“Todos los raros fuimos al concierto”

01 Nov

javi-y-sergio-the-bandComo cantaban Love Of Lesbian en “Club de Fans de Jon Boy”, Sergio Andrés Cabello (Logroño, 1973) y Javier Castro Senosiain (Vitoria, 1973), son de los raros que fueron al concierto. En esta página, los dos autores disertarán sobre la música que más les gusta: rock, pop  rock, soul, etc. Siempre desde un prisma divertido y sin pretensión de sentar cátedra. Y sí, podéis llamarles “raros”, “freaks” e incluso “snobs”. “Porque no todos oímos lo mismo” (José Menéndez dixit)

Fotografía cortesía de Javi Muro (Spoonful Magazine)

Belako, “Render Me Numb, Trivial Violence”

18 Abr

En Los Restos del Concierto somos muy de Belako. La banda de Munguía se ha consolidado como una de las formaciones más jóvenes y ya no sorprende la calidad que alcanzan en sus discos y directos. Atrás deben quedar las referencias, que todos los hemos hecho, a su juventud. Ahora llega su tercer disco tras su fantástico debut, ese Eurie (2013) con el que nos sorprendieron, así como tras su siguiente paso, un notable Hamen (2016), un Render Me Numb, Trivial Violence con el que sigue los parámetros de su sonido, esa influencia del post punk y de la new wave, pero con algunos matices como una mayor presencia de los sintetizadores y los teclados en detrimento de las guitarras, que siguen estando muy en primera línea, así como temas más ambientales y experimentales. Cristina Lizarraga cambia la tonalidad de su voz en función de las canciones, Josu Billelabeitia continua con su buen trabajo en las guitarras, mientras que la sección rítmica con Lore Billelabeitia al bajo y Lander Zalakain a la batería sigue mostrando esa contundencia que se ha convertido en una seña de identidad.

El comienzo es contundente, “Maskenfreiheit” es una canción de mucha fuerza con ese bajo del inicio y unos teclados incisivos, y sigue en esa línea con la contundencia de “Lungs”, uno de los mejores temas, con una sensación de urgencia, con la voz de Lizarraga fantástica y con unas guitarras afiladas. En “Two Face Simulation” tornan en sonidos más oscuros, sonidos más postindustriales que incluso se acompañan con un cierto virtusismo a la guitarra. Pero llega otro de los temas más destacados, el ya conocido hace meses “Over the Edge”, una canción brutal de rabia que estalla y con la sección rítmica en plena forma. En “Nice Church” se abonan a sonidos más electrónicos y experimentales, con un comienzo muy bailable, estallando el tema en su segunda mitad. A continuación llegan una serie de temas más experimentales, como queriendo ir más allá, que para mi gusto representan la parte del disco que menos me ha convencido, en “Stumble” destacan el bajo y la guitarra mientra que “Stumble II” parece apostar por crear un sensación más ambiental.

“5 Strangers in a Box” sigue esa dirección, hay como una apertura a nuevos sonidos. “Render Arp” es un interludio que da paso a la recuperación del tono del primer tercio del disco, con una “Render Me Numb” que es mi canción favorita, sonidos post punk, esas guitarras metalizadas, la voz de Lizarraga y el in crescendo de todo el tema, una locura que también conocíamos desde hace unos meses y que se pudo disfrutar en directo. En “The Find Thinker” derivan hacia sonidos bailables, electrónicos y festivos y les queda muy bien, mientras que para “Something to Adore” apuesta de nuevo por las guitarras. El cierre queda para un tono más melódico y ambiental con “Hegodun Baleak 2”, un tema también con un tono más angustioso, culminando con “Maskenfreiheit II”, un cierre de poco más de un minuto en el que inciden en esos sonidos más ambientales y experimentales.

En definitiva, Belako no bajan el ritmo, un disco que se disfruta desde la primera escucha y aunque esa parte central, pero eso es cuestión de gustos, nos ha convencido menos, nos encontramos ante un disco notable con toda la furia a la que Belako nos tienen acostumbrados. Que no pare.

 

 

La habitación roja, ‘Memoria’

16 Abr

Poco antes del lanzamiento de ‘Memoria’ el pasado 16 de marzo escuché por casualidad en la radio Nuevos románticos y, he de reconocer, despertó en mí algunas dudas sobre lo que me iba a encontrar en el disco. Tras más de veinte años de carrera el sonido de La habitación roja ha pasado por diferentes fases; siempre reconocible en las melodías y la voz de Jorge Martí ha evolucionado del rock al romanticismo, de la crudeza a la elaboración, a la vez que en sus trabajadas letras se iba disipando el compromiso tras un mayor contenido confesional. Ya en sus dos últimos trabajos (‘La moneda en el aire’ y en mayor medida en ‘Sagrado corazón’) habían cedido espacio a la electrónica para compartir protagonismo con las irrenunciables guitarras, a las que en esta nueva entrega han añadido una mayor presencia de teclados y otros arreglos grabados en el Paco Loco Studio en El Puerto de Santa María. En definitiva un cambio de cara paulatino que conllevaba riesgos, en el que han sabido conservar la esencia, y que les ha proporcionado sus mayores cotas de popularidad en una evolución natural tras la que todo parece más reposado e introspectivo a costa de la rabia e inmediatez que coparon muchas de sus canciones del pasado.

Precisamente Nuevos románticos abre el listado con todos esos ingredientes para acercarse a un sonido disco continuador de su anterior trabajo. A continuación Líneas en el cielo recupera espacio para el romanticismo y la belleza de las cuerdas en una gran canción que da paso a otra ración de protagonismo tecnológico y bailable en Madrid. Con La última noche del año regresan a una cierta oscuridad post-punk que precede a los pasajes más tristes y desolados traslucidos en la densa Berlín y en la más rítmica Estrella herida de muerte. Suena fantástico el tecno emocionante de Algo de verdad, especialmente en su estribillo, antes del rock electrónico de Nada cambia. El piano marca el inicio de Desde aquí, intensa y con brillantes pasajes de sintetizador, y las guitarras y la batería se alzan en No fueron tiempos para enmarcar, eléctrica y contundente. El cierre lo ponen las guitarras más templadas de En días como hoy, con cierto sabor latino y más colorido que rompe ¿Quién eres tú?, despojada y confesional además de llena de emoción.

Si bien mis dudas iniciales podían tener su fundamento ya que este ‘Memoria’ no alcanza el nivelazo de los mejores trabajos de los valencianos, y pese a haber perdido algo de fuelle por el camino hasta aquí, es igualmente cierto que conserva la impronta de calidad con que han acostumbrado a rubricar sus discos y, sin innovaciones reseñables y con varias canciones a destacar (en una lista que probablemente hubiera salido reforzada con algún tema menos), prolongan su extensa carrera con una entrega a la altura de su trayectoria más reciente y a la medida de sus seguidores.

Christina Rosenvinge, ‘Un hombre rubio’

12 Abr

Octava referencia en solitario de Christina Rosenvinge, más de treinta años entre diferentes proyectos y colaboraciones de una carrera en la que prestigio y popularidad no siempre han ido de la mano. Y es que, si nos limitamos a su carrera en solitario, siempre ha mantenido un gran nivel hasta consagrarse como una figura indiscutible de la música alternativa de este país y una garantía de calidad, una cantautora que controla las riendas y sitúa por encima de todo la propuesta artística, sin reparar en modas ni corrientes.

En este ‘Un hombre rubio’ (título referido a su padre fallecido hace 26 años pero también a ella misma en la concepción neutra de la palabra “hombre”) predominan los protagonistas y el punto de vista masculino y vuelve a cobrar especial relevancia un discurso que destaca por el cuidado y la brillantez de las letras. Musicalmente la propia autora se ha encargado de la producción y su voz suena fantástica rodeada de una banda de nivel (Manuel Cabezali, David T Ginzo y Juan Diego Gosálvez).

Se inicia el disco en lo alto con el rock seco de La flor entre la vía para continuar con el bello y triste Romance de la plata en el que su voz se afina y cuyo final brilla entre sintetizadores y guitarras. El pretendiente es más intensa sobre todo en los pasajes de piano y se relaja en la parte final, le siguen las bonitas guitarras que abren Ana y los pájaros, que se aligera en el estribillo. Pesa la palabra (inspirada en unas palabras de ‘El Cordobés’ hijo) destaca por la belleza de la letra sobre un piano suave, suavidad que conserva de inicio Niña animal para romper con brillantez en el enérgico estribillo antes de que se impongan el ritmo y las guitarras de Berta multiplicada (dedicada a Berta Cáceres, líder social hondureña asesinada en 2016). Una base acelerada de piano sostiene el fraseo de Afónico antes de un estribillo melódico, para cerrar con colores tristes y llenos de añoranza y levedad en La piedra angular.

En total nueve canciones perfectamente engranadas sonoramente en las que la madrileña vuelve a reivindicarse como una artista de primer nivel; un trabajo de calidad que cuida todos los detalles, que transmite fuerza y sensibilidad a partes iguales y que debería convencer a mucha más gente de que seguirla merece la pena.

Los Restos Del Concierto

Porque no todos oímos lo mismo