El estirón de The Black Keys: diez años de «Brothers»

Cinco discos les serían necesarios al dúo formado en 2001 por los viejos amigos Dan Auerbach y Patrick Carney para alcanzar un éxito reseñable y hacerse un hueco más allá de los circuitos alternativos, aunque aún necesitarían de un año más para conquistar al público masivo con el icónico ‘El Camino’. Después de tres excelentes primeros discos, a pesar de la escasez de medios con que fueron grabados, en los que alternaban canciones propias con versiones de clásicos del blues, no sería hasta 2006 que firmarían con Nonesuch Records antes de publicar ‘Magic Potion’ y sofisticarían un poco su sonido, algo que sería mucho más apreciable con su siguiente trabajo ‘Attack & Release’ para el que contaron por primera vez con un productor externo (Danger Mouse) que impulsaría algo más su distanciamiento del blues-rock garajero que les había identificado  hasta entonces.

Comenzaron desde el sótano de Carney en su Akron natal, versionando a leyendas del blues como Howlin’ Wolf, Muddy Waters o Robert Johnson antes de alternar sus primeras composiciones en sus actuaciones y en sus primeras grabaciones, interpretándolos con descaro y crudeza; Carney a las baquetas y Auerbach a la guitarra y la voz pronto se mostraron capaces de extraer mucho más de lo previsible a los escasos medios de los que habían decidido servirse. Ni siquiera con el primer contrato con un gran sello antes de su cuarto disco, que les proporcionó mayores posibilidades, renunciaron a un concepto de guitarra y batería (idéntico al que acababa de alcanzar el éxito a The White Stripes) que supieron desarrollar hasta conformar un sonido y una energía inconfundibles.

En todo este tiempo se mantuvieron fieles a su fórmula, encargándose de la producción ellos mismos (Carney en mayor medida), hasta que en 2007 conocieron al productor Brian Burton (Danger Mouse), con el que pronto escribieron algunos temas y decidieron trabajar juntos en su siguiente disco (‘Attack & Release’) que, esta vez sí, supondría un avance fundamental en el discurrir posterior de su carrera.

Pero no sería hasta ‘Brothers’ que se generalizarían los reconocimientos en un disco cuya concepción no estaría exenta de problemas, especialmente por las discrepancias que originó el inesperado debut en solitario de Auerbach (‘Keep It Hid’, 2009). Precisamente en la realización de este disco Auerbach conoció a Mark Neill, que sería el productor principal de ‘Brothers’ junto al propio dúo y la aportación de Danger Mouse en el sencillo de lanzamiento Tighten Up. Para la grabación, y tras barajar otros estudios de solera, se decidieron por los Muscle Shoals Sound Studios en Alabama, que llevaban casi treinta años inutilizados. Y allí dio los primeros pasos el sexto disco que, esta vez sí, supondría el primer espaldarazo importante y consolidaría su carrera definitivamente.

El sencillo pero original packaging ideado por Michael Carney (hermano de Patrick), y que también sería galardonado con un Grammy (además de otras dos categorías de más enjundia), contenía un disco extenso que incidía en las premisas de su anterior trabajo: a los rasgos definitorios de la banda añadían bajo y teclados para un resultado algo más complejo y menos descarnado. Con Everlasting Light lo abrían a lo grande, un tema profundo y directo, lleno de ritmo y efectos vocales y la sutileza en el falsete de Auerbach, antes de regresar a la dureza de las guitarras en Next Girl. Ya hemos hablado antes de Tighten Up, el primer gran éxito de su carrera, silbado de inicio y poblado de guitarras agudas regidas por la batería, a la que seguirían el fraseo de la descarnada Howlin’ For You y el riff intenso y poderoso de la muy destacada She’s Long Gone. Luego ejercitarían los teclados en el soul eléctrico del instrumental Black Mud y en The Only One, más cálida y melódica al igual que una Too Afraid To Love You algo más grave.

Con agilidad y algo más de suavidad fluye Ten Cent Pistol antes de que Carney haga su mayor demostración en Sinister Kid. Como un funkie denso y contundente suena The Go Getter antes de regresar a los teclados soul y las emociones delicadas con I’m Not The One. Para terminar llega Unkown Brother, otro temazo que te mece con guitarras sencillas y oscilantes, la única versión del disco en el soul aguerrido de Never Gonna Give You Up, y el progreso denso y la intensidad creciente de These Days.

En plena ebullición creativa, editarían un año más tarde el disco que les auparía al olimpo de las emisoras y los festivales, cuando Lonely Boy empezó a sonar como presentación del fantástico ‘El camino’, y daría paso al período menos productivo y más dubitativo de su carrera (aunque ambos miembros no hayan dejado de participar en variados y exitosos proyectos) que tocó a su fin el año pasado con el más que apreciable ‘Let’s Rock’. Pero sin duda tienen que agradecer a este álbum que ahora cumple diez años el acceso a sus primeros reconocimientos y a un éxito mayoritario más que merecido después de una larga y árida travesía inicial.

Michael Kiwanuka, ‘Kiwanuka’

Y va por el tercer disco excelente el músico londinense de origen ugandés que vuelve a acertar en este último con una serie homogénea de canciones de una brillantez sin altibajos. La sazón clásica de su música, aderezada de nuevo con la aportación de Danger Mouse (esta vez acompañado en la producción por Inflo), sigue transmitiendo la sensación cercana que proporcionan los estilos primarios, rodados, y la calma de unas emociones reposadas.

No precisamente optimista, en general teñido de melancolía, siguen resonando en su música unos años dorados sin demasiados filtros, retazos de Jimmy Hendrix y de Otis Redding o Ray Charles, coros a lo Ennio Morricone y esporádicos arreglos de orquesta acompañando a una instrumentación tradicional con destacado papel de la sección rítmica.

Una intro con reminiscencias africanas encabeza la inicial You Ain’t the Problem, animosa y llena de ritmo y coros, a la que sigue el groove imponente de la bailable Rolling que se prolonga algo más pausada y alucinada en una I’ve Been Dazed que quiebran hacia el final los coros. En la calmada Piano Joint dominan el piano y la orquesta y se anima algo la cosa en Living in Denial con coros y gravedad rítmica sobre unas guitarras básicas antes de que Hero, adormecida de inicio, se avive con la irrupción sonora y contagiosa de guitarras y ritmos. Una calma densa precede al desarrollo sobre guitarras y coros de la extensa Hard to Say Good Bye antes de la enorme Final Days, de cálido y excepcional estribillo, para terminar con una melancólica y cruda Solid Ground que apenas utiliza teclados antes del colofón coral y Light, de temática amorosa y preciosa apertura que van embelleciendo cuerdas y coros.

No tenía fácil la continuación de la serie tras el laureado ‘Love & Hate’ (2016) y el brillante debut ‘Home Again’ (2012), pero ha acertado con la solución, sin duda, en lo que podríamos calificar como híbrido de sus dos anteriores discos, un paso tranquilo en el que aumenta una pizca el componente orgánico. Quizás es su trabajo más inspirado, aunque con sus precedentes sea osado afirmar algo así, en cualquier caso otra maravilloso ejercicio de soul y R&B, heredero directo del espíritu de los sesenta, que se disfruta de principio a fin.

‘Attack & Release’, el primer estirón de los Black Keys

Antes de que ‘El Camino’ lo cambiara todo, de que Lonely Boy iniciase la voladura de todas las previsiones y desmidiera los horizontes de una carrera que no parecía destinada a semejantes cotas de éxito; seis años después de que dos jóvenes aprovecharan la estela de The White Stripes para, únicamente servidos de guitarra y batería, comenzar a grabar clásicos del blues en un sótano de Akron (Ohio); cuando los ecos de sus tres primeros discos (‘The Big Come Up’, ‘Thickfreakness’ y ‘Rubber Factory’) seguían demandando atención y aumentando paulatinamente sus seguidores y su contrato con Nonesuch Records acababa de fructificar dos años antes en su primer álbum de material enteramente propio (‘Magic Potion’); Dan Auerbach y Patrick Carney hicieron su primera maniobra de renovación sonora con este disco que acaba de cumplir diez años y que supuso el inicio de la más importante deriva, quién sabe si definitiva, de su carrera.

Para ello se hicieron acompañar en la producción por Brian Burton (Danger Mouse), joven pero ya reputado músico neoyorquino que con apenas un lustro en el negocio ya había trabajado en varias producciones exitosas como Gorillaz o Gnarls Barkley, comenzando así una sociedad que terminaría por proporcionarles su actual estátus y que ha permanecido inalterada hasta su más reciente trabajo, el ‘Turn Blue’ de 2014. Pronto se hicieron notar los frutos de la colaboración con Burton que, armado de herramentas clásicas de la música negra (coros, teclados, banjos…), se reveló como un complemento ideal para el deseado avance de su sonido sin perder los rasgos definidores de su música.

Así de renovados suenan en All You Ever Wanted, con esos nuevos elementos (teclados, bajo) que le añaden densidad, para a continuación poner al frente un fantástico reef marca «Hendrix» que sostiene por sí solo la garajera I Got Mine. Truenan los platos junto a otro brillante reef en Strange Times antes de diferenciarse en el estribillo y dar paso a la genial Psychotic Girl, grave, calmada y rítmica en la que el piano y el banjo se hacen un hueco. Más Hendrix en Lies, uno de los cortes de resultado más clásico y, para acabar la primera parte, el pesado fogonazo inicial de Remember When antes de la continuación fría y garajera (como en sus viejos tiempos) con que se abre la fantástica segunda parte.

Notas sin estridencias al rebufo de la guitarra suben el nivel en Same Old Thing y un resabor latino distingue con elegancia y ritmo So He Won´t Break antes de cerrar con dos piezas enormes como Oceans and Streams, efectivo blues-rock  fantásticamente cantado por Auerbach, y Things ain’t like They Used to Be, precioso colofón que despide el disco con intensidad y calor.

Sería la puerta de salida, el primer paso para asomar fuera del underground en el que eran ya reconocidos, la primera vez que grababan fuera del sótano de Carney, entraban en un estudio y utilizaban técnicas e instrumentos que irremediablemente iban a sofisticar su sonido pero que no suprimirían la frescura de sus interpretaciones siempre vivas y directas. Fue entonces que estaban iniciando su desvío hacia el éxito masivo, un éxito al que se acercarían con su siguiente trabajo ‘Brothers’ (ganador de tres Grammys, entre ellos el de mejor álbum de música alternativa) y abrazarían en 2011 con el fantástico ‘El Camino’ que definitivamente les llevaría a encabezar festivales importantes y a situar sus cifras de ventas al nivel de grandes estrellas del rock.

Amenudo amenazante la sombra de la disolución (son muchos los rumores sobre su mala relación desde hace años) e inmersos desde 2014 en un más que sospechoso silencio durante el que ambos han desarrollado proyectos por separado, este décimo aniversario es la excusa perfecta para recordar el momento en que el dúo de Akron inauguraba la segunda parte de su carrera, no necesariamente mejor pero sin duda más exitosa, con este fantástico disco.