“Todos los raros fuimos al concierto”

01 Nov

javi-y-sergio-the-bandComo cantaban Love Of Lesbian en “Club de Fans de Jon Boy”, Sergio Andrés Cabello (Logroño, 1973) y Javier Castro Senosiain (Vitoria, 1973), son de los raros que fueron al concierto. En esta página, los dos autores disertarán sobre la música que más les gusta: rock, pop  rock, soul, etc. Siempre desde un prisma divertido y sin pretensión de sentar cátedra. Y sí, podéis llamarles “raros”, “freaks” e incluso “snobs”. “Porque no todos oímos lo mismo” (José Menéndez dixit)

Fotografía cortesía de Javi Muro (Spoonful Magazine)

Ryan Adams y su complicada relación con el amor

21 Ene

En estas semanas Ryan Adams ha anunciado que en 2019 publicará tres discos, recordando su 2005 con Cold Roses, Jacksonville City Nights 29. Son esos años en los que Ryan Adams se convertirá en uno de los máximos iconos del “Americana”, esa mezcla del Folk y el Country que marcaría buena parte de la primera década del siglo XXI. Adams, del que en Los Restos del Concierto somos muy seguidores, no paraba de publicar discos y de ir atesorando una discografía extensa y prolífica, irregular aunque con mejores momentos que peores. El disco que nos ocupa lo publicó en 2004 y estaba previsto inicialmente como dos EPs bajo el título de Love Is Hell, pero cosas de la discográfica se convirtió en un extenso largo de dieciséis canciones, yo tengo por aquí el primero que publicó en 2003 y luego ya pasó directamente al largo. Adams venía de un disco controvertido, el Rock N Roll (2003) donde se ponía muy guitarrero y se dejaba imbuir por sonidos dominantes en aquellos años, recordemos que Adams era buen amigo de los integrantes de The Strokes, y dejaba un poco de lado el intimismo y el pulso acústico, más presentes en el anterior Demolition (2002). Pues bien, Adams no tardaría muchos meses en dar salida a su Love Is Hell, recogiendo los dos EPs publicados prácticamente a la par que Rock N Roll, y el título lo dice todo, un Adams de nuevo desmenuzando cuestiones amorosas, como ya había hecho en su debut en solitario Heartbreaker (2000) y repetiría en su último trabajo hasta la fecha, el destacado Prisoner (2017) sobre su divorcio.

En Love Is Hell encontramos a un Ryan Adams melancólico y nostálgico, confirmando que estaba más cerca de Springsteen que de Dylan, y con sonidos en algunos momentos que hoy nos recuerdan a The War On Drugs, como en su anterior trabajo precisamente. Adams demuestra su capacidad aunque no es menos cierto que el disco se hace largo. Hay de todo pero priman las canciones de corte intimista y acústicas, pero también algunos medios tiempos ascendentes que están entre lo mejor de su discografía. El primer corte, “Political Scientist” es un tema que marca el tempo del disco, una canción in crescendo pero con bastante carga dramática. “Afraid Not Scared” es más acústica y del “Americana” aunque no deja la intensidad y la forma dramática al cantar. En “This House Is Not For Sale” acelera a través de una combinación de eléctricas y acústicas que funcionan. Y recupera del Rock N Roll la brutal “Anybody Wanna Take Me Home”, mi canción favorita de Adams, que la alarga y en la que prima la nostalgia con una letra maravillosa, sin olvidar la melodía del comienzo. En “Love Is Hell” hay un mayor peso para las guitarras eléctricas y tiene un punto al Springsteen de los ochenta, siendo una de las mejores canciones del disco, mientras que sorprende con una versión intimista de “Wonderwall” de Oasis, fraseando al comienzo incluso, desnudándola casi por completo.

No funciona tan bien “The Shadowlands”, a pesar de su tono atmósferico y su melancolía, aunque recupera el pulso con “World War” en la que vuelve a los sonidos del “Americana”. En “Avalanche” introduce al comienzo el piano y luego le mete una mayor intensidad pero en “My Blue Manhattan” no alcanza ese nivel, canta en falsete, y es una canción que se le queda un tanto coja, pecando incluso de una cierta grandilocuencia. “Please Don Not Let Me Go” es de nuevo muy del “Americana”, sonido más acústico, por momentos parece querer seguir la estela de Nick Drake, y toques Country en la guitarra. En “City Rain, City Streets” vuelve a presentar una canción muy menor, es un sonido de nuevo como ochentero pero mezcla numerosos elementos que no acaban de funcionar. En “I See Monsters” regresa al minimalismo y se apoya en una sutil sección de viento aunque no es una canción que tampoco cale. Pero, a pesar de un final un tanto fallido o menos inspirado, hay tiempo para otra joya como “English Girls Aproximately”, el toque Country – Folk para una canción redonda que te deja huella, con Marianne Faithfull a los coros. El cierre es para “Thank You Louise”, de nuevo muy acústica e intimista, y para “Hotel Chelsea Nights” en la que tienen más presencia las guitarras eléctricas, una canción que también tiene un punto experimental.

Sin darnos cuenta, Ryan Adams nos había conquistado otra vez con uno de sus discos más tristes (y tiene unos cuantos). Han pasado quince años de este Love Is Hell y sí que se puede observar que, en su conjunto, le sobran algunas canciones como hemos señalado, pero es un trabajo notable con grandes momentos que se disfrutan. Ahora esperamos los tres discos de este año que nos ha prometido Ryan Adams.

 

Zahara, “Astronauta”

18 Ene

Estaba Zahara apuntada en la lista de artistas a las que prestar atención, lo hemos comentado en no pocas ocasiones que se nos queda mucha gente en el tintero…Zahara estaba en esa lista y ha sido con su quinto trabajo, Astronauta, cuando nos hemos decidido. Hay que partir de que “Hoy la bestia cena en casa” nos pareció una canción tremenda, y la incluimos entre nuestras favoritas del año 2018. Zahara, que siempre ha llevado de forma firme las riendas de su carrera, ha creado un disco más ecléctico y con otras paletas de sonido, fundamentalmente electrónicas, que, dicen las crónicas, le confieren a este disco un tono diferente a su línea más habitual, centrada en temas costumbristas y cotidianos, con un punto más acústico, aunque también hay canciones de esas características en este notable Astronauta, trabajo también imbuido por cambios importantes en su vida como la maternidad. Grabado en Gales, el disco tiene algunos momentos muy significativos, y cuenta con la colaboración de Santi Balmes (Love of Lesbian) y de Miguel Rivera (Maga). Y también hay que destacar el cuidado diseño y presentación del disco, una gozada.

El comienzo es la instrumental y ambiental “Astronauta 2049” que da paso rápidamente a la interesante “David Duchovny”, una canción con sonidos electrónicos y con unos teclados muy ochenteros, con una letra curiosa que también podría calificarse de naif pero que funciona. “Guerra y paz”, en la que colabora Balmes, es una canción tremenda, con un Balmes en un segundo plano, una canción emotiva y nostálgica que es llevada al terreno de la épica. El comienzo del disco sigue en buen nivel con la notable “El fango” que gana con las escuchas y en la que regresa a los sonidos más electrónicos y en la que destaca la letra. Miguel Rivera compone y participa en “Big Bang”, una canción más compleja y con recovecos, también gana con las escuchas, y el juego de voces también es muy atractivo, con un final en el que de nuevo se escora hacia la épica. En “Bandera blanca” se agarra de nuevo a sonidos muy vinculados a los ochenta, ese juego entre guitarras y sintetizadores que contrasta con el intimismo de canciones anteriores.

“Multiverso” es muy emotiva y emocionante, una letra muy cuidada y que habla de una trayectoria vital, con una producción muy cuidada. Y “Hoy la bestia cena en casa” es una barbaridad, una canción tremendamente adictiva con ese estribillo y con una letra con cargas de profundidad, tema compuesto junto a Martí Perarnau (Mucho), con esos sonidos electrónicos y discotequeros. El tramo final del disco se basa en canciones intimistas y minimalistas en los que regresa a letras más costumbristas, comenzando por “El diluvio universal” que es una canción que a mí me deja un tanto frío, aunque tiene un cierre de nuevo épico. A continuación llega interesante “Adjunto foto del Café Verbena” donde recoge escenas cotidianas y se cierra con la canción que dedica a su hijo, “El astronauta”, una canción más introspectiva.

El nuevo trabajo se complementa con la edición especial acompañada de un disco de rarezas, titulado Alienígena, con temas y colaboraciones interesantes. Un notable trabajo de Zahara que se disfruta y que gana con las escuchas, aunque “Hoy la bestia cena en casa” entra desde la primera escucha.

 

Jon Spencer, “Spencer Sings the Hits”

16 Ene

Como consecuencia y demostración de la arrolladora personalidad de su líder baste comprobar que la Blues Explosion suena a Jon Spencer y este suena a la Blues Explosion, viniendo a ser lo mismo pero por separado. Rondando los treinta años de recorrido junto sus compañeros Judah Bauer y Russell Simins (cuatro desde su última referencia) el bueno de Spencer decidió el año pasado estrenarse en solitario, para lo que escogió parecidos mimbres pero con diferentes nombres. Con el fin de refrescar su sonido decidió teñirlo con una suave electrónica de la mano de una nueva sección rítmica compuesta por los sintetizadores de Sam Coomes (Quasi) y la batería de M. Sord y el resultado son estas once buenas canciones que funcionan sin diferir en exceso de lo que venía haciendo hasta ahora: enfangado y austero, rítmico y groovy, contagioso y retador.

Superados los cincuenta años sigue recurriendo a la distorsión para oscurecer la atmósfera desde el principio, como con Do the Trash Can, e introduce los sintetizadores a continuación en Fake, siniestra y desnuda desde el riff inicial. Dan un paso adelante las guitarras en Overload, más Blues Explosion, sucia y excitante antes de recuperar los ritmos sintéticos con Time 2 Be Bad. También suena tenebrosa Ghost, al igual que la más directa y acelerada Beetle Boots. Infecciosas y groovies tanto Hornet como Wilderness (más contundente la segunda) antes de dos muestras simples y efectivas como Love Handle y I Got the Hits. Para acabar agita el conjunto con el enredo potente y oscuro de Alien Humidity antes de echar el cierre sin complicaciones y a un buen nivel con el blues Cape.

De inconfundible sello, una vez más Jon Spencer contagia su ritmo y su actitud en un viraje menor de su carrera cuyo resultado vuelve a verse acaparado por su desbordante personalidad interpretativa, tanto a la guitarra como en esos inconfundibles gritos y dicciones. No da lugar a la sorpresa, quien le busca le encuentra y, aunque cambie de nombre y pretenda sonar algo más sintético, sigue exudando ese blues empapado de calle con el que creó escuela en los noventa y que aquí prolonga su recorrido natural bajo parecidas señas.