Iván Ferreiro, «2005-2020. 15 años entre canciones para el tiempo y la distancia»

Cinco discos, cinco, ni cuatro ni seis, cinco discos en una recopilación de Iván Ferreiro que supone un repaso total a la trayectoria del gallego. Y es que Ferreiro, desde que se pusiese el punto y final a Los Piratas, se ha convertido en una de las figuras preeminentes de lo denominado «indie», aunque, como bien demuestran estos cinco discos, sus colaboraciones han sido con tipo de artistas y bandas. Ojo, una pregunta, ¿con quién no ha colaborado Iván Ferreiro?, sólo deben quedar fuera de la lista Camela, José Luis Perales y poco más. Iván Ferreiro es una de esas figuras consagradas, con una amplia base de seguidores y seguidoras, pero también cuestionado desde algunos ámbitos. Seguramente su tono de voz y su afectación han jugado en su contra para a la hora de generarse prejuicios. Yo tampoco he sido muy de su carrera, la verdad. Los Piratas tenían su punto, comenzaron muy jóvenes y hacían un sonido de guitarras que pronto derivaron hacia el ruidismo y una cierta experimentación siguiendo los pasos de Radiohead. Con Ultrasónica (2001) alcanzaron un punto mainstream en el que ya se habían colado con canciones como la tremenda «Promesas que no valen nada», «Matadero clandestino» o «Te echaré de menos», una barbaridad que grabaron con Soledad Jiménez de Presuntos Implicados, un adelanto del eclecticismo de la carrera de Ferreiro en sus colaboraciones. Pero con Ultrasónica pusieron un himno encima de la mesa como «Años 80» que se adelantó a lo autorreferencialidad de parte del «indie». «Años 80» me parece una canción brutal y de las mejores del Pop español. Su siguiente paso, y último, fue Relax (2003), un trabajo en el que apuestan por la experimentación y sonidos más electrónicos, con Radiohead más en el punto de mira. No, no había otro «Años 80». Los Piratas se disolvieron en 2004 con un disco en directo, Fin de la 2ª parte que concentraba sus éxitos y en el que estuvieron como invitados Amaral, El Drogas y Bunbury (en esos años, Bunbury estuvo en todos los discos del Pop Rock español).

A partir de ahí, Iván Ferreiro da el salto a una carrera en solitario en la que va a cultivar un sonido que, sin romper radicalmente con Los Piratas, irá perfilando en modo más melódico. Reconozco que me cautivó la durísima «Turnedo», compuesto por su hermano Amaro, y que me llevó de cabeza a su debut Canciones para el tiempo y la distancia (2005). Había buenas canciones y hasta una versión del «Abrázame» de Julio Iglesias, cuando hacer versiones de cantantes melódicos no se estiraba, pero no me cautivó. Luego llegarían Las siete y media (2006), Mentiroso mentiroso (2008), Picnic extrarrestre (2010), Confesiones de un artista de mierda (2011), Val Miñor – Madrid. Historia y cronología del mundo (2013) y Casa (2016). Le reconozco mucho valor en su revisitación del cancionero de Golpes Bajos con Cena recalentada (2018), del que tanto debatimos con el buen amigo Sergio Pérez de Heredia. Así que, llevado por ciertas dudas y curiosidades, me hice con la recopilación que vamos a analizar. Un trabajo coherente y en el que, insistimos, ¿con quién no ha colaborado Iván Ferreiro?

Los cinco discos se estructuran de forma coherente y, aunque hay uno dedicado a colaboraciones (ojo, seleccionadas), en el resto aparecen también…invitados/as, salvo en el primero. No vamos a analizar todas las canciones, sólo vamos a hacer referencia a las más destacadas y en el primer CD aparece lo más cercano a lo que sería un «Grandes Éxitos». Se ve la evolución de Ferreiro, aunque desde el minuto uno parece quitarse la experimentación de la etapa final de Los Piratas. Y es que en la evolución de Iván Ferreiro destaca una querencia hacia la canción melódica que se observa en muchas canciones. Aunque sus primeros temas se escoran a sus orígenes, «Canciones para el tiempo y la distancia», la imbatible «Turnedo» compuesta por su hermano Amaro, hay ya una intensidad que se observa creciente en la melodramática «Extrema pobreza», muy de la canción melódica. Destacan también la preciosa «Me toca tirar», la fantástica canción Pop «Tristeza» en la que colabora China Patino (ojo, que no lo acredita), la muy intensa «La distorsión», y el avance hacia un Pop más elegante, muy de los sesenta, como es «Jet Lag».

En el segundo disco aparece un mayor eclecticismo. Hay revisitaciones a canciones de Los Piratas como «Santadrenalina» o «El equilibrio es imposible» junto a Santi Balmes (Love of Lesbian), siendo más melódica y orquestal. También destacan en este segundo disco «El bosón de Higgs», más ambiciosa con esos vientos; la muy lograda, con un punto Soul, como es «Pájaro azul», que me parece de las mejores canciones de Ferreiro; «Cómo conocí a vuestra madre» que tira del título de esa famosa serie televisiva y que tiene un punto disco; y «El dormilón», también Pop y orquestal con una letra más críptica.

El tercer disco, «Colaboraciones seleccionadas», ni me imagino las que se han quedado fuera, muestra la diversidad de artistas con los que ha colaborado Ferreiro, destacando también su apuesta por músicos y artistas gallegos. Hay muchas canciones conocidas y nombres como Bunbury y de nuevo Balmes en «Dies Irae», una canción tremenda con las dos aportaciones de los invitados. Con Julieta Venegas hace una elegante «Alien vs. Predator», con los vientos en primer plano. Aunque no soy muy de Leiva, le funciona muy bien la acelerada «Anticiclón». Y muy del «Indie» es «Oh! Sana» con Miss Cafeina, sonidos electrónicos y de guitarras. Me ha gustado mucho «Lágrimas felices» con el gallego Maneiro, más rockera, lo mismo que «Cedeira» con Guadi Galego, muy emocionante y otra de las sorpresas del disco. En «Reina Leia» colabora con Love of Lesbian, una canción de «Indie Pop» que funciona y en la que Balmes se impone a Ferreiro. En la segunda parte encontramos «Vidas cruzadas» que hizo con Quique González en el disco Ajuste de cuentas (2006) que grabó en directo este último; impresionante la ya conocida «Me dejó marchar» con Coque Malla, intensa y épica, en el disco Irrepetible (2018) de Malla; y hay una revisitación más acelerada, vientos incluidos, de «Turnedo» con Xoel López. Hay más colaboraciones con Rayden, Nicolás Pastoriza, Pereza, Carlos Sadness, Antonio Orozco, Zahara, Mon Band, Vega y Sidecars.

El cuarto disco, «Proyectos», comienza y finaliza con los grandes clásicos de Golpes Bajos, «Malos tiempos para la lírica» y «No mires a los ojos de la gente», de Cena recalentada (2018). Por el camino, varios tributos como la acústica e intimista «Desordenada habitación» de Antonio Vega, «De mayor» de Bunbury, «Mundo de cristal» de Duncan Dhu junto a Pereza, «Reina de la noche» de Miguel Ríos, «Tío Alberto» de Joan Manuel Serrat, «Un Joc D’Ous» de Umpah Pah, así como «Pa todo el año» dedicada a México. Pero la mejor canción de este cuarto volumen es «La estación de la calle Perdido» de la BSO de la película Litus, una canción Pop con sonidos electrónicos que está también entre las sorpresas que nos estamos encontrando en este disco. Hay espacio para la sintonía de la serie Fariña, sonido gallego por los cuatro costados; el Pop orquestal de «Memento Mori»; y la muy «Indie Pop», y otra sorpresa por su desconocimiento, «Consummatum est», muy del «Indie Pop». Se incluye también «Gris acero sobre Buenos Aires» con Julián Saldarriaga (Love of Lesbian) a la guitarra, de nuevo apostando por un tono dramático.

Finalmente, el quinto disco es «Perversiones catastróficas», que mayoritariamente son interpretaciones de temas ajenos a cargo de Ferreiro al piano. Particularmente, es el que menos me ha convencido pero también tiene algunas aportaciones interesantes. Estas son «Destruye» de Ilegales; la versión de la italiana «Senza un perché» de Nada que interpreta con Julián Saldarriaga; «Fue» de Mucho, en la que hay más músicos; «Han caído los dos» de Radio Futura junto a León Benavente y Martí Perarnau IV; «Palabras para Jullia» de José Agustín Goytisolo y Paco Ibáñez, en esta ocasión con Pablo Novoa (Golpes Bajos); y «1999» de Love of Lesbian, muy cruda y dramática. En el otro lado, versiones de Loquillo, Miguel Bosé, Los Rodríguez, Josele Santiago, Egon Soda, Antonio Carlos Jobim, Antonio Vega y Adriana Cancalhotto. Y, no podía faltar, «Porque te vas» de José Luis Perales, que popularizó Jeanette.

Como decíamos al comienzo, al final te das cuenta que detrás de Iván Ferreiro hay un cierto gusto por ser un cantante más de tipo melódico, muy abierto a todo tipo de estilos pero con un sello característico. Estos cinco CDs lo atestiguan.

Tindersticks, «No Treasure but Hope»

Hay bandas y artistas que se nos quedan apuntados pero que no hemos seguido. Lo hemos comentado en muchas ocasiones, en algunos casos ha sido por falta de tiempo y por la acumulación de discos, en otras porque no nos han convencido en las escuchas que les hemos dedicado. Tindersticks forman parte de este último grupo. Ojo, que no estamos diciendo que los británicos no sean una banda de calidad, siempre han estado muy bien valorados por la crítica y nos acercamos a ellos con su disco anterior The Waiting Room (2016) que nos sonó muy experimental para nuestro gusto. Pero, con su último trabajo, No Treasure but Hope, duodécimo disco de estudio, nos han convencido. Convertidos en el proyecto de Stuart Staples, Tindersticks comenzaron en los primeros noventa, justo cuando iba a despuntar el BritPop, pero ellos estaban en un Pop orquestal con gusto por las melodías pero sin cerrarse a otros caminos. Es también ese tipo de música que se dota de una cierta intelectualidad y trascendencia que se refleja en esos sonidos más ambientales y atmosféricos. Entre sus influencias más destacadas, se señalan las de Serge Gainsbourg y Scott Walker, aunque se han dotado de una personalidad propia con esa voz de barítono de Staples. De todas formas, estaban muy en el circuito independiente y la primera portada que recuerdo es la de The Something Rain (2012). El caso es que los singles que habíamos escuchado de este No Treasure but Hope nos parecieron muy atractivas y nos lanzamos a un disco que está entre los más interesantes de este comienzo de un año extraño. Canciones para este tiempo, sin duda.

«For the Beauty» es un comienzo de sonido atmosférico, cautivador con el piano de protagonista y la voz de Staples como epicentros, dando paso a un final orquestal. «The Amputees» cuenta, sin embargo, con un sonido precioso y un tono más optimista, aquí es estilo es más Pop y los vientos le dan un punto fantástico, siendo una de las canciones más destacadas del disco. El tono minimalista regresa con «Trees Fall» en la que Staples canta como lamentándose y prima la melancolía con toques instrumentales más sutiles. «Pinky in the Daylight» es una maravillosa orfebrería de Pop orquestal, la cima del disco con esas cuerdas preciosistas. Y se cierra la primera parte con una escueta «Carousel», canción el piano de fondo y fiada a la voz de Staples.

«Take Care in Your Dreams» es otra barbaridad de Pop orquestal, aunque también cuenta con un importante peso de lo ambiental. En «See My Girls» cambian de registro, es más oscura, por momentos se acercarían a Nick Cave & the Bad Seeds en sus últimos discos, con el piano y las cuerdas como aportes instrumentales. «The Old Mans Gait» retorna al sonido orquestal aunque vuelve a escorarse al Pop pero con una instrumentación más sutil, vientos de nuevo incluidos, y con Staples fraseando incluso. «Tough Love» es otra pieza de Pop pero menos ensimismada y con un punto más melódico. El cierre es para «No Treasure but Hope» que es un retorno al minimalismo, con el piano en primer plano mientras que la voz de Staples quedaría de fondo.

Disco notable este No Treasure but Hope que nos presenta un sonido ambiental y orquestal al servicio de la voz de Staples, pero que se centra mayoritariamente en un minimalismo instrumental y un tono contenido y, por momentos ensimismado.

 

Chencho Fernández, «Baladas de plata»

A veces parece que toda aquella expresión artística que no se presente bajo el paraguas de la modernidad o la innovación, que no transite terrenos únicos e inexplorados, tiene un valor menor que las que sí lo hacen. Y sin embargo en la historia de la música popular hay fórmulas de una efectividad probada y más que duradera que aún ofrecen mucho jugo para exprimir, microgéneros que debidamente tamizados por una personalidad atractiva pueden dar mucho de sí por más veces que hayan sido experimentados.

Todo este chorreo viene al caso de un reciente descubrimiento como es la música de Chencho Fernández, veterano de la escena sevillana que, con un único disco previo en solitario (el también fantástico «Dadá estuvo aquí» de 2015) y una larga trayectoria en grupos de menor resonancia nacional como Sick Buzos, se ha hecho sigilosamente con un hueco privilegiado entre los lanzamientos más atractivos de lo que llevamos de año y tiene muchas papeletas para mantenerlo en los próximos meses. Con cuidados arreglos de cuerda y metal y unas guitarras atinadísimas, sabe moverse con soltura por variados terrenos clásicos que pasan entre otros por el glam o la psicodelia y, arropado por el productor sevillano Jordi Gil y una amplia nómina de músicos, destacar con un brillo tan familiar como particular.

Así, sus notas dejan entrever una provechosa inmersión en sonidos setenteros y ochenteros, de cuando se cocía buena parte de lo que hoy sobrevive como rock melódico; y una sabia, variada y personal expresión que nos acerca a todo aquello. Es lo que ocurre con La fosa de las marianas, eléctrica y certera daga de guitarras ‘stonianas’ aderezada con variedad de teclados, al igual que en Te quiero sin querer prevalecen los órganos (Hammond y Rhodes) en una reminiscencia romántica de Serge Gainsbourg; en esta misma línea de romanticismo y belleza destaca la sencilla La canción de Nadia. Unos preciosos acordes de guitarra abren la ligera y amable Un hit, a la que la sección de cuerda eleva aún más, y nuevas guitarras y coros, al servicio de un saxo a modo de riff, animan el ritmo de En boga. Adopta maneras de crooner moderno para interpretar sobre el despliegue instrumental de Mi pequeña muerte en ti, antes de continuar como en una taberna, tanguero y canalla, marcando el ritmo de Salvador en la Plaza del Pan. Mención aparte merecen las letras, algunas maravillosas como la de Como se odian los amantes, sencilla a las guitarras, antes de alegrar la cadencia de Calle Imagen con un ritmo más ligero, para volver a relajarla en el medio tiempo decadente y cinéfilo poblado de guitarras y coros en Suicidio en Hollywood. El colofón lo pone la enorme Noche americana, plena de emoción instrumental y despedida pletórica a los metales.

Su filosofía sonora, si de clasificar se tratara, habría que catalogarla en el estante de Rafael Berrio o de un reciente Coque Malla, con una evidente elegancia interpretativa y un magnífico talento lírico que hacen de su escucha un auténtico goce. De una ambición por encima de su primer trabajo en solitario, estas «Baladas de plata» no dejan lugar a las dudas y nos han alegrado el mes al descubrirnos a un autor en plenitud creativa que demuestra saber lo que quiere, dónde conseguirlo y cómo compartirlo.