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«Comes a Time» o uno de los discos más bellos de Neil Young


18 May

Cuando comienzas a profundizar en la carrera de un artista o banda, sueles hacerlo primero con el recopilatorio de turno. En mi caso, Neil Young no fue una excepción y eso que la publicación de discos recopilatorios en el repertorio de Young, son una rara excepción. Yo me compré el limitadísimo Greatest Hits (2004) que sólo abarcaba dieciséis temas…dieciséis temas…Sin comentarios. Allí estaban todos sus clásicos, incluido «Comes a Time». Posteriormente, en el documental fantástico Heart of Gold (2006) de Jonathan Demme, en el que presentaba su notable Prairie Wind (2005), apareció de nuevo el «Comes a Time» en una interpretación enorme con numerosos invitados/as, además de «Four Strong Winds». Esa actuación hizo que me fijase en esa canción a la par que en los siguientes años iba llegando a la obra de Young. Empezaba a incorporar sus discos clásicos como Harvest (1972), Tonight’s the Night (1975), ya tenía el Harvest Moon (1992). Pero luego irían cayendo otros como Mirrorball (1995), Freedom (1989) o Ragged Glory (1990), a la vez que me iba haciendo con sus novedades prácticamente desde el ya citado Prairie Wind. De ahí a que fuesen entrando otros como After the Gold Rush (1970), On the Beach (1974), Zuma (1975) o Rusts Never Sleeps (1979) pasaron muy pocos años, y entre ellos también entró el Comes a Time (1978), que rápidamente se convertiría en uno de mis favoritos. Además, con los libros sobre Neil Young y los de sus memorias ibas entendiendo cómo se habían gestado esos trabajos, así como se veía la volcánica y compleja personalidad de un Young que no ha tenido filtros y que ha hecho siempre lo que ha considerado oportuno. Hay que insertar el Comes a Time en su contexto, con un Young en modo muy hiperproductivo (¿cuándo no?), consolidado como figura clave de la escena musical del Rock ‘N’ Roll, con un estilo característico mezcla del Country y el Folk. También era una figura clave de aquel estilo denominado Laurel Canyon en California, lo que también representaba que el Young de los finales de los setenta también era prácticamente ya un «dinosaurio» de la música pero que seguía haciendo unos discos de una altísima calidad. Venía Young de hacer American Stars ‘n Bars (1977) con sus infatigables Crazy Horse cuando, tras publicar el recopilatorio Decade (1977), se trasladó a esos sonidos más intimistas, basados en las acústicas, en los sonidos del Folk y el Country, con su voz aguda característica, acercándose incluso a Nashville para afrontar parte de la grabación de Comes a Time. Allí contó de nuevo con Crazy Horse, que en esta ocasión no tendrían la oportunidad de desatar su furia como Sampedro, Talbot y Molina acostumbran y que intervinieron en dos temas, además de con músicos de altura como el habitual y maestro del pedal steel Ben Keith, J.J. Cale, Spooner Oldham o una Nicolette Larson que será una parte fundamental del disco con su delicada y preciosa voz, haciendo de contrapunto en buena parte de los temas a Young. El disco es una maravilla y cuatro décadas después no ha perdido ninguna vigencia, sigue sonando fresco, campestre, vital, una gozada en definitiva.

El comienzo es una delicia, una «Goin’ Back» acústica, con ese sonido tan característico, con la voz aguda de Young y con unos coros donde entra una Larson fantástica, con el contrapunto de unas cuerdas que también serán características en el disco. Y es que luego llega un clásico, «Comes a Time», esos violines impresionantes, para un tema que lo tiene todo, una canción muy Country con las acústicas, la melodía, la letra, las voces de Larson y Young que se conjugan a la perfección, sigue emocionando. «Look Out For My Love» es la primera de las canciones en las que están presentes Crazy Horse, tiene el tono épico de Young pero en acústica aunque también hay entrada para la eléctrica. Y Crazy Horse también aparecen en la genial «Lotta Love», un sonido con matices diferentes, incluso en algunos momentos puede haber también un tono lejano de Soul, con un tempo diferente y que también te marca, siendo grabada posteriormente sería grabada por Larson en solitario.

Tras un comienzo tan poderoso no baja el nivel con «Peace of Mind», un tema más intimista y con menos presencia instrumental con una voz que Young que estremece. «Highway Man» es una joya escondida, un tema muy del Country- Folk, con una presencia destacada del banjo, una melodía preciosa y con Larson de nuevo sobresaliente. En «Already One» Larson precisamente adquiere un mayor protagonismo con otro tema de tono delicado. Por su parte, «Field of Opportunity» pertenece al Country más clásico, esos violines tan en primera línea, y con un Young cantando de forma diferente. En «Motorcycle Mama» le dota de un tono más Blues con esas guitarras eléctricas del comienzo y con Larson de nuevo dándolo todo. El cierre es para la emocionante «Four Strong Winds», Young y Larson haciendo de nuevo un dueto fantástico, y con esos violines fascinantes.

Emociona regresar a Comes a Time, para mí uno de los mejores y más bonitos discos de Neil Young. Sí, luego haría grandes trabajos pero no alcanzaría la intensidad de este disco de 1978, claro que Harvest Moon (1992) es un buen disco (y en él estarían también Larson, Keith, Oldham, Drummond…) y que, para mí, Praire Wind es especial, pero no son Comes a Time. Una obra maestra del gran Neil Young, un disco que te llega muy dentro.

Neil Young and the Promise of the Real, ‘The Visitor’


21 Feb

No para y no tiene intención de hacerlo. Hablamos de Neil Young y su nuevo disco, el número treinta y ocho de su carrera, en esta ocasión de nuevo con la banda de Lukas Nelson, Promise of the Real, con los que ya firmó el acertado The Monsanto Years (2015) y el disco en directo Earth (2016). Y viene de emocionarnos con la recuperación de uno de sus discos perdidos, del que también dimos cuenta en Los Restos del Concierto, como es Hitchhicker (2017), y no hace mucho tiempo que publicó el más irregular Peace Trail (2016). Claro que, como hemos comentado en no pocas ocasiones, tanta productividad también se realiza sin mucho control de calidad y en ocasiones se nota que la cosa no está muy pulida, cuando no cae en el desastre, de los últimos tiempos destacan en esa dirección tanto Storytone (2014) como los dos primeros volúmenes de sus memorias, para el tercero que no cuente con nosotros. Pero somos muy de Neil Young en Los Restos del Concierto y siempre nos gusta escuchar materiales nuevos, aunque luego nos deje un poco de aquellas maneras. Vale que seguramente su último disco más recomendable con material nuevo fuese el que publicó con Crazy Horse en 2012, Pyschedelic Pill, seguido del ya mencionado The Monsanto Years, pero esperábamos con ganas si Young iba a lanzarse a por Donald Trump, y parece que por momentos quiera emular el Living with War (2006) con el que criticó las políticas de George W. Bush, pero aquel trabajo tenía mucha más enjundia que este The Visitor que tiene algunos aciertos pero que te deja un poco indiferente por momentos, y que no llega al punto de su primera aventura con Promise of the Real.

Y eso que el comienzo no es malo, aunque tampoco para volverte loco, ‘Already Great’ va a por Trump tomando en consideración el lema de su campaña, ‘Make America Great Again’, con un tono épico, guitarras corrosivas y un estribillo con el ‘No wall, No hate, No fascist USA’. La apuesta sigue en esa dirección, con un sonido épico, con coros poderosos, con un Young que frasea, en ‘Fly by Night Deal’, que casi se acerca al Living with War. Pero el tono desciende en una intrascendente ‘Almost Always’, canción pausada basada en una melodía reconocible, armónica incluida. El tono reivindicativo y épico sube de nuevo con ‘Stand Tall’ pero no acaba de ganarte. Y en ‘Change of Heart’ es otro medio tiempo que tampoco te acaba de llenar.

La segunda parte comienza con la extensa ‘Carnival’, más de ocho minutos, donde se muestra más experimental, incluso suenan algunas reminiscencias diferentes, pero tampoco es un tema redondo, puede que incluso lo alargue demasiado, aunque también tiene algunos destellos, especialmente al comienzo. En ‘Diggin’ a Hole’ se encamina hacia el Blues en una canción que apenas supera los dos minutos y medio y con una letra que no está entre lo mejor de Young. ‘Children of Destiny’, tema bastante crítico y político de nuevo y que presentó a comienzos de julio, es más complejo, tira de toda la fanfarria posible con sección de viento, cuerdas y coros, ritmo incluso marcial en algunos momentos, consiguiendo uno de los mejores cortes del disco a pesar de un cierto barroquismo. En ‘When Bad Got Good’, tema con mensaje, parece retornar a esos tonos Blues anteriores pero tampoco convence, quedándose en los dos minutos. Menos mal que se guardaba para el final un tema como ‘Forever’, aquí sí que encontramos a un Young mucho más inspirado, con ese tono confesional sustentado en sonidos acústicos.

En fin, no le quitamos mérito a Neil Young y se agradece la capacidad que tiene de estar siempre dispuesto a dar guerra, aunque en este caso le haya quedado un disco irregular que, eso sí, va ganando algo de poso con las escuchas. Seguro que no tarda mucho en sorprendernos con otra novedad.

Lukas Nelson & Promise of the Real, ‘Lukas Nelson & Promise of the Real’


13 Nov

Como en otras ocasiones, el gran Alfonso Cardenal desde el imprescindible ‘Sofá Sonoro’ nos puso en la pista de uno de los discos llamados a estar en lo más alto de lo que va de año. Nos estamos refiriendo al colosal disco homónimo de Lukas Nelson & Promise of the Real. Desconocíamos la existencia de este vástago del icónico Willie Nelson hasta que en 2015 se convirtieron en la banda de acompañamiento de Neil Young en el notable The Monsanto Years, con el que repetirán en el inminente The Visitor. Ya sabemos que Young es un tipo que no para quieto pero también que no tiene filtro, aunque juntarse con Nelson y compañía sirvió para insuflarle nuevas energías en aquel disco de denuncia. Nelson había publicado tres discos que habían pasado muy desapercibidos y es que también imagino que tiene que pesar el hecho de ser hijo de todo un Willie Nelson, y más cuando tu estilo, aunque más rockero, tira por el Country también, hay un parecido físico y estéticamente recuerdas al bueno de Willie. Pero con su disco de 2017 ha dado un golpe encima de la mesa en la línea de otros artistas contemporáneos que están llevando los sonidos del Country a una mezcla no sólo con el Rock sino también con el Soul, entre otros, como gente que hemos recibido con los brazos abiertos en Los Restos del Concierto, de Chris Stapleton a Sturgill Simpson. Y Lukas Nelson se incorpora a esa lista con un discazo, una maravilla que no tiene ningún punto bajo porque está a gran altura a lo largo de sus doce temas, algunos de ellos sobresalientes.

Ya el comienzo es brutal, ‘Set Me Down on a Cloud’, un medio tiempo creciente, épico, con su voz muy destacada, con unos coros de tono gospeliano (lo repetirá en más ocasiones), junto a unas guitarras punzantes en un tema que te va llevando. ‘Die Alone’ no baja el nivel, es una canción más rockera que cuenta con un punto Soul de fondo, mientras que ‘Fool Me Once’ vira más hacia el Country con un sonido divertido. Y en el cuarto corte llega una de las maravillas del disco, la delicada e intimista, ese tono acústico, ‘Just Outside of Austin’, y a uno le regresan a la memoria esas semanas pasadas en Austin en casa de buenos amigos porque Austin es un sitio especial, un tema que es una delicia. Pero si te has quedado fundido con ‘Just Outside of Austin’ la siguiente te va a levantar, ‘Carolina’ es también sobresaliente, un temazo en toda regla, una locura de canción que cuenta con los coros de una soberbia Lady Ga Ga que se sale, una canción que regresa de nuevo al Rock and Roll con influencias Country. Y para que no caiga el nivel llega el turno de la más sombría, aquí las reminiscencias nos dirigen a Willie Nelson, ‘Runnin’ Shine’, una canción que comienza en tono acústico, que cambia de ritmo a medida que avanza y en la que vuelve a tirar de coros poderosos.

Pero ojo, que todavía está por llegar la gran joya de la corona: ‘Find Yourself’. Y aquí vuelve a hacerse acompañar por una tremenda Lady Ga Ga en una canción que va a estar en mi lista de las mejores del año, un tema maravilloso y emocionante, intenso, una canción que bebe del Soul y el Góspel con un estribillo fantástico. Aunque la cosa está complicada de igualar, ‘Four Letter World’ salva el envite con un Nelson que frasea incluso en una canción divertida. Y no para la fiesta con la rockera ‘High Times’ en la que Nelson se transmuta en todo un Tom Petty. ‘Breath of my Baby’, que es un tema notable, es la canción menos lograda de todo el disco, jugando con el contrapunto entre un pedal steel lejano y la voz de Nelson. En ‘Forget About Georgia’ retorna a la épica y a una cierta grandilocuencia, con un punto melancólico similar al del comienzo del disco, de nuevo con un gran estribillo y el recurso a los coros de tono espiritual. El cierre es para un tema más clásico, piano de fondo incluido, como es ‘If I Started Over’, cuyo peso cae en la voz de Nelson.

Uno de los discos sin duda del año para Los Restos del Concierto. Lukas Nelson & Promise of the Real han dejado el listón altísimo. Yo no me los perdería si es posible y además cuentan con temas que te rompen en dos como el fantástico ‘Find Yourself’.