“Todos los raros fuimos al concierto”

01 Nov

javi-y-sergio-the-bandComo cantaban Love Of Lesbian en “Club de Fans de Jon Boy”, Sergio Andrés Cabello (Logroño, 1973) y Javier Castro Senosiain (Vitoria, 1973), son de los raros que fueron al concierto. En esta página, los dos autores disertarán sobre la música que más les gusta: rock, pop  rock, soul, etc. Siempre desde un prisma divertido y sin pretensión de sentar cátedra. Y sí, podéis llamarles “raros”, “freaks” e incluso “snobs”. “Porque no todos oímos lo mismo” (José Menéndez dixit)

Fotografía cortesía de Javi Muro (Spoonful Magazine)

José Ignacio Lapido, ‘El alma dormida’

23 Nov

Comenzaba a hacerse larga la espera de nuevo material de Lapido, cuatro años en los que ha girado su “Formas de matar el tiempo” (2013) además de hacerlo también junto a Quique González (“Soltad a los perros”) y reeditar y girar la “Maniobra de resurrección” de los 091. No ha tenido mucho tiempo por tanto para escribir y grabar este esperado regreso en solitario, la octava referencia de una carrera silenciosa y necesaria, poderosa e imprescindible, que sin aspavientos ha crecido hasta presidir el panorama rockero nacional. Fiel a su gente y a su estilo repite banda (a excepción de la incorporación de Jacinto Ríos al bajo) junto a Víctor Sánchez, Raúl Bernal y Popi González, y rearma su arsenal poético que vuelve a alumbrar su manual de rockero clásico con imágenes certeras para completar un conjunto que deslumbra sin accesorios. Vuelve a destacar el uso de las guitarras, mayormente en acústico pero también con momentos eléctricos, en unas canciones que siguen bebiendo de la tradición norteamericana. Y una vez más su poética directa, única, despunta como una de los mayores placeres y riquezas de una obra que sigue su camino apoyada en la solidez de los mismos pilares.

De entrada nos conquista con las poderosas guitarras de ‘¡Cuidado!’, alerta cargada de un pesimismo presente en todo el álbum, y con los lentos aires cercanos al blues de ‘Como si fuera verdad’. A continuación prolonga el desengaño en el medio tiempo a ritmo de country de ‘La versión oficial’ a la que sigue ‘Mañana quién sabe’ un sosegado amanecer de la esperanza tras el que irrumpen con energía el piano y las guitarras de ‘Nuestro trabajo’. ‘No hay prisa por llegar’ es un precioso rockabilly que transcurre con ligereza y ‘Dinosaurios’ un derroche de imaginación sostenido con brillantez por las guitarras. El rock llega con contundencia en ‘Lo que llega y se nos va’, a golpes de electricidad y poesía, antes de que ‘Estrellas del purgatorio’ vuelva a relajar el ritmo con acento folk, también brillante. Una guitarra grave y el bajo cobran protagonismo y dotan de oscuridad a la bella ‘Enésimo dolor de muelas’ para recuperar una desesperanza maquillada en el cierre emocionantemente culminado por las guitarras de ‘Escalera de incendios’.

Un trabajo más de Lapido, ni mejor ni peor que otros, simplemente una pieza más de una obra enorme que conserva la garantía de la coherencia y la brillantez y que, apegado a partes iguales a la realidad y a los sueños, sigue avanzando con la misma firmeza desde que arrancó tras la disolución de los cero en 1996. Sin duda una de las mejores noticias que en el panorama patrio nos ha traído este agitado año musical.

La M.O.D.A., ‘Salvavidas (de las balas perdidas)’

20 Nov

La Maravillosa Orquesta del Alcohol (La M.O.D.A.) es una de esas bandas que nos tienen atrapados en Los Restos del Concierto desde que los vimos en el BBK Live en un lejano ya 2014. Desde entonces, han caído más conciertos y hemos disfrutado de sus dos trabajos anteriores, los muy destacados ¿Quién nos va a salvar? (2013) y La primavera del invierno (2015). Con su mezcla de Folk y Rock & Roll y las letras de David Ruiz, unidas a su característica voz ronca, y todo ello con una rica instrumentación, se han ganado un merecido hueco en el panorama musical nacional. También hemos tenido numerosos debates acerca de su valor, algunos buenos amigos no acaban de verlos, gustos son colores. Por eso, su tercer disco también lo esperábamos con muchas ganas, con unas elevadas expectativas. Salvavidas (de las balas perdidas) se presenta como un intento de ir más allá, de avanzar sobre sus dos propuestas anteriores pero sin perder su identidad, constituyendo sin duda el trabajo menos accesibles de los burgaleses y también el menos logrado. No quiere decir que sea un mal disco, al contrario, pero sí que es cierto que mientras la instrumentación funciona bastante bien en muchos de los temas, algunas letras posiblemente merecerían un mayor trabajo. En este sentido, se observa un intento de la formación por superar sus propios límites aunque no es menos cierto que donde mejor funcionan es en esos himnos tabernarios que les enlazan con The Pogues, entre otros.

El comienzo va en esa dirección y ‘Mil demonios’ te atrapa con fuerza, es una canción combativa en la que destaca el acordeón característico de la banda. Con ‘La inmensidad’ comienzan con una serie de temas ambiciosos, es más oscuro, y Ruiz prácticamente práticamente frasea para darle más énfasis al mensaje, pero en algún momento la canción no acaba de funcionar tanto como promete. La misma situación se da con ‘Océano’, aunque también tiene algunos logros, mientras que ‘Una canción para no decir te quiero’ gana con las escuchas, es un tema que tiene un punto épico y melancólico que sí que encaja. ‘Héroes del sábado’ nos devuelve a una M.O.D.A. más reconocible, es una gran canción en tono himno y con una instrumentación fantástica que le da un peso más profundo, con una letra más compleja, y con un tono al final más rockero. En ‘O Naufragar’ sigue con el tono político, lo incrementa, y se pone más trascendental, es también más sombría y la voz de Ruiz resuena con fuerza y garra para explotar el tema en una segunda parte relevante.

De esta forma lo enlazan con ‘Himno nacional’, otra de las canciones más destacadas del disco, muy reivindicativa y que también va cogiendo fuerza con las escuchas. Interesante es ‘Campo amarillo’, un tema de carácter muy político y social y que mira a esos campos castellanos tan olvidados y en un segundo plano, canción emocionante pero que igual tendría que haber profundizado en algunas de las rimas. En ‘Los locos son ellos’ comienzan con la voz del cantaor Manuel Molina y es un tema muy diverso y complejo que en algunas ocasiones parece perderse. ‘Vals de muchos’ es un medio tiempo en el que Ruiz frasea y el cierre es para la fantástica ‘La vieja banda’, un tema más festivo que rompe con el tono sombrío de buena parte del disco.

Ahora sólo nos queda volver a ver a La M.O.D.A. en directo, lo cual estamos esperando, para disfrutar de sus viejas canciones y de los nuevos temas, que estamos seguros que ganaran en vivo. La M.O.D.A. ha dado un paso natural, una apuesta complicada que les reafirma en su identidad. Nosotros seguiremos defendiéndolos en los debates que procedan porque no nos cabe duda que son una gran banda.

 

Neil Finn, ‘Out of Silence’

18 Nov

Siempre es una buena noticia la publicación de nuevo material de un músico de la talla de Neil Finn, uno de los escasos talentos que continúa creando melodías de pop atemporal desde mediados de los ochenta a través de sus diferentes proyectos. Tanto en solitario como junto a su hermano Tim (The Finn Brothers) o en su desaparecido proyecto estrella (Crowded House), y siempre soportando el peso creativo, Finn ha dejado muchas muestras de unas privilegiadas capacidad y sensibilidad, si bien lo ha hecho con una menor frecuencia de lo que hubieran deseado sus seguidores.

No exenta de riesgos, su agitada carrera no ha recuperado las cotas de popularidad de que disfrutara en los noventa, pese a lo cual ha seguido publicando discos de gran calidad e incluso abriéndose a la innovación como en su anterior trabajo ‘Dizzy Heights’ (coproducido en 2014 junto a Dave Fridmann), pero siempre asentado con firmeza en la edad dorada del pop británico de los sesenta y setenta, con especial querencia por los Beattles. Para este nuevo trabajo también ha optado por la originalidad, al menos en el método de grabación, ya que fue registrado en una única sesión, emitida a través de internet el pasado veinticinco de agosto en los estudios Roundhead que el propio Finn posee en Auckland. Apenas con su piano y la compañía de los coros y una sección de cuerdas, además de colaboraciones de amigos y familiares (con especial presencia de sus hijos Liam, en la coproducción, y Elroy), prescinde de la tecnología para sonar cálido y directo.

Los juegos vocales de Love is Emotional presentan el disco, romántica y suave da una idea de sus reglas; ausente la sección rítmica el piano y las cuerdas son afortunados protagonistas, elementos que comparte con la más ligera More than One of You, bellas ambas. Una preciosa línea de piano rige Chameleon Days, joya que Finn canta en falsete y que introduce una sutil percusión, a la que sigue Independence Day que destaca sobre piano y guitarra. Alone, cantada junto a su hermano Tim, recupera la íntima melancolía y Widow’s Peak la mantiene más despojada si cabe. El ritmo llega en Second Nature, con bajo y batería en primera línea y una elaborada orquestación que suenan de maravilla, para recuperar el piano y la intimidad vocal en The Law is Always on Your Side. Inspirada en el dolor por el atentado del Bataclan en noviembre de 2015, Terrorise Me suena cruda pero también bella y I Know Different cierra el disco en la misma línea de cálida desnudez que ilumina el conjunto.

Una potente lección de oficio y sensibilidad la que ofrece este veterano artista, un regalo que abruma por su sinceridad y riesgo y que sale triunfante con unas maravillosas canciones rebosantes de paz y cercanía. Pleno de instinto e inspiración, el neozelandés reactiva su carrera desde las reglas y los medios más clásicos del pop en su trabajo más personal, generoso y admirable.

Los Restos Del Concierto

Porque no todos oímos lo mismo