Archive for the ‘Libros y música’ Category

La historia de Jann Wenner y Rolling Stone


23 Nov

Neo-Sounds sigue apostando por grandes novedades de literatura vinculada a la música. Tras Robbie Robertson, Petty, el New York de finales del XX y comienzos del XXI, le toca el turno a la biografía de Jann Wenner, fundador de la revista Rolling Stone, bajo el título de uno de los discos clave de The Rolling Stones, Sticky Fingers. El autor de la misma, por encargo del propio Wenner, es Joe Hagan que, en un voluminoso texto, más de seiscientas páginas, disecciona la vida y milagros de Jann Wenner, y decimos bien de Jann Wenner más que de Rolling Stone como revista. No hay que olvidar lo ya señalado, que es un encargo de Wenner y, con todos los materiales que le aporta Wenner y las numerosas entrevistas que realiza Hagan, presenta el retrato de una época y de un proyecto que se verá también inmerso en la crisis del sector editorial con la llegada de Internet. El libro es un no parar de sexo y drogas, no escatima detalles Hagan con el estilo de vida de Wenner y todo lo que le rodeaba. Wenner cuenta con su homosexualidad encubierta, los déficits afectivos de sus orígenes familiares y sus no pocas adicciones, lo de la cocaína no debía ser normal. Pero todo esto está contado con la aquiescencia de Wenner y aquí vemos uno de los elementos determinantes de la personalidad de Wenner, su narcisismo.

Y es que desde el comienzo del libro Jann Wenner te cae mal, la verdad. Es un arribista que tiene muy claro a dónde quiere llegar. Aquí también Hagan no se corta en mostrar las maniobras de un experto manipulador que no tiene problema en pactar con el diablo si es preciso. Rolling Stone, de abanderada de la contracultura a finales de los sesenta pasa a ser lo que fue, un proyecto del ambicioso Wenner para alcanzar la riqueza y codearse con la élite en todos los sentidos: musical, política, aristocrática…Y si para eso hay que vender lo que sea, se hace. Wenner pasa por estas décadas siendo un superviviente pero no en el sentido que podamos imaginar sino en el otro, el milagro es que los demás hayan sobrevivido a él.

El libro está lleno de personajes, muchos de ellos conocidos. Destaca por encima de todos y todas su mujer, Jane Wenner, una relación incomprensible que tampoco le deja en muy buen lugar, aunque aparezca como una enamorada de Jann que es capaz de perdonarle todo hasta que le abandona por Matt Nye ya en los noventa, hecho que ella tardará mucho en aceptar. Jane Wenner no dejará indiferente y también se observa el hundimiento de una personalidad que parecía ser muy potente. Y, claro, pasan por allí Hunter P. Thomson, Annie Leibovitz, Tom Wolfe, Truman Capote, etc., sin olvidar los periodistas que escribieron en Rolling Stone como Greil Marcus, Lester Bangs, Jon Landau y Cameron Crowe, entre muchos. Tampoco hay que dejar de lado su relación con la política, su apoyo al Partido Demócrata, pero sin olvidar qué podía sacar Wenner de ello. Pero la palma se la lleva la ambición de Wenner por conocer y relacionarse con músicos y estrellas del Rock and Roll. Su relación con John Lennon y Mick Jagger se lleva muchas páginas. Wenner va coleccionando estrellas mientras Rolling Stone se va consolidando. También es destacable la historia de cómo se funda el Rock and Roll Hall of Fame y cómo maneja las nominaciones y los aceptados en el mismo, que se lo digan a Paul McCartney.

Si se busca un significado sobre la historia de la revista, su importancia sociocultural y política, en el trabajo de Hagan queda desdibujada, aunque aparece. Todo gira alrededor de un egomaníaco como Wenner y, en el último tramo, es cuando Hagan parece darle un toque más personal al libro. Por cierto, que la gran mayoría del mismo abarca el final de las décadas de los sesenta y la década de los setenta, hasta que el Rock and Roll pierde fuelle frente al Punk y a la música disco. La historia de Jann Wenner también es una gran lección, que no pierde vigencia, sobre el comportamiento de las élites y cómo se vampirizan ideas e ideologías, y sin ruborizarse.

 

“Mañanas negras como el carbón” de Brett Anderson


24 Sep

Nos tocan unas semanas en las que estaremos muy en modo Suede ya que se ha publicado su octavo disco de estudio, The Blue Hour, y lo comentaremos aquí; dedicaremos un amplio artículo a repasar su carrera; y la editorial Contra ha publicado en España las memorias de su frontman, Brett Anderson. En un libro breve, no llega a las doscientas páginas, y con una prosa ágil, Anderson nos cuenta su historia desde su infancia hasta el momento justo en el que Suede comienzan a despegar hacia lo que fueron, una de las bandas más relevantes del BritPop, y firman su primer contrato discográfico. Anderson ya nos avisa desde el comienzo que no pretende hacer unas memorias al uso sobre el proceso de la fama, todo lo que rodea, etc., y eso que seguro que los casi tres décadas de Suede darían para mucho. A cambio, Anderson se centra en sus orígenes familiares y en el periodo anterior al triunfo de Suede, queda en medio toda la etapa de la adolescencia y primera juventud que Anderson pasa casi de puntillas, pero es que realmente tampoco parece que daba para mucho más.

Con un título tan sugerente como Mañanas negras como el carbón, expresión que para Anderson viene a significar las dificultades que vivían en su día a día, el autor nos muestra su dura infancia en un hogar de clase trabajadora con aspiraciones de estatus de clase media, casi imposible de alcanzar, en un típico municipio británico. Las penalidades de un hogar que no llegaba a fin de mes marcarán una huella profunda en un Anderson que también se verá expuesto a la extraña y compleja personalidad de su padre y a una madre que aparece en un segundo plano frente a la figura paterna y que será la pieza clave en la sostenibilidad del hogar, en todos los sentidos. Poco más hay de especial en una infancia y adolescencia de Anderson, más allá de los lugares comunes y el acercarse a un cierto costumbrismo que será clave en sus obras, aunque no es menos cierto que te atrapa en su cotidianidad con la que mucha gente se puede identificar.

La segunda parte, la que aborda su entrada en el mundo de la música y la formación de Suede, trasladándose primero a Manchester a estudiar y luego a Londres, ofrece pinceladas de los momentos claves y también tiene el tono de costumbrismo y cotidianidad de la primera parte. Además, Anderson cuenta el desarrollo de Suede desde la humildad de reconocer la suerte de la banda para llegar al éxito, junto a aquellos momentos de conciertos prácticamente vacíos. Tienen especial relevancia las descripciones de cuando conoce al resto de integrantes de Suede, de Mat Osman a Simon Gilbert, junto a la evidente llegada de Bernard Butler, su pareja creativa durante los dos primeros discos de Suede, sus dos trabajos más clásicos. Y, obviamente, hay un lugar destacado para Justin Frischmann, que será miembro fundadora de Suede y su pareja durante esos años. Frischmann deja a Anderson y a la banda antes del triunfo de Suede y, tanto con respecto a Butler como a Frischmann, hay palabras de cariño y agradecimiento, no salda cuentas pero no es menos cierto que da algunos apuntes interesantes sobre huellas y daños mutuos. Anderson también nos lleva por sus influencias, obvias The Smiths y David Bowie, pero no busquen una gran profundidad. Y, una de las partes más importantes, es el papel que desempeña el costumbrismo y la cotidianidad señalada y que llevará a sus canciones, especialmente en sus tres primeros discos, retratando la realidad de una ciudad deshumanizada y su impacto en los individuos. Tampoco hay muchas páginas sobre las bandas de la época pero hay una pulla contra Blur y Damon Albarn, sin nombrarlos, por imitar el acento de clase trabajadora cuando provenían de un entorno muy diferente. Tampoco hay que olvidar que Albarn fue pareja de Frischmann.

Mañanas negras como el carbón es un buen libro que te atrapa desde un cierto tono dramático, como las canciones de Suede, pero con sencillez. Es un libro que nos ayuda a comprender su evolución artística y el significado de una banda que siempre ha ofrecido cosas interesantes.

 

“Vives en las cintas que me grabaste” de Rob Sheffield


18 Jul

Vives en las cintas que me grabaste del periodista de Rolling Stone Rob Sheffield y publicado por Blackie Books, cuenta con uno de los títulos más atractivos que he visto. A continuación viene un subtítulo que te da la explicación: “Una historia musical de amor y pérdida”. Y aquí te quedas hecho polvo. La sinopsis es la siguiente, y no destripo nada: Rob se enamora de Renée, comparten su afición por la música; Rob le graba cintas; se casan, llevan su vida de búsqueda de su sitio laboral y personal y, de repente, Renée fallece súbitamente. Vale, he sido muy explícito. La historia de la pareja y del dolor de Rob tiene un hilo conductor que es la música, especialmente esas cintas que Rob grababa. Hay que tener en cuenta que la historia transcurre, principalmente, en la segunda mitad de los ochenta y buena parte de la década de los noventa, aunque Sheffield también se centra en su infancia y juventud. Y todo tiene de fondo la música y gira alrededor de la música. Y es que la música tiene ese poder, esa fuerza de llevarte, de acompañarte en los buenos y en los malos momentos, de centrarte, de subirte y de bajarte. Las canciones nos recuerdan a las personas, los años, los hechos, los acontecimientos y esas cosas pequeñas de la vida cotidiana que son tan importantes. La música está vinculada a una mirada, a un olor, a una caricia, a un momento. Y es lo que transmite este delicioso libro.

La mayor parte del libro es optimista y vital, las canciones fluyen, vemos cómo transcurren los años y van cambiando los estilos musicales. Rob y Renée son fans de la música alternativa, hay muchos grupos de radios universitarias norteamericanas, desde REM hasta Pavement, sus favoritos junto a Big Star, fondo con el que se conocieron. Pero también hay espacio para el Pop y el eclecticismo que nos muestra que todas las canciones sirven para enmarcar recuerdos. Viven la irrupción del Grunge y cómo todos los grupos y artistas que les gustan alcanzan el mainstream, y lo viven como un triunfo. Van a conciertos, escriben de música, Rob tiene un programa de radio, compran discos, y Rob graba cintas para Renée, para fiestas, para fregar, etc. Por cierto, ¿alguien me puede explicar que hace en una de las cintas “En tu fiesta me colé”?, y es que todos los capítulos comienzan con la caratula de una casete. Pero llega el momento de la muerte de Renée y todo se torna muy sombrío. Asistimos a una parte de gran intensidad y emoción como es el del duelo pero los últimos capítulos, hasta que atisbamos que Rob comienza a recuperarse, son durísimos. Eso sí, siempre está la música de fondo.

Yo soy uno de aquellos que grababa cintas a las chicas que te gustaban, a amigos y amigas, para las fiestas. Recuerdo que en estas últimas siempre estaban tres temas de la BSO de The Blues Brothers: “Think”, “Shake a Tailfeather” y “Everybody Needs Somebody to Love”. Ahora recuerdo esas cintas, aunque realmente nunca las olvidas, y cómo establecías el orden de las canciones y las combinaciones, algunas estaban prohibidas, y también había que evitar repetir artista o banda. Todo un arte. Rob Sheffield nos recuerda esa época que ya se fue, en la que grabábamos cintas, pero nos muestra el gran valor y la importancia de la música. Emocionante.