Brittany Howard, «Jaime»

Hace unos años, 2012 concretamente, Javi me alertaba sobre un grupo que acababa de surgir. Se llamaban Alabama Shakes, hacían una mezcla de Soul, Blues, Rock sureño, etc., con la personalidad de su cabeza visible, Brittany Howard, dueña de una voz tremenda. «Hold On» era su canción más destacada del fantástico Boys & Girls (2012). En 2015, lejos de acomodarse subieron la apuesta con Sound & Color, donde se abrían a nuevos sonidos y matices. La apuesta les salió muy bien pero, desde entonces, las noticias sobre Alabama Shakes eran cada vez menores. No así las de Howard, que se lanzó en solitario con Jamie, buscando otras perspectivas que en su banda matriz igual encajaban menos, lo cual no quiere decir que Alabama Shakes hayan dejado de existir. Por lo tanto, había importantes expectativas para el debut de Brittany Howard y hay varias consideraciones: no lo ha puesto fácil, no es un disco que entra a la primera escucha, precisa de tiempo; es uno de los discos de la temporada, Howard ha demostrado su clase y talento; y la sombra de Prince se alarga también en esta propuesta (aunque en algunas entrevistas ha mantenido que no se sintió influenciada por él, pero reconociendo su importancia en su carrera), lo cual es una garantía. Howard sigue saliendo de sus zonas de confort (por tirar de tópico) y se muestra poderosa y sensible, empoderada y arriesgada. Howard no es sólo una voz de primer nivel, ya lo demostró en Alabama Shakes, sino una compositora de altura. En su disco ha contado con Robert Glasper, procedente del Hip Hop, y con Nate Smith, del Jazz, así como con la colaboración al bajo de su compañero en Alabama Shakes, Zack Cockrell. Las influencias se notan en un disco que está dedicado a su hermana, Jaime, fallecida cuando era niña por una enfermedad.

El comienzo es poderoso, «History Repeats» tiene un punto experimental, más jazzístico si se quiere, y la voz de Howard es tremenda. Pero sube la apuesta con «He Loves Me», un medio tiempo que te conquista y en el que la presencia de la influencia de Prince es una realidad. Sigue en esa línea con «Georgia», una canción también ecléctica y de tono experimental pero que rezuma Soul. En «Stay High», Howard vuelve a demostrar que es una cantante de altura, es una canción con una instrumentación más sutil que también convence. En cuanto a «Tomorrow», en ella lleva más allá la mezcla de Jazz y Hip Hop con unas bases muy conseguidas y de nuevo destacando su voz. «Short and Sweet» es más tradicional, tiene incluso un trasfondo de Góspel, por su emoción e intensidad, no cuenta con apenas instrumentación, más allá de unos toques sutiles de la guitarra eléctrica.

La segunda parte no es que esté a la altura de la primera, es que la supera. Prince vuelve a hacerse presente con «13th Century Metal», una canción también más ecléctica y experimental pero de gran fuerza. Preciosa es «Baby» en la que regresa a la elegancia del comienzo del disco, una de las mejores canciones de todo el disco. Y el Jazz y el Spoken Word aparecen en «Goat Head», donde Howard demuestra que no tiembla al tomar riesgos. El cierre es para «Presence», una canción de corte mas clásico, y a fuerza de repetirme diré que vuelve a haber una sombra de Prince, siendo otra de esas canciones que se quedan con las escuchas, y «Run to Me», una canción con un sonido más duro y profundo, es la única vez que Howard apuesta por un tono más dramático, destacando las texturas más experimentales. Las dos canciones de cierre también estarían entre lo más relevante del disco.

Jamie está llamado a ser uno de esos discos del año, de esos que permanecen. Brittany Howard ya demostró al mando de Alabama Shakes que podía coger el testigo de las grandes voces de la música negra. No sabemos si Alabama Shakes regresarán, estaría muy bien, pero a Howard hay que seguirla.

 

Prince, «Originals»

Prince nos dejó hace ya más de tres años, un 21 de abril de 2016, dejando tras de sí una de las carreras musicales más apasionantes y fecundas de la historia del Pop. Prince llevaba desde finales de los setenta trabajando sin parar, era un destajista, y se había hecho imposible seguir la pista de sus lanzamientos que alcanzaron la cifra, atención, de treinta y nueve discos de estudio. Casi nada. Es cierto que el control de calidad era relativo, que muchos de estos discos pasaban desapercibidos, y que sus estrategias de relación con las discográficas y de lanzamientos estaban condicionadas por su experiencia emancipatoria de comienzos de los noventa. Cuando fallece un artista, siempre queda la ocasión de buscar en los archivos grabaciones que no vieron la luz en su tiempo y otros materiales. En el caso de Prince, se intuía que en Paisley Park tenía que contar con ingente material debido a su ritmo de trabajo. Sin embargo, desde su fallecimiento no han salido muchas novedades, lo que muestra también una contención y respeto a la hora de dar salida a su archivo, guardado en una cámara acorazada (The Vault). Si en 2018 salió Piano and a Microphone 1983, nueve demos que incluían versiones y temas propios al piano, en 2019 ha aparecido una joya como es el Originals que nos ocupa. Ojo, estamos ante un disco brutal, un disco que refleja el enorme talento y lo visionario que era Prince en esa década de los ochenta y primeros noventa del siglo pasado. Son demos de canciones que fueron interpretadas por otros artistas y bandas, la mayor parte mujeres y bajo el paraguas de Prince. Algunas ya eran muy conocidas, otras se quedaron en el olvido, y esta recuperación es muy pertinente, sin olvidar que Prince también produjo algunos de los discos en las que se encontraban. Además, es un trabajo de alto voltaje, Prince jugando con esa ambigüedad y provocación que tanto le gustaba.

«Sex Shooter» no deja lugar a la imaginación, es una canción muy del Prince de los ochenta que compuso para Apollonia 6, trío efímero que creó Prince, y en su interpretación juega con el falsete para una canción de claro contenido Funk. No para el ritmo con «Jungle Love», en este caso para The Time, grupo que también formó a comienzos de los ochenta, otra canción tremenda y claramente Funk con un bajo protagonista. «Manic Monday» es una de las canciones más conocidas del disco, fue un hit en manos de The Bangles, y aquí Prince se lanza a su lado más Pop en una interpretación no muy alejada de la The Bangles. «Noon Rendezvous» la escribió junto a Sheila E., percusionista y cantante, y aquí Prince tira de minimalismo, con la base del piano y basando la fuerza de la canción en una gran interpretación de Prince. «Make-Up» es otro ejemplo de la factoría Prince de la época, un sonido más electrónico en una canción que fue interpretado por Vanity 6, otro efímero trío femenino creado por Prince en la primera mitad de los ochenta. En cuanto a «100 MPH», de la banda Mazarati (formada por el bajista de The Revolution, Brownmark), tiene un comienzo épico de guitarras eléctricas para tomar el protagonismo un bajo muy Funk. Y, una de las canciones que se sale del tono del disco, y del tipo de intérpretes, es «You’re My Love» que fue grabada por Kenny Rogers, icono del Country. Aquí Prince se sale en una balada tremendamente «azucarada» en la que hace una interpretación soberbia.

El comienzo de la segunda parte del disco regresa a Sheila E. en una destacada «Holly Rock», exuberante y con un estribillo contagioso. «Baby, You’re a Trip» es una balada en la que Prince frasea y tira de falsete y que fue grabada por Jill Jones, otra cantante en la órbita de Paisley Park. En cuanto a «The Glamorous Life», tercera aportación de Sheila E., sigue la línea Funky aunque aquí incorpora un saxofón jazzístico al comienzo, pero es una canción que también refleja ese sonido de Prince en los ochenta. Sin duda alguna, una de las canciones que más destacan del disco es «Gigolos Get Lonely Too», de The Time, un medio tiempo elegante y muy sutil. Otro de los temas que se conocían era «Love…Thy Will Be Done» que compuso con Martika para su fallido segundo disco. Es una canción que recuerdo cuando salió en 1991, y que entonces me pareció maravillosa (creo que me compré incluso la casete). Si en la interpretación de Martika había una cierta ingenuidad, en la de Prince pesa una mayor sensualidad, clavando la canción. El Funk regresa con «Dear Michaelangelo», también de Sheila E., y que juega con el personaje de Miguel Ángel para una letra explícita. El disco se va cerrando con «Wouldn’t You Love To Love Me?» que grabó la cantante Taja Sevelle, aquí Prince sigue son el Funk y tira de falsete. El final es para «Nothing Compares 2 U», la canción que encumbró al estrellato a Sinéad O’Connor merced a la enorme potencia de la misma, su descarnada interpretación y un vídeo icónico con su rostro en primer plano. La canción ya había formado parte del disco homónimo de The Family en 1985, otro proyecto en la órbita de Prince. O’Connor llevó la canción a su terreno, el desgarro con la que la canta sobre una base instrumental más minimalista y desnuda, pero Prince (esta canción estaba ya en The Hits I en 1993), la lleva al terreno de la épica con una instrumentación orquestal y con una interpretación no menos destacada. Yo, de siempre me quedé con la versión de Prince.

Fantástico disco este Originals que no recoge, ni mucho menos, el trabajo de Prince como compositor para otros y también productor. Se quedan fuera canciones que hizo, o en las que participó, para Mavis Staples, Stevie Nicks, Chaka Khan, Madonna, No Doubt, Joe Cocker, Cindy Lauper, entre otras, aunque aquí no se sabe si existen demos con su interpretación. Lo que está claro es que ese The Vault tiene que guardar muchas cosas pero los responsables de su legado están haciendo una labor contenida y justa. Estaría bien una recopilación de la obra de Prince de 1995 a 2016, existe una extensa antología de 1995 a 2010 en versión digital, pero se echa en falta una en formato físico que ponga en valor ese periodo, caracterizado por la irregularidad aunque seguro que hay muchas canciones para recordar. Y es que Prince fue uno de los más grandes, un artista único.

 

Janelle Monáe, «Dirty Computer»

En ocasiones hay artistas y bandas a las que no les prestas atención, bien porque la cantidad de novedades es tal que te abruma, bien porque no acaban de convencerte. Igual el caso de Janelle Monáe encaja más con la segunda opción, en mi caso, y eso que las críticas siempre habían sido excepcionales. Recuerdo especialmente su segundo disco, The Electric Lady (2013), cuando se le presentaba como renovadora del neo Soul y del R&B, en esa contemporaneidad que busca sonidos más modernos y que mezcla elementos del Hip Hop y electrónicos. Cuando salió publicado Dirty Computer volvieron las alabanzas sobre Monáe y de nuevo volvieron las dudas, aparecían colaboraciones de relumbrón como Brian Wilson, Stevie Wonder y el inevitable Pharrell Williams, junto a Grimes y Zoë Kravitz. Y aparecía también el nombre de Prince que ya había participado en su anterior trabajo. Al final, pasados unos meses, de decidí y tengo que reconocer que nos encontramos ante un trabajo fascinante, una Janelle Monáe que te convence desde la primera canción con esa mezcla de sonidos, con su privilegiada voz y su mensaje reivindicativo. Un trabajo que te engancha desde el primer momento, con una coherencia destacada.

Comienza con una breve introducción donde los coros los pone todo un Brian Wilson, es un inicio suave basado en el contraste entre una Monáe melosa y los coros de Wilson. A continuación llega «Crazy, Classic, Life», un tema de R&B moderno, con gran fuerza y con una producción muy acertada, rapeando Monáe al final. «Take a Byte» sigue ese camino y lo supera, es una canción muy adictiva. Tras un breve interludio, llega el turno para una canción brutal, «Screwed», en la que participa Zoë Kravitz, unas guitarras fantásticas y un toque Funk para un tema muy bailable. En «Django Jane» se decanta por el Hip Hop y acierta con un rapeo con fuerza y unas bases ajustadas. A «Pynk» le da un toque más electrónico junto a Grimes, juega a los contrastes y es un tema que va entrando con las escuchas.

La segunda parte la comienza con una de mis favoritas, «Make Me Feel», canción con toques Funk y Pop que podría haber firmado el propio Prince desde las primeras notas. En «I Got a Juice» cuenta con Pharrell Williams pero en un rol diferente al que suele ocupar, y de nuevo es una canción en la que mezcla el R&B con el Hip Hop. En «I Like That» se decanta por un medio tiempo de R&B más clasicista y que incluso cuenta con algunos toques Soul. Sigue por esa misma línea con «Don’t Judge Me», otro medio tiempo de R&B. Llega el turno de un nuevo interludio a cargo de Stevie Wonder que da un pequeño sermón para dar paso a «So Afraid», donde Monáe canta con fuerza en una canción más épica. Y el cierre es para otro momento destacado, «Americans», un tema que comienza con sonidos gospelianos y que luego deriva de nuevo a la influencia de Prince, con un tema muy guitarrero y con ese recuerdo del genio de Mineápolis.

Da rabia haber dejado pasar unos meses para disfrutar de este Dirty Computer pero puedo decir que ha sido una parte fundamental de mi banda sonora del pasado mes de agosto. Fascinante Janelle Monáe, una grandísima voz. Ah, y unos vídeos muy trabajados aunque aquí nos quedamos con un directo de «Americans».