“Todos los raros fuimos al concierto”

01 Nov

javi-y-sergio-the-bandComo cantaban Love Of Lesbian en “Club de Fans de Jon Boy”, Sergio Andrés Cabello (Logroño, 1973) y Javier Castro Senosiain (Vitoria, 1973), son de los raros que fueron al concierto. En esta página, los dos autores disertarán sobre la música que más les gusta: rock, pop  rock, soul, etc. Siempre desde un prisma divertido y sin pretensión de sentar cátedra. Y sí, podéis llamarles “raros”, “freaks” e incluso “snobs”. “Porque no todos oímos lo mismo” (José Menéndez dixit)

Fotografía cortesía de Javi Muro (Spoonful Magazine)

The Charlatans, ‘Different Days’

28 May

En la línea de ‘Modern Nature’ (2015), disco en el que ya mostraban una recuperación con respecto a sus trabajos de la última década, la veterana banda mancuniana presenta su decimotercera referencia en un sorprendente estado de forma, algo impredecible hace unos años. Grabado en el estudio que la banda posee en Crewe (Cheshire) y arropados por un montón de amigos/colaboradores, The Charlatans se mantienen fieles a su estilo y, ajenos a modas, perseveran en la actualización de un sonido particular y atractivo para unos seguidores que se/nos hacemos mayores pero aún nos reconocemos en sus canciones. Supervivientes de una época agitada en la siempre efervescente Manchester y a punto de cumplir los treinta años de carrera, presentan unas canciones alejadas del rock y la psicodelia que les auparon hace más de veinte años y, al igual que en su anterior disco, relajan su música con tintes más bailables y próximos al pop.

Cojos en la percusión desde el desgraciado fallecimiento en 2013 de Jon Brookes, vuelven a recurrir a ilustres como Pete Salisbury (The Verve) y Stephen Morris (New Order) que se alternan a la batería, a los que añaden prestigiosas colaboraciones de veteranos como Paul Weller, Johnny Marr o Kurt Wagner además de la alocución en uno de sus temas del escritor escocés Ian Rankin.

Como ha quedado dicho, abren el disco calmados y cercanos, con elementos de luminosidad electrónica en Hey Sunrise y en Different Days, que añade bajo y guitarras limpios y brillantes; se intercala la más floja Solutions. En Plastic Machinery, buen sencillo de lanzamiento cuyo video fue grabado en Barcelona, continúan despejados, vitales y sin complicaciones antes de aumentar el ritmo en Not Forgotten, que retoma las programaciones para acompañar una claridad de guitarras y bajo que suenan a “noventas”, con un bailable y destacado final instrumental, y las bonitas y fluidas guitarras que acercan There Will Be Chances a un pop más grato. En Over Again y The Same House incluyen más tecnología de lo habitual, también más ritmo, en la segunda con mayor acierto, a las que sigue el enérgico pop noventero de Let’s Go Together. The Setting Sun es un breve instrumental antes de la romántica y reflexiva Spinning Out, con bello tarareo de Paul Weller como colofón.

Quizás sería excesivo atribuirles una segunda juventud, pero sí que parecen estar aprovechando reposada y fructíferamente su experiencia con dos últimos discos más que disfrutables. De modo que, cuando sus mejores trabajos empezaban a quedar demasiado atrás, y contra todo pronóstico, parece que The Charlatans han recuperado la frescura de una forma más que honrosa.

Calamaro va en busca de Dylan o veinte años de ‘Alta Suciedad’

25 May

Año 1996, Los Rodríguez eran una de las bandas más importantes de España y de América Latina. Habían asaltado la banca con ese Rock & Roll con toques latinos que llegó a lo más alto con el soberbio Sin documentos (1993), su segundo disco tras el debut con Buena suerte (1991) que pasó sin pena ni gloria, manteniendo su racha con su tercer disco Palabras más, palabras menos (1995). Los Rodríguez contaban con un frontman como Andrés Calamaro, los ex Tequila Ariel Rot y Julián Infante a las guitarras, Germán Viella a la batería y Daniel Zamora al bajo. En 1996 estaban en lo más alto, como decíamos, giraban y llenaban con Joaquín Sabina pero…Pero la banda estaba rota por importantes desavenencias internas que dio lugar a su ruptura ese mismo año y la publicación de un excelente recopilatorio como fue Hasta luego. Era su momento pero siguieron cada uno por su lado, dejando la duda de lo que podría haber sido.

Andrés Calamaro había tenido su carrera en Argentina, tanto en otras formaciones como Los Abuelos de la Nada y en solitario, y fue el primero que se lanzó de nuevo en solitario en esta etapa posRodríguez. Claro, como aquellos tiempos no eran los actuales, sabíamos de esa carrera porque la discográfica de Los Rodríguez había publicado unas recopilaciones llamadas Grabaciones encontradas que pasaron también desapercibidas. La ruptura de la banda fue inesperada y las comparaciones con lo que habían realizado no se harían esperar. Y Calamaro decidió hacer un disco homogéneo y contenido, un trabajo melancólico y nostálgico, una búsqueda de Dylan reconocida ya desde esa portada. Se fue a Estados Unidos a grabar con músicos de la talla de Marc Ribot, Steve Jordan, Hugh McCracken, Charley Drayton, Chuck Rainey, entre otros. Y lo que le salió fue la primera piedra antes de la leyenda de Calamaro, un disco como Alta suciedad que ahora cumple veinte años y que se vio ensombrecido, injustamente, por la bestialidad de Honestidad brutal (1999).

El disco comenzaba con la potentísima y destacadísima ‘Alta suciedad’, una canción con guitarras poderosas y unos vientos atronadores, una letra fantástica que no te dejaba indiferente, pero esa potencia sería la excepción en un disco más contenido. Y es que el giro en el segundo tema era para ‘Todo lo demás’, pura melancolía calamariana, otra gran letra y unos toques Pop de gran clase. La apuesta seguía en lo más alto con una de mis canciones favoritas, de nuevo una letra para enmarcar en ‘Donde manda marinero’, con una cadencia a lo lejos del Reggae, una de esas canciones que todavía te ponen los pelos de punta. Y ‘Loco’, ¿qué decir de ‘Loco’?, en su día pudo sorprender que Calamaro apostase por este tema como primer single, parece liviana, pero es una locura de canción, esos vientos de nuevo, esos coros, esa ruptura con lo que había hecho con Los Rodríguez. ‘Loco’ fue una gran carta de presentación y otra de esas canciones que no te dejan de lado.

La melancólica ‘Flaca’ se convirtió en un hit, una canción triste que pudo quemarse en su momento pero que con los años retomé. ‘¿Quién asó la manteca?’ le sirve de contrapunto, es un tema más Blues, con una fuerte presencia de los coros y del órgano. Y ‘Media verónica’ te deja impactado, duro y amargo, con la voz de Calamaro quebrándose por momentos. En ‘El tercio de los sueños’ apuesta por la temática taurina y se acerca a terrenos del Country aunque no deja de lado el lado latino, aunque para mí es la canción menos conseguida del disco, cuestión de gustos. ‘Comida china’ es un tema minimalista sin abandonar la melancolía y ‘Elvis está vivo’ es un tema divertido donde rinde homenaje a Dylan y al propio Elvis. ‘Me arde’ es una de las canciones más rockeras, podría haber encajado en Los Rodríguez, que da paso a la soberbia ‘Crímenes perfectos’, una canción que también te pone los pelos de punta, una letra impactante de desamor y más. El cierre del disco queda para la colaboración con Antonio Escohotado en ‘Nunca es igual’, una canción Reggae con recitado de Escohotado y con letra acorde con el contexto, y para ‘El novio del olvido’, cierre corto y de nuevo minimalista y con la base acústica.

Calamaro publicó un grandísimo disco en aquel 1997, un Alta suciedad que se notaba muy trabajado y pensado, un disco de gran homogeneidad y con canciones sobresalientes. Luego llegaría Honestidad brutal, El Salmón y cómo el personaje engulló al artista. Pero Calamaro todavía tendría algunas cartas en la manga, aunque esa es otra historia, y siempre nos quedarán aquellos dos discos de 1997 y 1999 que seguimos escuchando con intensidad.

 

Ray Davies, ‘Americana’

23 May

Anda el personal emocionado y enamorado del disco Americana de Ray Davies, aunque no es menos cierto que también han existido algunas reacciones menos entusiastas y que han puesto el foco en que el cancionero de este Americana, aunque a la altura de la leyenda, no es sobresaliente. Vaya por delante, no soy un experto en la obra en solitario de Davies, sí que admiro lo que hizo con The Kinks. Es evidente que las ganas de una reunión de la banda, aunque la relación de Ray con su hermano Dale parece descartarla, pueden nublar en parte todo lo que hace referencia a Davies, pero no es menos cierto que a mí este Americana me ha convencido y, aunque igual le sobraría algún tema, es un trabajo que se disfruta. Ya digo que no tengo criterio para compararlo con la anterior obra en solitario de Davies. Por otra parte, Ray Davies realiza un homenaje a esos sonidos norteamericanos que le marcaron desde su adolescencia y juventud y lo hace en un disco en primera persona y autobiográfico, que estaría de esta forma también vinculado a su libro de memorias que publicó en 2013 y que llevaba el mismo título del disco. Casi una década ha tardado Davies en publicar un nuevo disco y para la ocasión ha elegido como banda de acompañamiento a los mismísimos Jayhawks, lo cual es un gran aliciente porque qué mejor que secundarse de Gary Louris, Marc Perlman, Tim O’Reagan y Karen Grotberg, entre otros para llevarte en un viaje por esos espacios abiertos y esos sonidos norteamericanos que a Davies le han marcado desde New Orleans hasta Los Ángeles y que le dan diversidad al disco.

‘Americana’ es un comienzo maravilloso, un medio tiempo de sabor y de sonidos nostálgicos y melancólicos, con esos juegos de voces tan de The Jayhawks, y donde destaca esa combinación de guitarras acústicas con el pedal steel. ‘The Deal’ tiene un punto más Pop, la voz de Davies se ‘arrastra’ de forma perezosa, casi frasea, y tiene un punto irónico que se ve apuntalada por los coros. El ritmo se mantiene alto con ‘Poetry’, un tema que es más rockero y en el que la colaboración Davies – Jayhawks sigue brillando a gran altura y con un tono más melódico. Con ‘Message from the Road’ se produce un giro importante en el tono del disco, el primero, una canción más crepuscular y emotiva, con la voz de Grotberg haciendo de contrapunto en una composición más minimalista. El ritmo retorna con uno de mis temas favoritos, ‘A Place in your Heart’, donde Davies tira de sonidos norteamericanos del Country en parte y luego gira hacia otros terrenos con la complicidad en las voces de Grotberg y el resto de The Jayhawks, en una de las canciones más divertidas que se ve sostenida por las cuerdas y rematada en un final maravilloso. En ‘The Mistery Room’ gira hacia sonidos más duros con la preeminencia de las guitarras eléctricas mientras que en ‘Silent Movie’ frasea rememorando su abandono de New Orleans y una charla con su vecino, Alex Chilton (Big Star).

Ese ‘Silent Movie’ da paso a la fantástica ‘Rock ‘N’ Roll Cowboys’, épica y melancólica a partes iguales destacando las guitarras eléctricas. ‘Change for Change’ es un tema más extraño, especialmente por esa percusión, que también goza de un sonido muy marcado por las guitarras acústicas. En ‘The Man Upstairs’ retorna al fraseo, tararea de fondo el ‘Girl I Want to Be with You All the Time’ del clásico ‘All Day and All of the Night’ de The Kinks, y hace referencia a hoteles, moteles y apartamentos para dar paso a ‘I’ve Heard That Beat Before’, una canción en la que destaca el tono jazzístico del piano. ‘A Long Drive Home to Tarzana’ tiene un punto Country y vuelven a destacar los coros que apuntalan su emotividad. ‘The Great Highway’ es una de las sorpresas del tramo final del disco, una de mis canciones favoritas, tiene un sonido poderoso que nos remite a The Kinks, la voz de Davies la lleva muy lejos y las guitarras eléctricas del final son muy convincentes. ‘The Invaders’ es una canción preciosa y campestre y ‘Wings of Fantasy’ es un cierre que gana con las escuchas, con sonido más Pop.

A mí me ha gustado mucho este Americana de toda una leyenda como Ray Davies, un trabajo que, como muchos iconos de la talla de Davies, siempre será comparado con sus mejores obras. Es fantástica la presencia de The Jayhawks, que aportan su toque inconfundible, y hay unos cuantos temas que no te puedes quitar de la cabeza. Otra cosa es si The Kinks se volverán a reunir, pero esa es otra historia.

 

Los Restos Del Concierto

Porque no todos oímos lo mismo