No hay nadie como Stevie Wonder

Hace unos días, el gran Stevie Wonder cumplía setenta años. Un amigo me comentó que le parecían pocos años, que pensaba que Stevie Wonder tendría que tener más edad. Wonder nació en 1950 pero comenzó muy pronto su carrera, con once años, y fue Little Stevie Wonder durante buena parte de esa década. Como homenaje a la grandísima carrera de Stevie Wonder traemos a Los Restos del Concierto su recopilatorio The Definitive Collection (2002), un doble CD con treinta y ocho canciones, muchos de ellos hits incontestables y canciones que forman parte del imaginario colectivo de generaciones. Porque Stevie Wonder siempre ha estado ahí, es una imagen tan icónica y reconocible que no se cuestiona. Wonder ha atravesado por varias etapas, siempre de la mano de Tamla Motown, la mítica discográfica de Detroit y responsable en gran medida de la difusión del Soul. En los años sesenta como el ya señalado Little Stevie Wonder, un niño prodigio del Soul. En los años setenta con su evolución en un artista total con la incorporación de sonidos como el Funk, el Rock y el Jazz y otras influencias, así como una madurez y compromiso como activista social que se observará en clásicos como Talking Book (1972), Innervisions (1973) o la que es, posiblemente, su obra maestra, Songs in the Key of Life (1976). Wonder cierra un ciclo con Hotter than July (1980) y su producción discográfica en los ochenta se reduce enormemente. Tres discos con la banda sonora de The Woman in Red (1984) o el exitoso Characters (1987). Es un Wonder más Pop que dará algunos de sus canciones más reconocibles para buena parte del público. Desde entonces, Wonder no se ha prodigado en el estudio de grabación. En 1991 hizo la banda sonora del Jungle Fever de Spike Lee; en 1995 llegó Conversation Peace; y una década después, en 2005, su disco de estudio número veintitrés y último hasta el momento, A Time to Love, en el que colaboraron Prince, Paul McCartney y EnVogue. Estos últimos dos discos no contaron con la repercusión que Stevie Wonder merece, aunque no ha dejado de girar en todo este tiempo. Músico total, pianista y virtuoso de la armónica, cantante maravilloso, compositor de primer nivel, Wonder es poliédrico como se puede observar en una recopilación que va mezclando las diferentes épocas sin seguir un orden cronológico.

La sucesión de canciones es apabullante. No podía empezar de otra forma que con «Supersition», nada que decir de esta canción tan fantástica, tono Funk y vientos increíbles. La festiva «Sir Duke», que fue utilizada durante años como una de las sintonías del Carrusel Deportivo de la SER, con ese comienzo tan reconocible. Y qué decir de «I Wish», otro clásico, con un órgano fantástico y esos vientos que se te clavan. La cosa no para con la más Reggae y reivindicativa «Masterblaster (Jammin’)». Y llega una de sus canciones más populares, «Isn’t She Lovely», que es una maravillosa pieza de Pop con su armónica como seña de identidad. De los años ochenta llegan otros dos grandes éxitos como son «I Just Called to Say I love You», de la banda sonora de La mujer de rojo, y el «Ebany & Ivory» con Paul McCartney, dos canciones Pop mayúsculas y radiadas hasta la saciedad. «As» combina el Soul y el Funk de forma impecable y en «Never Had a Dream Come True» corresponde a su primera etapa, es de 1970, con ese toque orquestal que le daba Motown a parte de sus canciones. Nos vamos más atrás en la década de los sesenta para «I Was Made to Love Her», una barbaridad Soul con el sello Motown y en la que suponemos que encontró inspiración Michael Jackson. «Heaven Help Us All» es un Soul clásico con la influencia del Góspel y con un sonido de himno. «Overjoyed» nos lleva a los ochenta, un medio tiempo Pop fascinante que va creciendo en intensidad. «Lately» es más minimalista, el piano es protagonista, y «For Your Love», ya en 1995, es una muestra de la capacidad de Wonder para seguir creando grandes canciones, aquí otro medio tiempo Pop profundo. «If You Really Want Me» se va a comienzos de los setenta para una canción festiva de nuevo con los vientos del Soul en primera línea, otro trallazo. Y «Higher Ground», otro clásico, es una muestra de esa evolución de Wonder hacia el Funk. En «Do I Do» crea otro éxito instantáneo con una producción ya de los ochenta. Impactante «Living in the City», de nuevo con la mezcla del Soul y del Funk, y cierre con «Part Time Lover», una maravillosa canción Pop de los ochenta que has escuchado miles de veces.

Si el primer disco es un carrusel de canciones y canciones que conoces, el segundo no es una excepción. Ya el comienzo con la irrenunciable «For Once in My Life» de Ron Miller es una gozada y esa armónica, ufff. Y no se queda a la zaga «Uplight (Everything’s Alright)» con un jovencísimo Wonder, un Soul de la época. La versión del «We Can’t Work It Out» de The Beatles es impresionante, esa armónica de nuevo, y «Signed, Sealed, Delivered I’m Yours» es un Soul clásico para enmarcar. «Yester-Me, Yester-You, Yesterday», también de Miller como tantas de la época, es una balada de nuevo de alto voltaje con esos coros Soul de la época. Seguimos en los sesenta y el Soul con la celebradísima «I’m Wondering», otra celebración. Y no salimos de década con «My Cherie Amour», un Pop elegante que da paso a otro clásico como es «You Are the Sunshine of My Life» que nos lleva al Talking Book. «I Don’t Know Why (I Love You)» retorna a los sesenta siendo un Soul orquestal mientras que «A Place in the Sun» es una balada Soul. En «Blowin’ in the Wind» versiona a Dylan en una clave espiritual que le pega mucho. «Send One Your Love» nos lleva al final de los setenta con una canción más compleja y ecléctica, con un punto jazzístico. «Pastime Paradise» será recordada por mucha gente por el sampler de Coolio en 1995 de ella en «Gangsta’s Paradise», siendo otra de las joyas de Wonder en los setenta. «I Ain’t Gonna Stand For It» se va a la música Disco para otra canción muy reconocida. En «Fingertips (Parts 1 and 2)» nos vamos a un directo de cuando tenía doce años y ya se ve la fuerza que tenía, y ese sonido de la armónica tan brutal. «Boogie on Reggae Woman» ahonda en el sonido Funk de la primera mitad de los setenta aunque luego apunta un tono más melódico. Ya vamos llegando al final de la recopilación con «You Have Done Nothin'», un Funk con vientos desaforados; el Pop más melódico de «He’s Misstra Know It All» de Innervisions; y «Happy Birthday», compuesta como homenaje a Martin Luther King para reivindicar que el día de nacimiento de King fuese declarado fiesta nacional en Estados Unidos.

En fin, nada más que añadir. El paso del Wonder niño y adolescente de los sesenta, con un talento descomunal, al etnificado de los setenta, reivindicativo y superlativo, hasta llegar a unos ochenta en los que compondrá algunas joyas Pop. Un Wonder que ha sido sampleado en tantas ocasiones que se pierde la cuenta. Uno de los grandes genios de la música popular del siglo XX.

Algiers, «There Is No Year»

Lo primero, profético título el del tercer disco de Algiers, la banda de Atlanta que conjuga diferentes estilos. Y es que, There Is No Year suena bastante profético en estos momentos que estamos viviendo. De Algiers teníamos referencias desde su debut, Algiers (2015), consolidadas con The Underside of Power (2017). Sonidos eclécticos en los que mezclan Rock, Soul de raíces gospelianas, toques industriales y un punto Punk, tienen también un componente reivindicativo. Su tercer disco, este There Is No Year que nos ocupa, es un trabajo interesante pero que también tiene un punto de irregularidad. En ocasiones, alcanzan altos cotas con canciones intensas y emocionantes, en otras parecen superados por los objetivos que se marcan. No cabe duda que hay momentos muy atractivos y convincentes, canciones como decíamos intensas y emocionantes, de tono épico y reivindicativo.

Y es que el comienzo promete con «There Is No Year», canción muy ecléctica y de tono más industrial, potente y poderosa. La mejor canción del disco es «Dispossession» donde el ritmo lo marca el tono espiritual y gospeliano del coro y en la que la voz principal se lanza en tromba. «Hour or Furnaces» enlaza con la anterior si bien lo hace al comienzo con un tono más pausado para ir creciendo en intensidad gracias a los toques más industriales. Sin embargo, «Losing in Ours» se pierde en la mezcla de épica y espiritualidad. «Unoccupied» retoma el punto experimental e industrial pero no consigue llegar a las tomas del comienzo del disco.

La segunda parte se inicia con una «Chaka» que tiene una modulación más Pop pero que incorpora al final un saxofón jazzístico. En «Wait for the Sound» apuestan por una canción más lenta, la instrumentación se reduce al comienzo pero luego gana en intensidad para un tema más influido por el Soul. No acaba de funcionar la mezcla de sonidos industriales con el tono melódico de «Repeting Night». Pero, «We Can’t Be Found» es más interesante, le dan un punto épico y dramático muy efectivo. «Nothing Bloomed» casi cierra el disco con un tono sombrío, demostrando que les quedan mejor las canciones más rápidas. Y decíamos que casi cierra porque hay una canción escondida que es un Punk Rock acelerado que está entre lo mejor del disco.

Interesantes Algiers pero nos queda el regusto de que pueden dar algo más de sí. Hay mimbres que muestran que pueden alcanzar una mayor profundidad. Mientras tanto nos quedamos con los aciertos de este notable disco, que tiene unos cuantos.

Van Morrison, «Three Chords & the Truth»

Las dos últimas décadas de Van Morrison se pueden catalogar, en parte, como de «piloto automático». Me diréis que «qué más quieres», y es cierto. Pero, tras aquella trilogía fantástica de Days Like This (1995), tocará escribir sobre el mismo, The Healing Game (1997) y Back on Top (1999), intercalando discos colaborativos entremedio, de 2000 a 2015 la cosa fue decayendo, aunque siempre mantenía ese pulso pero…Tuvo que llegar 2016 con Keep Me Singing para recuperar parte de la fe perdida en Van Morrison, un trabajo notable del que ya hablamos en su momento. Luego, 2017 y 2018 han visto hasta cuatro nuevos discos en los que ha intercalado versiones de los diferentes estilos que toca con canciones propias, que tampoco levantaron mucho entusiasmo la verdad. En 2019, Van Morrison lanzaba su disco número cuarenta y uno, Three Chords & the Truth, y nos llevamos la alegría de otro disco notable, de lo mejor de Van Morrison en las dos últimas décadas que nos ocupan, un disco que nos lleva al señalado Keep Me Singing, con esas melodías «marca de la casa» y un Van Morrison que muestra los destellos de su brillo. Claro, no es Moondance, Astral Weeks o The Healing Game, pero se disfruta y nos muestra que mantiene su talento, aunque también esté un peldaño por debajo del ya citado Keep Me Singing. Y es que Three Chords & the Truth es posible que sea más monocorde, con esa mezcla de Soul y R&B con ribetes de Jazz, Country, etc.

«March Winds in February» es un gran comienzo, la voz de Van Morrison se impone en esa mezcla de R&B y Soul que indicábamos y con una fuerte presencia del Hammond. En «Fame Will Eat the Soul» se muestra en el comienzo más sutil para ir creciendo en una canción que se desarrolla a dos voces con la presencia de Bill Medley de The Righteous Brothers. Uno de los momentos más conseguidos del disco es «Dark Night of the Soul», un medio tiempo «marca de la casa», con su punto justo de melancolía, y es que nadie es capaz de hacer unas canciones de esa forma como Van Morrison. En «In Search of Grace» comienza de nuevo en modo medio tiempo y parece querer subir el tempo pero se queda en un tono un tanto ambiental. Con «Nobody in Chaege» entra en sonidos más juguetones, Van Morrison casi frasea y pone como contrapunto su interpretación con el saxofón en el tramo final. En «You Don’t Understand» aparece un tono de Blues, Van Morrison vuelve casi a frasear y adopta de nuevo el tono melancólico. «Read Between the Lines» abandona la trascendencia anterior y se fía a la potencia de su voz y a Hammond de nuevo protagonista.

En la segunda parte del disco es donde se acomoda un poco más, aunque sale airoso del reto con canciones como «Does Love Conquer All?», muy atractiva y elegante, otra de las cimas del disco. En «Early Days» se lanza con un Rock & Roll más clásico, casi de los cincuenta, y vuelve a tirar del saxofón. «If We Wait for Mountains» es más convencional, destaca por la forma de cantar y por su intensidad, aunque con «Up on Broadway» recupera el tono con un medio tiempo más emocionante en la que instrumentación es más sutil y en la que la melancolía es la protagonista. En «Three Chords and the Truth» y «Bags Under my Eyes» vuelve a jugar sus cartas clásicas, la primera es más animada y la segunda es un medio tiempo en el que se mecen sonidos más atmosféricos. Pero Van Morrison se guardaba una carta para el final como es «Days Gone By», sonido factoría Van Morrison que te atrapa y, otra vez, la nostalgia y la melancolía se imponen.

Como Bob Dylan, como Neil Young, Van Morrison hace lo que le da la gana, toma decisiones que nos pueden dejar indiferentes, pero siempre se sacan un as de debajo de la manga para demostrarte que no, que no había que perder la fe en ellos. Este disco es notable y nos muestra cómo, si quiere, Van Morrison todavía puede emocionarnos.