Beck, “Morning Phase”

19 Mar

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Casi seis años después de su último lanzamiento ya tenemos en nuestras manos el esperado regreso de Beck Hansen, el geniecillo de Los Angeles que con este Morning Phase alcanza la decena de álbumes desde su eclosión mediática con Loser allá por 1993.

Muchas eran las incógnitas y rumores en torno al contenido del nuevo trabajo de un artista tan ecléctico como personal, y lo cierto es que se han visto confirmados los presagios que pronosticaban la revisitación del espíritu de aquel Sea Change que le reportó el mayor reconocimiento que hasta hoy ha recibido de la crítica; de hecho suena a continuación de aquél, a rehabilitación de las sesiones que en 2002 le dieron tan buen resultado incluso a recuperación de ideas descartadas entonces. El resultado es un trabajo conceptual en su sonido con todo el folk que se puede esperar de un músico como Beck que, por primera vez en su carrera, se reserva en exclusiva las tareas de producción para crear un sonido  de gran intensidad que acompaña al protagonismo de los instrumentos tradicionales y las cuidadas voces.

La apuesta por lo acústico es evidente desde la apertura del disco con Morning, de tempo muy lento y melancólicas letras. La psicodelia es otro de los rasgos de algunas de las canciones, presente en los bonitos juegos de voces de Heart is a Drum que parecen extraídos de los 60-70’s, que acelera algo para continuar con Say Good Bye, folk moderno con banjo incluido al final, o la intensidad de las potentes percusiones junto a la ascendente instrumentación de Blue Moon, primer single que junto a sus dos predecesoras completan la cumbre del álbum.

Otra tónica es la profundidad de la voz, como en Unforgiven que de nuevo ralentiza el tempo antes del lapso ambiental que deparan las hermosas cuerdas que acompañan su también distante voz en Wave. Recupera el tono acústico y los cuidados juegos vocales en el estribillo de Don´t Let It Go y Blackbird Chain. En Turn Away deja a un lado las percusiones para crear una pieza de pop ligero de nuevo culminada con cuerdas clásicas. Country Down es una de las más claras piezas folk del disco antes de acabar con la intensidad del piano eléctrico y la orquestación con que se cierran Waking Light y el propio disco.

Beck regresa por tanto en buena forma con un trabajo introspectivo que no alcanza el altísimo nivel de su referente, el Sea Change, pero que conserva invariable su espíritu y recupera con talento y oficio una de las caras que más satisfacciones ha dado al poliédrico músico californiano.

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