Messura, «Animal»

Messura se han empeñado en ser uno de los grupos de referencia en la Rioja en los próximos años y, a tenor por los pasos dados, están en ese camino. Nuestra región ha dado muchas alegrías en ese sentido, de Mutagénicos a Silenciados, pasando por Espanto, Conn Bux & The Deltic Underscore, Fake Teddy, Los Babas, Vuelo 505, junto con los más internacionales Tierra Santa, de gira en breve por México con nuestro amigo Fran Gonzalo a la batería, y los que se nos olvidan, y pedimos disculpas por ello. Pero Messura han llegado para ocupar un espacio que no estaba muy bien representado como es el del denominado «Indie Rock», ese sonido épico del que Vetusta Morla es el máximo exponente. La última noticia de Messura es su participación en la grabación del programa de TVE Un país para escucharlo que conduce Ariel Rot, y en el que también han estado presentes Espanto y El Drogas. Pero vamos con su debut «largo», Animal, un trabajo que viene a confirmar las expectativas que mostraron en su EP Otoño XVII (2017). En ese EP, Diego M. Continente, David Burgui, Germán Ruiz-Alejos y José Luis Arriezu ya mostraban sus credenciales con himnos épicos como «Pescador», pero también con la influencia de sonidos más guitarreros, incluso Punk, de «Carnaval». Acompañaban en aquel EP la más lenta «Horizontes» y «Silencio». Con Animal, Messura dan saltos cuantitativos y cualitativos. Con la personalísima voz de Continente y con las texturas que marcan las guitarras de Burgui y Continente, y la sección rítmica de Ruiz-Alejos y Arriezu, junto con el apoyo de una sección de cuerda, Messura han incidido en crear himnos épicos con algunos estribillos que van marcando. Hay que destacar también que la producción artística ha corrido a cargo de Ramiro Nieto, integrante de Jet Lag, The Right Ons, entre otros proyectos.

Así ocurre con «Soma» que abre el disco, una de sus mejores canciones que tiene un sonido épico apoyado en las guitarras y una letra muy interesante. Con «Dicotomía» apuestan por un comienzo más melódico y Pop pero luego avanzan hacia la intensidad, apoyada en la sección de cuerdas, y con una letra que deja menos espacio a las interpretaciones. Destaca «Animal», una canción que también se encuadra en el «Indie Rock», la letra tiene un punto más críptico pero de nuevo las guitarras se van clavando. En «Virtud» comienzan con un tono que podría decirse que es más ochentero (esas guitarras en el salto de Joy Division a New Order), y Continente cambia incluso su forma de cantar, pero luego viran hacia sus señas de identidad para otra de las cimas del disco.

La segunda parte comienza con otra de las cimas del disco, «Invertebrados» es también un himno, una canción poderosa que tiene que ser un punto fuerte de sus directos. En «Mal» tiran hacia un medio tiempo aunque luego derivan hacia otros derroteros, juegan de nuevo a ganar en intensidad a medida que va avanzando la canción. «Mienten» es otro de nuestros momentos favoritos, seguramente ayude mucho la letra, pero es una canción también muy rockera y que por momentos nos recuerda incluso a Foo Fighters. El cierre es para «Odisea», en la que repiten el esquema de «Mal», un «in crescendo» en busca de nuevo de la épica, aquí perfectamente estructurada alrededor de la épica.

Muy recomendable este Animal de Messura, un disco que cuenta con el fantástico diseño de Javier Jubera, y que va a dar muchas alegrías. De momento, el 9 de noviembre lo presentan en Logroño en la Sala Concept y hoy mismo, a las 13:30, estaremos con ellos en «La Cara B» del Hoy por Hoy de Radio Rioja – Cadena SER que dirige Jorge Gómez del Casal.

Brittany Howard, «Jaime»

Hace unos años, 2012 concretamente, Javi me alertaba sobre un grupo que acababa de surgir. Se llamaban Alabama Shakes, hacían una mezcla de Soul, Blues, Rock sureño, etc., con la personalidad de su cabeza visible, Brittany Howard, dueña de una voz tremenda. «Hold On» era su canción más destacada del fantástico Boys & Girls (2012). En 2015, lejos de acomodarse subieron la apuesta con Sound & Color, donde se abrían a nuevos sonidos y matices. La apuesta les salió muy bien pero, desde entonces, las noticias sobre Alabama Shakes eran cada vez menores. No así las de Howard, que se lanzó en solitario con Jamie, buscando otras perspectivas que en su banda matriz igual encajaban menos, lo cual no quiere decir que Alabama Shakes hayan dejado de existir. Por lo tanto, había importantes expectativas para el debut de Brittany Howard y hay varias consideraciones: no lo ha puesto fácil, no es un disco que entra a la primera escucha, precisa de tiempo; es uno de los discos de la temporada, Howard ha demostrado su clase y talento; y la sombra de Prince se alarga también en esta propuesta (aunque en algunas entrevistas ha mantenido que no se sintió influenciada por él, pero reconociendo su importancia en su carrera), lo cual es una garantía. Howard sigue saliendo de sus zonas de confort (por tirar de tópico) y se muestra poderosa y sensible, empoderada y arriesgada. Howard no es sólo una voz de primer nivel, ya lo demostró en Alabama Shakes, sino una compositora de altura. En su disco ha contado con Robert Glasper, procedente del Hip Hop, y con Nate Smith, del Jazz, así como con la colaboración al bajo de su compañero en Alabama Shakes, Zack Cockrell. Las influencias se notan en un disco que está dedicado a su hermana, Jaime, fallecida cuando era niña por una enfermedad.

El comienzo es poderoso, «History Repeats» tiene un punto experimental, más jazzístico si se quiere, y la voz de Howard es tremenda. Pero sube la apuesta con «He Loves Me», un medio tiempo que te conquista y en el que la presencia de la influencia de Prince es una realidad. Sigue en esa línea con «Georgia», una canción también ecléctica y de tono experimental pero que rezuma Soul. En «Stay High», Howard vuelve a demostrar que es una cantante de altura, es una canción con una instrumentación más sutil que también convence. En cuanto a «Tomorrow», en ella lleva más allá la mezcla de Jazz y Hip Hop con unas bases muy conseguidas y de nuevo destacando su voz. «Short and Sweet» es más tradicional, tiene incluso un trasfondo de Góspel, por su emoción e intensidad, no cuenta con apenas instrumentación, más allá de unos toques sutiles de la guitarra eléctrica.

La segunda parte no es que esté a la altura de la primera, es que la supera. Prince vuelve a hacerse presente con «13th Century Metal», una canción también más ecléctica y experimental pero de gran fuerza. Preciosa es «Baby» en la que regresa a la elegancia del comienzo del disco, una de las mejores canciones de todo el disco. Y el Jazz y el Spoken Word aparecen en «Goat Head», donde Howard demuestra que no tiembla al tomar riesgos. El cierre es para «Presence», una canción de corte mas clásico, y a fuerza de repetirme diré que vuelve a haber una sombra de Prince, siendo otra de esas canciones que se quedan con las escuchas, y «Run to Me», una canción con un sonido más duro y profundo, es la única vez que Howard apuesta por un tono más dramático, destacando las texturas más experimentales. Las dos canciones de cierre también estarían entre lo más relevante del disco.

Jamie está llamado a ser uno de esos discos del año, de esos que permanecen. Brittany Howard ya demostró al mando de Alabama Shakes que podía coger el testigo de las grandes voces de la música negra. No sabemos si Alabama Shakes regresarán, estaría muy bien, pero a Howard hay que seguirla.

 

Lana Del Rey, «Norman Fucking Rockwell!»

En el año 2011, Lana Del Rey irrumpió en el panorama de la música popular con «Video Games», una canción con un vídeo que llamaba a la nostalgia y a una suerte de clasicismo que hizo las delicias de la crítica especializada. Lana Del Rey, de nombre Elizabeth Woolridge Grant, había comenzado su carrera unos años antes pero sin mayor trascendencia. Sin embargo, las expectativas que se generaron fueron inmensas y su segundo disco, Born to Die (2012), tendría que catapultarla a lo más alto de las listas. Pero la carrera de Lana Del Rey no siguió esa senda que estaba marcada. Al contrario, se puede decir que Lana Del Rey se iba desvaneciendo con cada nuevo disco. Aunque con Ultraviolence (2014) consiguió mejorar su posición ante la crítica, no es menos cierto que otras compañeras de generación le adelantaban, y es que su música no acababa de dar ese salto. Honeymoon (2015) y Lust for Life (2017) fueron consolidando su posición, siendo este último más ecléctico. Pero ha sido en su sexto trabajo, Norman Fucking Rockwell!, cuando ha conseguido el reconocimiento de la crítica con un trabajo intenso y en el que ha desplegado aquello que apuntaba. Habrá gente a la que este disco le parezca plano y aburrido, su estructura es su voz y el piano con pocos aditivos, y cuenta con un minutaje de casi setenta minutos, pero hay algo en Norman Fucking Rockwell! que no te suelta. Con una apuesta clara por el clasicismo y un sonido muy ambiental, Del Rey ha presentado una colección de canciones de gran altura que no te dejan indiferente. El peso de la producción, y de la composición junto a Del Rey, ha caído en Jack Antonoff, responsable de los discos más exitosos de Taylor Swift, entre otros trabajos, aunque no busquen aquí ese sonido. La producción es minimalista y muy conseguida, ha logrado situar a la voz de Del Rey en el centro, siendo la protagonista absoluta sin otros aditivos.

El inicio del disco ya marca la tendencia y el tono del mismo con «»Norman Fucking Rockwell», con ese clasicismo con su voz en primer plano y el piano, entrando a medida que avanza la canción las cuerdas. Una canción que ya te conquista y que va a más con «Mariner’s Apartment Complex», preciosa y en la que entra la batería, de las pocas, y una de las más destacadas de todo el disco. Pero uno de los momentos cumbres viene con «Venice Bitch», una barbaridad de casi diez minutos, muy emocionante y que incorpora otras texturas interesantes. «Fuck It, I Love It» sigue en el nivel anterior, un título explícito y de nuevo con la voz de Del Rey como punto fuerte, con una melodía bien construida. En «Doin’ Time», versión del tema de Sublime, aporta un envoltorio más moderno, hay un punto electrónico pero remite a unos matices jazzísticos que le dan un toque ambiental. «Love Song» es otra canción de gran altura, su tono de voz le da un mayor dramatismo, y enlaza con «Cinnamon Girl» que sigue el patrón de la anterior pero avanza a través de las cuerdas y el sonido más orquestal.

Tras una primera parte tan conseguida, la segunda se inicia con «How to Disappear», en la incorpora de nuevo sonidos más electrónicos aunque de nuevo de forma sutil, junto a las cuerdas, para crear otra canción clasicista. Entre las mejores también «California», compuesta con Zachary Dawes (Mini Mansions), una de mi favoritas y en la que hay más complejidad con las cuerdas ganando peso y con una presencia de la batería de nuevo. «The Next Best American Record» es compuesta por Del Rey y Rick Nowels, minimalismo y dramatismo sin pausa. Vuelve Antonoff a participar en la composición con «The Greatest», intensidad y, por primera vez, una guitarra eléctrica que toma el protagonismo. Regresan a los cánones del disco con «Bartender», de nuevo escrita junto a Nowels, así como en «Happiness Is a Butterfly», donde le mete un punto más a la intensidad. Y cierra con una de las canciones más intensas y bellas del disco, «Hope Is a Dangerous Thing for a Woman Like Me to Have – But I Have It», título muy apropiado para el tono del disco, donde Del Rey te vuelve a conquistar con su forma de cantar.

De forma inesperada, Lana Del Rey ha creado un disco destacadísimo, como si por fin hubiese sacado lo que prometía desde su debut. Un disco muy ambiental y atmosférico, con un tono de desencanto, muy de la época. Un clasicismo que se respira durante los casi setenta minutos del mismo, pero que no se hace para nada largo ni pesado, y que se queda pegado a ti.