Michael Kiwanuka, ‘Kiwanuka’

Y va por el tercer disco excelente el músico londinense de origen ugandés que vuelve a acertar en este último con una serie homogénea de canciones de una brillantez sin altibajos. La sazón clásica de su música, aderezada de nuevo con la aportación de Danger Mouse (esta vez acompañado en la producción por Inflo), sigue transmitiendo la sensación cercana que proporcionan los estilos primarios, rodados, y la calma de unas emociones reposadas.

No precisamente optimista, en general teñido de melancolía, siguen resonando en su música unos años dorados sin demasiados filtros, retazos de Jimmy Hendrix y de Otis Redding o Ray Charles, coros a lo Ennio Morricone y esporádicos arreglos de orquesta acompañando a una instrumentación tradicional con destacado papel de la sección rítmica.

Una intro con reminiscencias africanas encabeza la inicial You Ain’t the Problem, animosa y llena de ritmo y coros, a la que sigue el groove imponente de la bailable Rolling que se prolonga algo más pausada y alucinada en una I’ve Been Dazed que quiebran hacia el final los coros. En la calmada Piano Joint dominan el piano y la orquesta y se anima algo la cosa en Living in Denial con coros y gravedad rítmica sobre unas guitarras básicas antes de que Hero, adormecida de inicio, se avive con la irrupción sonora y contagiosa de guitarras y ritmos. Una calma densa precede al desarrollo sobre guitarras y coros de la extensa Hard to Say Good Bye antes de la enorme Final Days, de cálido y excepcional estribillo, para terminar con una melancólica y cruda Solid Ground que apenas utiliza teclados antes del colofón coral y Light, de temática amorosa y preciosa apertura que van embelleciendo cuerdas y coros.

No tenía fácil la continuación de la serie tras el laureado ‘Love & Hate’ (2016) y el brillante debut ‘Home Again’ (2012), pero ha acertado con la solución, sin duda, en lo que podríamos calificar como híbrido de sus dos anteriores discos, un paso tranquilo en el que aumenta una pizca el componente orgánico. Quizás es su trabajo más inspirado, aunque con sus precedentes sea osado afirmar algo así, en cualquier caso otra maravilloso ejercicio de soul y R&B, heredero directo del espíritu de los sesenta, que se disfruta de principio a fin.

‘Attack & Release’, el primer estirón de los Black Keys

Antes de que ‘El Camino’ lo cambiara todo, de que Lonely Boy iniciase la voladura de todas las previsiones y desmidiera los horizontes de una carrera que no parecía destinada a semejantes cotas de éxito; seis años después de que dos jóvenes aprovecharan la estela de The White Stripes para, únicamente servidos de guitarra y batería, comenzar a grabar clásicos del blues en un sótano de Akron (Ohio); cuando los ecos de sus tres primeros discos (‘The Big Come Up’, ‘Thickfreakness’ y ‘Rubber Factory’) seguían demandando atención y aumentando paulatinamente sus seguidores y su contrato con Nonesuch Records acababa de fructificar dos años antes en su primer álbum de material enteramente propio (‘Magic Potion’); Dan Auerbach y Patrick Carney hicieron su primera maniobra de renovación sonora con este disco que acaba de cumplir diez años y que supuso el inicio de la más importante deriva, quién sabe si definitiva, de su carrera.

Para ello se hicieron acompañar en la producción por Brian Burton (Danger Mouse), joven pero ya reputado músico neoyorquino que con apenas un lustro en el negocio ya había trabajado en varias producciones exitosas como Gorillaz o Gnarls Barkley, comenzando así una sociedad que terminaría por proporcionarles su actual estátus y que ha permanecido inalterada hasta su más reciente trabajo, el ‘Turn Blue’ de 2014. Pronto se hicieron notar los frutos de la colaboración con Burton que, armado de herramentas clásicas de la música negra (coros, teclados, banjos…), se reveló como un complemento ideal para el deseado avance de su sonido sin perder los rasgos definidores de su música.

Así de renovados suenan en All You Ever Wanted, con esos nuevos elementos (teclados, bajo) que le añaden densidad, para a continuación poner al frente un fantástico reef marca «Hendrix» que sostiene por sí solo la garajera I Got Mine. Truenan los platos junto a otro brillante reef en Strange Times antes de diferenciarse en el estribillo y dar paso a la genial Psychotic Girl, grave, calmada y rítmica en la que el piano y el banjo se hacen un hueco. Más Hendrix en Lies, uno de los cortes de resultado más clásico y, para acabar la primera parte, el pesado fogonazo inicial de Remember When antes de la continuación fría y garajera (como en sus viejos tiempos) con que se abre la fantástica segunda parte.

Notas sin estridencias al rebufo de la guitarra suben el nivel en Same Old Thing y un resabor latino distingue con elegancia y ritmo So He Won´t Break antes de cerrar con dos piezas enormes como Oceans and Streams, efectivo blues-rock  fantásticamente cantado por Auerbach, y Things ain’t like They Used to Be, precioso colofón que despide el disco con intensidad y calor.

Sería la puerta de salida, el primer paso para asomar fuera del underground en el que eran ya reconocidos, la primera vez que grababan fuera del sótano de Carney, entraban en un estudio y utilizaban técnicas e instrumentos que irremediablemente iban a sofisticar su sonido pero que no suprimirían la frescura de sus interpretaciones siempre vivas y directas. Fue entonces que estaban iniciando su desvío hacia el éxito masivo, un éxito al que se acercarían con su siguiente trabajo ‘Brothers’ (ganador de tres Grammys, entre ellos el de mejor álbum de música alternativa) y abrazarían en 2011 con el fantástico ‘El Camino’ que definitivamente les llevaría a encabezar festivales importantes y a situar sus cifras de ventas al nivel de grandes estrellas del rock.

Amenudo amenazante la sombra de la disolución (son muchos los rumores sobre su mala relación desde hace años) e inmersos desde 2014 en un más que sospechoso silencio durante el que ambos han desarrollado proyectos por separado, este décimo aniversario es la excusa perfecta para recordar el momento en que el dúo de Akron inauguraba la segunda parte de su carrera, no necesariamente mejor pero sin duda más exitosa, con este fantástico disco.

Curtis Harding, ‘Face your Fear’

El Soul siempre nos da alegrías, y el segundo disco de Curtis Harding es una de ellas. Harding debutó en 2014 con Soul Power, título que ya es toda una declaración de intenciones, cosechando los parabienes de la crítica. En 2017 ha publicado un excelso Face Your Fear que desde esas portadas destilan el revisionismo de un estilo que nunca pasa de moda y que con artistas como Harding no lo van a hacer. A través de unos sonidos que aúnan las referencias más clásicas, aquí hay mucho de los setenta, y de la incorporación de elementos más actuales, Harding ha presentado un disco que entra desde la primera escucha y en el que ha contado con la colaboración de Sam Cohen (Apollo Sunshine) y la producción de todo un Danger Mouse en el primer single de su segundo trabajo, ‘Wednesday Morning Atonement’. Un disco que mantiene una línea continua en su calidad, sin altibajos, y con algunas canciones de altísimo nivel, junto con unos registros vocales de Harding maravillosos.

El comienzo es con el mencionado ‘Wednesday Morning Atonement’ donde destaca el falsete de Harding, una de sus señas de identidad, una canción con un tono oscuro a la que le sigue la soberbia ‘Face Your Fear’ con unas cuerdas tremendas, canción muy elegante. ‘On and On’ es tremenda, crece en intensidad con unos vientos fantásticos y con un toque más de los sesenta junto al contrapunto de unos coros que le dan un punto Pop, abandonando Harding en algunos tramos de la canción el falsete. En ‘Go As You Are’ se acerca a sonidos más de la Blaxploitation de los setenta, con ese bajo protagonista y con cambio de registro de nuevo en la voz de Harding. ‘Till the End’ muestra un cambio con respecto a los temas anteriores, tiene un punto de Swing y es también como más de los sesenta, destacando de nuevo los vientos. Y el mejor tema del disco es para la luminosa y festiva ‘Need Your Love’, una canción para bailar con esos toques Funk y esos teclados, una locura de canción.

En ‘Dream Girl’ mantiene el nivel con una tema más de los setenta y de nuevo con el falsete como seña de identidad destacada. ‘Welcome to my World’ es un medio tiempo precioso, de mucho Soul, cambiando de nuevo el registro vocal a la par que cuenta con un contrapunto femenino y una base instrumental para un tema delicado. ‘Ghost of You’ es más introspectiva, más melancólica apoyada en los efectos que emplea. Sigue con esta última línea con ‘Need my Baby’, donde aunaría las referencias de los setenta con sonidos actuales. Y el cierre es para otra cima del disco, ‘As I Am’, escorado más hacia el Soul clásico, de una intensidad contenida que no te suelta.

Curtis Harding nos ha presentado sin duda uno de los discos del año, y de los más destacados en el ámbito del Soul, un trabajo que mezcla esa mirada hacia el pasado pero sin caer en el revivalismo más impostado ya que aporta elementos propios. Y especialmente cuenta con unas canciones soberbias y una voz con numerosos registros.