The B-52’s, «Cosmic Thing»

19 Sep

Éramos unos críos prácticamente, unos adolescentes que veíamos en casa «Rockopop» (el nombre…) de Beatriz Pécker y esperábamos las novedades musicales y los vídeos que allí se lanzaban. Era 1989, Madonna lo estaba petando con Like a Prayer, arrasando con todo. Bon Jovi era el exponente de un Heavy comercial con baladas incluidas. The Cure nos hacían sufrir con Disintegration. Phil Collins vendía más de un millón de discos con …But Seriously…sin comentarios. Mecano estiraban Descanso dominical, Héroes del Silencio emergían…, etc. Y, entonces, apareció un vídeo de un grupo que nunca habíamos visto, por lo menos nosotros (mi hermano y yo), un vídeo luminoso y muy divertido donde un tipo con voz nasal y un par de cantantes se lo pasaban bomba en una fiesta, mientras que en un segundo plano otro tipo, tímido, tocaba la guitarra. Aquello era «Love Shack», el grupo era The B-52’s, el disco era Cosmic Thing, un cañonazo del que se cumplen treinta años. Aquel grupo no encajaba en la época, finales de los 80, eran diferentes. No teníamos ni idea que venían de Athens (Georgia) como REM, claro que tampoco conocíamos a REM. No sabíamos que su Pop pegadizo venía de la New Wave, claro que tampoco sabíamos qué era la New Wave. Y tampoco que aquel cuarteto había sido un quinteto, con Ricky Wilson que falleció en 1985. Hasta entonces, en poco más de una década habían publicado cuatro discos donde estarían éxitos como «Rock Lobster» o «Private Idaho». The B-52’s eran excesivos ya desde su imagen e iconografía, aquellos coloridos trajes y vestidos, nada que ver con buena parte del tono oscuro de parte del Pop de los 80. Cuando publicaron Cosmic Things en 1989, la formación eran Fred Schneider, que no paraba en los vídeos, Cindy Wilson y Kate Pierson como vocalistas, y Keith Strickland a la guitarra, junto a otros músicos que completaban la banda. Además, eligieron para la producción a dos colosos como Nile Rodgers (Chic) y Don Was, que se repartieron los diez temas, seis para Rodgers y cuatro para Was. Aquel disco que ahora se reedita les llevó a ventas millonarias y sus singles se convirtieron en éxitos. Este es un disco que siempre recordaré, como decía, por aquellos vídeos que salían en TVE.

Comienza con «Cosmic Thing», una locura Pop de tintes futuristas y con Schneider gritando y fraseando, mientras que Wilson y Pierson ponen el contrapunto como en tantas canciones. «Dry County» sigue en la línea del Pop pero más pausada y con un efectos interesantes, mientras que «Deadbeat Club» es melódica y melancólica, funcionando a la perfección el juego de voces de Wilson y Pierson. Y llega el turno de «Love Shack» que es una barbaridad en sí misma, una canción que te lleva a bailar sin parar, no puedes dejar de mover los pies, y que tiene un punto muy de los 60. «Junebug» sigue la línea del disco, Wilson y Pierson en un punto muy alto y destaca en la canción tanto la batería como la percusión.

El segundo momento grande del disco es «Roam», otro Hit y una canción que te gana desde la primera escucha, una melodía Pop de orfebrería y con Wilson y Pierson no ya desatadas, lo siguiente. Difícil elección pero, entre «Love Shack» y «Roam», me quedo con «Roam». «Bushfire» es un Pop más vitamínico, puede llevarnos incluso a la New Wave de sus comienzos y la combinación de las tres voces vuelve a ser perfecta, mientras que «Channel Z» es la tercera gran canción del disco. Queda ensombrecida por las otras dos, pero es más bailable y con un estribillo muy pegadizo. «Topaz» por su parte es una canción «escondida», suena muy bien tres décadas después y tiene un punto muy melancólico que contrasta con el tono festivo del disco, aunque esa sensación estará presente en algunos momentos, pero no de forma tan directa. Y se cierra con una instrumental «Follow Your Bliss» con la que se insiste en la melancolía más que en la fiesta.

La reedición incluye junto al disco original una de ediciones y remixes de las principales canciones que aportan poco. Más interesante es el concierto que se adjunta, grabado en 1990, cuenta con la mayor parte de las canciones de Cosmic Thing y con otros éxitos como «Private Idaho», «Mesopotamia», «52 Girls» o «Rock Lobster».

La verdad, no sé porqué no me compré nunca este disco, entonces en casete. Me encantaban, cuestión de dinero, de prioridad otras cosas…En fin. Siempre se me quedaron grabados y en 1992 regresaron pero ya sabíamos más de ellos. Kate Pierson habían cantado con Iggy Pop en «Candy» (1990) y lo haría también con sus paisanos de REM en la saltarina y odiada por la banda «Shiny Happy People» (1991). Cindy Wilson dejó la banda en 1990, justo cuando estaban más arriba, y ya como terceto publicaron en 1992 Good Stuff, que no alcanzó ni de lejos la repercusión de su antecesor aunque «Good Stuff» molaba. En 1994 participaron en la BSO de Los Picapiedra con una versión de «Meet the Flinstones» cuyo vídeo es mejor olvidar, aunque The B-52’s se llevaban la canción a su terreno. Cindy Wilson regresaría a la banda en 1996 y, desde entonces, sus trabajos discográficos se redujeron a un único disco de estudio, el desapercibido Funplex de 2008. Pero la banda siempre estuvo en activo, girando aunque Strickland se retiró de las mismas en 2012, mientras publicaban recopilatorios y directos. Lamentablemente, no los pudimos ver en su actuación el viernes 21 de junio en el Azkena de Vitoria en su gira de despedida, lo hubiésemos disfrutado porque cuentan que fue una fiesta. The B-52’s es uno de esos grupos que siempre ha estado ahí y que, seguramente, merecieron más suerte y reconocimiento.

Mini Mansions, «Guy Walks Into a Bar…»

18 Sep

Los veranos son tiempos de calma que no suelen dejar muchas novedades, especialmente Agosto, mientras que se esperan los grandes lanzamientos de otoño. Este año, uno de los discos que ha aparecido destacado ha sido el de Mini Mansions Guy Walks Into a Bar…, tercer trabajo del grupo de Michael Shuman, bajista de Queens of the Stone Age, que aquí asume el protagonismo de la banda, junto a Zach Dawes (The Last Shadow Puppets) y Tyler Parkford, junto con el apoyo de Jon Theodore (The Mars Volta y Queens of the Stone Age). Los norteamericanos han tenido también visibilidad este verano porque han girado por España, abrieron para Muse, y su disco ha contado con mayor presencia en los medios que sus dos entregas anteriores (2010 y 2015). Guys Walks Into a Bar…es un disco que se escucha fácilmente y que cuenta con canciones de estribillos pegadizos en los que amalgaman diferentes influencias, aunque la sombra de Arctic Monkeys está ahí, especialmente la de su último disco, el controvertido Tranquility Base Hotel & Casino (2018). De hecho, están más cerca de estos que del sonido de Queens of the Stone Age, aunque no del de su último trabajo. No es un disco que vaya a pasar a la Historia pero sí que es un disco que te alegra la tarde, y tiene algunas canciones muy pegadizas.

La primera parte es muy adictiva, con un comienzo fulgurante que es «Should Be Dancing», una canción apabullante que también tiene un cierto sonido cercano a la New Wave. «Bad Things (That Make You Feel Good)» incide en esa línea con un toque más electrónico. «Don’t Even Know You» es un medio tiempo más melódico con Shuman cantando en falsete, tema con un punto Pop atractivo. Por su parte, «Forgot Your Name» lleva a los sonidos del inicio del disco, con una melodía bien construida y que tira descaradamente al Pop con efectos electrónicos incluidos. «I’m In Love» es más abrasiva, más electrónica, aunque no alcanza los niveles de las canciones anteriores. El cierre de la primera parte es para «Time Machine» que se queda en tierra de nadie, Pop electrónico con ínfulas Rock pero que no acaba de funcionar.

La segunda parte desciende varios peldaños en su calidad, «Works Every Time» es un medio tiempo que gana con las escuchas pero que no acaba de levantar. «Living in the Future» es una insustancial canción de Pop electrónico y «Gummybear» tiene un tono atractivo pero tampoco acaba de convencer, con Shuman tirando de nuevo de falsete. Sin embargo, el nivel asciende de forma clara con «Hey Lover», compuesta y cantada con Alison Mosshart (The Kills, The Dead Weather), una canción con una gran cadencia y que es de las mejores del disco, destacando la interpretación de Mosshart. «Tears in Her Eyes» cierra el disco, un medio tiempo más angustioso y oscuro que te deja igual.

Interesantes Mini Mansions a pesar de una segunda parte en la que el disco no está a la altura de la primera, exceptuando la ya señalada «Tears in Her Eyes». Una pena porque la primera tanda es bastante potente. Seguro que en directo suenan como un cañón.

 

Bon Iver, «i,i»

16 Sep

Surgido de la tradición folk norteamericana y convertido en exponente puntero de las nuevas tendencias del pop, la trayectoria de Bon Iver, el proyecto más ambicioso y sonado de Justin Vernon, puede catalogarse de muchas maneras pero nunca de acomodaticia. En ninguna de sus tres primera referencias, desde que debutara hace once años con «For Emma, Forever Ago» hasta el «22, A Million» de hace tres, ha dejado de sorprender y cosechar admiración a base de efectivas innovaciones de las que en muchos casos se han servido otros artistas. Desde los efectos de voz hasta las ingeniosas combinaciones de tendencias en apariencia discordantes, desde la intimidad más exigente hasta los arreglos menos comedidos, desde la tradición hasta la posmodernidad, siempre ha optado por la evolución y, tanto ha ensanchado las posibilidades de su música, que ha pasado a disponer de un amplísimo campo en el que poder expresarlas.

En este cuarto trabajo se mueve en un terreno conocido que sigue sonando novedoso, en ese espacio que exploró con fruición y del que todavía puede extraer muchos frutos, y el resultado es un trabajo más convencional de lo que nos tenía acostumbrados pero igualmente excitante, si acaso más cercano que el anterior por su mayor recurso a los estándares del pop. Rodeado de magníficos músicos, como los hermanos Aaron y Bryce Dessner, o los también hermanos Phill y Brad Cook, así como de habituales como BJ Burton o Rob Moose, el disco combina con genialidad variados talentos y tradiciones de la que resultan algunos cortes extraordinarios.

En iMi comienza a utilizar la capacidad instrumental de su voz, a través de la riqueza de registros que es capaz de conseguir, así como una lograda intensidad sintética que continúa en la densa We combinada brillantemente con arreglos clásicos de cuerdas y vientos. Holyfields expresa una simple y evocadora intimidad antes de la sencillez inicial de la fantástica Hey, Ma, más expansiva e intensa según avanza. Abrigado por coros el piano rige en la rotunda sencillez de U (Man Like) con la que se abre una excelsa segunda parte.

En Naeem Vernon se desgarra la voz hasta desatar la emoción que inicia un sencillo piano, otra genialidad antes de los acordes forzados de la menos armónica Jelmore. A continuación Faith devuelve la calma con una cuidada eclosión emocional y preciosa seguida de una Marion en la misma línea. Vientos y cuerdas ensanchan el paso de la emocionante celebración que es Salem antes de que, tras el largo y variado pasaje menos significativo que es Sh’Diah, llegue el colofón brillante y cálido de RABi.

Prosigue con su exitosa exploración sonora Justin Vernon y, en este caso, la culmina con excelentes resultados. Cargado de la inevitable emotividad que contienen todas sus apuestas, en este nuevo trabajo se incluyen algunos de sus cortes más cálidos y ligeros y varios pasajes de inusual belleza que sumar a una trayectoria que se mantiene volando muy alto.