«Californication», la vida extra de los Red Hot Chili Peppers

03 Jul

Con cuatro discos a sus espaldas contaban los Red Hot Chili Peppers cuando asaltaron las listas de medio mundo al ritmo de Give It Away a finales del verano de 1991; con ocho años de carrera en los que la formación original había sufrido varias alteraciones hasta conservar solo a Anthony Kiedis y Flea de aquélla. No sería hasta 1988 que Chad Smith y John Frusciante se sumarían para conformar su alineación más característica y provechosa. De modo que no eran precisamente unos adolescentes (rondaban la treintena) cuando, de la mano de Rick Rubin, editaban ‘Blood Sugar Sex Magic’ y se sumaban a la efervescencia rockera de un año especialmente prolífico en grandes e importantes discos. De esta forma conseguían que su personal propuesta de rock lindante con el funk y el hiphop, se hiciera un hueco en la zona noble de la música americana y allanaban el camino a una carrera que no terminaba de arrancar.

Sin embargo, con el enorme éxito de entonces también llegaron complicaciones en forma de adicciones y desavenencias internas, especialmente entre Kiedis y Frusciante, que culminarían en el abandono de la banda por parte de este último y su sustitución por Dave Navarro (exguitarrista de Jane’s Adiction) en un movimiento que no calcularon del todo bien y que supuso un apagón creativo del que resultaría su disco de 1995, el decepcionante ‘One Hot Minute’. Pero los problemas no desaparecieron en estos años, incluso se recrudecieron hasta culminar en el despido de Navarro y la reincorporación a la banda de un John Frusciante rehabilitado (y, al parecer, arruinado) que daría un paso al frente y se revelaría fundamental en el sonido de sus siguientes entregas.

Porque en su disco posterior, lanzado en junio de 1999, este ‘Californication’ que nos ocupa y que supondría una sorprendente redención, pasaron a conceder mayor protagonismo a las guitarras y las melodías que, junto a nuevas y elaboradas armonías vocales, restarían crudeza y agresividad a su música ganando de nuevo (y más que nunca) la atención de un público que difícilmente hubiera tolerado un nuevo traspiés. Así, con el formato clásico de cuarteto rock y a partir de las enormes capacidades de cada uno de sus miembros, y de nuevo con Rick Rubin al mando de una producción que rehuía las alharacas, presentarían el trabajo que supondría el mayor éxito de ventas de su carrera e inicio y punto álgido de una irregular trilogía. Pero esa es otra historia.

En cuanto a las canciones, como ya ha quedado dicho ganaron en calidez melódica por el trabajo sobre todo de Frusciante a la guitarra, pero manteniendo la crudeza y agresividad de la sección rítmica así como el descaro vocal de Kiedis. De inicio confluyen los viejos y los nuevos tiempos; funk incendiario y estribillo melódico irrumpen con energía en Around the World y la metralla guitarrera de Parallel Universe para dar paso luego a la calidez a las guitarras y coros de Scar Tissue y el ineludible estribillo de una Otherside llena de emoción y desesperanza.

Get on Top recupera la agresividad de las cuerdas (especialmente al bajo) y la dicción, al igual que en la tremenda Emitremmus (summertime al revés) o el efectivo temazo de rock clásico que es Easily. En medio Californication, otro hit que alcanza una importante cota emocional y la rara y calma avis de Porcelain antes del medio tiempo ligero de This Velvet Glove. En I Like Dirt recuperan la urgencia funk perfectamente engranada y en Savior desarrollan una intensidad por momentos grave y contundente. Para terminar, Purple Stain es un hiphop monocorde y simple, Right on Time desatada de inicio con un estribillo más delicado y Road Trippin’ cierra con la elegancia que aportan los teclados y la sección de cuerda.

Puede que sus quince canciones terminen por hacerse algo largas y que flojee la parte final de su minutaje, pero los californianos acostumbran a hacer discos extensos, y sin duda que sirvió para reunir la mayor concentración de hits que nunca han editado, de la que vendieron más de dieciseis millones de copias en todo el mundo. En su continuación tres años después con ‘By the Way’ mantendrían aún con acierto las coordenadas sonoras que habían remozado en ‘Californication’, pero a este sobrevendría la decepción del doble cedé ‘Stadium Arcadium’ en 2006 tras el que iniciarían un lapso que se prolongó por cinco años y del que regresarían con la ausencia definitiva de John Frusciante, decidido a dedicarse en exclusiva a su carrera en solitario.

Con ‘Californication’ los RHCP aprovecharon esa segunda oportunidad que la industria musical no siempre concede y, aunque la calidad de sus últimos discos se haya venido resintiendo con respecto al nivel del que acabamos de reseñar, siguen contando con una amplia base de seguidores. Autores de algún que otro himno además de una importante colección de hits, sustentada principalmente en esta época de su carrera además del ‘Blood Sugar Sex Magic’, lo cierto es que la formación de entonces continúa siendo imbatible y su repertorio es el que les proporcionó la calidad de banda de estadio y un excelente eje sobre el que girar durante años.

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