Lowell Brams/Sufjan Stevens «Aporia» y Roger Eno/Brian Eno «Mixing Colours»

Aunque no demasiado, a veces también dedicamos espacio en este blog a lo que suele denominarse como «otras músicas» o géneros distintos de los más populares. Recuerdo haber escrito alguna entrada sobre discos más o menos conceptuales además de sobre otros con tintes étnicos o simplemente instrumentales que transitan por vías menos habituales y cuyo alcance en principio puede parecer más limitado.

En los últimos años han ido ganando espacio en los medios varios artistas unificados bajo el epígrafe de «neoclásicos» o «clásicos modernos», provenientes en su mayoría del mundo clásico, y que han ido condimentando esas bases con otros elementos contemporáneos como el minimalismo, la electrónica o el propio rock. El hecho de que miembros destacados de bandas como Radiohead, The National o Arcade Fire hayan grabado este tipo de discos o importantes bandas sonoras, ha contribuido sin duda a aumentar su visibilidad, pero hay otros muchos intérpretes con menos resonancia que son los que realmente han desarrollado este género hasta perfilarlo. Sin olvidar a los pioneros de la música New Age de las décadas finales del XX u otros apellidos ilustres más contemporáneos como Einaudi, Leao o Tiersen, son artistas mayoritariamente jóvenes los que han protagonizado sus últimos impulsos.

Hasta donde yo conozco, nombres como Max Richter, Nils Frahm, Olafur Arnalds, Joep Beving o el desaparecido Johann Johansson están entre sus principales representantes, y he de afirmar que, cada uno en su estilo, han hecho auténticas maravillas.

Otro artista pop al que no le es ajeno este género (si así se le puede denominar) es Sufjan Stevens, que ya grabó en esta onda  «Planetarium» con otros músicos destacados y que junto a su padrastro Lowell Brams acaba de lanzar un trabajo muy especial, de tinte electrónico, para el que señalan como referencia la música New Age y en el que también resuenan artistas como Enya, Vangelis o Jean-Michel Jarre. Estructurado en numerosas piezas, no es recomendable para quien espere escuchar otra vez el banjo ni la parafernalia orquestal del bueno de Sufjan, así como su voz melosa, pero sí contiene una buena ración de experimentación sonora e instrumentación sintética para crear algunas atmósferas principalmente relajadas y otras en las que se hace un hueco la emoción. Acompañado por habituales colaboradores del de Michigan como James Mcallister o Thomas Bartlett, el resultado es algo irregular, pero también agradable como compañía tranquila.

Con más experiencia en la música ambiental y con una de las más prestigiosas carreras como productor, Brian Eno se acompaña en esta ocasión de su hermano Roger Eno (y viceversa) para entregar su primer trabajo juntos desde que en 1985 grabaran la banda sonora del documental «Apollo» en compañía del también renombrado productor Daniel Lanois. Los pasos del mayor (Brian) son fáciles de seguir, miembro de Roxy Music hasta 1973 cuando iniciaría su carrera en solitario, algunas veces trabajando para grandes músicos y otras en solitario con proyectos más experimentales y ambientales. Por su parte Roger es conocido sobre todo por sus trabajos como pianista y compositor de bandas sonoras y discos de música del mismo cariz.

Extrañamente no habían grabado juntos en los útlimos treintaycinco años, aunque este cedé incluye composiciones de Roger en las que ambos vienen trabajando desde el 2005. Interpretado en solitario por Roger al piano y demás teclados, Brian se encarga de las programaciones y la producción y su escucha es más que agradable, en la línea de la serie «Ambient» con la que este último dio nombre a esa música que no requiere de una especial atención sino cuya función es la de acompañar y conformar la atmósfera mientras desarrollamos otra actividad. En esta ocasión con un tinte ligeramente más clásico que en los discos de la mencionada serie, sigue resultando un trabajo discreto, colateral si se quiere, pero eficiente.

En suma dos discos similares, de autores de muy diferentes generaciones, que bien podrían asimilarse a ese amplio (sub)género denominado neoclásica. Dos muestras útiles y para nada paradigmáticas que, en vista de que han coincidido sus lanzamientos en estas últimas semanas, aprovecho para explayarme sobre la actual riqueza de esta con estos dos trabajos calmados (mucho) y sugerentes que dan una idea de lo que pueden aportar otras posibilidades musicales.

El monumental tour de Sufjan Stevens por «Illinois»

Hay discos que parecen haber sido concebidos en un estado de gracia prolongado que dan como resultado obras que apabullan por su alcance. De cuando en cuando aparecen creaciones al margen de modas que rápidamente se apropian de un espacio exclusivo. En lo que llevamos de siglo, sin duda, este es uno de los pocos que lo han conseguido.

En 2005 Sufjan Stevens contaba treinta años, había transitado por el folk o la electrónica en sus cuatro primeros elepés y con el lanzamiento de «Michigan» (su estado natal) había anunciado en 2003 el inicio de un proyecto que incluiría un disco por cada uno de los cincuenta estados norteamericanos. Poseedor de una formación musical autodidacta que combinaba con sus estudios en la Academia de Artes Interlochen de Michigan, y tras una corta experiencia al frente de la banda de folk-rock Marzuki, no pareció atinar con su propia vía de expresión hasta la publicación de este «Illinois» en el que vertió sin limitaciones todos sus conocimientos y mañas para completar una obra que quince años después permanece como su mayor logro. Planteada como un recorido por los personajes, acontecimientos y lugares fundamentales de ese estado, Stevens llevó a cabo una inmersión profunda en su historia y cultura para extraer el material de unas canciones que inicialmente iban a componer un doble álbum pero al final quedó en simple, aunque con más de setenta minutos de duración.

Compuesto y producido en solitario y grabado en diferentes localizaciones de Nueva York, ciudad en que reside, en él Stevens interpretó una enorme nómina de instrumentos y se acompañó de multitud de colaboradores técnicos, vocales e instrumentistas de todo tipo para obtener un sonido de difícil clasificación y deudor de una heterogénea lista de precedentes en el jazz, el folk, el minimalismo…

A lo largo del disco pueden apreciarse muchos estilos, como el alucinado inicio de Concerning the UFO… (abreviaré algunos títulos porque muchos son de más de una línea) que acompaña a la voz con apenas voz y flauta, seguido de la magnífica solemnidad en ascenso a base de coros y orquesta de The Black Hawk War… antes de dar paso al primer y extenso corte vertebrador del conjunto, un Come On Feel the Illinoise… lleno de preciosas variaciones instrumentales para conformar una muestra de mayúsculo folk de cámara. Sensibilidad extrema en la íntima narración de John Wayne Gacy Jr., antes de la magnífica exhuberancia instrumental desplegada a base de piano, banjo, violines o metales en Jacksonville. El folk de Decatur… avanza a trancos de acordeón y guitarra poco antes de que Chicago deslumbre con su expansión de cuerdas, coros y vientos, enorme. Dos guitarras y dos voces suenan de inicio en Casimir Pulaski Day, que después introduce banjo y trompeta, antes de que empiece The Man of Metropolis… a ritmo eléctrico de guitarras y de coros que irá alternando con pasajes calmados hasta desatarse en otro gran final.

The Predatory Wasp… es otra de las piezas más destacadas, bella a las cuerdas, onírica y vital, va armonizando perfectamente las capas que se añaden, y They Are Night Zombies!!… va sumando con brillantez violines y coros al estribillo y sobre la base jazz inicial; mientras poco a poco, entre epílogos, nudos y lapsos que lo salpican sin mayor trascendencia, el disco avanza hacia su final. El órgano contribuye al ambiente casi fantasmal del piano y la voz centrales de The Seer’s Tower antes de una última gran canción, la animada The Tallest Man…, en la que palmas, flautas, piano y metales ayudan a conformar una atmósfera entre fílmica y clásica. El último cartucho lo quema Out of Egypt… a modo de despedida futurista con sus cuatro minutos de insistenca minimalista.

Como una extensión de Neutral Milk Hotel, o una especie de interpretación a pachas entre Rufus Wainwright y Yann Tiersen, las sensaciones con que te abandona la escucha completa de este disco son de generosidad y holganza de recursos, de experiencia incomparable y de una elaborada y consumada belleza.

Finalmente el proyecto de los cincuenta estados no llegó a fructificar (más tarde declararía que había sido una broma) y se quedó en este segundo capítulo, pero los proyectos de Sufjan se han seguido sucediendo, más o menos espaciados y desde variadas perspectivas sonoras; algunos de ellos fantásticos como su último trabajo en solitario, el «Carrie & Lowell» de hace cinco años que parece tendrá continuacion a finales de este mismo mes con un trabajo de tintes new age, grabado junto a su padrastro Lowell Brams, y del que supongo pronto daremos cuenta por aquí. Entretanto ha sido una verdadera gozada este tiempo dedicado a recuperar estas canciones y comprobar la lozanía de sus notas tras quince años de vida.

15 canciones de 2017 (del 15 al 11)

Llevamos un año que no queremos ni imaginar en el ámbito discográfico. Más allá de las valoraciones y gustos de cada uno, no podemos negar que ha sido un 2017 con una amplísima lista de novedades, incluidos algunos discos esperadísimos de gente como The War On Drugs, The National, Queens Of The Stone Age, Arcade Fire, Foo Fighters, Kendrick Lamar, Ryan Adams…y otros no tan conocidos pero que aquí admiramos como Jason Isbell & the 400 Unit, The Mastersons, Josh Ritter…En el ámbito nacional, también gente como Vetusta Morla y Bunbury han publicado nuevos trabajos, y no nos olvidamos de Ángel Stanich, José Ignacio Lapido o Josele Santiago. Y nuevos descubrimientos…Una locura. Así que Javier Castro y un servidor hicimos nuestra lista individual de 25 canciones y las juntamos para dar lugar a la lista tradicional de 15 temas y no os podéis imaginar todas las que se han quedado fuera, y algunas sorpresas que han entrado en la misma. Son nuestros 15 temas del 2017, nuestra particular lista de un año que nos ha dejado exhaustos discográficamente y del que estaremos haciendo reseñas de discos por lo menos hasta febrero. Los primeros cinco puestos, del 15 al 11, tienen un poco de todo pero hay muchas sorpresas.

 

15. Kevin Morby, ‘City Music’

Primera sorpresa de la lista, en un puesto disputadísimo donde podían haber entrado otros tres candidatos. Morby se está convirtiendo en uno de los máximos exponentes del Folk Rock norteamericano tras haber militado en los recomendables Woods. Su cuarto disco, City Music, llegó tras el aclamado Singing Saw (2016), y también convenció  a la crítica, y seguramente habría alcanzado mejores posiciones entre lo mejor del 2017 si no hubiese sido por la cantidad de discos del año. Hemos elegido ‘City Music’, un tema que tiene una letra sencilla y corta pero con un ritmo adictivo, y que recoge el espíritu de un artista que está destinado a crecer más. Sonidos de Dylan a Kurt Vile de los que ‘City Music’ es una buena muestra. Sergio Andrés Cabello

 

14. Broken Social Scene, ‘Halfway Home’

De inicio impetuoso y desarrollo variado que alterna y combina distintas voces con una maraña instrumental de hasta trece intérpretes, el colectivo canadiense capitaneado por Kevin Drew y Brendan Canning presentaba su último disco (Hug of Thunder) como acostumbra: con una descarga de energía que apenas deja espacio para la pausa y con un ritmo de apariencia abigarrada que se contagia sin remedio. Javier Castro Senosiain

 

13. Exquirla, ‘Un hombre’

¡Qué lejano queda el mes de marzo! En aquel momento llegó a nuestras manos el disco conjunto del cantaor heterodoxo Niño de Elche y la banda instrumental de Rock-Metal progresivo Toundra, denominada Exquirla y que titularon su disco Para quienes aún viven, un disco poderoso con letras del poeta Enrique Falcón. Este experimento se comparó con el mítico Omega (1996) de Enrique Morente y Lagartija Nick y nos llegó muy dentro. Trabajo épico, contundente y profundo, era difícil quedarse con un tema pero la expansiva ‘Un hombre’ se llevó la palma con un poema de denuncia al que Exquirla se ponen en servicio con un sonido apabullante y expansivo. Emocionante y épico, como todo el disco. Sergio Andrés Cabello

 

12. Sufjan Stevens, Nico Muhly, Bryce Dessner y James McAlister, ‘Mercury’

Una de las sorpresas de este año fue la formación a cargo del compositor norteamericano Nico Muhly quien junto a Sufjan Stevens, Bryce Dessner y el batería James Mcalister lanzaban Planetarium, disco de corte neoclásico y experimental que contenía algunas joyas más accesibles como esta que, realzada particularmente por la interpretación vocal de Sufjan Stevens a lomos del piano, reservaron para culminar maravillosamente el disco.

 

11. Ricardo Lezón, ‘Ella baila’

El final de año nos ha traído numerosos discos fascinantes y uno de los que más nos ha convencido es el debut en solitario de Ricardo Lezón, líder de los getxotarras McEnroe, Esperanza. Lezón ha construido un disco maravilloso, con un sonido nostálgico y melancólico y con unas letras brillantes. Era difícil elegir una canción del mismo pero nos teníamos que quedar con esta ‘Ella baila’, un tema minimalista en el que Lezón prácticamente recita y con un estribillo precioso. Sergio Andrés Cabello