Archive for mayo, 2019

Silenciados, «Poderosos bichejos depredadores»


17 May

Turno para la banda riojana Silenciados que el día 18 de mayo presentan en la sala Concept de Logroño su nuevo trabajo, el EP Poderosos bichejos depredadores, cinco canciones que dejan sin aliento. Silenciados fue el siguiente proyecto de varios componentes de Silencio Absoluto, uno de los grupos riojanos más significativos del final de la década de los noventa y de la primera mitad de la primera década del siglo XXI. Tras sus dos primeros discos, Cultura irracional (2015) y Las noches que fuimos salvajes (2017), llega un trabajo en el que siguen primando las guitarras y los ecos de referencias como Extremoduro, Marea o Desakato, entre otros, aunque con matices. Letras igualmente combativas y reivindicativas.

El comienzo es para «Iros a mamar», canción tan explícita como su título y que cuenta con Fernando Madina de Reincidentes a la voz, guitarras contundentes y ritmo acelerado que te dejan sin aliento. A continuación, la mejor canción del EP, la adictiva «Y seremos libres», muy reivindicativa y que recuerda a La M.O.D.A. pasados por Ska-P. Una de las canciones con más mensaje es «El polvo en las cunetas tiene alma», un tema más melódico pero sin dejar el sello característico de la banda. En «Mi vida a 30 metros» sorprenden con un comienzo que tiene tintes Pop pero enseguida tiran hacia el Ska y aceleran de nuevo. El EP se cierra con «La peonza de la vida», otra canción diferentes matices estilísticos, esa guitarra y sonidos flamencos y rumberos que dan paso a las guitarras eléctricas y a un estribillo coreable, vientos y referencias fantásticas.

Mañana, sábado 18 de mayo, lo dicho, Silenciados en la Sala Concept, una oportunidad de ver a una de las bandas riojanas más destacadas del momento.

«Dog Man Star» o cómo Suede demostraron que iban en serio


15 May

Cuando todavía el BritPop ni estaba y casi ni se le esperaba, en aquel lejano ya 1992, una banda irrumpía en el panorama británico: Suede. Su debut con un disco de título homónimo desempolvaba el sonido más Glam de un David Bowie renacido en la figura de Brett Anderson. Hace unos meses, Anderson publicó sus recomendables memorias hasta el momento en el que Suede comienzan a asomar hacia el estrellato, fue en Mañanas negras como el carbón (Contra) y que aquí ya reseñamos. Suede también publicaron un discazo en 2018, The Blue Houry los veremos en el BBK Live en el próximo mes de julio. Pero nos toca regresar al pasado y, de nuevo, a un 1994 excelso, cuando Suede tardaron un año y medio en demostrar que su debut no había sido una casualidad sino que había madera de una banda clásica. Pero, a su vez, era el final de la primera etapa de Suede, que también comentamos en Los Restos del Concierto, ya que en 1995 Bernard Butler, la otra mitad compositiva de Suede junto a Anderson, dejaría la formación por diferencias con el propio Anderson. En 1994, el BritPop ya estaba emergiendo, Blur y Pulp eran una realidad, Oasis irrumpirían y los Elastica de Justine Frischmann (ex novia e ex integrante de Suede) ya rodaban. Por su parte, Anderson y Butler, junto a la base rítmica formada por Mat Osman a bajo y por Simon Gilbert a la batería, apostarían por una línea continuista, con ese sonido Glam y con esas reminiscencias vinculadas al Art Rock, y es que las pretensiones artísticas de Anderson venían de lejos. igualmente, Ed Buller repetiría en la producción. Y les salió un disco tremendo, otro clásico firmado conjuntamente con Anderson y Butler, otra pareja de banda británica como tantas otras y con las mismas tensiones (¿verdad Morrissey – Johnny Marr?), que dejaría unos cuantos singles de gran calado.

Para comenzar, una teatral «Introducing the Band» con un sonido asfixiante que daría paso a la descomunal «We Are the Pigs», donde las guitarras se imponen con fuerza y contundencia. Un single soberbio a la que le seguía «Heroine», una canción épica y nostálgica y con un Butler imponente a las guitarras. Y la épica continuaba con «The Wild Ones», otra de las canciones que se convertirían en clásicas en Suede, con la forma de cantar de Anderson en falsete y ese estribillo. La parte más experimental aparece con una «Daddy’s Speeding», con sección de cuerdas incluida. La huella de Bowie está más presente en una «The Power» que comienza en acústico y que también cuenta con sección de cuerdas.

La segunda parte incide en esa línea con otro de nuestros momentos favoritos de todo el disco, «New Generation», con las guitarras volviendo a ganar protagonismo y con la voz de Anderson adoptando sus tonalidades características. En «This Hollywood Life» apuesta por unas guitarras más rockeras, incluso más «sucias», que contrastan con la voz aguda de Anderson. «The 2 of Us» es una canción más intimista aunque también con el sonido épico característico, y aportando el punto más teatral con ese piano protagonista. Por su parte, «Black or Blue» sigue por el lado más teatral y afectado, es una canción casi sin instrumentación más allá de unas cuerdas de fondo, y con Anderson recurriendo de nuevo al falsete. Para el final dejan una canción como «The Asphalt World», más de nueve canciones para otra de nuestras canciones favoritas del disco, destacando la guitarra de Butler. El final es para la parte más teatral de Anderson con «Still Life», que vuelve por sus fueros y con unas cuerdas que van creciendo.

En fin, Dog Man Star es otro de los grandes discos de la primera mitad de los noventa del siglo XX. Anderson y Butler conformaban una pareja compositiva impresionante y duraron como Suede únicamente esos dos discos. Luego, Anderson supo remontar a Suede con Richard Oakes en sustitución de Butler e incorporando a Neil Codling, publicando otro disco soberbio, Coming Up (1996), aunque esa es otra historia. Suede siempre fueron por su lado, mientras que el BritPop conquistaba el mundo de la música popular los dos siguientes años e, incluso sin Butler, nunca nos han dejado indiferentes. Dog Man Star, otro gran disco de 1994, y van…

 

Glen Hansard, «This Wild Willing»


13 May

No ha tardado mucho en grabar un nuevo disco el inquieto artista irlandés que, apenas un año después de su disco más americano ‘Between Two Shores’ (con el que completaba una fantástica trilogía junto a ‘Rhythm and Repose’ y ‘Didn’t He Ramble’), sorprende con esta agitadora reaparición plena de nuevos y exigentes sonidos, de origen étnico en ocasiones, clásico o contemporáneo en otras.

De la mano de un viejo conocido, el productor David Odlum que fuera miembro fundador junto al propio Hansard de The Frames allá por 1990, el resultado es un trabajo que aporta y exige calma, algo irregular y por momentos lineal, que en todo caso contiene una fantástica primera parte que abre I’ll Be You, Be Me, inicialmente denso y primario en su base rítmica (extraída del Cool Cat de Queen) para ir ganando intensidad a base de orquestación y coros. A continuación otros dos temazos como la preciosa Don’t Settle, ligera al piano y de ascendente carga emocional sostenida sobre todo en los vientos finales, y la delicada Fool’s Game, suavemente cantada en compañía de un piano discreto que quiebra al final un estruendo emocional hasta perderse en el íntimo cierre. Los elementos exóticos aparecen en Race to the Bottom, susurrada en compañía de la guitarra española de Javier Mas (veterano guitarrista zaragozano que acompañara a Leonard Cohen en sus últimas giras), y el toque oriental de The Closing Door, profunda al piano y las cuerdas. La mitad inicial la completa con brillantez Brother’s Keeper, a la que guitarra y piano aportan calidez, y en cuyos coros colabora Marketa Irglova (su excompañera en The Swell Season).

También con rasgos étnicos, Mary puede resultar monocorde en su suave crecimiento, aunque contiene bella instrumentación, y el piano de Threading Water introduce, sin excesos, algo de variedad. La voz musitada protagoniza Weight of the World, apenas en compañía del piano, y Who’s Gonna Be your Baby Now, cálida a las cuerdas. Aporta emoción la banda recuperada para el final con la exótica Good Life of Song, también tradicional como Leave a Light, de íntimo sabor irlandés para acabar.

Muestra Glen Hansard con este trabajo una nueva cara que, menos amable y rítmica y con pasajes de apreciable calma y de una emoción mayormente contenida, puede sorprender por su aparente monotonía (especialmente en su segunda parte), pero que cuenta igualmente con algunos cortes de gran belleza que podrían haber ganado relevancia de estar incluidos en un menor minutaje. De mérito en cualquier caso este arriesgado ejercicio de renovación cuyos aciertos funcionan lo suficiente como para recuperarlo y volver a saborearlo con calma.