«Todos los raros fuimos al concierto»

01 Nov

javi-y-sergio-the-bandComo cantaban Love Of Lesbian en «Club de Fans de Jon Boy», Sergio Andrés Cabello (Logroño, 1973) y Javier Castro Senosiain (Vitoria, 1973), son de los raros que fueron al concierto. En esta página, los dos autores disertarán sobre la música que más les gusta: rock, pop  rock, soul, etc. Siempre desde un prisma divertido y sin pretensión de sentar cátedra. Y sí, podéis llamarles «raros», «freaks» e incluso «snobs». «Porque no todos oímos lo mismo» (José Menéndez dixit)

Fotografía cortesía de Javi Muro (Spoonful Magazine)

Ezcary Fest suena a Rock

22 Jul

Ezcaray (La Rioja), Ezcaray Fest 2019, 19 – 21 de julio de 2019

Llegaba la tercera edición del Ezcaray Fest y lo hacía con una importante novedad, la primera jornada se convertía en gratuita y pasaba al Parque Tenorio de la localidad. Por otro lado, Ezcaray Fest colgaba el «todo vendido», todo un logro en los tiempos que corren y en todos los debates que se generaran alrededor de los festivales. En esta ocasión, Ezcaray Fest apostaba claramente por el Rock ‘N’ Roll con un cartel con una línea muy clara, lejos del eclecticismo generalizado en los festivales. En Ezcaray, lo que iba a sonar eran las guitarras (de hecho, no hubo un teclado en el escenario principal los dos días, y no tengo nada contra los teclados, al contrario). Voz, guitarra, bajo y batería, en eso se basó el Ezcaray Fest, y en actitud y autenticidad rockera con unos destacados protagonistas, unos Berri Txarrak que regresaban a Ezcaray tras haber estado presentes en la primera edición de 2017 y que están en una exitosa gira de despedida. Sin duda alguna, ese fue el principal reclamo para acabar con el papel para el sábado 20 de julio, con una nutrida presencia de público procedente de Euskadi. Y es que las camisetas de Berri Txarrak se dejaron ver desde el día 19, aunque no fueron las únicas. El Ezcaray Fest no bajó el pistón desde el minuto 1, cuando Garbayo se subió al escenario del Parque Tenorio, y ya fue un no parar. Esta es nuestra crónica de la tercera edición del Ezcaray Fest, al que estamos abonados desde sus comienzos, y que dejó un gran sabor de boca, por seguir tirando de tópicos, habiendo dejado el listón muy alto, otro más, para una cuarta edición que ya ha sido anunciada para el año que viene.

Como decíamos, los programadores habían apostado claramente por sonidos guitarreros, en un cartel homogéneo y que no dejaba apenas resquicios para lo que no fuesen las guitarras eléctricas. El viernes por la tarde, el Parque Tenorio, escenario de tantos conciertos del festival de Jazz de la localidad, acogía una jornada gratuita con un cartel de altura. Siempre es un «marrón» el ser el primero en estas lides, y le tocó el turno a Garbayo que ha comenzado carrera en solitario con su recomendable Sonido forestal donde también abunda el Power Pop. A medida que la tarde iba cayendo, el público iba ocupando los huecos del Parque Tenorio mientras Garbayo y su banda iban desgranando las canciones de su disco, algunas de Zodiacs y versiones de Pistones con la mítica «El pistolero» y una muy sentida y arrebatada «You’re Gonna Miss Me» de los 13th Floor Elevators del desaparecido Roky Erickson. A continuación le llegó el turno a Los Deltonos, otro de los principales reclamos del festival. Con disco nuevo también esta temporada, Fuego, los cántabros liderados por el incombustible Hendrik Röver tiraron de oficio para un concierto poderoso con un Parque Tenorio ya prácticamente a rebosar. Sonidos del Blues Rock para una noche calurosa que convencieron a cargo de una de las bandas más míticas del panorama nacional. Y el cierre fue para los bilbaínos Los Brazos, los más desconocidos del cartel, pero que acabaron convirtiéndose en protagonistas. El trío realizó un concierto enérgico a más no poder como un colofón a una noche que era un anuncio de lo que vendría el sábado.

El sábado 20 tocaba el turno al mediodía para la Plaza de la Verdura en la que comenzaron The Crab Apples que mostraron el lado más Pop del festival. Hacía ya un calor importante cuando llegó el turno de los riojanos Messura, una banda de la que se espera mucho y que congregó a un importante número de seguidores. Allí estábamos también para verlos por primera vez en nuestro caso y nos convencieron con su sonido más épico, con un Diego M. Continente y compañía lanzados. Hay ganas de su primer disco largo para el que no queda mucho, será el 4 de octubre cuando se publique Animal.

Para entonces, Ezcaray ya era un hervidero de fans de Berri Txarrak. Quedaban pocas horas para una tarde – noche que se antojaba histórica. Los valencianos Los Zigarros, que también contaban con bastantes seguidores y seguidoras a tenor de las camisetas que se veían, fueron los encargados de abrir una tarde que ya contaba con una buena presencia de público. Los Zigarros, que presentaban Apaga la radio, tiraron de repertorio y actitud rockera para un concierto muy entretenido y divertido, que no bajó el ritmo en ningún momento. Tarque venía junto a Carlos Raya a presentar las canciones de su disco. Es Tarque una de las mejores voces del Rock español y demostró que por él no pasan los años. Basando su concierto en las canciones de su disco de debut homónimo, con algunas versiones (electrizante el «Come Together» de The Beatles) y sin necesidad de tirar del repertorio de M Clan, Tarque hizo un gran concierto. Y llegó el turno para Berri Txarrak. Los navarros se están despidiendo con esta gira, hace una semana metieron 20.000 personas en Kobetamendi en Bilbao, y el Power Trío formado por Gorka Urbizu, Galder Izagirre y David González cumplió con creces en Ezcaray. Fue un concierto brutal, de una intensidad sonora que superó a su primera visita en 2017. Con un público entregado, hay que estar muy desconectado del momento para abstraerse de su música, Berri Txarrak descargaron toda su carga y furia en uno de los conciertos del año. El cierre de la jornada no le fue a la zaga con los suecos The Baboon Show que, bajo una fina llovizna nocturna, mantuvieron la potencia rockera para los que aguantaron hasta el final.

Éxito para la tercera edición del Ezcaray Fest que volverá en 2020. Gran acierto en el cartel y un público entregado que ya estará esperando y especulando con los nombres que darán forma al del año que viene, aunque todavía queda mucho tiempo.

«Born in the U.S.A.» o un Springsteen desatado

19 Jul

Semanas y semanas de debates y polémicas sobre el nuevo disco de Bruce Springsteen, que llegará a Los Restos del Concierto, y por el camino uno de sus grandes hitos, Born in the U.S.A., cumple treinta y cinco años. Para muchas personas de mi generación, fue este el primer disco o la primera imagen que tenemos y asociábamos a Springsteen. Y también es un disco icónico de los ochenta. La portada, la bandera de Estados Unidos y la canción «Born in the U.S.A.», junto con los vídeos del disco con una MTV dominante, no se pueden disociar de su trascendencia. Y un disco capital, con grandísimas canciones, aunque con los «vicios» de la producción ochentera y con un giro en el rumbo de Springsteen y la E Street Band. No pocos cambios y los que vendrían en el horizonte. ¿Dónde estábamos?, Springsteen ya era una figura consagrada con una discografía de siete discos con cimas como Born to Run (1975) y su épica; las sombras del sueño norteamericano con Darkeness on the Edge of Town (1978), The River (1980) y el desnudo y angustioso Nebraska (1982). Con estos mimbres, Springsteen estaba en un punto de inflexión y lo daría con un salto cuantitativo con Born in the U.S.A. (1984) que vendería millones y millones de discos. Primero había un cambio físico, Springsteen se mostraba más musculado, y segundo jugaba con una iconografía norteamericana que no había estado tan presente, lo que sirvió para la confusión, y fue utilizado por ello. Es decir, sobre un fondo musical mucho más dinámico y acelerado, buena parte de su discurso seguía estando allí, el de la norteamerica de clases trabajadoras, aunque también más aspectos. Uno de los cambios más importantes de esa época es la salida de la E Street Band de Steve Van Zandt, la mano derecha de Springsteen. Little Steven se iba para emprender carrera en solitario y su puesto encontraba un sustituto de altura en el gran Nils Lofgren. Además, también se iba a incorporar Patti Scialfa, hecho trascendental en el futuro a medio plazo por su futura relación. En todo caso, la baja de Van Zandt también era vista como un cambio de ciclo, aunque había participado en la grabación del disco. Como decíamos, las ventas de Born in the USA fueron mayúsculas, casi veinte millones en todo el mundo y número 1 en el Billboard por primera vez en su carrera. Está claro que Springsteen tocó la tecla adecuada, siendo un disco del que se extrajeron hasta siete singles de sus doce canciones. En contra, esa producción que va darle un nuevo protagonismo a los sintetizadores, y que corrió a cargo de Jon Landau, Chuck Plotkin y los propios Springsteen y Van Zandt.

Escribir del Born in the U.S.A. es hacerlo de un disco del que buena parte de sus canciones están en el imaginario colectivo, canciones que no han dejado de sonar. De hecho, no son pocas las personas que identifican a Springsteen con este disco y su ya señalada icónica portada en la que juegan con diferentes elementos que reflejan las contradicciones de Springsteen, aunque no sea a primera vista. Si ya comienzas con «Born in the U.S.A.», canción épica y con producción ochentera debido a la presencia de los sintetizadores y con una batería de Max Weinberg poderosa, sin olvidar a un Springsteen desgañitándose, pues estás poniendo el listón muy alto. Una canción que puede estar «quemada» de las veces que se ha podido escuchar y que tuvo su controversia con una letra que se mostraba crítica con la situación con la que se encontraban los veteranos de la guerra de Vietnam, aunque fue entendida de forma diferente por los que quisieron ver un himno patriótico, tampoco sorprendente en un contexto como el de los ochenta. «Cover Me» es una canción con claro sonido de los ochenta pero con unas guitarras destacadas, un tema que rebaja el tono con respecto al inicio del disco. «Darlington Country» es una canción de celebración, que cuenta con todos los elementos festivos de Springsteen y la E Street Band, esos coros, el órgano, etc. Y «Working on the Highway» aborda una de las temáticas favoritas de Springsteen, la clase trabajadora y su alienación, con una música que tira hacia el Country pero matizado por los sonidos de los ochenta, con esos sintetizadores muy presentes. «Downbound Train» tiene un tono más oscuro y melancólico, es una canción Rock pero Springsteen cambia la forma de cantar y los sintetizadores ahondan en el tono crepuscular, apareciendo de nuevo las temáticas habituales de Springsteen, en este caso el amor y el desamor pero con la cuestión laboral y de clase trabajadora como marco, y en este caso el ferrocarril, habitual del cancionero norteamericano, todo un guiño de Springsteen. «I’m On Fire» sigue en esa línea introspectiva, es la canción más intimista y minimalista del disco, incluso podría haber entrado en Nebraska por el tono.

La segunda parte comienza con la imprescindible «No Surrender», canción de corte comunitario, aludiendo a «brothers» y demás que son también un lugar recurrente en sus temáticas, y con un sonido fantástico. «Bobby Jean» es una de las grandes canciones del disco, una locura que es una celebración de la amistad, en este caso vinculada a la partida de Little Steven de la banda, y que vuelve a insistir en ese espíritu comunitario que decíamos antes y en los vínculos que se generan entre las personas. Una canción sobre la amistad, una letra muy emocional y un tono diferente al del conjunto del disco. «I’m Goin’ Down» es un medio tiempo ascendente que se basa en la forma de cantar de Springsteen, encuadrada en una temática sobre relaciones amorosas y sexuales. «Glory Days» es otra de las cimas del disco, tiene ese punto festivo de la E Street Band, destacando la presencia de los teclados y los coros, y con otra letra que encaja en el universo simbólico, la mirada al pasado y los buenos momentos vinculados al deporte, en este caso al béisbol, pero con la frustración de no haber llegado a la meta deseada, otra constante en las temáticas de Springsteen. El final del disco va llegando con la soberbia «Dancing in the Dark», otro clásico con todos los ingredientes de Springsteen y la E Street Band, con un punto Pop imprescindible. Y el cierre es para la emotiva «My Hometown» en la que Springsteen entra en la melancolía con el homenaje a su ciudad, Freehold (New Jersey), y de paso en parte a su padre, una canción de nuevo crepuscular que supone un cierre perfecto para el disco.

Bruce Springsteen y la E Street Band crearon un disco imperecedero y atemporal, a pesar de que siempre remitirá por su producción y su iconografía a los años ochenta. Aunque Springsteen se desata, no deja de retratar el sueño americano y sus contradicciones, sus fracasos, siendo lo interesante que lo haga él, un tipo que lo ha logrado, y parece sentirse culpable por ello, como seguirá reflejando en su trayectoria, con más o menos acierto, y se transmitía en su autobiografía. Puede que esta fuese la última cima de Springsteen en su discografía, luego todo ha sido más irregular, con momentos bajos, otros en los que parecía recuperarse y algunos aciertos. Pero las canciones de Born in the U.S.A. permanecen y son habituales en sus mastodónticos conciertos. En las próximas semanas entraremos a analizar el reciente y controvertido Western Stars, que obviamente no es lo mismo.

Carolina Durante, «Por Carolina Durante»

18 Jul

Que me guste un grupo como Carolina Durante, alejado generacionalmente una barbaridad de mi edad (podrían ser mis hijos), me lleva a varias reflexiones. No sé si es que hay una línea de continuidad entre determinadas angustias juveniles que no se acaban nunca o si forma parte de esa posmodernidad y de ese mundo líquido procrastinador, por no hablar de un «peterpanismo» en el que es seguro que no me reconozco. En fin, que lo que importa es la música, y el debut de Carolina Durante, Por Carolina Durante, es un disco que funciona. Los madrileños han recibido generalmente parabienes aunque también se atisban ya algunas críticas, algunas vinculadas a sus directos. Carolina Durante se pusieron en el mapa con esa lectura sociológica que era «Cayetano» (totalmente de acuerdo con Javier Sádaba), y luego siguieron singles como «El himno titular», «Perdona (Ahora sí que sí)» en la que participaba Amaia, etc. Carolina Durante cogían la bandera de un Punk Rock, por momentos desenfadado, que se vinculaba a «la Movida» y a formaciones como Los Nikis. Pero, de fondo, había un relato generacional, guste o no guste, un retrato de parte de los y las jóvenes españoles de clases medias urbanas (y seguro que aquí les dan caña). Además, el single «Cayetano» y el tono de voz de Diego Ibáñez les hizo ser etiquetados como «Pop pijo», en la línea de Taburete, pero tampoco creo que vaya por ahí. En definitiva, cuando Carolina Durante anunciaron su disco de debut también tomaron la decisión de no publicar en el disco ninguno de sus singles anteriores. Una medida arriesgada y valiente, además de contar con adelantos como «Joder, no sé» y «Las canciones de Juanita». Por Carolina Durante no se sale de las vías marcadas, canciones urgentes y rápidas, guitarras Punk a cargo de Mario del Valle, ribetes Pop y letras que van de la cuestión generacional ya señalada a otros ámbitos más vinculados a la cuestión sentimental. Canciones con estribillos coreables que se quedan grabados y adictivas.

Ya comienzan fuerte con la señalada «Las canciones de Juanita», tema en el que tiran de épica y de angustia generacional, aunque la mirada nostálgica es relativa aunque todos la hemos tenido a esa edad también. Es una de las letras más conseguidas del disco y ese comienzo con «La banda sonora de nuestras vidas» no puede dejar indiferente. En «Cementerio» meten unas guitarras más Punk y la letra es más superficial pero también interesante. En «El año» toma protagonismo el bajo de Martín Vallhonrat y tiene un punto mucho más melódico con una letra que tampoco te deja de lado. «Buenos consejos, peores personas» coge el hilo anterior pero luego acelera, con un estribillo brutal. Y «KLK» es una canción de desamor muy Punk en la que Ibáñez canta con mucha fuerza y rabia.

La segunda parte se inicia con una «Joder, no sé» que es una de las mejores canciones de los madrileños. Himno generacional que transmite un nihilismo que se ha instalado en parte de la juventud española, y que tiene varias lecturas. En «Nuevas formas de hacer el ridículo» toman sonidos más ochenteros, ese bajo Post Punk y una batería de Juan Pedrayes que nos remite a «la Movida», y con una letra que ha sido interpretada como una pulla a Mikel Izal, aunque luego se han dado otras explicaciones, aunque parece que va más hacia una crítica a las Redes Sociales. En «Falta sentimiento» casi se van a los cuatro minutos, es una canción más dura que se sale del tono del disco, más oscura, y con Ibáñez desgañitándose. Con respecto a «Cuando niño», adoptan un tono de Pop naif que hasta entonces no había estado presente a lo largo de las canciones anteriores, aunque tampoco parece que quieran jugar a ser irónicos. El cierre es una apuesta por la épica, «El perro de tu señorío», es la canción más larga del disco y en la letra vuelven a tomar partido por el presentismo y una cierta angustia generacional.

Sé que es posible que a Carolina Durante los tachen de superficiales, que representan a una parte delimitada de la juventud española, etc., pero han hecho un disco a tener en consideración. El año pasado también nos encantó el debut de los valencianos La Plata, más oscuros, y Carolina Durante podrían encuadrarse en esta línea pero dando un salto. No sabemos dónde llegarán Carolina Durante pero, de momento, con Por Carolina Durante nos han ganado.