“Todos los raros fuimos al concierto”

01 Nov

javi-y-sergio-the-bandComo cantaban Love Of Lesbian en “Club de Fans de Jon Boy”, Sergio Andrés Cabello (Logroño, 1973) y Javier Castro Senosiain (Vitoria, 1973), son de los raros que fueron al concierto. En esta página, los dos autores disertarán sobre la música que más les gusta: rock, pop  rock, soul, etc. Siempre desde un prisma divertido y sin pretensión de sentar cátedra. Y sí, podéis llamarles “raros”, “freaks” e incluso “snobs”. “Porque no todos oímos lo mismo” (José Menéndez dixit)

Fotografía cortesía de Javi Muro (Spoonful Magazine)

Exquirla, ‘Para quienes aún viven’

27 Mar

Para quienes aún viven de Exquirla se ha convertido en uno de los discos que más me ha impactado de lo que va de año. Y es que no puede dejar indiferente la unión de Niño de Elche y Toundra, dos propuestas que beben de diferentes fuentes pero que aquí se unen en un explosivo, intenso, épico y emocionante trabajo. Comparado desde el minuto uno con el clásico Omega (1996) de Enrique Morente y Lagartija Nick, aunque también se señala que no está en ese nivel superlativo, sí que es una unión de nuevo entre un cantaor, muy heterodoxo eso sí, como es Niño de Elche, y una banda instrumental de Rock – Metal progresivo como son Toundra. Si el primero alcanzó mayor visibilidad con el disco Voces del extremo (2015), los segundos se consolidaron con (IV) (2015). En Para quienes aún viven se han basado en la épica, contundente y reivindicativa poesía de Enrique Falcón, concretamente en su reconocida obra La Marcha de los 150.000.000 (2009), un llamamiento al estado de las cosas con un fuerte componente ideológico. Pasión, sentimiento, épica y angustia es lo que podría definir este sobresaliente disco con un Nicho de Elche que muestra su poderío y se mece en una base instrumental a cargo de unos Toundra que adoptan un papel secundario, lo cual no quiere decir que no sean fundamentales y que sus texturas no te dejen huella, al contrario. Temas épicos, la mayoría superando los ocho minutos e incluso los diez, pero que no se hacen largos.

‘Canción de E’ comienza con el recitado del propio Falcón a la par que el fondo instrumental va subiendo en intensidad, la que piden unos versos soberbios y ese ‘E comió por fin tierra’ se te queda clavado con fuerza y a mitad de la canción, Falcón da paso al lamento de Niño de Elche, un preludio de lo que vendrá a continuación y esas guitarras del final con una base rítmica poderosa. ‘Destruidnos juntos’ se enlaza directamente con ‘Canción de E’, lo que da una sensación de continuidad, una canción más melódica pero sin bajarse de la épica en ningún momento gracias a esa batería y a esas guitarras, y que alcanza el clímax al final en una última estrofa fascinante. ‘Hijos de la rabia’ es un tema más ecléctico, poderoso, donde el poema avanza en un listado de lugares que suenan lejanos y termina con ese llamamiento, ‘Avanzad con nosotros, hijos de la rabia’, que da lugar a uno de los momentos instrumentales más bellos de todo el disco para girar de nuevo hacia esa potencia de la última estrofa ya señalada. Como un breve interludio funcionaría ‘Interrogatorio’ pero con unos versos muy expresivos, siguiendo la tónica del disco.

La piel de gallina se te pone con ‘El grito del padre’, un breve poema que tiene una entrada instrumental larga y que, cuando entra Niño de Elche, estremece con la contundencia de unos pocos versos y una interpretación por su parte llevada al límite y que contrasta con una contención instrumental, dotándole de una gran personalidad a la canción, hasta que Toundra elevan la tensión. Emocionante, minimalista y acústica es ‘Contigo’, que da paso a un final demoledor, más de veinte minutos repartidos entre dos temas. El primero, ‘Un hombre’, tremendísimo poema, épica y emocionante, un tema que ya en la primera escucha te ha dejado noqueado, una letra que ya con el verso ‘Un hombre está muriendo y no hace ruido, un hombre’, lo dice todo, una denuncia de la sinrazón que Exquirla llevan todavía más lejos especialmente en el final. Y, para concluir, siguen esa misma línea con la estremecedora ‘Europa muda’, otro poema durísimo y de denuncia con referencias a Sarajevo, con versos tan impactantes como ‘Devolved el cadáver a mis hijos, El cadáver de mis hijos a la madre, La madeja de mi niño partido en dos’, y que tiene dos partes bien diferencias, una primera muy enérgica y potente frente a una segunda al servicio de unas estrofas durísimas y desgarradoras, con un sonido más acústico y contenido que sirve de nuevo como contraste hasta que al final del tema la épica se corona de nuevo.

En fin, no puedo dejar de escuchar este soberbio Para quienes aún viven, a pesar de su dureza. Se ha señalado que no es el Omega y que, en ocasiones, a Niño de Elche no se le entiende bien, pero no tengo la primera referencia y lo segundo no lo he detectado. Yo lo recomiendo a todo el mundo, uno de los discos del año.

 

The Shins, ‘Heartworms’

24 Mar

No sería justo ni realista esperar que esta quinta entrega de la banda de James Mercer reeditara la frescura y la inmediatez de sus dos primeras y enormes obras, por ello quien lo escuche con esa esperanza puede resultar defraudado. El tiempo ha pasado y la realidad de la banda ha cambiado mucho; ahora es un proyecto unipersonal y con los años su sonido se ha ido templando e innovando  con medida sin alterar sus rasgos principales. Las melodías vitales y soleadas se conservan en unas canciones que no se desmarcan todo lo que cabía esperar de sus precedentes, si acaso son algo menos densas que las de ‘Port Of Morrow’ (2012), y puntualmente recuperan el empuje de sus mejores momentos.

Por primera vez Mercer se ocupa en solitario de la producción, además de firmar todas las canciones como ya venía haciendo, y de esta forma tiene la oportunidad de tratarlas de un modo más personal, especialmente en la temática (su familia, sus problemas de ansiedad…), porque en cuanto al sonido no hay demasiadas variaciones con respecto a lo que venía haciendo en sus dos últimos trabajos. La electrónica ochentera se abre paso con timidez en detrimento del habitual protagonismo absoluto de las guitarras, los ritmos exóticos aportan color y animación y en el horizonte se mantienen los Beach Boys y la New Wave como principales referentes.

Con Name For You se abre el disco de forma radiante y tropical e introduce los sintetizadores que con mayor insistencia sonarán en la oscura y potente rítmica de Painting A Hole. Cherry Hearts se sirve de una electrónica básica hasta que estalla el colorido pop en el estribillo antes de que Fantasy Island ponga la pequeña pausa sin alejarse de la melodía. En Mildenhalls recupera los sonidos más orgánicos y se aproxima con tino al country y en Rubber Ballz mantiene el medio tiempo sin sobresaltos aunque algo más electrificado.

Lo mejor del disco comienza con Half A Million, de enérgica electrónica, un hit en potencia. Le siguen dos temas que remiten a los orígenes de la banda: la frescura de Dead Alive culmina con mucho ritmo y Heartworms suena pegadiza, especialmente su logrado estribillo. Ya editada en 2014 para la banda sonora de la película de Zach Braff ‘Wish I Was Here’, So Now What suena onírica, sedosa y algo más intensa, antes de culminar en la misma línea con The Fear, más clásica y con mayor calidez.

Un buen y animoso disco por tanto este regreso tras cinco largos años que, aunque alternando momentos brillantes con otros menos inspirados, deja un buen sabor de boca y demuestra que Mercer sigue siendo un maestro en el “pequeño” arte de alumbrar piezas de pop-rock.

‘Héroes del Blues, el Jazz y el Country’ de Robert Crumb

22 Mar

Algunas publicaciones son delicias o podríamos decir que son delicatessen, y es el caso de la que nos ocupa: Héroes del Blues, el Jazz y el Country (Nórdica, 2016) del gran Robert Crumb, el ilustrador e icono del cómic underground norteamericano. El amigo Sergio Pérez de Heredia me sorprendió con este fantástico regalo al que, por motivos de agenda, me ha costado llegar pero que he disfrutado con pasión. Esta obra nos presenta una serie de ilustraciones de Crumb, con su característico e inconfundible estilo, de pioneros del Blues, el Jazz y el Country en las primeras décadas del siglo XX en Estados Unidos. Los dibujos de Crumb tienen una fuerza inusitada, también fruto de su pasión por la música, y ven acompañados de unas breves reseñas, que en algunas ocasiones son meras descripciones de unas páginas, y que sin duda proceden de su origen como cuenta en la ‘Introducción’ el director de cine Terry Zwigoff, y es que estas ilustraciones estaban pensadas para funcionar como cromos. Realizadas a comienzos de la década de 1980, Crumb se basó en las fotografías de la época de estos pioneros aunque Zwigoff insiste en que lo que marcó a Crumb fue la música de esos viejos discos de 78 r.p.m. La obra nos presenta a numerosas figuras de esos momentos primigenios del Blues, el Jazz y el Country y, a pesar de la brevedad de los textos, quedan marcadas numerosas diferencias. Los orígenes del Blues y las variables que le determinan, el peso del Sur y la omnipresencia, obviamente, de la guitarra. El Jazz y su componente mucho más urbano y sofistificado, donde hay espacio para mitos como Louis Armstrong y ‘Duke’ Ellington. Y, para mí el más conseguido, capítulo dedicado al Country, donde la grandísima mayoría son conjuntos, blancos, muy familiares, y con una fuerte presencia rural que, en no pocas ocasiones, suponía un componente estigmatizador. Y es que, en este apartado, los autores se detienen un poco más en las explicaciones y contextualizaciones de numerosos conjuntos, incluso especificando los orígenes por estados y zonas, que todavía mantienen vínculos con la tradición de los primeros colonos (esos montes Apalaches), en el uso de algunos instrumentos, el banjo es central pero también el violín, y cómo muchas de estas formaciones quedan en un gran olvido, como los músicos de Blues. Sin embargo, no ocurre lo mismo con los del Jazz que harán carrera en orquestas propias o en las más destacadas de la década de los veinte como la Creole Jazz Band de King Oliver. Consecuencia de la época, no hay una gran presencia femenina, apenas en el Blues y el Jazz, creo que dos casos, pero más extendida en el Country aunque también es cierto que en un rol secundario formando parte de los conjuntos. Además, también queda evidente una segregación étnica. Y, de regalo, un CD que veintiún temas originales de la época elegidos por el propio Crumb. Una historia fascinante, no cabe duda y, cuando estás leyendo la parte del Blues y, especialmente la del Country, no puedes dejar de recordar la fantástica Oh Brother! (2000) de los Hermanos Coen y la música de T-Bone Burnett, que captura esa época.

Los Restos Del Concierto

Porque no todos oímos lo mismo