguramente, uno de los momentos más interesantes es el segundo matrimonio ya señalado con Carolyn Dennis en 1986, y que finalizó en 1992, y el nacimiento de su hija fruto del mismo Desiree. Es muy revelador también cómo Dylan funciona como un mujeriego empedernido, Joan Baez o la icónica Susan Rotolo (la acompañante de Dylan en la portada de The Freewheelin’ Bob Dylan) son algunos de los ejemplos más devastadores de la forma de proceder de Dylan. Y no hay que olvidar su época más estable, la del matrimonio con Sara Lownds (1965-1977), con la que tuvo cuatro hijos junto con la adopción de la hija de ella de una relación anterior.

Dylan se presenta como una persona insegura y tímida, huraño y con pocas habilidades sociales (el ejemplo más claro es el tratamiento a los músicos, algo que deja muchos damnificados por el camino), pero no deja de ser una pose o una coraza del de Duluth. Y es que sólo alguien con una seguridad extrema en sus posibilidades de triunfar y en sí mismo, y eso queda claro desde el comienzo de su carrera, puede llegar hasta la cima, siendo capaz de inventarse hasta partes de su biografía en determinados momentos para ganar cierta legitimidad. Dylan también se muestra un tanto vampirizador, especialmente en sus comienzos, y sus amigos de la época del Greenwich Village no dejan de reprocharle su forma de proceder. Pero Bob también da muestras de humanidad y solidaridad, aunque nunca quiere publicidad de las mismas. En una vida tan complicada, el acoso de determinados fans se torna incluso peligroso, ‘y habiendo vivido varias vidas en una ‘, Dylan tiene sus baches, especialmente en los ochenta y primeros noventa, además de esos procesos de conversión al cristianismo que supuso un shock. Destacan también los contenciosos judiciales con su primer gran representante, Albert Grossman (un tipo muy poco recomendable) o Victor Maymudes, uno de sus hombres de confianza durante décadas y con el que la cosa no acabó nada bien, aunque aquí Sounes rebate en el libro los argumentos de Maymudes en contra de Dylan.

En relación a la música, Sounes reconoce los momentos más bajos de Dylan, algunos de los cuales son fruto de una caída de la inspiración y otros de la forma de trabajar. Hay una interesante contextualización de la obra de Dylan en torno a la época y los momentos vitales de Dylan, además de una interesante descripción de la grabaciones de sus obras cumbre, sin olvidar sus influencias poéticas y literarias, ahí Jack Kerouac. En todo caso, queda claro que Dylan vive para componer y que, en sus periodos más fecundos, escribía en cualquier momento y lugar. Luego llega el momento de la ascensión definitiva a los altares de Dylan, cuando regresa por todo lo alto con un disco como Time Out Of Mind (1997), y de una consideración acrítica por buena parte de la prensa musical de su obra y figura. Y, aunque no profundiza tanto, curiosa también la forma de proceder en la carretera y en su gira eterna, tocando en lugares insospechados, pero mostrando un colmillo para los negocios fruto del aprendizaje de décadas y de situaciones como las vividas con Grossman.

Muy interesante este trabajo de Howard Sounes, un libro que se lee casi de un tirón y que aporta cuestiones novedosas. Y donde se deja claro que, efectivamente, como ‘es muy difícil ser Bob Dylan’.

Los Restos Del Concierto

Porque no todos oímos lo mismo