“Todos los raros fuimos al concierto”

01 Nov

javi-y-sergio-the-bandComo cantaban Love Of Lesbian en “Club de Fans de Jon Boy”, Sergio Andrés Cabello (Logroño, 1973) y Javier Castro Senosiain (Vitoria, 1973), son de los raros que fueron al concierto. En esta página, los dos autores disertarán sobre la música que más les gusta: rock, pop  rock, soul, etc. Siempre desde un prisma divertido y sin pretensión de sentar cátedra. Y sí, podéis llamarles “raros”, “freaks” e incluso “snobs”. “Porque no todos oímos lo mismo” (José Menéndez dixit)

Fotografía cortesía de Javi Muro (Spoonful Magazine)

Chris Stapleton, ‘From a Room – volume 2’

21 Ene

Segundo disco en apenas medio año de este talentoso artista norteamericano que, tras su exitoso salto a la primera línea del country con su debut (‘Traveller‘, 2015) después de años componiendo para otros, continúa deslumbrando con su poderío vocal y su efervescencia creativa. De nuevo firma casi todas las canciones (coescritas la mayorías de ellas) de esta continuación del ‘From a Room – Volume 1‘ que publicara en mayo del pasado año para completar una uniforme colección de canciones, en general más íntima y austera que en su debut, pero igualmente efectivas y brillantes.

De nuevo producido junto a Dave Cobb, vuelve a beber de las más variadas fuentes de la música norteamericana para componer este rico muestrario cosido con buen pulso a base de ricas guitarras y derroche vocal. Lenta pero firme Millionaire abre el disco desde una tradición puesta al día tras la que Hard Livin’ introduce unas guitarras más ligeras y de mayor dureza. El ritmo country más evidente aparece en Scarecrow in the Garden, un medio tiempo contundente que precede al blues pesado y lleno de emoción e interpretado con desgarro de Nobody’s Lonely Tonight y al también efectivo blues-country de Tryin’ to Untangle My Mind. Una cálida y suave balada como A Simple Song da paso al subidón eléctrico que carga el estupendo riff de Midnight Train to Memphis antes del cierre a lomos del blues pesado e íntimo (guitarra y voz) con Drunkard´s Prayer y el medio tiempo también bluesero y melódico de Friendship.

Acompañado en los coros por su esposa Morgan y arropado por una modesta banda, vuelve sin hacer ruido este vaquero de Kentucky a hacer una demostración de su rico bagaje musical y de la sabia fórmula de la que resulta su música tradicional a la vez que actual; sin duda uno de los artistas más interesantes del country último.

Cuando The Cranberries llegaron arriba y la nostalgia de los 90

17 Ene

De nuevo las Redes Sociales el medio a través del que nos llega el fallecimiento de Dolores O’Riordan, cantante del grupo irlandés The Cranberries, una de esas bandas que siempre asociaremos a los noventa. O’Riordan contaba con cuarenta y seis años y, en el momento de escribir estas líneas, no se conocen todavía las causas de su muerte. Tengo que reconocer que me ha sorprendido la repercusión del fallecimiento de O’Riordan. Obviamente, no niego que en los noventa tuvieron su momento pero desde los comienzos del siglo XXI eran una banda que, aunque seguía funcionando, estaban en un muy segundo plano, así que entiendo que también hay un peso a la nostalgia de esa juventud que hace tanto que dejamos atrás. Yo mismo tengo en mi estantería varios CDs de The Cranberries pero hace más de una década que no los ponía, la verdad. Sin embargo, no es menos cierto que la posición de The Cranberries es curiosa. Salieron cuando nos habíamos metido en todo el rollo de lo ‘independiente’ y lo ‘alternativo’ y los irlandeses sonaban guitarreros, en parte porque también había tiempos medios, pero también encajaban en unos gustos más eclécticos. Cuando triunfaron, 1994 – 1995 como veremos, les pilló el BritPop pero allí no podían encuadrarse. Tuvieron discos y singles de éxito pero no contaron con el beneplácito de la crítica. Así que nos ponemos a repasar su trayectoria como homenaje también a O’Riordan.

The Cranberries se habían formado a finales de los ochenta y estaban liderados por una Dolores O’Riordan que no sólo era el icono del grupo sino que llevaba el peso compositivo, especialmente en las letras pero también en la música junto al guitarrista Noel Hogan. Eran acompañados por el bajista Mike Hogan y por el batería y por el guitarrista Fergal Lawler. Su primer disco salió en 1993 en un sello como Island y llevó por título Everybody Else Is Doing It, So Why Can’t We?. Como carta de presentación no estuvo mal aunque su repercusión se centró fundamentalmente en las Islas Británicas siendo número 1 en Reino Unido e Irlanda y alcanzando un meritorio puesto 18 en el Billboard de Estados Unidos. La voz de O’Riordan era muy potente y sobresalía en canciones como ‘Linger’ o ‘Dreams’, pero el pelotazo estaba por llegar y se produjo en su segundo disco, No Need to Argue (1994).

Allí estaba el Hit, ‘Zombie’. No me cabe duda que es una de esas canciones que se te quedan clavadas y que en aquellos momentos nos impactó muchísimo, de hecho era un tema que también ponían en los bares, en las radios y que contaba con un buen vídeo que también ayudó. Con una letra dura y crítica con el conflicto norirlandés y con una épica sin paliativos, apoyada en la voz de O’Riordan, el tema catapultó al disco que llegó a vender millones de copias y a ser 2 en Reino Unido y 6 en Estados Unidos donde colocó la friolera de siete millones de discos. En media Europa fue número 1 y, aunque el disco tenía canciones interesantes como la preciosa ‘Ode to My Family’, una enérgica ‘Ridiculous Thoughts’, ‘I Can’t Be With You’, la teatral interpretación de ‘The Icicle Melts’ entre otras, no había un tema que pudiese igualar a ‘Zombie’ y, claro, para el siguiente disco les estaban esperando con un ‘Zombie 2’.

To the Faithful Departed (1996) contó con un single de presentación, ‘Salvation’, que me parece una gran canción, me lo parecía entonces también, con mucha fuerza y garra, más guitarrera y menos accesible para una parte del público que se había entregado a ‘Zombie’, pero ya todo había cambiado en unos pocos años y The Cranberries ya eran identificados como una banda mainstream. De hecho, para la producción de su tercer trabajo contaron con la colaboración de todo un todoterreno en estas lides como Bruce Fairbairn (Bon Jovi, Aerosmith, AC/DC, Poison, Van Halen, etc.) que igual no era una elección muy adecuada. El disco no alcanzó las ventas de su predecesor aunque tuvo tiempo de alcanzar de nuevo el 2 en Reino Unido y el 4 en el Billboard, pero con dos millones de copias en este último caso.

Para su cuarto disco, Bury the Hatchet (1999), se decantaron para un inicio marca de la casa con la efectista ‘Promises’ y la delicada ‘Animal Instinct’, que es una de mis canciones favoritas de los irlandeses, pero ya iban perdiendo más visibilidad aunque se colocaban en las listas pero sus ventas seguían reduciéndose, a pesar de temas de carácter más comercial como ‘Just My Imagination’ que no funcionó mal. Su quinto disco, Wake Up and Smell the Coffe (2002) pasaría más desapercibido con posiciones en los charts más modestas y mejores ventas en la Europa continental que en Reino Unido y Estados Unidos. The Cranberries parecían un grupo amortizado y no encajaban en los cambios que se estaban produciendo en esos momentos en el mundo de la música por lo que, y tras el recopilatorio correspondiente publicado en 2002, se separaron en 2003. O’Riordan emprendería carrera en solitario aunque hasta 2007 no llegaría su primer disco, Are You Listening?, y en 2009 lo haría su continuación, No Baggage. Ninguno de los dos logró una gran repercusión y The Cranberries se reunieron en 2009. Sólo publicaron un disco de estudio con material nuevo, Roses (2012), que salió como los discos de O’Riordan en sellos minoritarios. En 2017, de vuelta a una major como BMG, sacaron Something Else que no era otra cosa que una revisión orquestal y acústica de sus temas más conocidos.

El fallecimiento de O’Riordan nos ha hecho recordar a The Cranberries, una O’Riordan que no tuvo una vida fácil, desde abusos sexuales por un amigo de la familia a problemas de anorexia, entre otras cuestiones. Pero siempre nos quedarán los discos y canciones de una banda que forma parte de esa memoria colectiva de los noventa, especialmente de sus años centrales, y que nos ha despertado una vez a la nostalgia.

La actualidad del ‘Darkness on the Edge of Town’ de Bruce Springsteen

16 Ene

Se cumplen cuarenta años de la publicación de una de las grandes obras de Bruce Springsteen, el Darkness on the Edge of Town, así que toca hacer una revisión de un disco eterno y que no ha perdido vigencia ni fuerza. Al contrario, suena tan actual que es imposible no rendirse en cada escucha, y son muchísimas. Springsteen nos contó su vida en el muy recomendable Born to Run (Penguin Random House, 2016) y allí mostró alguna de las claves de su obra, aunque ya venían siendo muy estudiadas y analizadas tanto por sus seguidores como por muchas publicaciones. Springsteen era un tipo que había currado durísimo, que había luchado sin parar hasta conseguir su sueño y que tenía muy claros sus orígenes. En su tercer disco, Born to Run (1975) había logrado cristalizar el proceso de ascenso con otro clásico, un disco imprescindible ya desde esa portada mítica. El siguiente paso, y Springsteen no paraba, bien podría haber sido la continuación del mismo pero decidió mirar hacia esos orígenes y de nuevo desde la portada lo clava, al igual que en la contraportada. Allí aparece un Springsteen alejado del de Born to Run, en una casa de clase trabajadora, con esos papeles y esa mirada que dice tanto. En el libro cuenta la historia, creo recordar, pero es como si Springsteen quisiese decirse a sí mismo ‘ojo, no olvidemos nuestra procedencia’.

En el interior está la formación básica de la E Street Band que va a dar forma a un colosal disco a través de un sonido nostálgico, melancólico y épico, no hay muchos fuegos artificiales y sí rabia y fuerza en una voz de Springsteen que te lleva. Es la voz de la situación de esa clase trabajadora norteamericana desengañada por el ‘sueño americano’ y en el que seguiría profundizando en sus siguientes obras, ahí están The River (1980) y Nebraska (1982). A pesar de la fuerza que le dan Roy Bittan, Clarence Clemons, Danny Federici, Garry Tallent, Steve Van Zandt y Max Weinberg, es un disco que tiene un gran poso de tristeza aunque trates de agarrarte a esos acordes épicos, a esos teclados insistentes, a las guitarras que tratan de levantarte y un Springsteen desatado.

Ya con el comienzo de ‘Badlands’, uno de sus clásicos, la dirección queda clara, sonido alegre de comienzo con ese piano que deriva hacia una épica que no abandonará el disco, la épica del día a día, pero al servicio de una letra durísima como el título de la canción y que representa una especie de esperanza de no caer en un destino marcado. ‘Adam Raised a Cain’ es una canción dura y con estribillos comunitario con una letra donde de nuevo está esa clase trabajadora y ese destino. ‘Something in the Night’ tiene un comienzo maravilloso, con ese grito de Springsteen y otra letra demoledora con una estrofa final que no deja lugar a dudas. En ‘Candy’s Room’ la E Street Band explota para dar paso a una emotiva y nostálgica ‘Racing in the Street’, otra letra tremenda donde aparece de nuevo la redención y ese destino que parece les ata y es inamovible.

Cuando llega el turno de ‘The Promised Land’, esa armónica, ese órgano, ese saxofón de Clemons, esos coros, etc., todo acaba por explotar con esa esperanza en esa tierra prometida a la que alude Springsteen y esa rebelión ante ese destino en versos como ‘Sometimes I feel so weak I just want to explode’, entre otros, que Springsteen canta con fuerza en uno de sus mejores temas. ‘Factory’ es un tema triste, corto (apenas supera los dos minutos) y la letra es tremenda con respecto a la alienación del trabajo en la fábrica, pocos comentarios más en una canción en la que destacan los teclados de Bittan y Federici. Y ‘Streets of Fire’ sólo podía llegar tras este tema, ese órgano en la lejanía que va a dar paso de nuevo al estallido de un Springsteen que grita con más furia que nunca en el disco.

Pero el final todavía nos depara dos golpes más. Primero la más optimista ‘Prove It All Night’, que rompe un poco el sonido melancólico pero que no renuncia a la épica y a un mensaje de esperanza y en el que las guitarras están fantásticas. El cierre es para la tristeza de ‘Darkness on the Edge of Town’. Hemos llegado exhaustos al final del disco y Springsteen ofrece una de sus canciones emblemáticas, melancolía, épica y de nuevo ese destino que nos marca y esa necesidad de escapar del mismo, llegar a esos límites de la ciudad, y Springsteen lanzado como un torbellino llevado por una E Street Band demoledora.

Darkness on the Edge of Town es mi disco favorito de Springsteen. Es una muy difícil elección, sí, pero es el que más me gusta y el que más he escuchado de todos los suyos. Canciones como ‘Badlands’, ‘The Promised Land’, ‘Prove It All Night’ y ‘Darkness on the Edge of Town’ hacen que se me ponga la carne de gallina. Springsteen no dejó de trabajar tampoco esos años a un ritmo exagerado y, prueba de ello, en 2010 publicó el imprescindible The Promise, disco doble que ofrecía veintiún temas que grabaron en las sesiones del Darkness on the Edge of Town y que son una joya que mostraba la capacidad de un Springsteen en estado de gracia. Un disco que, como decíamos, no ha perdido vigencia ni actualidad, sólo hay que mirar a nuestro alrededor.

Los Restos Del Concierto

Porque no todos oímos lo mismo