“Todos los raros fuimos al concierto”

01 Nov

javi-y-sergio-the-bandComo cantaban Love Of Lesbian en “Club de Fans de Jon Boy”, Sergio Andrés Cabello (Logroño, 1973) y Javier Castro Senosiain (Vitoria, 1973), son de los raros que fueron al concierto. En esta página, los dos autores disertarán sobre la música que más les gusta: rock, pop  rock, soul, etc. Siempre desde un prisma divertido y sin pretensión de sentar cátedra. Y sí, podéis llamarles “raros”, “freaks” e incluso “snobs”. “Porque no todos oímos lo mismo” (José Menéndez dixit)

Fotografía cortesía de Javi Muro (Spoonful Magazine)

The Delines, “The Imperial”

22 Mar

Nos pasa de vez en cuando, aparece alguna banda, artista o disco que nos emociona. No son gente que estará en la primera línea, ni siquiera igual en la segunda, no alcanzarán el reconocimiento que merecen pero sus canciones te acompañan siempre. Me ha pasado con los discos de The Mastersons, con Lydia Loveless, con Madisen Ward and the Mama Bear y tantos otros. Y ahora me ha pasado con este The Imperial que nos ocupa de The Delines, que ha llegado a nuestras manos tras haber sido destacado por el siempre fiable Joserra Rodrigo, un disco maravilloso, sutil, elegante y toda la clase de la mezcla del Country y la música de raíces norteamericanas con el Soul. Hay pedal steel, vientos fantásticos, y unas melodías imbatibles. Desconocía la existencia de esta formación de Oregon y su historia, algunos de sus integrantes pasados y actuales pertenecen a The Decemberist o Minus 5. La cabeza visible de la misma es la vocalista Amy Boone, poseedora de una voz fantástica que te lleva de momentos más introspectivos a otros en los que adopta un rol más cercano a toda una Lucinda Williams, aunque las canciones son compuestas por Willy Vlautin de los desaparecidos Richmond Fontaine. The Imperial es el tercer disco de la banda, tras dos trabajos en 2014 y 2015 que pasaron desapercibidos, pero este The Imperial es un lujo. Una colección de diez canciones que te atrapan desde la primera escucha.

“Cheer Up Charley” comienza con fuerza por el pedal steel y la combinación de los vientos, un tema crepuscular con la emocionante voz de Boone. Con “The Imperial” se salen, una de las canciones que más me están marcando en lo que llevamos de 2019, una delicadeza “in crescendo” con esa mezcla de elementos del Country y el Soul, con un piano destacado, y un final brillante. En “Where Are You Sonny?” adoptan de nuevo un tono crepuscular, nos remiten a Lucinda Williams y destacan de nuevo los vientos. En “Let’s Be Is Again” siguen por esa senda, con clase y elegante, una canción emocionante. Y, para finalizar la primera parte, ahondan en esa dirección con “Roll Back My Life”, aquí cayendo el protagonismo sobre la voz de Boone en una canción con menos presencia de los instrumentos.

La segunda parte se inicia con otra cumbre del disco, “Eddie & Polly”, que es una delicia con esos coros, esa forma de cantar de Boone y ese pedal steel de nuevo. De no estar “The Imperial” en el disco, sería la mejor canción del mismo. “Holly the Hustle” es más triste y te emociona de nuevo, va creciendo con los vientos y con ese punto Soul que se aprecia más en un tema como este. En “The Old Haunted Place” tiene más presencia el Country, incluyendo unas cuerdas que le dan un toque imprescindible. “He Don’t Burn For Me” es otra delicadeza, de nuevo una melodía al servicio de la melancolía, y se sale la sección de viento que alcanza un mayor protagonismo. El cierre es para el más introspectivo y ecléctico “Waiting on the Blue”, canción que tiene un punto más experimental y que se aleja un poco del tono del disco.

Maravilloso descubrimiento este The Imperial de The Delines, un disco que seguiremos escuchando continuamente en los próximos meses y que nos ha dejado noqueados. Como hemos dicho, “The Imperial” ya entra en la lista de las canciones del año.

Cass McCombs, “Tip of the Sphere”

20 Mar

No es una música especialmente inmediata ni variada la de este californiano, tampoco resulta demasiado contagiosa ni enérgica como ya apuntamos en reseñas de sus anteriores discos, sin embargo tiene algo que te atrapa con las paulatinas escuchas en que se va descubriendo hasta conquistarte con placeres estructurados que insisten contra lo que en principio pueda escapar a la evidencia. Con su particular sello sigue acumulando excelentes discos, desde aquella séptima referencia (“Big Wheel and Others”) con la que definitivamente nos sumó para su causa, hasta este nuevo trabajo que extiende la estela del más cercano “Mangy Love” con el que tanto disfrutamos.

Encuadrado en la abultada nómina de autores folk norteamericanos, sin duda es uno de los más personales y abiertos a otras influencias (mayormente tradicionales como el jazz o la psicodelia), además de un virtuoso de las guitarras con las que sostiene brillantes bases y atmósferas inconfundibles. En este nuevo trabajo vuelve a mostrarse especialmente acertado en el uso de estas, además de otros recursos que en ningún momento le apartan de la dirección que tantos años lleva siguiendo.

I Followed the South to What supone un inicio largo (más de siete minutos) e hipnotizante que empieza a ganar la atención para las guitarras y la omnipresente sección rítmica. Con The Great Pixley Train Robbery introduce con contundencia la esencia rock de su país antes de mostrarse oscuro y suave en una Estrella (con sorprendente homenaje a Juan Gabriel) en la que vuelve a destacar la fluidez de las guitarras. Un piano de salón anima el conjunto en Absentee en un tramo del disco en el que, junto a la percusión exótica de la bella Real Life, predomina la calma. La más melódica Sleeping Volcanoes crea una fantástica atmósfera con guitarras que van ascendiendo a las órdenes del bajo y Sidewalk Bop After Suicide suena profunda a partir de las cuerdas y teclados. El sabor del pedal steel fluye con suavidad en Prayer for Another Day antes de las novedosas programaciones rítmicas de la sencilla American Canyon Sutra. Más instrumentada y con una apreciable suavidad vocal, también destaca Tying Up Loose Ends antes de concluir con los diez brillantes minutos de la poderosa evocación sonora que supone Rounder.

No indicado para quienes gusten de emociones automáticas pero si para aquellos que sepan gozar de los provechosos frutos del reposo, con este “Tip of the Sphere” McCombs insiste en una mezcolanza de estilos que, con la irrenunciable sazón norteamericana, contentará una vez más a sus fieles y continúa su acercamiento a un sonido menos austero en el que las guitarras vuelven a ser protagonistas de las piezas más destacadas.

Que no pare la rueda, de “Steel Wheels” a “Voodoo Lounge”

19 Mar

Por ahí siguen The Rolling Stones girando y preparando algún disco nuevo, no paran. Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts y Ronnie Wood parecen incombustibles, leyendas del Rock & Roll y máquina de hacer dinero. Lo bueno de The Rolling Stones es que no te engañan, van a lo que van, y eso implica también toda su producción discográfica de las últimas tres décadas prácticamente, en algunos momentos una excusa para salir en esas giras tremendas que hacen. En este artículo vamos a recordar dos discos de los considerados menores de los Stones, el Steel Wheels (1989) y el Voodoo Lounge (1994), de los que se cumplen treinta y veinticinco años respectivamente, que presentan algunas diferencias, el segundo de ellos por cierto reeditado hace unas semanas. El debate sobre cuál fue el último gran disco de los Stones se queda en el Some Girls (1978), un trabajo fantástico cuya reedición de 2011 ofrecía un suculento disco de temas que estaban a su altura, o el Tatto You (1981), un disco compuesto de descartes en el que aparecen “Start Me Up”, “Little T&A” y “Waiting on a Friend”, un disco que funciona muy bien. Desde entonces, desde entonces los Stones siguieron un camino descendente en los 80, primero con Undercover (1983) y, especialmente, Dirty Work (1986), considerado como uno de los discos más flojos de la banda. Las portadas de estos dos últimos discos no presagiaban tampoco nada bueno, la verdad, pero en la época de Dirty Work las relaciones entre Jagger y Richards, estaban bastante deterioradas por la carrera en solitario de Jagger que habría dejado en un segundo plano a los Stones. En esos discos, además, Watts fue reemplazado en algunos temas porque estaba pasando por un periodo de adicción a la heroína. De esta forma, la carrera de los Stones estaba en un momento creativo bajo.

Vale que los 80 habían sido una década rara para los sonidos más rockeros y que los Stones se iban adaptando, a veces de forma brillante, a las modas, pero a finales de la misma su consideración era la de unos dinosaurios del Rock & Roll. La aparición en la segunda mitad de la misma de unos Guns ‘N’ Roses que eran presentados como sus herederos mostraba un nuevo tiempo para el Rock & Roll que derivaría hacia el Grunge pocos años después. Los Stones publicarían en 1989 Steel Wheels, que sería el último disco en Columbia antes de firmar por Virgin. El disco alcanza una trayectoria mayor al ser el último en el que tocó Bill Wyman. El bajista original de la formación, discreto y en un segundo plano siempre, dejó la banda en 1993, abandonando la formación cansado de la extenuante dinámica de las giras y manifestando que quería dedicarse a otras cuestiones. Steel Wheels también tenía una portada horrible aunque no tan fea como la de los discos anteriores. En Steel Wheels parecen querer reflotar cierto sonido y fuerza pero se queda un tanto a medias. La producción es un tanto plana, corrió a cargo de Chris Kimsey, que ya había trabajado con ellos, y de los propios Jagger y Richards. En el disco también estaban colaboradores habituales como el teclista Chuck Leavell o hicieron su aparición dos de sus coristas más icónicos de las siguientes décadas en directo como Lisa Fisher y Bernard Fowler. Como siempre, los Stones se guardan alguna carta como “Mixed Emotions”, una canción potente, o el tono Funk del bajo de “Rock and a Hard Place”, también hay canciones marca de la casa como “Sad Sad Sad”, pero los mejores temas del disco los canta Richards, especialmente la emotiva y sentida “Slipping Away”, un medio tiempo sentidísimo que han tocado en directo en muchas ocasiones (y que cuenta con una interpretación genial en el semiacústico Stripped de 1995), y “Can’t Be Seen”, que a mí me resulta una de esas canciones que te conquista con ese estribillo y coros. Del resto del disco, poco más se puede destacar, los Stones trataban de no seguir con el piloto automático pero.

La publicación del disco dio lugar a la gira de turno e inauguró la dinámica disco-gira-disco en directo que han mantenido prácticamente desde entonces. En este caso fue Flashpoint (1991), otra portada para hacérselo mirar, que ya fue publicado por Virgin, la discográfica por la que habían fichado. Estos discos, en los que cuelan algunas de sus nuevas canciones, se centran fundamentalmente en grandes clásicos aunque los tipos, muy listos, saben jugar con los repertorios que incluyen, además de contar con alguna canción nueva como en este caso la antibelicista “Highwire”, recordemos en el 1991 veníamos de la Primera Guerra del Golfo. Mientras tanto, en el plano musical, los Guns ‘N’ Roses se habían convertido en unos dinosaurios a ojos del Grunge, mientras que los Stones abordaban su primer trabajo en estudio con Virgin. Para animar el asunto, en 1993 publicaron una recopilación que se quedaba corta, Jump Back, pero que a muchos nos sirvió para acercarnos a su obra, recordemos que entonces no era tan fácil llegar a los antiguos discos, luego ya nos hicimos con ellos, pero que abarcaba del Sticky Fingers (1971) al propio Steel Wheels, por cuestiones contractuales. La recopilación de los Stones más completa no llegaría hasta 2002 con el doble Forty Licks (por cierto que hay anunciado recopilatorio para dentro de unas semanas). Además, Jagger y Richards habían seguido con sus carreras en solitario, en 1992 Richards había publicado su segundo disco, Main Offender, tras el éxito de Talk Is Cheap (1988) que se reedita estas semanas. Por su parte, Jagger seguía a la búsqueda de un disco que le encumbrase en solitario y casi lo consigue con el tercero, Wandering Spirit, para el que contó con Rick Rubin a la producción. A diferencia de unos años antes, la carrera de los Stones no se vio amenazada por estos trabajos en solitario de sus cabezas visibles.

En este contexto, la aparición de Voodoo Lounge en 1994 contó con toda la artillería propia de los grandes lanzamientos. Hay cambios importantes en el nuevo vigésimo disco de los Stones, el primero la ya señalada salida de Wyman que dio lugar a que, casi dos décadas después, Wood se convirtiese en miembro oficial de la banda. Pero uno de los cambios más importantes fue la elección para compartir las labores de producción con Jagger y Richards del prestigioso Don Was. Was, uno de los integrantes de la banda Was (Not Was), ya había producido el regreso de Bonnie Raitt en 1989 con Nick of Time, el brutal Cosmic Thing de ese mismo año de The B-52’s, y enlazó en los años siguientes trabajos de Iggy Pop, Bob Dylan, Elton John, Ringo Starr, David Crosby, Willie Nelson, Jackson Browne, a la par que seguía con su carrera con Was (Not Was). Por lo tanto, Was era una buena elección para una vuelta por todo lo alto. En el disco también participaría de nuevo Leavell y se incorporaría Darryl Jones al bajo, el cual había trabajado con Miles Davis, Sting y girado con Madonna, Peter Gabriel y Eric Clapton entre otros, y ahí sigue con los Stones desde entonces. También colaboraron en el disco Fowler, Ivan Neville, Benmont Tench, Bobby Womack y Flaco Jiménez, entre otros. Voodoo Lounge tiene más empaque que Steel Wheels, aunque obviamente no alcanza la categoría de clásico.

Comienza con una destacadísima “Love Is Strong”, una canción que tiene varias capas, con un punto oscuro especialmente en la forma de cantar de Jagger, en el que se nota la producción de Was de forma muy positiva, y con una armónica a cargo de Jagger haciendo de contrapunto que funciona a la perfección, además de contar con unas guitarras omnipresentes. También sobresalía “You Got Me Rocking”, muy rockera y que también sigue los parámetros habituales y que ha tenido presencia en los directos de la banda. Recuerdo con mucho cariño la balada “Out of Tears”, que me parece una gran canción. Y siguen sonando muy bien “Sparks Will Fly”, “I Go Wild”, “Sweethearts Together” con el acordeón a cargo de Flaco Jiménez, entre otras. Y también hay espacio para las canciones cantadas por Richards, en esta caso la emotiva “The Worst”, que se adentra en sonidos más de raíces norteamericanas y Country, y “Thru and Thru”, en la que se va a los casi seis minutos pero que no alcanza la categoría de “Slipping Away”, no dejando de ser una buena canción. Seguramente a Voodoo Lounge le sobran algunas canciones, algunas parecen muy del “piloto automático”, como por ejemplo “Baby Break It Down”, pero no cabe duda de que es un buen disco.

Con Voodoo Lounge llegaría una nueva y mastodóntica gira de turno, aunque publicarían en 1995 el ya mencionado Stripped, un acústico que contaba con versión incluida del “Like a Rolling Stone” de Dylan. A partir de ahí, el controvertido Bridges to Babylon (1997) y el parón de temas nuevos hasta el A Bigger Band (2005), último trabajo con temas propios. No han parado de hacer giras, llenando, y de sacar discos en directo, recopilatorios, etc. Steel Wheels y Voodoo Lounge fueron dos estaciones más en el camino de los Stones, seguramente no las más importantes, pero para muchos fue una forma de adentrarnos en el universo Stone y siempre habrá canciones para recordar.